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04/10/2015 n257
Desde que el Ministerio de Sanidad destinó el siete por ciento de las plazas de formación especializada a alumnos con más del 33 por ciento de discapacidad, los centros sanitarios han acogido a 328 residentes. Ellos son una demostración única de la superación, el profesionalismo y la capacidad de seguir la vocación contra viento y marea. ‘Revista Médica’ narra en primera persona experiencias de estos sanitarios, incluso de quien forzó a cambiar la actual ley. 

José A. Puglisi
El sector sanitario está repleto con historias de superación. Algunas son más evidentes, como en el caso de los pacientes que se anclan a la vida y luchan incansablemente por vencer sus enfermedades. Otros, sin embargo, pasan más desapercibidos en los pasillos y salas del hospital incluso formando parte del mismo, como es el caso de los 328 residentes con discapacidad que, armándose de esfuerzo y fortaleza, están conquistando la formación sanitaria especializada.

La presencia de estos residentes se ha incrementado tras la implementación, por parte del Ministerio de Sanidad, de reservar un siete por ciento de las plazas de formación especializada para aquellos estudiantes con una discapacidad superior al 33 por ciento. Sin embargo, pensar en distinciones sería un grave error, ya que en los últimos años han sido un grupo que ha demostrado sus capacidades para estar al nivel de las exigencias de la sanidad española y atender a los pacientes con profesionalismo y eficiencia.

Manuel Fajardo.
El granadino Manuel Fajardo es uno de los protagonistas de esta generación. A pesar de que tiene reconocido un 59 por ciento de discapacidad, Fajardo ha presentado la prueba a médico interno residente (MIR) sin optar a las plazas de discapacidad. ¿El resultado? Ha accedido a la especialidad de Rayos, siendo esta su primera opción al momento de presentarse al examen. 

“Mi pasión por Rayos fue un amor a primera vista. Conocí la especialidad cuando estaba realizando las rotaciones y, aunque estuve poco tiempo en esta área, supe que era lo que quería”, indica Fajardo. Entre los aspectos que le hicieron declinarse por la especialización están el “ambiente agradable que se vivía dentro del departamento. También me gusta que es un área en la que no necesito tener un contacto tan directo con el paciente, pero que sí me permite estar relacionado con muchas otras secciones del hospital, porque Rayos un área muy transversal en la Medicina”.

Fajardo, quien estudió en la Universidad de Granada, asegura que cuando estaba en el segundo año de Bachillerato se inclinaba entre dos opciones: Medicina o Traducción. “Pero en esa época, mi abuelo padeció una enfermedad rara y fue cuando supe que tenía que irme por Medicina”. Una decisión de la que no se arrepiente. Por el contrario, sonríe cuando recuerda la carrera. “La licenciatura fue una etapa mucho mejor de lo que esperaba. En todo momento conté con el apoyo de mis compañeros, de mis profesores y de todo el equipo personal de la universidad. A decir verdad, disfruté de la carrera plenamente”. 
Incertidumbre ante el futuro laboral

El único recuerdo amargo que tiene Fajardo en relación a su formación está vinculado a “los momentos de incomodidad e incertidumbres” que se presentaban cuando desconocía cuál sería su futuro laboral y en qué áreas podría trabajar sin ningún inconveniente. No obstante, aparcó las dudas para evitar que afectasen su desarrollo académico y siguió su camino profesional. 
Los consejeros de Castilla y León Alicia García (Familia e Igualdad) y Antonio Saenz Aguado (Sanidad) junto con el ministro Alfonso Alonso y dos jóvenes profesionales sanitarias con discapacidad, en Valladolid. 

Para evitar que otros compañeros tengan que pasar por lo mismo, Fajardo aprovechó la reunión que tuvo el ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, con los nuevos profesionales que han aprobado la residencia con cupo de reserva en el Hospital Río Hortega (Valladolid) y precisó ante numerosos representantes institucionales: “Todos los estudiantes con discapacidad atravesamos por medio de una odisea para conocer en cuáles especialidades tenemos la oportunidad de trabajar con total comodidad, debido a que solo se realiza la prueba física una vez que ya hemos escogido una especialidad”.

Según explicó, los jóvenes con discapacidad han tenido que buscar información por su propia experiencia y hasta han preguntado entre los compañeros y profesionales sanitarios, pero obteniendo respuestas “muy subjetivas”. “Esto nos genera una gran incertidumbre”, ha dicho. Sus palabras no cayeron en saco roto y el ministro Alonso ha admitido que se contemplará la creación de un sistema de apoyo para los residentes con discapacidad para reducir el porcentaje de incertidumbre al momento de escoger una de las áreas de especialización.

“Es una idea que ha nacido durante la reunión, por lo que aún hay mucho trabajo por hacer, pero consideramos que este sistema sería de gran ayuda para reducir la inseguridad por parte de los jóvenes que se presentan a las pruebas de Formación Sanitaria Especializada”, ha precisado a ‘Revista Médica’ Carlos Moreno, director general de Ordenación Profesional del Ministerio de Sanidad.

El anuncio ha alegrado a Fajardo. “Con esta medida se ayudará a muchos compañeros, debido a que en el resto del proceso se cuentan con los recursos técnicos y humanos que nos permiten realizar nuestra formación especializada con total normalidad”, sentencia. Sin embargo, no sería la primera vez que la normativa cambiaría a partir de la influencia de un MIR con discapacidad. 
El MIR que forzó el cambio legal

Quizá, a muchos el nombre de Arturo Pedrero García no les diga nada, pero su historia fue la que cambió la actual estructura del MIR. Todo comenzó cuando fue echado como Médico de Familia por su discapacidad. Sorprendido por la medida, decidió realizar una denuncia a nivel administrativo. “Quedó en nada, nunca obtuve una respuesta, así que decidí hacer mi denuncia pública”, explica. La fórmula que eligió fue la de publicar lo sucedido en la plataforma Change.org.
Arturo Pedrero García  (Foto: ONCE). 

“En un breve plazo alcancé unas 140.000 firmas que me apoyaban y solo fue cuestión de tiempo antes de que se pusieran en contacto conmigo políticos de los partidos canarios y de los nacionales como el PP y el PSOE”, recuerda. El apoyo no terminó ahí, sino que “posteriormente, de una u otra manera, fue llevado el tema hasta el Congreso de los Diputados, donde se aprobó la medida de destinar el siete por ciento de las plazas a los estudiantes con discapacidad”, precisa.

Ahora, esas páginas se han quedado en el pasado para Pedrero, quien tuvo que repetir la prueba del MIR para escoger una nueva especialidad. “Estoy muy feliz ejerciendo en el área de Medicina Preventiva, es una sensación muy gratificante”, afirma este amante del deporte, especialmente de las disciplinas relacionadas con el senderismo, la natación y la canoa..

Según explica a esta revista, la clave para el éxito radica en “no ponerse autolimitaciones”, por lo que considera: “Actualmente hay una gran cantidad de avances tecnológicos que permiten al médico trabajar sin ningún inconveniente en el caso de tener una discapacidad, pero siempre en la medida de lo razonable”. En este sentido, aconseja afrontar los miedos y “hacer lo mejor que cada uno pueda hacer y evitar ponerse barreras, sino será difícil alcanzar cualquier objetivo, ya sea personal o profesional”.
Reserva de cupo: una oportunidad con doble lectura

Agridulce. Así podría definir Manuel Fajardo la sensación que le genera la medida del Ministerio de Sanidad de destinar el siete por ciento de las plazas de formación especializada sanitaria a los estudiantes con más de un 33 por ciento de discapacidad.

“Por un lado, yo he logrado demostrar que se puede hacer una prueba igual que cualquier otra persona y obtener el resultado necesario para optar por la especialización que se quiere”. Sin embargo, agrega: “Por el otro, entiendo que es una gran oportunidad para muchos compañeros que cuentan con otras discapacidades, por lo que representa una ventana para su introducción al mercado laboral”.

“Era mucho más el miedo”

En el caso de Fajardo, el principal miedo que tuvo que derrocar estaba relacionado con el trato directo con el paciente. “Era un reto afrontar el temor que sentía cuando tenía que atender a un paciente de forma directa. Especialmente, cuando era necesario alguna habilidad manual para realizar algún procedimiento”, manifiesta. “Con el tiempo, me di cuenta de que, como en otros aspectos de mi vida profesional y personal, tengo la capacidad de realizar todas aquellas cosas que son necesarias. Así que al final descubrí que era mucho más el miedo que las limitaciones que tenía en realidad”, agrega.
Carlos Moreno, director general de Ordenación Profesional de Sanidad.

En los momentos más difíciles, su madre ha sido su principal pilar. “Desde pequeño, ha sido quien me ha impulsado e insistido en que no me rinda. Siempre ha estado presente en todas las decisiones y apoyándome sin dudar de mí en ningún instante”, recuerda. En el segundo año de carrera llegaría quien también se convertiría en una de las partes más importantes de su vida: “Fue cuando conocí a mi chica. Ella también me ha dado todo su apoyo y ha respaldado mis esfuerzos durante mi formación profesional”.

¿Otra ayuda importante? Para él, el deporte también ha sido un gran aliado, sobre todo motivacional. “Durante mi tiempo libre disfruto viendo los partidos de baloncesto, así como practicándolo. Considero que el deporte también ayuda a curtir el carácter y demostrar que las limitaciones a veces son más imaginarias que reales”. En efecto, el nacer sin el antebrazo derecho no ha sido ningún impedimento al momento de encestar o de anotar, ya que, además del baloncesto, también disfruta de otras disciplinas como el balonmano o el bádminton. 

“En Granada tenía mi equipo con el que jugábamos durante los fines de semana, pero como me he mudado recientemente a Valladolid, aún no cuento con un nuevo equipo de baloncesto. Sin embargo, sé que en breve encontraré con quien poder echar un partidillo por diversión”, explica.

Fajardo es solo la punta del iceberg. En los centros de toda España existen historias de quienes han dejado a un lado los miedos para seguir su vocación profesional y vestir una bata blanca. Sus vidas, aunque muchas veces en el anonimato, son un modelo a seguir y una demostración empírica de que la voluntad, el esfuerzo y la dedicación son capaces de romper todas las barreras y traernos al futuro más prometedor del sector sanitario español.