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27/03/2016 n282

La presidenta de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) ha tomado mucha medicina contra el localismo: ha viajado por todo el globo y ha buceado en Australia, Maldivas, el Mar Rojo… “Lo mejor es considerarse ciudadano del mundo”, afirma Inmaculada Alfageme, quien reconoce tener fobia a los trajes regionales y se declara fan de David Bowie, Lou Reed y Clint Eastwood. Pero quien realmente marcó su vida fue su padre, el médico que la ayudó a nacer en su casa de Utiel (Valencia). Aunque su risa es una constante durante la entrevista, la neumóloga se considera más reivindicativa que dicharachera y se pone seria cuando afirma que las mujeres tienen que esforzarse mucho más para ser tratadas como iguales.
Sandra Melgarejo / Imagen: Cristina Cebrián

¿Tenía claro que de mayor sería médico?
Mi padre era médico general en Utiel (Valencia) y nunca me vi haciendo otra cosa. No se me ocurrió jamás hacer otra carrera de ciencias ni una de letras, siempre pensé que la Medicina era lo que me gustaba. Eso sí, no quería ser médico en un pueblo, prefería elegir una especialidad.
¿Acompañaba a su padre en las visitas?
Solo al final. Cuando yo ya era médico y mi padre estaba enfermo, sí que le sustituí en alguna visita de noche para que no saliera él. Mi padre me enseñó muchas cosas, tenía la inquietud de hacer cursos de otras especialidades y estudiaba por las tardes. Tenía mucho espíritu de sacrificio. Antes, los médicos de cabecera ofrecían una asistencia prácticamente individual durante las 24 horas del día; era duro. Mi padre atendía hasta partos cuando empezó. De hecho, mi hermana y yo nacimos en casa (risas).
¿Por qué eligió la Neumología?
Tenía claro que me atraía la Medicina Interna, pero había especialidades que no me gustaban nada, como Digestivo y Cardiología, que me parecía un poco aburrida; y otras que me interesaban por la teoría, pero no por la práctica, como Neurología, que me parecía deprimente. Siempre me ha gustado mucho la radiografía torácica, así que, probablemente, eso influyó también.

Estudió en Valencia, pero hizo la especialidad en Sevilla.
Me fui por cuestiones familiares y, una vez allí, tuve la suerte de encontrarme con un Servicio de Neumología muy potente. Para mí fue un gustazo hacer la especialidad allí, aprendí muchísimo.
Y allí se quedó.
Sí, mis hijos son sevillanos.
Un mechero a los 15 años Quienes son de la generación de Inmaculada Alfageme no se extrañaban cuando recibían de regalo un encendedor al cumplir los 15 años. “Era el pistoletazo de salida hacia la edad adulta”, recuerda la neumóloga, quien reconoce que fumó desde los 15 hasta los ‘veintialgo’. La presidenta de Separ afirma que con la Ley Antitabaco “hemos salido ganando todos”, pero señala que quedan cosas por hacer, como financiar los tratamientos farmacológicos para dejar de fumar y desarrollar una labor de educación para informar a los escolares de los peligros del tabaco: “Los jóvenes, y sobre todo las chicas, siguen fumando, aunque el consumo haya evolucionado hacia otras formas, como las cachimbas. En Andalucía hay muchos bares que las tienen, y se piensa erróneamente que fumar así es menos tóxico, cuando en realidad es todo lo contrario porque el carbón se quema sobre papel de plata, con lo que, además de tabaco, inhalas otras cosas”.
¿Le tira más Valencia o Sevilla?
Cuando me fui de Valencia, se estaban peleando por la bandera, por si tenía que tener un trocito azul o no (risas). Y creo que ahora siguen exactamente igual. Me parece que lo mejor es considerarse ciudadano del mundo, no tengo ningún localismo. Me considero más española que europea, pero defiendo valores generales, no locales.
¿Fallas o Feria de Abril?
Ni una cosa ni la otra. A las Fallas me gusta ir un día, si puedo; y a la Feria, si voy, como mucho estoy un día. Y no me visto de flamenca (risas).
¿Y de fallera?
Mi madre nos vistió a mi hermana y a mí una vez. Creo que es la foto más fea que tenemos (risas). No me he vuelto a vestir de nada, ni pienso hacerlo. Creo que le cogí una fobia tremenda.
Desde junio de 2015 es la presidenta de Separ, ¿la experiencia está siendo como pensaba?
Estuve de presidenta electa un año y conviví bastante con Pilar de Lucas, que es una persona tremendamente activa y emprendedora, así que sí que sabía lo que supone presidir Separ. Nuestra sociedad tiene mucho prestigio, pero siempre hay cosas que se pueden mejorar. Eso es lo que intentamos hacer quienes vamos llegando.

La niña situada a la derecha en la imagen se hizo médico y actualmente preside Separ. Ella es Inmaculada Alfageme.

Vive en Sevilla, pero la sede de Separ está en Barcelona y viaja mucho a Madrid… En el AVE ya la conocen, ¿no?
Sí, lo uso bastante (risas). Lo bueno que tiene el AVE, a diferencia del avión, es que puedes dedicarte a hacer cosas que tienes pendientes con el ordenador. En los aviones saco muy poco tiempo útil. Normalmente, a la ida voy trabajando y a la vuelta, si es tarde, desconecto o, incluso, echo una cabezada.
Viaja mucho por trabajo, pero también por placer…
Es una de mis pasiones. Empecé a hacer viajes interesantes con mis hijos y han heredado esta afición, pero ahora son más mayores y prefieren viajar con sus amigos o con sus parejas. En el primer viaje que hicimos a Estados Unidos les compramos una Game Boy para que estuvieran entretenidos en los aeropuertos y no dieran la lata. Normalmente, siempre hago un viaje largo al año, aunque, probablemente, los años que esté como presidenta de Separ no pueda. Me gusta visitar otros países, creo que es la mejor forma de conocer a la gente y la cura para cualquier tipo de localismo. Conozco África hasta Senegal, bastantes países de Latinoamérica, el Sudeste Asiático, la India, Irán…
¿Sus hijos también han heredado la vocación médica?
Sí, los dos son médicos: mi hija es oftalmóloga en Londres y mi hijo es radiólogo en Cádiz. La carrera de Medicina se elige a una edad en la que uno es idealista y tiene capacidad de entrega; creo que si se eligiera a los 40 años, habría muy pocos médicos.
Si le dijeran ahora que puede cambiar de profesión, ¿lo haría?
No… Evidentemente, a medida que pasan los años no se hace el mismo tipo de actividad; hay una parte de tu vida que es puramente asistencial, pero, con el tiempo, uno quiere cambiar lo que ve y tiene sus propias ideas sobre la situación. Quieres influir en lo que conoces, así que optas por la investigación o por la docencia. Todo en esta vida tiene un momento, y a mí el de ver muchos enfermos ya se me ha pasado.
Usted optó por la docencia, convirtiéndose en la primera profesora titular de Medicina.
Ahora hay otra más, Victoria Villena, a quien doy la enhorabuena porque somos de las pocas mujeres que estamos en la universidad. Creo que esta es una de las cosas pendientes que tiene la universidad con nosotras.
¿Qué le pasa a esta institución con las mujeres?
Realmente, somos de las que más nos esforzamos en todas partes: en los servicios, en la universidad… Al menos, es lo que yo veo. Sin embargo, menos del diez por ciento de los cargos importantes estaban en manos de mujeres. Somos las que trabajamos silenciosamente y, en parte, también es culpa nuestra porque, probablemente, no queremos asumir esa responsabilidad o preferimos dedicar el tiempo libre a otras cosas. Cuando tuve hijos era consciente de que no podía dejar mucho tiempo la Medicina porque, si no, estaba totalmente desplazada. Y en todos los servicios donde ha habido hombres y mujeres, nosotras nos hemos tenido que esforzar muchísimo más para ser tratadas como iguales.

No obstante, la percepción de la profesión está cambiando en este sentido. Ya no se trata solo de la feminización, sino que hay muchos hombres que también están deseando tener más tiempo libre para la familia, para el ocio… La Medicina es cada vez más una profesión femenina.

Alfageme, durante una sesión de buceo

¿Ha afirmado que las mujeres trabajan más en los servicios?
Sí, creo que es así. Primero, porque las mujeres nos quejamos menos de lo que nos toca hacer y, en segundo lugar, considero que somos bastante resolutivas y prácticas porque estamos acostumbradas a resolver problemas cotidianos. Probablemente, reivindicamos poco nuestra valía; los hombres se venden mucho mejor.

En Separ ya hemos aprendido (risas), pero tardó en haber una presidenta cuarenta y tantos años, aunque había gente muy preparada. La primera candidata, en 2009, fui yo, pero perdí (ganó las elecciones Juan Ruiz Manzano). En la siguiente convocatoria ganó Pilar de Lucas y, después, yo. Esperemos que esto siga.
Pilar y usted son muy guerreras…
Llevamos mucho tiempo en este mundo de hombres e intentamos que se nos tenga en cuenta, pero no porque seamos mujeres y nos corresponda por cuota, sino por lo que valemos. De hecho, una carrera no se construye en media hora, sino a lo largo de muchos años. Eso es lo que queremos que pese. Hay gente más dicharachera; nosotras somos más exigentes y reivindicativas.
¿Cómo es la Inmaculada Alfajeme paciente?
Soy fatal… Excepto las intervenciones quirúrgicas, me trato sola (risas). No tengo médico de cabecera; soy yo misma. Afortunadamente, tengo buena salud, solamente he tenido problemas banales.
Su primera carta como presidenta de Separ comenzaba así: “Construir futuro. Esta es mi propuesta”. ¿Cómo se ve usted en el futuro?
Cuando me jubile me dedicaré a viajar y a cultivar las relaciones sociales. Para mí es la mejor forma de emplear el tiempo.
Respirar dentro del agua Si uno tiene la inmensa fortuna de poder viajar a Maldivas, debe saber que bucear en sus aguas es prácticamente obligatorio. Inmaculada Alfageme y su familia hicieron allí un curso de submarinismo, porque “no es lo mismo ver un documental que de cerca”. Y como una vez que experimentas la sensación de respirar debajo del agua ya no puedes parar, después han buceado en el Mar Rojo, Cuba, Australia… Las botellas de aire le duran mucho, más de una hora, pero no es su vasto conocimiento del aparato respiratorio lo que le ayuda a respirar mejor, sino su metabolismo: “Lo tengo estupendo”. La presidenta de Separ también empezó a esquiar con sus hijos: “Me gusta esquiar en Sierra Nevada (Granada), con cielo azul y sol. En Candanchú (Huesca) hace frío, hay niebla… es bonito, pero los hobbies son para disfrutar, no para sufrir”.
Porque ahora tiene poco tiempo libre…
Muy poco. Tengo un perro, así que tengo dos obligaciones diarias permanentes: sacarlo por la mañana antes de trabajar y por la tarde. Normalmente, esa hora aprovecho para quedar con mis amigas, que también tienen perro, y se habla de otras cosas que no tienen nada que ver con la Medicina y que son la mar de sanas. Eso me sirve para desconectar.
¿Le queda tiempo para leer?
Sí, me encantan las historias policiacas y de suspense.
¿También como género cinematográfico?
Lo veo todo, hasta películas realmente malas (risas). Me resultan muy entretenidas las películas de ciencia-ficción, pero no me gustan los dramones. Me gustan las películas que cuentan historias que enganchan, como Mystic River o Gran Torino, de Clint Eastwood. Las películas policiacas de ahora son más de acción, como Misión imposible; esas me gustan menos porque me parecen todas iguales.

Viajar es una de las grandes pasiones de la presidenta de Separ
¿Es melómana?
Tengo mis preferencias: David Bowie, Lou Reed, Joaquín Sabina… los de mi época. Pero como a mis dos hijos también les gusta la música, me van pasando cosas más nuevas, como Adele y más gente. En general, siempre escucho música.
Entonces, habrá sentido la muerte de Bowie…
Sí, le seguía desde el disco The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, ha pasado tiempo… Para mí es un gran músico. Los Rolling Stones también me gustan mucho, les he visto en concierto, como a Bob Dylan y a Bruce Springsteen.

De hecho, a Springsteen le vi en el Estadio Olímpico de Sevilla, un mes de julio que estábamos a 40 grados, y recuerdo que el guitarrista iba vestido con casaca, sombrero y guantes negros; no sé si nadie le había informado del tiempo que hace en Sevilla (risas). Pero ahí estaba el tipo, impasible.
Es lo que tiene ser una estrella del rock…
Sí, pero en verano podía cambiar de estilo y retomar el look gótico en invierno.
¿Ha pertenecido a alguna tribu urbana?
No, para eso siempre he sido muy normal.