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20/03/2016 n281
La moda de abrir nuevas facultades de Medicina está volviendo, si es que alguna vez se fue. Tras el ‘boom’ registrado en la última década, que concluyó con un total de 40 titulaciones ofertadas en todo el país, una nueva oleada de proyectos se está consolidando en regiones como Islas Baleares, Cataluña o Navarra. El despertar de este furor no está exento de una polémica que enfrenta de forma casi irreconciliable a quienes apoyan la apertura de nuevos centros con aquellos que advierten sobre las graves consecuencias a las que el empleo médico se tendrá que enfrentar en el futuro si finalmente se lleva a cabo.

José A. Puglisi

España se ha convertido en un tablero de Risk. Lo que se juega en la partida es el futuro de la profesión médica, y en ella hay dos contrincantes principales. El primero lo conforman aquellos que se han centrado en orientar sus acciones a blindar su ámbito de competencias y fundar nuevas facultades a toda velocidad. Al otro lado, quienes buscan detenerles por medio de la suma de aliados en el resto del territorio nacional. El juego ya está en marcha, y los contendientes mueven estratégicamente sus fichas para intentar salirse con la suya.

Las comunidades ‘rebeldes’ que buscan con más insistencia fundar sus propias facultades de Medicina son Baleares y Cataluña. Esta corriente ha adquirido especial fuerza en la región insular, donde el anhelo es que esté lista para la próxima convocatoria, por lo que se intentará que un total de 60 nuevos alumnos se sumen a la oferta académica. La medida ha sido muy criticada por el Foro de la Profesión Médica,

Victor Expósito, presidente del CEEM.

 que no solo considera innecesarias este tipo de decisiones, sino que directamente advierte de su carácter contraproducente para el empleo médico. Para ello se apoya en la estadística, que sitúa a España como el segundo país del mundo en tasa de estudiantes de Medicina por número de habitantes, solo superado por Corea del Sur. Abrir la oferta de esta titulación solo ayudaría, aseguran desde el órgano de representación que aglutina a profesionales, estudiantes y decanos, a aumentar las cifras de paro entre los profesionales.

La postura de los estudiantes es inamovible a la hora de rechazar casos como el de Baleares. En este sentido, Víctor Expósito, presidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), ha asegurado a Revista Médica que esta iniciativa solo responde al interés de “apuntarse un tanto político”, ya que “se han utilizado argumentos nacionalistas, en los que se expresa que son una de las pocas autonomías sin una facultad de Medicina o que su implementación es un valor añadido para aumentar el prestigio de la región”. Las razones no convencen al CEEM, quien considera que “se está utilizando la vocación del estudiante para mejorar una imagen política”.

La Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina también ha ratificado su rechazo. El presidente de la organización, Ricardo Rigual, fue uno de los encargados de liderar un informe contra el proceso de nuevas aperturas,

Margalida Gili, recientemente nombrada decana de la Facultad de Medicina de Baleares.

donde se resumen al menos una decena de argumentos que demuestran que se trata de una iniciativa “que resulta tan innecesaria como inconveniente”. Una información que ha contado con el respaldo en su totalidad de los miembros del Foro de la Profesión Médica.

Lejos de frenarse como consecuencia de las críticas, la Universidad de Islas Baleares ha pisado un poco más el acelerador de este proceso. Solo de esta manera se entiende el nombramiento de la profesora titular en Psicología, Margalida Gili, como la primera decana de la facultad de Medicina. Un cargo que, por el momento, ocupará durante un período inicial de seis meses y tendrá como finalidad poner en marcha los dos primeros cursos.

“El verdadero interés no está en la formación”, considera una fuerte cercana al proceso de conformación de la nueva facultad que apunta a otra razón como causa: “El Ministerio de Sanidad exige que, para la creación de un centro de estudio biomédico, se cuente con una facultad asociada”.
El ‘octavo pasajero’ catalán
Cataluña quiere igualar a Madrid. Las siete facultades de Medicina de la región parecen no ser suficientes para una autonomía que ya está trabajando en la apertura de la octava. El proyecto, muy próximo a contar con el apoyo del gobierno autonómico, estaría operativo para la convocatoria 2018-2019 desde la Universidad de Vic, donde ya se han comenzado los preparativos legales y de obras para constituir la nueva titulación.

En respuesta al proyecto, el Consejo de Estudiantes de Medicina de Cataluña (Cemcat) se ha aliado con el CEEM para presentar un contundente comunicado en el que muestran su “oposición a la inmediata creación de nuevas facultades”. En este sentido, ambos han insistido en que “si fuera necesaria, debe respetarse la distribución territorial basándose en un estudio demográfico, y no en los deseos o en las necesidades de las comunidades autónomas”. Una situación que, según explican, no se ha cumplido en el caso catalán.



El presidente de Cemcat, Sergio Valle, ha expresado que “en un momento en que la sociedad está aprendiendo que los recursos son limitados y deben invertirse de manera justificada, no se entiende que estemos camino de abrir la octava facultad de Medicina en Cataluña sin un estudio que lo justifique”. Por otro lado,“mientras no se amplíen las plazas MIR, solo estamos creando un efecto embudo cada vez mayor, formando médicos muy ilusionados que finalmente no ejercerán; y esa inversión de tiempo y dinero, no se puede devolver”, agrega.

Cataluña es, además, la región que más incumple los númerus clausus. Es decir, hay una amplía diferencia entre las plazas académicas ofertadas y las matrículas registradas en la misma convocatoria. Así lo ponen de manifiesto los datos correspondientes al curso 2014-2015 ofrecidos por el Ministerio de Sanidad, en los que se puede apreciar que de las siete facultades de Medicina solo dos han inscrito a menos estudiantes del número de vacantes establecido. El ejemplo más notorio lo ha protagonizado la Universidad de Girona, que superó en 26 alumnos el límite de plazas de matriculación ofertadas, que finalmente fue de 106 cuando las estipuladas inicialmente eran 80.

A la tendencia seguida por el centro gerundense también se sumaron la Pompeu Fabra (60 plazas con 77 matriculaciones), la Autónoma de Barcelona (320 plazas con 334 matriculaciones) y la Universidad de Barcelona (259 plazas con 260 matriculaciones). Unos resultados que han llevado a que, desde Cemcat, se haya solicitado a la Generalitat que sancione a las universidades que incumplen con el númerus clausus indicado.
El paro sanitario como indicador MIR El paro como referente en la formación sanitaria. El Foro de la Profesión Médica ha presentado un proyecto donde se plantea que los datos sectoriales de desempleo ayuden a regular el número de plazas MIR que se abren cada año, modificando la demanda a las necesidades propias de cada una de las especialidades. Asimismo, pide que, una vez que sean ajustados los números de residentes, se reduzcan los númerus clausus para ayudar a facilitar el continuo formativo.

El presidente de la Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina, Ricardo Rigual, ha asegurado a Revista Médica que “existe el error común a pensar que el número de plazas MIR debe regularse a partir de los númerus clausus, pero esto no soluciona el problema de desempleo sanitario, por lo que la estrategia es realizarlo en el sentido contrario”. Un camino que para Juan Antonio Vargas, decano de la Facultad de Medicina de Universidad Autónoma de Madrid, alcanzaría el objetivo final de equilibrio en el sector, aunque advierte que “no se trata de un trabajo sencillo, por lo que sería recomendable hacerlo por facetas”.
Un ‘frente’ a largo plazo

No todas las confrontaciones son inmediatas. La primera facultad de Medicina pública de Navarra también representa un riesgo para la búsqueda del equilibrio del continuo formativo, pero no es un riesgo inmediato. En una reunión del Consejo de Educación de la comunidad foral con el vicepresidente del CEEM, Leonardo Caveda, se anunció que el proyecto aún “está en una fase embrionaria”, por lo que se están realizando todos los estudios para comenzar su puesta en marcha en un plazo de cinco o seis años.

Durante el encuentro se anunció que la “universidad de Navarra cuenta con un perfil muy técnico que ha alcanzado un importante reconocimiento nacional e internacional, siendo una ventaja que quieren aprovechar en el ámbito sanitario”. En este sentido, la apuesta autonómica se centra más en la creación del grado de Ingeniería Biomédica, lo que permitirá impartir la formación sanitaria con un perfil más técnico y de gestión.

Otro ‘frente’ está en la Comunidad Valenciana, donde existe la posibilidad de que la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM) busque crear un nuevo campus en Alicante, que se estima que tendría una capacidad de 60 alumnos, los mismos que ya ha solicitado aumentar a la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (Aneca).
Sin facultad, pero con plan B
La autonomía de Castilla-La Mancha consideraba entres sus planes la creación de una facultad de Medicina en Toledo. Según fuentes próximas a la Consejería de Sanidad0, se ha indicado que el proyecto de ofertar esta titulación aún está en manos de la Universidad de Castilla- La Mancha, pero aclaran que “el único argumento que existe es el deseo de que se cuente con su propia facultad por ser la capital de la región, pero no por motivos de tipo sanitarios o estratégicos”.

La solución planteada para beneficiar a todas las partes interesadas ha sido impulsar la transformación del Hospital Virgen de la Salud,

El consejero de Sanidad de Castilla y León,
Antonio María Sáez Aguado

perteneciente al Complejo Hospitalario de Toledo, en hospital universitario. Una fórmula que permitirá incrementar de forma progresiva la presencia de estudiantes en las instalaciones del nuevo centro sanitario, al mismo tiempo que se incrementa el estatus del hospital dentro de España.

Este ‘modus operandi’ también ha convencido a Castilla y León. El consejero de Sanidad de la autonomía, Antonio María Sáez Aguado, ha asegurado que no hay ninguna intención de impulsar a corto plazo la apertura de las facultades de Burgos o León. Así las cosas, se espera que se siga la línea del caso de Ávila, donde los movimientos a favor de crear la facultad de Medicina fueron durmiéndose hasta desaparecer.

No obstante, Sáez Aguado sí ha reafirmado su interés por fortalecer el papel de los hospitales universitarios, por lo que ha anunciado que impulsará la participación de los alumnos, especialmente en Palencia, León y Burgos, considerando que “actualmente están muy infrautilizados” los servicios de estos centros.

En Galicia, por su parte, la solución está en los aularios. La Universidad de Santiago de Compostela ha apostado por un proceso de descentralización a través de la habilitación de espacios de formación sanitaria a Vigo y A Coruña, permitiéndoles una participación más activa, pero sin necesidad de aumentar el número de estudiantes o desequilibrando el continuo formativo relacionado con el MIR.

No todas las soluciones alternativas son beneficiosas. La Universidad de País Vasco ha sido, después de la Facultad de Ciudad Real, la segunda que más ha ignorado el total de númerus clausus durante la convocatoria 2014-2015. En este sentido, se han registrado 301 matriculaciones en una convocatoria con 270 plazas, lo que implica 31 alumnos más.Unos datos que, incluso, superan el nivel alcanzado en Cataluña. Un año después, ha vuelto a repetir la práctica, contando con 32 inscritos más que plazas ofertadas.
Los sindicatos también se posicionan La necesidad de reducir los númerus clausus también preocupa a los sindicatos. Durante la última convocatoria, la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) solicitó que se alcance un equilibrio entre el número de estudiantes en el grado y las plazas que se ofertan en el MIR. “No podemos seguir formando a médicos que luego no tengan la oportunidad de hacer la especialidad”, ha insistido el presidente de la organización, Francisco Miralles. La postura también ha sido apoyada por los sindicatos médicos de Madrid, Cataluña y Comunidad Valenciana, quienes han abogado por una mayor planificación que ponga en relieve el modelo formativo sanitario.
Volcanes en reposo

Aunque por ahora están dormidos, Andalucía y Madrid son dos comunidades en las que siempre se escuchan rumores sobre la posible apertura de nuevas facultades. La primera es, quizá, donde hay más oportunidades de que empiece una nueva campaña, ya que durante años se barajó la posibilidad de contar con un centro de formación sanitaria en Almería, Jaén o Huelva, pero sin que ninguno diera los pasos necesarios y, en más de una ocasión, paralizados por la ausencia de la presencia de un hospital universitario.

Aunque en Madrid la situación parece más controlada, los recientes rumores hablan de dos posibles proyectos que se están analizando, pero aún no representan una medida de total solidez. El CEEM considera que una nueva facultad de Medicina en Madrid sería “muy innecesaria”, ya que es la comunidad autónoma que más tiene, apoyada sobre todo por los efectos del último ‘boom’, que provocó que su número se duplicara.

Aunque en menor medida, también está La Rioja. Hasta la fecha, es la única autonomía, junto con Islas Baleares, que aún carece de facultad de Medicina, pudiendo utilizarse como un argumento para emprender el camino para la creación de su propio campus. A pesar de que todas las miradas están atentas a su reacción, no hay indicios fuertes de que se lance a una campaña acelerada por abrir su facultad.
Contentos con su situación
Las comunidades autónomas de Canarias, Aragón, Cantabria, Asturias y Extremadura están conformes con el número de facultades y no cuentan con ningún proyecto de expansión. Además, la mayoría de ellos han destacado por el respeto al númerus clausus establecido en la última convocatoria, siendo las que menos preocupan a los estudiantes o al Foro de la Profesión Médica.

En cuanto a Murcia, el vicepresidente del CEEM aclara que “aunque no hay planes de que haya nuevas facultades de Medicina; los recientes problemas por las prácticas clínicas son una demostración más de los efectos negativos que tienen estas incorporaciones sin ningún tipo de planificación”. En este sentido, cree que situaciones similares se podrían seguir produciendo en el caso de una escalada en el número de nuevas facultades.

Todas las piezas están en el tablero y, de ambos lados de la mesa, los jugadores buscan intentar llegar a sus objetivos. Con estrategia, músculo y audacia se lanzan a la misión de crear o paralizar facultades de Medicina, mientras que el futuro de la formación sanitaria observa como un mero espectador a la espera de conocer cuál será su destino.