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13/03/2016 n280
Carlos Corominas

Hace seis años, Stephen Fabes decidió dejar su cómoda posición como residente en el británico Hospital Saint Thomas para subirse a la bici y recorrer el mundo. Tras pedalear a lo largo de 80.000 kilómetros y recorrer 75 países ha regresado a Londres, al mismo pub en el que nació la idea, con las alforjas cargadas de buenas anécdotas. En el camino ha investigado proyectos sanitarios y cómo las comunidades hacen frente a sus problemas de salud. La marginalización, tradiciones muy arraigadas y la falta de educación son algunas de las barreras que impiden en muchos casos una buena atención sanitaria, según su experiencia.
Un atlas en una mano, una cerveza en la otra y un pub inglés como escenario. No, no es el comienzo de una obra de teatro. Es el inicio de la aventura de Stephen Fabes, un médico residente del Hospital de Saint Thomas, en Londres, que a finales de 2009 tomó la decisión de “aparcar temporalmente” su profesión como sanitario para recorrer el mundo en bicicleta.

Del momento en el que se le ocurrió la idea, Fabes recuerda que “nació como todas las decisiones de grandes consecuencias”, en referencia a esa cerveza, ese atlas y ese pub que le dieron forma. “Estaba buscando básicamente un poco de aventura y un reto; quería recorrer el mundo de manera tranquila para aprender un poco más sobre él”, relata. Por eso, y aunque reconoce que no estaba en buena forma física ni tenía preparación alguna, el 21 de enero de 2010 se echó a la carretera encima de una bicicleta para no detenerse hasta haber pedaleado a través de los seis continentes (si contamos a Oceanía como tal).

Turkana Además de pedalear y conocer el mundo, Fabes tenía otro objetivo: descubrir cómo las personas se relacionan con la sanidad en diferentes entornos. Como médico y curioso, le interesaba investigar las dificultades en el acceso a los servicios sanitarios. Una de sus primeras experiencias la encontró un año después de su partida en Turkana, un lago de Kenia que hace frontera con Sudán del Sur y Etiopía. En esta región, sumida en la pobreza y la sequía, una asociación ahora desaparecida, Merlin, tenía montada una red de clínicas móviles.

“Era una solución para poder tratar a las tribus nómadas de la zona”, explica Fabes. Estas poblaciones se mueven constantemente por todo el territorio para conseguir agua y comida, por lo que “hacer un hospital fijo tampoco tiene mucho sentido si no se va a utilizar”. Para solucionar la falta de asistencia en estas regiones, las clínicas móviles proveían esa sanidad básica a personas que están en un ambiente “donde prolifera el VIH, las infecciones, las enfermedades tropicales desatendidas y que están en conflicto con otras tribus de los alrededores”. Entre sus tareas, los profesionales de esta asociación se encargaban de “hacer chequeos a los niños para comprobar que no tenían malnutrición o algún problema grave que necesitara asistencia en el hospital más cercano”.
Fabes (en el centro, abajo) en plena celebración tras alcanzar el kilómetro 13.000 de su travesía

El problema médico que bajó de la bici al doctor
El momento más complicado para Stephen Fabes no fue subir un gran puerto como los del Tour de Francia, ni soportar temperaturas infernales o heladoras. La peor experiencia la sufrió a los cuatro meses de partir, todavía en suelo europeo. Cuando estaba atravesando la frontera entre Grecia y Macedonia empezó a molestarle la rodilla. Tras una radiografía en el país heleno le recomendaron unos antiinflamatorios, pero su instinto médico le decía que lo suyo no era un problema menor. Así que decidió gastarse su previsión para todo el mes en una resonancia magnética. El resultado fue desolador: osteocondritis disecante, una enfermedad que va desgastando los cartílagos. En ese momento decidió regresar a Londres para curarse. “Imagínate cuando mi familia y mis amigos me vieron de vuelta cuatro meses después de haberles dicho que estaría cinco años fuera”, bromea. Tras una cirugía y dos meses de recuperación ya estaba listo para continuar la marcha y “recorrer otros 80.000 kilómetros más”.

La marginalidad Esta experiencia fue la que le llevó a interesarse más por la relación entre salud y marginalidad. Fabes señala que son muchos los obstáculos en el acceso a la sanidad “en los bordes”, ya que además de la marginación, “las personas en zonas remotas no disponen de recursos para llegar a ella, además de poseer creencias arraigadas sobre los cuidados de la salud que impiden un correcto tratamiento”.

Este deseo de conocer la frágil relación con la salud de las poblaciones marginadas se hizo especialmente fuerte durante su periplo por Asia, que comenzó a principios de 2014 y se prolongó durante 21 meses en los que pasó por Indonesia, Singapur e India, para más adelante atravesar el continente desde Hong Kong hasta el Cáucaso.

En esta travesía conoció a refugiados de Birmania con VIH, pacientes con problemas mentales en Bombay, personas que viven en casas flotantes en Camboya, leprosos en Katmandú, víctimas de la guerra de Afganistán y adictos al opio en Tayikistán. Su conclusión es que “la relación entre marginalidad y una salud deficiente es muy cercana y es algo que se produce de forma común en muchos lugares diferentes”.

Aunque distingue entre problemas específicos en las diferentes poblaciones, por ejemplo quienes padecen patologías infecciosas y los que tienen enfermedades mentales, “la marginalidad siempre subyace como un obstáculo para evitar una buena atención sanitaria”.

Uno de estos problemas es la falta de educación en salud. “Formar a las personas en salud pública es vital y es una de las cosas que se pueden implementar de forma sencilla”, afirma Fabes. Por eso, entre los principales obstáculos está el que es más difícil derrumbar a la hora de dar una buena respuesta sanitaria es el de las supersticiones: “Algunas de estas creencias son peligrosas porque alienan a las personas que intentas ayudar”.

Considera que hay que andarse con cuidado con algunas prácticas de la medicina tradicional: “Algunas pueden ser buenas, pero otras son dañinas en la práctica clínica”. Para ilustrarlo, recuerda el caso de un curandero de cristales (una pseudociencia que se basa en el supuesto poder vibracional de los minerales). Fabes vio cómo este sanador trataba a sus pacientes haciéndoles quemaduras y escupiendo en ellas, con lo que, en lugar de curarles, les transmitía la tuberculosis.
Una de sus principales inquietudes ha sido observar, como en esta foto a una sanitaria en Camboya, el funcionamiento de la sanidad

Estadísticas de la vuelta al mundo sobre ruedas - Distancia recorrida: 82.250 kilómetros
- Países: 75
- Fronteras: 102
- Pasaportes gastados: 3
- Velocidad punta: 78,9 km/h En el Paso de Libertadores en Argentina
- Mayor distancia recorrida en un día: 209 kilómetros en Namibia
- La cima más dura: La Esperanza, Ecuador. 2.000 metros de subida continúa con un desnivel de un 8%.
- Temperatura más baja: Menos 34 °C, Mongolia.
- Temperatura más alta: 46 °C, Valle bajo del Omo, Etiopía
- Mayor intervalo de días sin ducharse: 11
- Pinchazos: 221
- Cámaras cambiadas: 26
- Cadenas utilizadas: 14

Para conocer toda la historia del viaje de Stephen Fabes, pincha aquí

El regreso El 19 de febrero de 2016, con 80.000 kilómetros tras sus ruedas, Fabes llegaba a Londres y se reunía con sus familiares y amigos. Primero en el Hospital Saint Thomas y después en aquel pub en la que nació aquella gran decisión. El viaje le ha cambiado como persona y como médico: “Ha abierto mi mente sobre cosas que he aprendido”. No obstante, reconoce que ha supuesto un parón importante en su carrera ya que no ha estado haciendo trabajo clínico directo. “Voy a necesitar volver a ejercitarme y a aprender cosas nuevas”, admite.

Sin muchos planes todavía, Fabes sí tiene claro que quiere volver a ejercer la Medicina. Todavía no ha decidido su especialidad, aunque su experiencia en Asia le ha hecho interesarse por las enfermedades infecciosas. “Creo que me gustaría incorporarme a algún tipo de organización médica humanitaria”, sentencia.

Al echar la vista atrás, no se arrepiente de haber tomado la decisión de partir hace seis años: “Siempre quiero seguir hacia adelante”. Ahora centra sus esfuerzos en escribir un libro sobre su experiencia acerca de la marginación y salud en Asia. La siguiente gran decisión tendrá que esperar a una próxima cerveza.
Atravesando el salar de Uyuni,
en Bolivia