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21/02/2016 n277

La pregunta del examen del MIR sobre si el residente debería aceptar la amistad de una paciente de 15 años en Facebook ha tenido un gran eco en las redes sociales, que se han llenado de debates acerca de lo pertinente de esta cuestión. La realidad demuestra que estas herramientas de comunicación ya han entrado de lleno en la práctica clínica y pueden derivar en situaciones incómodas para los profesionales sanitarios.


Carlos Corominas

‘Tienes una solicitud de amistad: Sofía’ y dos opciones: confirmar o eliminar la solicitud. Antes de darle a aceptar quizá deberías pensarlo un poco mejor. Sofía es una joven de 15 años a la que has atendido en Urgencias y que te ha preguntado si puede agregarte a Facebook después de tratarla.

Este es el supuesto con el que se encontraron los candidatos a una plaza de Médico Interno Residente (MIR) en el examen del pasado 6 de febrero. Juan, un residente de segundo año, atiende a esta Sofía ficticia en Urgencias tras haberse desmayado y esta le pide agregarle a la red social. Obviamente la respuesta correcta es la que se refiere a responderle con mantener la relación en los límites profesionales entre médico y paciente.

Esta pregunta ha provocado todo tipo de bromas y comentarios jocosos, precisamente difundidos por las redes sociales. Se ha creado un perfil de Facebook falso con la niña como protagonista, se ha lanzado una petición en change.org para pedir que Juan acepte la amistad y se han diseñado memes motivando a Juan a lo mismo. Aparte de las bromas, una situación como esta no es tan rara como podría parecer.

Enrique Lázaro, expresidente del CEEM
“Tengo amigos que hacen abreviaturas de su nombre para que los pacientes no les encuentren en Facebook”, explica Enrique Lázaro, expresidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), que precisamente este año se ha examinado del MIR y, según cuenta orgulloso, ha acertado la pregunta.

Esta situación es la versión 2.0 de un escenario que no es extraño en las consultas: pacientes que quieren llevar la relación con su médico a un terreno más íntimo. “Pasa en el día a día”, explica Lázaro, que lo compara con verse abordado por un paciente en un bar para tomarse algo juntos. “El problema es que en Facebook das un paso más: es una llave a tu intimidad”, asegura.
La receta para que la niña del MIR no se convierta en tu pesadilla virtual
Para evitar que un paciente tecnológicamente activo no se transforme en una molestia digital y personal, conviene seguir una serie de indicaciones muy sencillas:

1. Usar el sentido común. No traspasar las fronteras personales en las redes sociales igual que no se hace en la consulta.

2. No aceptar a pacientes en Facebook. Esta red social es especialmente sensible por lo que muestra de la vida privada de las personas. No es conveniente que un paciente vea fotos de su médico en bañador bebiendo daiquiris en el Caribe.

3. Mantener las distancias. Evitar las conversaciones privadas con pacientes y cuidar el lenguaje. Algo que en una conversación cara a cara puede ser normal, en las redes puede dar lugar a malentendidos.

4. Bloquear cuando sea necesario. Si un paciente se pone borde, molesto, irritable, pesado, cansino o, incluso, acosador, lo mejor es bloquearle en la red social y cortar la conversación. Más adelante se le puede explicar en la consulta la necesidad de mantener una relación médico-paciente cordial, pero con distancia.

5. No publicar casos personales. Hay que mantener la confidencialidad del paciente en todo momento. Las redes sociales pueden ser una buena herramienta de consulta y discusión sobre casos, pero siempre desde el debido respeto al anonimato.

Esquivar un beso

La solución ante estas circunstancias es sencilla y, obviamente, nada que un médico no pueda afrontar: educación y anulación de la petición de amistad. “Una vez me agregó el hijo de una paciente al Facebook y le acepté”, confiesa Beatriz Alameda, residente de último año de Atención Primaria en el Hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid). Esta MIR no se dio cuenta de que quien le agregaba era el hijo de una mujer a la que trataba. Le sonaba la cara, sí, pero no caía y, además, tenían un amigo en común en la red social. En cuanto se dio cuenta le borró de sus contactos, aunque él no se dio por vencido y volvió a intentarlo varias veces.

“Me han querido agregar pacientes varias veces, pero siempre digo que no”, explica Alameda, que considera que lo de Facebook no es tan diferente a que te pidan el teléfono al final de la consulta o te esperen en la puerta del hospital al acabar el turno. “Hasta he tenido que esquivar un beso en alguna ocasión”, afirma esta MIR, que añade: “En las consultas eres amable, empatizas y hay gente que confunde eso con otras cosas e intentan ir un paso más allá; nada que no se pueda gestionar con facilidad”.

César Sánchez, tutor de residentes de Pediatría y Áreas Especiales del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid
Mantener estas distancias es especialmente importante en casos como el de Sofía, en el que un paciente de Pediatría puede confundir la relación entre médico y paciente. “A los residentes les decimos que no den datos de contacto personales porque tenemos la certeza de que puede ser más complicado de lo que parece”, explica César Sánchez, tutor de residentes de Pediatría y Áreas Especiales del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid.

Los casos con los que tratan los residentes de Sánchez son diferentes al de Sofía en tanto que se encargan de pacientes crónicos. Por eso, este tutor afirma: “Siempre digo que aunque tenemos la consulta abierta, lo que no tenemos abierta es nuestra vida: no sólo por poner límites, sino porque no daríamos abasto”.

En su caso, una interacción excesivamente personal con el médico puede hacer que los pacientes pierdan la tan necesaria autonomía que precisan para enfrentar situaciones complicadas. “A medida que se van haciendo mayores se comparte más información con ellos, se les pregunta qué les parece el tratamiento, se comparten los diagnósticos, pero siempre desde el ámbito profesional”, explica. Por eso, separar estas dos esferas es importante para que no se acostumbre a depender siempre del médico en un traspaso de fronteras personales que pueden ser un lastre para su propio tratamiento. Sánchez sí es partidario de dejar en ocasiones el correo electrónico corporativo, “siempre sabiendo a quién se lo dejas”, pero no de abrir espacios, como el de Facebook, que suponen pasar a la esfera privada.
El médico, aunque en Twitter sea, médico se queda
Por mucha pantalla que haya de por medio, un médico no deja de ser un médico en una red social, más si se identifica como tal. Por eso, debe tener en cuenta que no sólo se representa a sí mismo sino que lo hace con toda una profesión y que debe actuar como tal. Por eso, igual que mantiene un código de conducta en la consulta y cuando ejerce la Medicina, debe mantener las formas en las redes sociales, ya que estas no dejan de ser un foro público. Para ello, basta con seguir el sentido común y no actuar en las redes como no se actuaría en la vida real. Mantener la confidencialidad de los pacientes, seguir los postulados éticos de la profesión y guardar las formas son conductas inherentes a la profesión médica, ya sea en Twitter, en LinkedIn o en la consulta.

Las redes sociales entran en la formación clínica

Los médicos son un colectivo muy activo en redes sociales. De hecho, dos de los entrevistados respondieron rápidamente a la solicitud de entrevista a través de Twitter. Uno de ellos es Pedro Gullón, que respondió a la petición de su teléfono con un mensaje directo:
Pedro Gullon, expresidente del CEEM y residente Medicina Preventiva y Salud Pública en la Escuela Nacional de Salud
“Claro! 66….. Avisadme antes de llamar!”. Además de tuitero, Gullón fue coordinador de zona del CEEM y ahora realiza su residencia de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Escuela Nacional de Salud.

Por su especialidad no tiene mucho contacto directo con la práctica clínica y no se ha encontrado con situaciones de este tipo. “Muchos de mis compañeros sí lo experimentan, son intentos de acercamiento posteriores”, afirma y lo sitúa como algo normal en un mundo en el que las redes sociales son una forma de comunicación más.

“La pregunta del MIR es totalmente lícita y es hacia donde debe ir avanzando el examen”, explica Gullón, que añade: “El problema es que siendo tipo test no se discrimina quién contesta bien o mal, ya que la respuesta tal como está redactada es muy fácil de responder”. Por eso, argumenta que para analizar si un médico resuelve correctamente un problema ético de esta naturaleza debería utilizarse otro tipo de pregunta de desarrollo o a través de una prueba de Evaluación Clínica Objetiva Estructurada (ECOE).

También responde por Twitter Marian Jiménez Aldasoro, quien facilita su número de teléfono apenas dos minutos después de recibir la solicitud de entrevista. Médica de Atención Primaria en el Hospital Universitario La Plana de Ciudad Real y en un Punto de Atención Continuada de la misma ciudad, Aldasoro participó en 2014 en la elaboración de un manual de estilo de redes sociales para residentes que complementaba el código deontológico elaborado por la Organización Médica Colegial (OMC). Celebra que la pregunta del MIR “muestra una realidad que está ahí y que no se había tratado antes”.

Defiende que en el caso de las relaciones con los pacientes hay que mantener una “separación contundente” entre lo profesional y lo personal. “Igual que no eres médico de tu familia o amigos, tampoco puedes entablar relaciones personales con tus pacientes”, afirma. De hecho,
Marian Jimenez Aldasoro, médica de Atención Primaria y coautora del Manual Sobre el Buen Uso de Redes Sociales
confirma que en alguna ocasión ha tenido que bloquear a pacientes en Twitter ante ciertas confusiones: “Explicas que tiene que quedar en lo profesional y todo el mundo lo entiende”.

Así, recomienda a los residentes que se encuentran con estas situaciones que, como en todo, utilicen el sentido común. “El manual de uso de redes sociales también puede ser de ayuda porque al final, si te identificas como médico, representas a una profesión y tus comentarios pueden tener mucha influencia”, indica. De hecho, el colectivo utiliza las redes para intercambiar información, comentar casos (manteniendo siempre la privacidad del paciente) e incluso contrastar con profesionales de otras áreas, como señala Gullón: “Puedo ponerme a discutir con un sociólogo sobre la metodología que estoy usando para una investigación y es mucho más enriquecedor que encerrarme en un congreso de epidemiólogos”.

Al final, las redes sociales son una herramienta más de comunicación y como cualquier herramienta todo depende del uso que cada uno quiera darle. Igual que se mantienen las formas en una consulta y se guarda una prudente distancia con el paciente, lo mismo debe suceder en el mundo virtual, aunque la pantalla de por medio haga olvidar en ocasiones que la relación sigue siendo de médico-paciente y que Sofía no puede ni debe ser una amiga.