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14/02/2016 n276
Los alumnos llegan puntuales. La clase está a punto de empezar. Suena una música pegadiza, de esas con las que los pies se mueven solos de un lado a otro, pero el ambiente aún está tranquilo. Todo cambia a las cinco en punto de la tarde, como cada miércoles. José Luis, el profesor, da las primeras órdenes. Su voz es firme. Imposible no hacerle caso. Coloca a todos en sus puestos y comienza el baile. Un dos tres, chachachá, un dos tres, chachachá. No, no estamos en una academia, sino en el centro de salud Ciudad San Pablo de la madrileña localidad de Coslada. El primero que ha puesto en marcha un taller de danzaterapia para personas con párkinson. La música suena. El baile acaba de comenzar.
Leire Sopuerta / Imagen: Joana Huertas
Por parejas, los siete alumnos practican cada paso marcado por el profesor. Además de un apasionado del baile, José Luis es psicopedagogo, lo que le facilita el trato con cada uno de los pacientes a la hora de establecer unas pautas a seguir y, sobre todo, saber hasta dónde puede llegar cada uno de ellos. Junto a su compañera Jennifer, también bailarina, va complicando poco a poco el baile. No basta con moverse de un lado a otro, sino que ahora hay que hacer un giro y caminar hacia delante y detrás. Y a cada rato… ¡cambio de pareja!

Dentro de esta estampa de movimiento solo hay una figura que permanece quieta. Es Pedro Corral, médico del centro de salud y coordinador de este proyecto piloto, que observa todo con la minuciosidad de quien considera que los pequeños detalles pueden conseguir grandes avances. Él ha sido el que, junto a sus compañeras de Enfermería, ha propuesto a sus pacientes esta actividad.

Se trata, ha explicado a Revista Médica, de “un proyecto innovador en el ámbito de la Atención Primaria y cuyo resultado servirá como base de un programa que abarcaría a todos los centros de salud de la Comunidad de Madrid, en la línea de la estrategia humanizadora impulsada por la Consejería de Sanidad".

Es en actividades como estas donde el concepto ‘humanización de la asistencia sanitaria’ adquiere, seguramente, su verdadero significado.
Además de su capacidad motriz, el baile favorece aspectos como el social en los afectados
Profesionales sanitarios y pacientes más unidos que nunca. Unos y otros dejan a un lado la relación puramente terapéutica y asistencial para compartir un momento agradable, donde no faltan las risas, las confidencias y algunas tardes, incluso meriendan juntos. Una muestra del buen ambiente creado.

Lo cuenta Pedro, quien durante la hora de clase está pendiente de cada uno de sus presentes. Hoy, sin embargo, centra especialmente su atención en Pepe, un paciente con párkinson avanzado que sufre una crisis y está bloqueado neurológicamente, lo que le impide bailar. Aún así, le gusta tanto que no para de repetir, "quiero bailar, me gusta mucho, así que lo voy a intentar". Y tanto que lo hace: en cuanto su cuerpo se lo permite no duda en marcarse unos pasos.

También está Rosa, una mujer que explica orgullosa cómo esta actividad le ha cambiado la vida. "Mi párkinson me hace estar muy rígida y eso, durante muchos años, me ha traumatizado hasta el punto de no salir de casa durante el día, para que nadie me viese. Solo salía por la noche. Sin embargo, el baile me ha dado seguridad. Ya no estoy tan rígida y salgo a la calle sea la hora que sea. Bailo en la clase del centro de salud, pero también con mi nieta, que me pide que le enseñe diferentes pasos", cuenta con la cara iluminada, sonriente.

No todos los presentes en la sala tienen la misma predisposición. Ejemplo de ello es el caso de Julio, que si bien afirma venir “contento” a las clases, reconoce que esto de bailar no le gusta mucho. "Yo prefiero el cine o leer", se excusa. En su caso, cuenta con el apoyo de su mujer, Agustina, que lo anima a continuar porque "es bueno para él, para su enfermedad”.
Sánchez Martos y la educación para la salud Si hay un defensor en la sanidad española de la educación para la salud, ese es el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Jesús Sánchez Martos. Su currículum profesional y su trayectoria laboral así lo confirman. Es doctor en Medicina, diplomado en Enfermería y también catedrático de Educación para la Salud en la Universidad Complutense de Madrid.
Jesús Sánchez Martos, consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid
Antes de su responsabilidad actual ya apoyaba esta joven disciplina porque, tal como él mismo ha explicado en numerosas ocasiones, “contribuye a que los ciudadanos modifiquen sus hábitos para mejorar su calidad de vida y su bienestar, y está dirigida a una población sana, con lo que se previene que aparezcan nuevos casos de enfermedad”.
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La experiencia en este centro de Coslada parece corroborar la teoría defendida por Agustina. Los pacientes notan la mejoría, como también lo hacen los familiares que les acompañan a las sesiones ejerciendo como pareja de baile. Y, por supuesto, los profesionales sanitarios, quienes destacan los progresos a nivel físico, emocional y relacional. Último aspecto este al que todos ellos dan especial importancia porque los pacientes con párkinson acostumbran a ser personas retraídas, distantes y poco sociales. Actividades como las clases de baile, afortunadamente, contribuyen a cambiar ese patrón.

Todos estos beneficios parecen indicar que, cuando el taller finalice en el mes de junio (comenzó en diciembre y son un total de 20 sesiones) y tras realizar la evaluación pertinente, se estudie su extensión a más centros de salud.
José Luis y Jennifer se encargan de impartir este curso
Así lo cuenta Julio Zarco, director general de Coordinación de la Atención al Ciudadano y Humanización de la Asistencia Sanitaria.

"La danzaterapia es una acción que se une al conjunto de medidas que conforman el Plan Estratégico de la Humanización de la Asistencia Sanitaria y su objetivo principal es acercar el sistema al ciudadano, que se sienta el actor principal del mismo". Esta iniciativa, añade, "permite a los pacientes beneficiarse de las propiedades del baile" pero, además, "acerca a profesionales y pacientes, aproxima a dos seres humanos que entran en un proceso de humanización de la asistencia sanitaria".

Demuestra también, según Zarco, que en el centro de salud "se pueden hacer más cosas que tratar al paciente en la consulta". "Rompemos la dinámica tradicional, ofrecemos actividades extra clínicas con evidencias clínicas".

Y, entre ellas están también la relajación dinámica y la meditación. Proyectos en los que trabajan Zarco y su equipo, dentro del Plan Estratégico de Humanización de la Asistencia Sanitaria impulsada por el consejero Jesús Sánchez Martos, que quieren tener culminado “en el primer trimestre del año”. Aunque, como comenta, “planificamos y, a la vez, vamos ejecutando”. Es decir, “hay medidas humanizadoras que ya estamos poniendo en marcha”.
La humanización es ya una realidad
Julio Zarco, director general de Coordinación de la Atención al Ciudadano y Humanización de la Asistencia Sanitaria
Además de la danzaterapia, la sanidad se está humanizando con iniciativas como la UCI sin paredes, que libera a estos espacios de los horarios estrictos para que los familiares puedan acompañar a sus enfermos; el facilitar plazas de aparcamiento para pacientes oncológicos; el acompañamiento en el duelo; o con programas para que, por las noches, haya el máximo silencio posible en los hospitales y los pacientes puedan descansar.
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La música sigue. Los pacientes y sus parejas parecen no cansarse. El ambiente está tan animado que hasta Pedro, el médico, se anima a dar unos pasos de baile. Tampoco se ha podido resistir a practicar el chachachá Margarita Salinero, coordinadora de Humanización de la Subdirección General de Humanización de la Asistencia Sanitaria. Acude a cada clase como observadora externa para la evaluación continua del proyecto, que, tal como detalla, "es una actividad de educación para la salud, que se realiza fuera del horario de actividad de los profesionales del centro y de manera altruista por parte de los profesores de baile, no suponiendo coste alguno".

Son más de las seis de la tarde. La clase acaba con un gran aplauso que todos se merecen. Unos, los pacientes, por su esfuerzo y voluntad; sus parejas, por el ánimo y apoyo que transmiten; los profesionales, por su generosidad y compromiso con su labor; y los profesores, por compartir su pasión en beneficio de los pacientes.

Porque esta es la humanización que busca implantar la Consejería que capitanea Jesús Sánchez Martos: hacer que los pacientes sean más que un número de tarjeta sanitaria, un simple diagnóstico, una enfermedad... Personas que buscan mejorar su salud dando unos pasos de chachachá con una sonrisa en la cara. Esto también es sanidad.