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07/02/2016 n275
La mitad de los candidatos al MIR se quedarán en solo eso, candidatos. De los 12.427 aspirantes que se han presentado este sábado a la prueba para acceder a la residencia, solo 6.098 conseguirán una de las plazas ofertadas. El futuro de los 6.329 médicos restantes queda, por lo tanto, duramente dañado. En medio de ese naufragio, las posibilidades pasan por volver a presentarse el siguiente año, o bien de acceder a la Medicina por la vía militar. Unas soluciones que, a pesar de representar un distanciamiento del Sistema Nacional de Salud (SNS), permiten mantener viva la llama de la vocación profesional.
José A. Puglisi

El fin de la carrera profesional. Así consideran algunos haber quedado excluidos de una plaza de formación especializada. Una situación a la que, durante la presente convocatoria, tendrán que enfrentarse quienes no logren colarse dentro de las plazas ofertadas por el Ministerio de Sanidad, que sirven como ‘billete directo’ al SNS. Sin embargo, tropezar en el examen MIR no implica tirar por la borda los años de formación. Tras el varapalo inicial se esconde un abanico de posibilidades nada despreciables.

La decisión más popular es el reintento de la prueba. Con meses de estudio acumulados y una metodología más que asimilada, algunos candidatos toman su primera presencia al examen MIR como un simulacro más y continúan formándose para obtener su plaza en la próxima convocatoria.

La estrategia, que no está blindada contra fracasos, depende de aspectos vinculados directamente con el desempeño personal del aspirante. Es decir, si el resultado obtenido en la prueba es similar al de los simulacros, quizá requiera de un importante margen de mejora para entrar a la residencia. Si por el contrario, el tropezón ha estado

Carlos Pérez, residente del Hospital de Salamanca

relacionado con factores externos (estrés, enfermedad, desconcentración o un ataque de nervios, por ejemplo), un segundo intento no es descabellado.

La fórmula de reintentar el MIR ha sido de gran utilidad para Carlos Pérez Vázquez. Al haberse quedado a dos metas de escoger especialidad en la convocatoria 2013-2014, el joven médico apostó por un segundo intento. Durante su proceso de preparación, Pérez también indagó más sobre las especialidades para conocer cuáles se adaptaban más a sus intereses. “Descubrí el atractivo de Medicina de Familia, por lo que fue una de mis primeras tres opciones y la que finalmente escogí; es una especialidad estupenda que, lamentablemente, está siendo infravalorada”, aclara. Contento con su decisión, el residente asegura que “el retraso de un año no cambia nada para quien lucha por su sueño, y mucho menos en una profesión que se debe vivir como una carrera de fondo”.

No todos los aspirantes logran, sin embargo, acceder al MIR en ocasiones posteriores. En estos casos, se ven obligados a emprender la búsqueda de nuevas soluciones. “La situación pone en evidencia la necesidad de encontrar un equilibrio entre los númerus clausus y las plazas MIR,

Víctor Expósito, presidente del CEEM

ya que las salidas quedan limitadas para quienes no acceden al sistema, más aún ante el aumento de las contrataciones de especialistas por parte de los hospitales privados y con la inclusión de Medicina Forense entre las especialidades”, apunta el presidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), Víctor Expósito, que equipara una exclusión del MIR al “limbo profesional”.


Alistamiento sanitario Una de las puertas para escapar de esa ‘tierra de nadie’ puede ser el Ejército, donde los médicos tienen la oportunidad de aprovechar sus conocimientos teóricos y prácticos apoyando las operaciones conjuntas o combinadas de los cuerpos militares. Una de sus funciones principales, la Sanidad en Campaña, es la selección, conservación y recuperación del personal desde una perspectiva médica, minimizando el efecto de las lesiones o enfermedades que puedan contraer los miembros de las unidades. Sin embargo, hay que cumplir con algunas condiciones para alistarse.

Paula Palomar, interina de Residencia y Profesión del CEEM

El Ministerio de Defensa establece que, además de la licenciatura o título en Medicina, el candidato deberá tener entre 18 y 33 años, contar con la nacionalidad española y carecer de antecedentes penales. Asimismo, deberá superar pruebas prácticas, tener dominio del inglés y pasar exámenes psicológicos (aptitudes intelectuales y de personalidad) y psicofísicos (reconocimiento médico y pruebas físicas). Con estas barreras superadas, el médico está preparado para dar asistencia a las Fuerzas Armadas, además de trabajar en las áreas de Medicina preventiva, inteligencia sanitaria, formación o investigación de la Medicina militar y en ambientes extremos.

Paula Palomar, interina de Residencia y Profesión del CEEM, asegura que Defensa ha buscado, durante los últimos años, “dar un impulso a la formación de los médicos en el Ejército a través del grado impartido en la Universidad de Alcalá de Henares, donde se sale con la titulación de teniente médico y un contrato de 12 años”. Sin embargo, para la convocatoria 2015-2016 solo se ofertaron 30 plazas en la universidad. Aunque ha caído el número, las oportunidades para los médicos sin MIR son altas. “La primera promoción de médicos formados por el Ejército aún está en el cuarto año, lo que hace que se sigan ofertando entre 15 y 35 plazas anuales”, indican desde el CEEM.

Medicina militar logró convencer, por ejemplo, al teniente médico Luis García cuando aún se encontraba estudiando el grado. “Me llamaba la atención la posibilidad de realizar una práctica distinta a la habitual,

El teniente militar Luis García (a la derecha), en el desempeño de su labor

que me diera la oportunidad de viajar por el mundo y conocer cosas que, en otras condiciones, no presenciaría”, apunta. De ahí, que se presentara a una prueba teórica “mucho más sencilla que el MIR”, así como a evaluaciones físicas y de inglés “muy asequibles”. Dos años después de acceder, comenzaba su proceso de formación especializada.

“Una vez dentro, es otorgada una plaza de funcionario, por lo que se cuenta con trabajo fijo. Además, cada año y medio nos mandan por dos meses a una misión, siendo una de las experiencias en las que más se pueden aprender”, explica. Sin embargo, advierte que el peligro es mínimo, ya que “los equipos médicos cuentan con una gran reputación y se encuentran muy protegidos dentro de las unidades, además de que se nos ofrece, en los cuatro primeros meses, entrenamiento básico de combate”.


Las opciones menos queridas Otras de las salidas laborales pueden ser menos atractivas para los médicos, como son usualmente las labores de visitador médico, profesor de formación profesional o policía científico. Aunque requieren de conocimientos médicos, los sanitarios suelen sentir que son profesiones que no tienen una vinculación directa con su profesión, por lo que creen que aceptar estas oportunidades sería “desperdiciar” sus conocimientos profesionales. A quienes no tengan esa percepción, estos trabajos podrían resultarles una variante al margen de la realización del MIR.
Encerrarse en el laboratorio Como no todos los médicos están dispuestos a vivir experiencias próximas a campos de batalla, la investigación se presenta como una oportunidad de contribuir a la sanidad en un ambiente más distendido. Aunque es un área que no permite la asistencia sanitaria, sí puede tener efectos directos sobre el sistema sanitario, al avanzar en el descubrimiento de nuevas fórmulas para curar una enfermedad o mejorar su tratamiento.

Con una amplia gama de campos por descubrir o en los que innovar, los profesionales pueden dar rienda suelta a su imaginación e indagar sobre los grandes temas que aún quedan por resolver en el ámbito de la Medicina. Sin embargo, existe un inconveniente: todos los procesos de investigación suelen requerir de importantes sumas de dinero y su financiación se ha visto seriamente reducida a causa de la situación económica vivida en los últimos años.


Con el estetoscopio en la maleta La calidad de la formación sanitaria española permite que, en caso de no estar satisfecho con la oferta encontrada en el país, se cuente con la posibilidad de buscar otras opciones en el extranjero. Los médicos encuentran en otros países la puerta de entrada a la especialidad soñada, al mismo tiempo que aprenden de otras culturas e, incluso, suman un nuevo idioma a su currículum. Una vez terminada su formación especializada, se enfrentan a una nueva decisión: quedarse en el país para ejercer su profesión o regresar a España con el título en la mano para unirse al SNS.

El proceso de inmigración, no obstante, requiere importantes trámites. Al margen de los visados de estudios que puedan solicitar algunos países, el médico debe volver a presentar exámenes de homologación, además de alguna prueba de idiomas y, dependiendo del caso, la prueba equivalente al MIR del país respectivo. El proceso, además de tiempo, supone una serie de gastos vinculados con las traducciones y homologaciones, siendo un factor a tomar en consideración al momento de pensar en esta opción.

Las oportunidades y riesgos de cursar la especialización en el extranjero variarán según la nación que se escoja para ello. A pesar de que la mayoría suele optar por cursarla en Europa, el idioma es, cada vez más, un condicionante para que pongan la mirada en Latinoamérica, mientras que el reconocimiento de países como Estados Unidos, Japón o Canadá también pueden ser un incentivo para probar suerte.

En cualquiera caso, la clave está en investigar en profundidad el modelo sanitario del país, conocer los requisitos y trámites que se exigen y valorar las oportunidades académicas y profesionales que ofrecen. El balance de estos aspectos podrá determinar el éxito o fracaso del intento de formación en el extranjero.

La salida al exterior también podrá tener un carácter solidario. Es decir, el uso de todos los conocimientos adquiridos en el grado para respaldar las acciones de diversas ONG´s que tengan por finalidad ofrecer servicios sanitarios en las zonas más necesitadas de los países del tercer mundo o que, recientemente, hayan padecido catástrofes naturales o de índole humana.

En el caso de decantarse por desempeñar su labor en una organización sin ánimo de lucro es necesario conocer sus requerimientos ya que en algunas, como Médicos Sin Fronteras por ejemplo, se establece como una de las condiciones la asistencia sanitaria por, al menos, dos años, lo que sería un freno al médico sin MIR. No obstante, hay muchas instituciones benéficas sanitarias sin ningún tipo de restricciones al margen de haber completado el grado de Medicina.


Las ganancias del médico camuflado
Las ventanas que se cierran Los médicos que no lograban acceder al MIR tenían entre sus opciones profesionales la Medicina Forense. No obstante, los cambios vinculados a la troncalidad han ocasionado que esta disciplina vaya a desaparecer como especialidad de escuela y pase a la lista de especialidades médicas del MIR a través de su propio tronco. El cambio cierra una salida laboral para los médicos ajenos a las residencias, al mismo tiempo que exige la necesidad de cambiar las riendas docentes de la especialidad de las escuelas a los institutos de Medicina Legal.

No es la primera vez que se da ‘portazo’ a una salida laboral para el médico general. La decisión de la Administración Pública de parar la contratación de médicos sin especialidades ha bloqueado otras posibilidades como la de Medicina Penitenciaria, colocando como requisito que se curse la residencia de Medicina Interna o de Medicina General y Comunitaria.

Antes del cambio, Medicina Penitenciaria era una de las oportunidades para emplear los conocimientos del grado velando por la salud de los internos desde las Unidades Judiciales, que son las camas hospitalarias que cuentan con protección policial y desde las cuales se realiza la asistencia continuada y se atienden las urgencias.

Un total de 12.427 aspirantes han jugado sus cartas y, en las próximas semanas, 6.329 de ellos deberán tomar una importante decisión profesional al margen del MIR. A pesar de que la oferta no es muy variada, existen soluciones que permiten al médico general la posibilidad de vestir su bata y, ya sea en el campo de batalla, en el laboratorio o en el extranjero, demostrar su vocación profesional y trabajar incansablemente por mejorar la salud de los ciudadanos de su entorno.