¿Quiere recibir Revista Médica en su correo de forma gratuita?
31/01/2016 n274
José A. Puglisi
Los futuros médicos entran al aula. Al frente, una de las eminencias de la Medicina actual está a punto de comenzar su clase magistral. Todos sacan los cuadernos, desenvainan los bolígrafos y ponen a grabar sus móviles. No quieren perderse ninguna información que les permita aprobar la asignatura y convertirse en los próximos profesionales del Sistema Nacional de Salud (SNS). Tras dos horas sin pausas, y ansiosos por saciar las dudas acumuladas a lo largo de la clase, los alumnos observan con preocupación cómo el docente recoge sus cosas al mismo tiempo que encarga un trabajo y sale por la puerta dejando entre los pupitres una sensación de incertidumbre y desconcierto. Ante una situación de este tipo surge una pregunta: ¿Qué cualidades debe tener el perfecto profesor de Medicina?

La imagen del profesor más o menos brillante pero desinteresado por las próximas generaciones está desapareciendo lentamente en las facultades de Medicina de España. Aunque aún existe la posibilidad de encontrarles, las instituciones y los estudiantes están presionando para que los conocimientos sean propiciados por unos educadores más activos que pongan al alumno en el centro del conocimiento y prueben su capacidad para resolver problemas de las formas más modernas y efectivas. Sin embargo, no es una tarea sencilla de cumplir, ya que requiere la capacidad de satisfacer muchas necesidades.

El presidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), Víctor Expósito, ha explicado a Revista Médica que “si los profesores fueran tan buenos investigadores como docentes, la formación sería perfecta”. De ahí que abogue por la adopción de las nuevas metodologías de docencia e investigación docente, lo que permitiría que “todos los alumnos pasaran a ser el centro de la clase, obligándonos a pensar en las soluciones a los problemas que nos presentan, pero siempre con su tutelaje y empleando métodos de conocimiento más prácticos”.

La nueva metodología de las clases, sin embargo, debe ir de la mano del proceso de evaluación, ya que “influyen en nuestra forma de aproximarnos al conocimiento, por lo que sería idóneo medir las competencias de forma práctica”. No obstante, reconoce que no hay un ‘modus operandi’ perfecto,
Víctor Expósito, presidente del CEEM
por lo que tendrá que “adaptarse a las competencias de cada asignatura”. Una experiencia completa de formación que, para el presidente del CEEM, requiere que los profesores tengan “una verdadera pasión por la docencia, en lugar de verlo como un trámite a cumplir durante el proceso de investigación”.

Para Expósito, los profesores también deberán contemplar la transformación del alumno en un médico generalista, más que emplear una docencia muy especializada en aspectos que, posteriormente, no utilizarán en sus trayectorias profesionales. Además, valora que se estipule en todo momento un porcentaje del tiempo para las preguntas y dudas de los alumnos, así como que se facilite el acceso personal a los docentes, más allá del correo electrónico.

“Estos cambios no son imposibles e, incluso, ya se están realizando dentro de las universidades españolas. Sin embargo, van más despacio de lo que nos gustaría, yendo por detrás de países como Reino Unido o Francia,donde ya se están aplicando de forma constante”, indica el presidente del CEEM.
Fuera de las aulas La formación de profesionales sanitarios no está circunscripta a las aulas. Las prácticas clínicas también ofrecen una experiencia única de conocimiento que permite aproximar a los estudiantes a la realidad hospitalaria. De ahí, que el presidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), Víctor Expósito, recuerde que “hay que promover que los docentes expliquen todas las actividades que están realizando en el hospital, permitiendo conocer a tiempo real cómo funciona el centro y facilitar la aproximación a la práctica médica”. En este sentido, destaca la labor de los tutores, quienes deberán ser el puente idóneo para garantizar que los estudiantes adquieran las competencias que, posteriormente, utilizará durante su trayectoria profesional.
En búsqueda del equilibrio docente

Otra visión es la de los decanos. Para ellos, el docente con ‘perfil 10’ se encontraría en un profesional que sea un excelente clínico, tenga capacidad de comunicación, vocación docente, gran apuesta investigadora y dotes de gestión. No obstante, advierten que “resulta muy complejo encontrar este perfil idóneo, por lo que los departamentos de las universidades intentan contar con una diversidad de perfiles que permitan un equilibrio dentro de las facultades”, explica Ricardo Rigual, presidente de la Conferencia Nacional de Decanos de Medicina.

Los retos para mejorar la docencia médica son diferentes para los profesores preclínicos y clínicos. En el caso de los primeros, Rigual indica que, al contar con un perfil carente de actividad asistencial pero altamente investigadora, es común encontrar diversos tipos de sanitarios y no exclusivamente a médicos, por lo que resultaría “necesario impulsar algunas áreas de formación docente para evitar que pierdan de vista que están formando dentro de la facultad de Medicina”.

Con respecto a los docentes clínicos, el gran reto está en encontrar el equilibrio “dentro de sus cuatro principales facetas: docente, asistencial, investigador y gestor”.
Ricardo Rigual preside la Conferencia Nacional de Decanos de Medicina
Contar con esta capacidad es bien valorado dentro de la formación sanitaria, ya que “las facultades quieren contar con profesores que sean capaces de cumplir con todas sus funciones de la mejor manera, comprendiendo que todas cuentan con la misma importancia dentro de la universidad”, aclara.

Al presidente de los decanos, sin embargo, le preocupa especialmente la situación de los profesores vinculados. “Hay una carencia de profesores vinculados en las facultades de Medicina que se ha venido materializando, principalmente, por dos aspectos: la difícil accesibilidad que existe y lo poco atractiva que resulta esta figura”, expresa.

Con el objetivo de cambiar esta realidad, Rigual apunta que se está trabajando para que se facilite el acceso al aumentar el valor otorgado a la labor asistencial, al mismo tiempo que se promoverá el atractivo de este rol por medio de mayores compensaciones (ya sea económica o de promoción), así como otorgándole un mayor prestigio dentro de la organización. En este sentido, también destaca la importancia de promover un sistema que permita el desarrollo de la carrera docente dentro de toda España.
Apoyo comunitario en las aulas

Para el decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de La Coruña, Sergio Santos del Riego, el ejercicio de la asistencia y la investigación deben ser pilares de todo docente, ya que aportan el conocimiento adoptado desde la experiencia, así como “la exposición y aproximación del alumnado a nuevas líneas o áreas de aprendizaje”.
Sergio Santos del Riego, decano de la
Facultad de Ciencias de la Salud en la
Universidad de La Coruña
No obstante, cree básica la necesidad de una proyección comunitaria de la Medicina, “que permita que los estudiantes adquieran competencias estratégicas, como las vinculadas con enfermedades crónicas y discapacidad”, indica.

En relación a la petición de los estudiantes de innovar en las técnicas formativas, Santos ha asegurado que ya hay avances en este ámbito “como ha quedado demostrado cuando algunas facultades, como la perteneciente a la Universidad Complutense de Madrid, han decidido cambiar el trabajo final de grado por la realización de una Evaluación Clínica Objetiva Estructurada (ECOE), donde se ponen a práctica las competencias adquiridas a lo largo de la carrera”, explica.
Los 10 valores básicos de un joven médico Julio Ancochea, docente titular de la Autónoma de Madrid con 17 años de experiencia, resume en un decálogo los valores que todo estudiante de Medicina debe adquirir:

1. Respeto a la vida y la dignidad de las personas.

2. Asistencia y cuidados del enfermo y la comunidad.

3. Rigor y competencia científica en el arte de la Medicina.

4. Inteligencia emocional. Sentimientos, trato humano y empatía.

5. Principios éticos irrenunciables en la labor diaria.

6. Humanismo. Ideas, valores y modos de expresión derivados de la ciencia, el arte y las letras.

7. Vocación, compromiso y militancia. El “médico militante”.

8. Espíritu universitario. Formación permanente, docencia, investigación e innovación.

9. Humildad y trabajo en equipo.

10. Generosidad-solidaridad.
Los alumnos también se humanizan

La nueva generación de profesores no puede olvidar, además, la importancia de inculcar asignaturas transversales en las que se aborde la comunicación con el paciente, la ética e inteligencia emocional. Así lo considera Julio Ancochea, docente titular de la Autónoma de Madrid desde hace 17 años, quien recuerda “la necesidad de impartir valores en los futuros médicos, siendo la dimensión humana de la Medicina y una clave para que estén próximos al respeto, vocación, ética y trabajo en equipo”.

Con el docente como un guía del alumno, Ancochea insiste en la importancia de llevar a las aulas el concepto sociosanitario. “La humanización de la Sanidad es una necesidad que no solo debe concentrarse dentro de los centros de salud, sino trasladarse a las aulas y permitir que las próximas generaciones
Julio Ancochea, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Universitario La Princesa
comiencen su trayectoria profesional con este concepto, lo que permitirá mejorar la calidad del servicio”, explica. Unos conocimientos que se reforzarán durante las prácticas, al mismo tiempo que los docentes aprovechan la oportunidad para estimular la inquietud por la investigación.

El también jefe del Servicio de Neumología del Hospital Universitario de La Princesa cree que la docencia en Medicina ha cambiado durante los últimos años, “quedando en el pasado la imágenes de clases magistrales para pasar a una formación donde el alumno es más activo y se le involucra a través de la presentación de problemas o casos clínicos que, a través de la investigación, deben resolver”. En este sentido, la imagen de salones de jóvenes asustadizos que oían en silencio sepulcral la cátedra de una eminencia tiene los minutos contados y es solo cuestión de tiempo para que pase a ser un mero recuerdo del pasado.