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31/01/2016 n274
Juan Manuel Fernández

El jueves 14 de enero, la Consejería de Salud de Cataluña protagonizaba un exotismo en forma de designación: un filósofo, sin formación ni experiencia previa en el ámbito sanitario, se convertía en el primero con estas características que ocupaba el puesto de consejero. Antoni Comín i Oliveres (Barcelona, 1971) asumía un cargo que, incluso antes de hacerse oficial, ya había defendido programáticamente con su intención de acortar las listas de espera y revertir externalizaciones. La designación es el resultado de una carrera a medio camino entre la política, la evolución ideológica, la docencia y, cómo no, el pensamiento.

Nacido en la ciudad condal, este destino estuvo vinculado, como buena parte de su infancia, a la política. Antoni es hijo de Alfonso Carlos Comín, creador del movimiento Cristianos por el socialismo, comunista y diputado por el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) hasta su muerte el 23 de julio de 1980. Una destacada personalidad de la política catalana proveniente a su vez de una familia zaragozana de carlistas. No en vano, su abuelo fue Jesús Comín, político que ocupó un notorio papel en Comunión Tradicionalista y que tras el golpe de Estado franquista colaboró activamente en la rápida adhesión de la capital aragonesa al bando sublevado. Sin embargo, un accidente de tráfico en el que falleció cuatro meses antes de la victoria del bando nacional cortó por lo sano un más que probable futuro en las más altas instancias del aparato de la dictadura franquista.

El compromiso político que vivió Antoni fue, en cambio, muy distinto al que había respirado y por el que se dejó la piel Jesús. Su madre, Maria Lluïsa Oliveras, recordaba en un artículo titulado ‘Vivir de utopías’ un noviazgo con Alfonso donde la distancia fue impuesta por la pelea por la justicia y la libertad. El régimen por el que había luchado su abuelo, paradójicamente, fue el contexto contra el que lucharon su hijo y su esposa.

Con su antecesor en el cargo, Boi Ruiz, en la toma de posesión como consejero de Salud

Ella emigró ocho meses a Madrid para ingresar en la Fraternidad de las Hermanitas de Jesús, en el extinto barrio de la Bomba (actual Tetuán), una zona “de chabolas habitado mayoritariamente por emigrantes andaluces”. Tras aquella experiencia, ya casados, hicieron las maletas con destino a Málaga, buscando un ‘Tercer Mundo’ que en la España de Franco se podía encontrar dentro del propio país. “Había una exigencia urgente de luchar junto con los que estaban comprometidos para conseguir la justicia y la libertad”, aclara Oliveras en el citado texto. También rememora cómo la policía les vigilaba, cómo un ingeniero que vivía en un barrio obrero y no ejercía su profesión levantaba sospechas. Una olla exprés que les hizo regresar a Barcelona siendo ya padres de los dos hermanos mayores de Antoni, María y Pedro. Después nacería la tercera, Elisabet. En aquella época, el matrimonio comenzó a militar en Bandera Roja, lo que a Alfonso le costó pasar un tiempo en la cárcel. Tras aquella desagradable experiencia, que se repetiría en otras ocasiones, nacería Antoni, el cuarto hijo del matrimonio y actual consejero de Salud.


El consejero filósofo El seno ideológico en el que se crió apunta a una lucha por la igualdad y la democracia desde la izquierda, pero también desde el cristianismo. De hecho, su padre siempre reclamó, tanto en el PSUC como en el PCE, “la libertad de conciencia para los militantes que eran cristianos”. Xavier Casanovas, matemático y director del Centro de Estudios Cristianismo y Justicia, donde Comín colabora, explica que “Toni siempre ha mostrado su preocupación intelectual por el campo de la democracia económica, por democratizar la economía y el mercado, haciendo a los trabajadores más partícipes”, señala antes de añadir que es afín a un “pensamiento global, universal”. Entonces, ¿cómo se hace miscible esta opción con su apoyo al independentismo catalán? “Él representa un proceso ideológico que han tenido muchas personas en Cataluña; cree en la capacidad del país para autogestionarse”, aclara Casanovas.

Comín ha mostrado sus ideas en múltiples artículos, muchos de ellos firmados al amparo de la institución que dirige Casanovas. En uno de ellos, titulado ‘Autoridad mundial para un liderazgo planetario legítimo’, propone, por ejemplo, que los países pobres puedan “comprar o generar medicamentos genéricos, libres del coste de la patente”. Para él, el caso de las patentes farmacéuticas es el más evidente por ser un régimen que impone a los más débiles unos precios elevados para comprar productos que salvan vidas. En este sentido, Comín se alinea con ONG internacionales que luchan contra ellas, admirando su trabajo frente a estas compañías multinacionales.

Esa vocación por lo público y universal ha quedado clara en sus primeros días frente a la Consejería. Redacción Médica confirmaba que una de las primeras disposiciones de Comín al frente de la sanidad catalana ha sido fulminar el convenio que el Hospital Parc Taulí tenía con la Clínica del Vallès, a quien derivaba 2.600 operaciones y 1.000 hospitalizaciones médicas y con quien en principio tiene contrato de colaboración hasta agosto.

Alfonso Carlos Comín, padre de Antoni fue diputado por el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC)

Este paso ha sido recibido por la profesión médica catalana con gran escepticismo pues más allá de los gestos, dudan de que el fin de las externalizaciones sea conjugable con un sistema sanitario que no se colapse. “Los titulares están muy bien pero queremos números, ver cómo se va a hacer, porque no olvidemos que esto supone un aumento en el presupuesto”, explica el presidente de Colegio de Médicos de Barcelona, Jaume Padrós.

Claro que en ‘El cuento de los señores de nuestras vidas’, publicado en el suplemento Papeles en mayo de 2010, Comín realiza un análisis a modo de fábula (realista) de la crisis económica que asola a Europa, donde se puede encontrar respuesta a este asunto. En contra del lucrativo desempeño de los mercados durante la depresión económica (“la desgracia fiscal de los países se convirtió en una fuente inmejorable de beneficios”), el consejero defiende un cambio de tendencia: financiar el déficit público con impuestos al sistema financiero en lugar de vender deuda pública asumiendo los intereses. Una propuesta ambiciosa que Comín materializaría con una “reforma fiscal” a escala europea, además de una “reforma financiera” que pusiera en marcha los mecanismos para no volver a cometer los “comportamientos irresponsables, corto-terministas y especulativos que han provocado este desastre”. Es decir, que este licenciado en Filosofía y Letras podría estar pensando en utilizar el dinero público de otra forma: por ejemplo, enfocando el gasto que se destina a grupos sanitarios privados a inversión en centros públicos catalanes. Algo que iría en consonancia con lo que afirman a esta publicación fuentes del entorno de la Consejería cuando dicen que se está trabajando “para que esto sea realizable, no ciencia ficción”.

Filósofo y político, pero no sanitario
El nuevo consejero de Salud catalán es licenciado en Filosofía y Letras y en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Barcelona. Profesionalmente, ejerce como profesor de Ciencias Sociales en ESADE (dependiente de la Universidad Ramón Llull), y además es miembro tanto del Centro de Estudios Cristianismo y Justicia como de la Fundación Alfons Comín, fundada en 1983 para honrar la memoria de su padre y que ha publicado la obra completa de este. Además, es un activo colaborador en los medios de comunicación catalanes, donde se le ha podido leer en las páginas de El Mundo (en su edición catalana), así como en tertulias de la emisora RAC 1.

PARADOJAS NACIONALISTAS Más allá de la sanidad, cuesta entender algunas paradojas entre el pensamiento que muestra en sus artículos y su apuesta, por ejemplo, por el independentismo. Mientras que su padre fue un estudioso de la Andalucía emigrante a Cataluña en pleno franquismo, y teniendo en cuenta que ambos son a priori defensores de los débiles ‘del sur’, no se comprende cómo el político opta por alinearse en el entorno de ERC, partido que defiende la presunta injusticia que España comete con Cataluña por el déficit fiscal: el manido ‘España nos roba’. De hecho, hace unos días, Oriol Junqueras, líder de esta formación, vicepresidente y actual consejero de Economía explicaba en Cataluña Radio que hasta que no se alcanzara la independencia los catalanes no iban a contar con la inversión en sanidad que verdaderamente merecen. Eso porque el régimen de balanzas fiscales español hace que las comunidades con rentas más altas

En un maratón de donación de sangre, uno de sus primeros actos como consejero

(como Cataluña) tengan déficit fiscal en favor de las más pobres (Andalucía), pues ayudan en mayor medida a sostener el Estado central. En esto, parece que el consejero no se pone del lado solidario.

Otro aspecto discutible, y que también tiene que ver con sus opciones independentistas, es su propuesta de que los países se organicen en torno a federaciones regionales. A su juicio, esto ofrecería ese “equilibrio” entre bloques políticos que es justo, pues “un liderazgo planetario legítimo exige que los intereses de todos sean tenidos en cuenta por igual”. Claro que el propio consejero explica que el regionalismo es “el proceso de integración de varios Estados en una federación política”. Esto, en un mundo cada vez más divido, con más naciones, hace que las negociaciones sean más complicadas por la mayor fragmentación interna de los bloques.

Cambios políticos, no ideológicos
Comín comenzó a militar en el Partido Socialista de Cataluña (PSC) el 13 de junio de 2011. Por entonces, las opciones políticas del consejero se enmarcaban dentro de la socialdemocracia de corte federalista que parecía representar esta organización, que le valió no pocas disputas con la central madrileña. Sin embargo, la decepción en torno al federalismo le hizo darse de baja en marzo de 2014. Un año antes ya había fundado la asociación Socialismo, Cataluña y Libertad, mientras manifestaba que el PSC no iba a ser “la piedra angular” de la catalanidad. Antes, fue diputado socialista en la VII y VIII legislatura, desempeño que ahora repite como independiente del entorno de ERC por Junts pel Sí.

Un hombre cristiano Antoni Comín creció en un entorno antifranquista y de izquierdas pero también cristiano, una creencia religiosa que él continúa profesando pero, ¿de qué forma? La visión que el consejero tiene de la Iglesia dista bastante de posiciones conservadoras o de los que consideran que esta tiene que estar unida al poder. A su juicio, el papel fundamental de Dios es decirnos por qué debemos optar por el bien y no por el mal, lo que no justifica que no exista separación entre la Iglesia y el Estado.

El político entiende que la supervivencia de las religiones en un mundo avanzado solo será posible si son compatibles con la razón, aceptando “una modernidad que no ha pasado en vano”. Además, Comín asume que la globalización las “obliga a encontrarse, a interactuar las unas con las otras” y en ese punto, mantener “la lucha a favor de la justicia y de los derechos de los ciudadanos más débiles”. Un factor fundamental en los paralelismos que se pueden establecer entre padre e hijo, en el sentido de una mezcla entre Cristo y Karl Marx. “Mitad Cristo, mitad Guevara”, como recordaba en El País el periodista Enric Bastardes por el 20 aniversario del fallecimiento de Alfonso, el hombre que marcó buena parte del que ahora es el hombre que dirige los hilos de la sanidad catalana, la que más conciertos público-privados tiene o quizá la que más tenía… ¿Serán la realidad y sus posibilidades la nueva asignatura a aprobar de este pensador?