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17/01/2016 n272
El conocimiento de la mente humana es una de las grandes pasiones de Ignacio Hernández Medrano, neurólogo y adjunto de Dirección Ejecutiva del Instituto Ramón y Cajal de Investigación Sanitaria. Una formación que empezó siendo MIR en Oviedo y que le ha llevado, en el último año, a codearse con los astronautas de la norteamericana Singularity University, institución impulsada por Google y la NASA. Pero no es la única, otros dos hobbies centran su tiempo libre cuando sale por la puerta del hospital. El primero, la montaña, a la que aprendió a amar desde que entró a los Scouts con 15 años y que le ha llevado a escalar el Himalaya. El segundo, el ‘mindfulness’ y las técnicas de meditación, que le permiten concentrarse y ordenar su trabajo en el día a día.
Cristina Alcalá / Imagen: Cristina Cebrián

Con dos padres médicos, habrá vivido la Medicina desde muy pequeño. ¿Cuándo le llegó la vocación por esta profesión?
Fue una cosa bastante tardía. Es cierto que, teniendo padres médicos, parece que seguir su estela era como una obligación, y aún más teniendo en cuenta que mis hermanos mayores no estudiaron Medicina. Pero no soy un médico que desde niño sabe que lo será. De hecho, me costó mucho tomar la decisión.

¿Qué le animó?
Haberla vivido en casa influye mucho. Mi padre, que ahora está jubilado, era un gran cirujano. Muy cuidadoso con los pacientes. El lado más humano de la Medicina lo aprendí de él.

Y si no hubiese sido médico, ¿qué profesión le hubiese gustado ejercer?
Abogado, lo tengo clarísimo. La abogacía es mi gran carrera frustrada. Me encantaría ejercerla y no lo descarto. A lo mejor algún día, si saco tiempo, estudio la carrera.

Finalmente optó por Medicina y la estudió en Alicante, su tierra natal. ¿Qué recuerda de aquella etapa?
El tiempo en la universidad lo pasé muy bien porque estaba con mis amigos de toda la vida y tenía mucho tiempo libre. Pero recuerdo el paso por la Facultad de Medicina como una experiencia muy ‘light’. No puedo decir que tuviera una experiencia académica reveladora, sino que simplemente era ir pasando asignaturas.  Me faltó el entorno motivador que uno desearía encontrar.

¿Era un estudiante empollón o más bien de los que se saltaban las clases?
He sido empollón toda mi vida. Pero en Medicina se iguala la media, porque van los empollones de cada sitio. Como dice una de mis mejores amigas, “en Medicina están todos los que leían en la primera comunión”. Y es verdad.



¿Por qué no era motivadora? ¿Qué le faltaba?
Buenos profesores. Cuando acabé la carrera y pasé a estudiar el MIR en Asturias, casi todos los profesores eran buenos. Eso me chocó bastante, ya que pensaba que no había un buen profesor de Medicina que te motivara y te explicara bien esta disciplina. Lo descubrí ya siendo médico.

Ahora que tiene experiencia en el ámbito sanitario, ¿cree que solo hay malos profesores en Medicina o en la universidad en general?
Creo que Medicina, como toda la universidad española, se caracteriza por ser de bajísima calidad docente y académica. No sé muy bien cuál puede ser la causa. Entiendo que muchos maestros pueden tener problemas para compaginar la docencia con la investigación, pero es un hecho objetivo que España está muy mal posicionada respecto al resto de universidades del mundo.

En España hay buenos médicos porque el MIR es el sistema que arregla esta situación, pero está claro que los que trabajan en la universidad no hacen su trabajo con los estudiantes, ya que salen muy poco formados.

Tras su etapa en Alicante saltó a Oviedo, donde hizo el MIR en Neurología. ¿Por qué eligió esta especialidad?
Estuve dudando mucho entre Psiquiatría y Neurología. Me decanté por ésta en el último día de elección.

La montaña es una de las grandes pasiones de
este singular neurólogo


¿Qué circunstancia hizo que se inclinara la balanza?
Durante toda la carrera tenía claro que quería ser psiquiatra, porque me gustaba mucho la psicopatología. Pero en el MIR entré en contacto con la Neurología de una forma distinta a como la había estudiado en la universidad. Me pareció muy interesante esta nueva forma de descubrir el cerebro, no desde el punto de vista de las enfermedades mentales, sino más biológico.

¿No se ha arrepentido alguna vez de haber desechado la opción de Psiquiatría?
No. Con el tiempo me alegro de haber elegido seguir por la vía de Neurología.

¿Realmente los neurólogos y los psiquiatras manipulan las mentes, como sus pacientes creen?
La población en general tiene mucho desconocimiento sobre lo que es un neurólogo, un psiquiatra, un psicólogo y un neurocirujano. Nosotros (los neurólogos) al final somos médicos y sabemos más de neumonías o de cómo funciona un riñón que de Neurociencia y los grandes misterios de la mente.
La vocación por la docencia llegó tras el MIR
A Ignacio Hernández Medrano siempre le ha picado el ‘gusanillo’ de la docencia y, aunque perdió bastante interés por ejercerla tras su etapa por la universidad, las tornas cambiaron una vez acabó el MIR en Oviedo. Tras los años de residencia, un nuevo camino se le abrió como profesor colaborador en una de estas academias, una experiencia de la que acabó encantado y que ha marcado su futuro profesional. “Las academias MIR son un sitio excelente, donde hay muy buenos profesionales y el ambiente que se respira es totalmente vocacional”, tal y como reconoce el propio neurólogo. Tanto es así, que durante siete años compaginaba ambos trabajos, yendo y viniendo de Madrid a la capital asturiana para dar clases a sus alumnos una vez por semana. Un esfuerzo recompensado, sin duda, por la buena relación que ha mantenido con sus alumnos y el cariño que estos aún le guardan.


Más tarde amplió sus estudios en Silicon Valley. ¿Qué es lo que más destaca de aquel periodo de formación?
Fue un máster de tres meses que me cambió completamente la vida. Era la primera vez que entraba en contacto con un entorno tan intenso y competitivo, donde pude hacer proyectos que tuvieran gran impacto, con tecnología puntera y profesores de altísimo nivel.

¿Siempre tuvo claro que quería ir allí a estudiar?
Sí. Era una oportunidad única, ya que esta universidad solo otorga 20 plazas al año en todo el mundo. Concursé decidido a ganar la plaza y reorientar mi carrera, que es lo que he hecho después de pasar por Singularity University.

Además está situado en la misma sede que la NASA.
Sí, está ubicada en el mismo parque. Es una especie de consorcio, donde Google juega un papel importante.

¿No pensó en algún momento en dejar la Medicina y hacerse astronauta?
Fueron unos meses muy enriquecedores, ya que nos daban clase muchos profesores astronautas y contaban sus experiencias de primera mano. Es cierto que una vez que conoces este mundo resulta tentador seguir, especialmente en el campo de los microsatélites. Pero finalmente tiré por mi rama, la biológica.

¿Aplica en su profesión la forma de trabajar que aprendió en Silicon Valley? 
Sí, claro. Y más ahora, que llevo un ritmo de trabajo bastante intenso al estar compaginando varios proyectos a la vez, tanto de divulgación como de investigación y atención clínica a los pacientes. Este ritmo exige un nivel de esfuerzo muy alto y aprovechar muy bien las horas.

Lo que sí es cierto es que cuando uno estudia en Estados Unidos y ve ese ambiente, cree que puede exportar esa dinámica de trabajo cuando vuelve a su país. Sin embargo, el contexto arrastra y en España hay otra forma de trabajar.

Durante su estancia en la Singularity University de Silicon Valley (EEUU).


¿Qué diferencias encuentra con los jóvenes de su edad que o bien están en paro o con contratos precarios?
La carrera de Medicina da una cierta estabilidad y permite ampliar los conocimientos investigadores. Pero más allá de esto, el esfuerzo y el sacrificio es clave para triunfar en cualquiera de los campos. Con esto no quiero decir que no haya disfrutado de mi vida, pero sí que he tenido largas temporadas de ella que las he pasado estudiando.

¿El rigor a la hora de trabajar ha marcado su éxito?
Tener disciplina es lo más importante, no hay duda. La motivación y el trabajo en equipo son muy necesarias, pero la gran mayoría de las veces, el éxito llega si eres disciplinado. No concibo otra forma de trabajar y de ser.

¿Se considera un líder en su campo?
Creerlo sería pretencioso, y no es falsa modestia. Soy muy joven todavía y me queda muchísimo por aprender. Por eso no creo que sea un líder, sino una persona con mucha motivación a la que le gusta trabajar, hacer cosas divertidas y diferentes en su trabajo y pensar un poco fuera de lo normal.

Y cuando no está trabajando, ¿cuáles son sus aficiones?
Suelo dedicar mucho tiempo a salir por Madrid con mis amigos o estar en familia. Y como hobby más particular, me gusta mucho ir a la montaña, una afición que he heredado de mi padre. Me encanta la naturaleza e intento escaparme siempre que puedo.

Tengo entendido que viajar es otra de sus grandes pasiones, pero que lo hace de un modo poco convencional.
Sí, al estilo ‘hippy mochilero’ como me dicen mis amigos. Pero la gracia está en eso: es más divertido viajar con sencillez.

¿Cuál es el destino que más le ha marcado?
La India fue uno de ellos. La recorrí durante un mes y es un país que cambia a la gente –siempre y cuando consigas aguantarla-. Es otro mundo totalmente distinto al que conocemos y viven completamente diferentes a nosotros. Fue un viaje realmente impactante para mí.

Otro de ellos fue México, que visité con 19 años para trabajar en un proyecto social. Y el más reciente fue cuando acabé el MIR, que subí al Himalaya con uno de mis mejores amigos de Oviedo, aunque solo 5.500 metros. A pesar de que soy de zona de playa, me encanta la montaña.



¿Qué no falta en su mochila de viaje?
Un saco de dormir para no tener que preocuparme si en mi destino habrá un hotel o no. He dormido en la calle en algunos de los lugares que he visitado y no ha pasado nada.

¿Practica algún deporte?
En serio no. Salgo a correr de vez en cuando y hace poco empecé con las artes marciales. Siempre me ha llamado la atención y me enganchó a practicarla un profesor muy bueno. El problema es que lo he tenido que dejar por falta de tiempo.

¿Por qué esta disciplina deportiva en concreto?
Porque tengo un cierto déficit de atención heredado de mi familia, y a los que somos así nos produce muchos problemas: somos muy olvidadizos y estamos perdiendo constantemente cosas. Por eso, utilizamos algunas estrategias para focalizar la atención, como por ejemplo, el ‘mindfulness’, -disciplina que también he practicado un par de años- o las artes marciales.

¿Aplica algunas de estas estrategias en su día a día?
Sí. De hecho, casi todos los grandes empresarios han practicado ‘mindfulness’ en algún momento de su historia, ya que en el mundo en el que estamos, donde todo es distracción, aprender una disciplina que te ayuda a mantener el foco es muy importante.

Particularmente, a mí me ayuda mucho. Por ejemplo, uso un sistema de notas que coloco en el ordenador nada más empezar la jornada, actualizo la agenda, escribo un diario…
Las TIC sanitarias, su primera medida como ‘ministro’  Consciente de la necesidad de gestionar más y mejor el conocimiento sanitario, este neurólogo no duda a la hora de imaginar cuál sería su primera medida si llegase al Ministerio de Sanidad: implantar tecnologías de información y comunicación (TIC) en el sistema. En su opinión, la sanidad es uno de los sectores que mayor cúmulo de datos genera y no se está aprovechando lo suficiente en pro del paciente.

No obstante, el ‘ministro’ Hernández Medrano no se olvida de otros graves problemas por los que pasa este sistema, como es la precarización y el paro entre los sanitarios. Para luchar contra esta lacra, el especialista aplicaría una mejor política de recursos humanos para evitar que hubiera más egresados universitarios que puestos de trabajo. “No sobran profesionales pero sí plazas para formales”.


Una de las etapas más importantes en su vida fue siendo monitor de un grupo scout en Alicante.
El de los scouts es un movimiento increíble y no todo el mundo lo conoce. De hecho, una de cada 12 personas del planeta ha pertenecido a esta organización y no hay ninguna que agrupe a tanta gente en el mundo, ni siquiera las religiones. Muchas personas se han educado entre sus filas y su disciplina sigue vigente a día de hoy.

¿Cómo entró en esta institución?
Fue muy curioso. Lo normal es entrar de niño, pero yo no lo hice. Accedí años más tarde, con 15 años, gracias un amigo y llegué a ser monitor. En los scout he aprendido mecánica, a conducir, formas de campismo, escalada, orientación, pero también he aprendido a actuar frente al público.

¿Cuál es la anécdota más extravagante que recuerda de aquella época?
Tengo miles. Desde estar de ruta con 12 amigos durante días en la montaña, hasta pasar tormentas en mitad del campo y tener que andar durante toda la noche mojados o estar en un glacial en la nieve y no poder salir.

Además del deporte de montaña, las artes marciales y el Mindfulness forman parte de sus aficiones


En su caso, ¿es difícil compaginar la vida personal con la laboral?
Sí, bastante. De hecho, ahora estoy en un proceso para recomponer qué quiero hacer con mi vida en cada ámbito, porque me está comiendo demasiado la vida profesional a la personal. Tengo muy poco tiempo libre. No recuerdo cuando fue la última vez que fui al cine, salgo y viajo mucho menos, leo muy poco… He empobrecido mucho mi vida personal en el último año, pero estoy tranquilo porque soy consciente y sé que es transitorio y, además, estoy poniendo estrategias para cambiar.

¿Se siente satisfecho con lo que ha conseguido hasta ahora o no ha tocado techo aún?
Ambas cosas. Estoy muy satisfecho con lo que he conseguido hasta ahora en mi carrera pero no he logrado todo lo que querría aún.

¿Dónde le gustaría llegar?
Quisiera seguir investigando en las tecnologías aplicadas a la Medicina. Creo que el cambio digital de la sanidad está cada vez más cerca y me gustaría ser un agente implicado en transformar el sistema en los siguientes años.