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13/12/2015 n267
Leire Sopuerta y Marta Fernández

Pacientes aguardando su turno durante horas en los pasillos de Urgencias; médicos que, por culpa de la saturación, no tienen tiempo ni de presentarse a sus enfermos; familiares que no reciben el trato que se merecen como acompañantes de quienes sufren alguna patología. Estas son algunas de las carencias que se detectan cada día en los hospitales españoles y ante las que los principales responsables de la sanidad española están empezando a actuar. ¿Cómo? A través de una palabra que está cada vez más en boca de todos: humanización.

La mayoría de nuestras acciones diarias están acompañadas de estrés, prisas y agobios. Una vorágine que nos impide centrarnos en lo primordial, en esa persona que tenemos delante. En sus sentimientos y necesidades. Actuamos de manera mecánica, inmersos en una sociedad que ha perdido valores como la amabilidad, la empatía o la gratitud.

Esta realidad puede incluso llegar a resultar peligrosa, más aún si se produce en un entorno como el sanitario, en el que la persona, ya sea paciente o familiar, está en una posición de debilidad por la enfermedad y la incertidumbre que ésta provoca. Es momento de buscar soluciones. Ir a lo esencial. Recuperar lo más necesario y valorado: el trato humano.

El filósofo Spinoza decía: “No llores, no te rías; trata de entender”. La frase sugiere la actitud más adecuada para afrontar la humanización de la asistencia sanitaria, porque si hay algo intrínseco a este concepto, es la actitud de los profesionales.

Médicos, personal de Enfermería, auxiliares, trabajadores sociales, celadores… todos cuentan con una alta preparación que les permite desarrollar correctamente su trabajo en la parte clínica, asistencial, científica y técnica. Sin embargo, la presión asistencial, motivada por múltiples factores sociales y sanitarios, complica que esta atención pueda ser plena para el paciente.

La responsabilidad de esta situación recae normalmente en los profesionales, pero no les corresponde de forma exclusiva. Afortunadamente, los responsables políticos han comenzado a asumir como propio este compromiso. El primer paso ya se ha dado. La humanización de la asistencia ha entrado en el lenguaje político.
Un ‘pionero’ llamado Albert Jovell
A la hora de hablar de humanización de la asistencia sanitaria resulta prácticamente imposible no hacer referencia a Albert Jovell, uno de los grandes impulsores de este concepto en España.
Albert Jovell, médico y creador del Foro Español de Pacientes
Conocedor de todas las perspectivas dada su doble condición de médico y paciente, el creador del Foro Español de Pacientes (FEP) siempre fue un ferviente defensor de la prestación de una asistencia humana. Su visión se resume perfectamente en una frase pronunciada cuando el cáncer que provocó su prematuro adiós se encontraba en estado avanzado: “Yo acepto que no me van a curar, pero me costaría aceptar que no me cuiden”.

El trato se entrena, es actitud El consejero madrileño Jesús Sánchez Martos es un firme defensor de esta forma de ver la atención sanitaria. “Para un paciente es tan importante recibir el tratamiento más correcto como un trato humano. Y el trato no se enseña: se lleva dentro. El trato se entrena; el trato es actitud”.

Para contribuir a esta forma de ver la sanidad, Martos ha creado la Dirección General de Coordinación de la Atención al Ciudadano y Humanización de la Asistencia Sanitaria, dirigida por Julio Zarco, que se encargará en los próximos meses de poner en práctica proyectos para acercar esta humanización al paciente.

De hecho, Zarco prefiere cambiarle el nombre a su cargo y sustituir la palabra humanizar por “re-humanizar, así, con guión en el centro”, cómo él mismo dice. “Es un nombre muy largo, que engloba elementos como la calidad, la cooperación sanitaria o la atención al paciente”, subraya.

Julio Zarco, director general de Coordinación de la Atención al Ciudadano y Humanización de la Asistencia Sanitaria de la Comunidad de Madrid
“El objetivo fundamental es hacer una fotografía de cómo están los procesos de humanización, de lo que se está haciendo ahora mismo y, a partir de ahí, elaborar un plan para llevarlo a todos los centros de salud y hospitales que acerque el sistema sanitario a los pacientes”, señala Zarco.

Sin embargo, el director general de Humanización de la Comunidad de Madrid no se queda solo en la teoría: “Todos los profesionales del sistema tienen que estar involucrados, desde médicos, enfermeras, trabajadores sociales, psicólogos e incluso farmacéuticos, todos tienen que trabajar codo con codo para ello”.

Es más, para ejemplificar esto, señala a uno de los profesionales con más visibilidad de los centros hospitalarios: los celadores. “Algunas de las personas que más contacto tienen con el paciente son estos profesionales, llevan sillas de ruedas, camillas… Nos interesa que sean capaces de dar todo lo que puedan y saben para tratar a ese ser humano exactamente igual que el cirujano que le va a operar, porque su importancia es exactamente la misma a la hora de ser tratado”.

¿Cómo llevar esto a cabo? Según Zarco, partiendo de dos fases: la primera, con personal que supervise y evalúe si están implantados esos programas y que realmente se están llevando a cabo. Además, según el responsable del área, “esta evaluación tendrá luego una repercusión en los propios centros y una ponderación en el contrato de gestión del centro con lo que le contará de cara a la consecución de sus objetivos finales”.

En segundo lugar, sitúa el plano profesional: “Llevar a cabo estos programas y que se implementen en los centros”. “Todos somos humanos, pero, dependiendo de nuestras vivencias, trabajo o perfiles, podemos ser más empáticos, más o menos fríos… al final todo es tan variable como el propio ser humano". ¿Qué hacer para cambiar este comportamiento tan subjetivo? Para ello, Zarco apela a “recuperar los viejos valores del ejercicio profesional sanitario y no sanitario”.

La clave de todo este plan está en “recuperar y reenseñar estos valores”. “Hay que empatizar con los profesionales para que atiendan a pacientes como si fueran un miembro de su familia, es una cuestión pura y dura de fomento de los valores personales”, recalca.

De la juegaterapia a la 'UCI sin paredes'
Julio Zarco tiene un plan perfectamente trazado para llevar a cabo la tan ansiada humanización de los centros madrileños. De este modo ha puesto ya en marcha varios proyectos a los que se irán sumando algunos nuevos en los próximos meses. Entre los que ya están en marcha se encuentra la juegaterapia y la humanización de las UCIS, o UCIS sin paredes, que libera a estos espacios de los horarios estrictos para que los familiares puedan acompañar a sus enfermos. También se está empezando a implementar el acompañamiento en Urgencias y, de cara a los próximos meses, que cada 60- 90 minutos los acompañantes
El consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Jesús Sánchez Martos, es el gran impulsor del concepto
reciban información de su familiar, “no sólo en tiempo si no en forma, nunca en un pasillo, si no en un despacho. Siempre respetando al otro, con cariño y empatía”, subraya Julio Zarco.

En Castilla-La Mancha uno de los primeros proyectos que refleja esta nueva concepción asistencial es el proyecto de 'parto humanizado' que desarrolla el Hospital 'Nuestra Señora del Prado' de Talavera de la Reina (Toledo), y que se pretende “exportar en otros hospitales de Castilla-La Mancha”, tal como ha asegurado el consejero de Sanidad Jesús Fernández. Supone un avance estructural, donde lo importante es el ambiente y el contenido. De tal manera que se facilita que la asistencia al parto natural se desarrolle en el mismo espacio en que se produce el proceso de dilatación, permitiendo que en todo momento la mujer esté acompañada por su pareja o acompañante que elija.

Una receta compleja de aplicar Palabras sencillas de pronunciar, pero más complejas de aplicar. Porque la humanización no es una receta que se pueda seguir con el esquema ‘leer y hacer’. Implica mucho más. No se basa en qué hacer, sino en cómo hacerlo.

Es por eso que Rodrigo Gutiérrez, director de Calidad y Humanización de la Asistencia Sanitaria de Castilla-La Mancha, trabaja en dos aspectos que considera claves: la mejora de las instalaciones, para que sean confortables, y el comportamiento de los profesionales, guiado por criterios de cortesía, privacidad, respeto y escucha activa al paciente.

Para poder poner en práctica estos objetivos, desde Castilla-La Mancha, la segunda comunidad de las diecisiete que cuenta con una dirección general humanizada, va a hacer un diagnóstico profundo de situación. El primer paso es analizar las características de las infraestructuras y las formas de atención.
Rodrigo Gutiérrez, director general de Calidad y Humanización de la Asistencia en Castilla - La Mancha
“Cada hospital tiene unas características concretas, aunque nos preocupan especialmente los hospitales grandes, donde hay más actividad y, en consecuencia, más problemas de continuidad asistencial”, ha explicado Gutiérrez.

En Castilla-La Mancha habrá un responsable de cada gerencia encargado de proponer mejoras encaminadas a este fin. Esta persona, al estar en contacto directo con los profesionales y la asistencia diaria, “sabe muy bien dónde están las dificultades de la atención que sufren los pacientes”, según Gutiérrez. Además, “como no puede ser de otra manera, de contar con los gerentes de los hospitales, que deben implicarse en este cambio”.

El reto es complejo, bien lo saben en la Comunidad de Madrid y en Castilla-La Mancha, así como en el resto de comunidades autónomas. Aunque no dispongan de un organismo oficial, todas las administraciones sanitarias han enfocado el objetivo para reconocer la dignidad intrínseca del paciente, de tal manera que él sienta que es el centro de la atención. Pero no se puede perder de vista que humanizar es un asunto ético, relacionado con los valores que conducen a la conducta en el ámbito de la salud.

De un lado el paciente y del otro el médico: dos seres humanos que tienen la obligación de entenderse y respetarse, ¿es esto posible sin caer en la subjetividad de cada persona? Si no lo es, al menos, se intentará.