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29/11/2015 n265
Tres características definen al recién reelegido presidente de CSI-F: apasionado, constante y ordenado. Las dos primeras las aprendió de su paso por el mundo del deporte, primero desde el kárate (campeón de Aragón y tercero de España) y después en el rugby, mientras que la tercera simplemente es innata. A Miguel Borra su pasión por la escritura le ha llevado a una curiosa rutina de domingo: limpiar, uno a uno, todos los bolígrafos y plumas que integran su amplia colección. “Es algo que me relaja”, asegura con uno de ellos en la mano mientras ofrece su lado más personal a ‘Revista Médica’.
Cristina Alcalá
Imagen: Joana Huertas
Estudió Ciencias Económicas, pero su primer trabajo estuvo vinculado al mundo sanitario. ¿A qué se debió ese giro?
Me matriculé en esa carrera en Zaragoza, pero con 18 años me apunté al paro para ganar algún dinero. El primer trabajo que me salió fue como celador en el Hospital Miguel Servet. Seguramente esos contactos sanitarios fueron los que me llevaron a seguir en este mundo. Posteriormente accedí al grupo A1 en el Cuerpo Técnico de la Función Administrativa del Servicio Madrileño de Salud (Sermas).

¿Qué es lo que más destacaría del ámbito sanitario?
Que es uno de los pilares básicos de la sociedad. Las personas que hemos decidido ser empleados en el sector público, desde médicos y enfermeros hasta el personal administrativo, son importantes para sacar adelante el sistema, ya que están al servicio del país.

Tras su paso por el sindicato, ¿retomará su oficio en el Sermas?
Sí, por supuesto que volveré. En el sindicato estamos de paso y yo guardo mi puesto en el Servicio Madrileño de Salud.

Destaque un ‘pro’ y un ‘contra’ de trabajar en sanidad.
Como ‘contra’, que cuando la economía del país va muy bien nadie se acuerda del profesional sanitario. Y sin embargo, cuando la situación es la contraria, nos acusan de ser unos ‘privilegiados’ por tener un trabajo fijo. Pero no puede considerarse un privilegio una plaza de empleado público que está al alcance de cualquier español.

¿De niño soñaba que terminaría ejerciendo en este sector?
No, de pequeño me gustaban mucho los números y me atraía la Economía. Pero ejercer como economista se puede hacer desde muchos ámbitos, y yo estoy muy contento de que los derroteros me hayan llevado por el mundo sanitario y el sindical.

¿No aspiraba a ser piloto o futbolista?
No, no, que va. Desde joven he estado más vinculado a temas sociales. Hasta el punto de que, con 23 años, constituí un partido político con mis amigos en Zaragoza, bautizado como Iniciativa Aragonesa. Para sacarlo adelante pedimos un préstamo y nos presentamos a las elecciones. Por supuesto, no sacamos ningún escaño.

Borra, recibido en audiencia por Juan Carlos I

Recientemente ha sido reelegido como presidente de CSI-F. ¿A qué edad le vino la vena sindicalista? ¿Hubo algún detonante en concreto?
Me llegó sobre los 4 años, porque siempre he sido muy reivindicativo y peleón. Mis primeros pinitos empezaron como delegado de clase, luego dentro de la política, y una vez empecé en el mundo laboral, entré en el sindicato para defender los derechos de los empleados públicos.

¿Por qué militar en CSI-F y no en otros sindicatos?
Porque en CSI-F no se milita. Por eso tienen cabida todas las personas que quieran trabajar por defender, profesionalmente, a sus compañeros y a su profesión. No tenemos ningún credo político, sino que se está porque se quiere estar. De hecho, ninguna organización, ni política ni sindical, en este país tiene publicada en la página web sus cuentas anuales auditadas. En cambio, CSI-F es la única organización que tiene una auditoría externa desde 2012.

¿En estas cuentas también aparece lo que cobra el presidente de CSI-F?
Esto ya lo digo yo: nada. Yo vivo de mi sueldo de trabajador de la sanidad. En nuestra ejecutiva nacional tenemos 11 mensualidades de 510 euros al mes, menos la retención del IRPF.

¿Por qué CSI-F nunca aparece en la foto de familia con CCOO, UGT y la patronal? ¿Qué le falta al sindicato?
Ellos tienen más presencia en la empresa privada, a diferencia de nosotros, que somos el sindicato más representativo de la Administración Pública. Es cierto que en otros campos, como puede ser el sanitario, hay organizaciones que tienen mucho peso.
El liderazgo de CSI-F se fraguó desde sanidad Aunque lleva más de cuatro años al frente del sindicato (ampliables a otros cuatro años más tras su reelección), Miguel Borra dio sus primeros pasos en la organización dentro un ámbito que conoce muy bien: el sanitario. A finales de la década de los 90, cuando presidió esta sección, CSI-F logró una de las acciones más importantes de su historia. En esa época, Borra fue uno de los firmantes en la Oferta Pública de Empleo (OPE) extraordinaria del Insalud. Un acuerdo que, como reconoce, costó “muchos meses de negociaciones”. “Lo más importante es que no solo se dirigía al profesional sanitario, sino a otros trabajadores que integran el sistema y que también se vieron beneficiados”, recuerda sobre una de las cosas “que más orgulloso estoy de haber hecho a nivel sindical”.


¿Qué dificultades encuentran para tener delegados en la privada? ¿Es un sector ‘alérgico’ a los sindicatos?
No, no lo creo. En aquellos ámbitos privados a los que hemos ido, obtenemos buena receptividad. Pero para acceder a la privada, nuestro principal hándicap es la falta de recursos, por lo que la lucha con los otros sindicatos es desigual.

¿La sanidad es un sector reivindicativo?
Sí que es reivindicativo, pero prima la responsabilidad de los sanitarios. Eso es algo de lo que los políticos se aprovechan. Es decir, saben perfectamente que no se va a quedar una urgencia sin atender, que las operaciones se terminan haciendo y que a los pacientes se les acaba atendiendo.

Como sindicalista, ¿cómo vivió las conocidas ‘mareas blancas’?
Con preocupación, porque una de las máximas de CSI-F es que los servicios públicos se mantengan fuera del juego político. Cuando hay crisis, el país necesita más médicos y más profesores, por lo que vivimos los recortes con mucha intranquilidad.

¿Participó en alguna de estas manifestaciones?
Sí, a veces a título particular y otras con las banderas de CSI-F. Pero teniendo en cuenta una cuestión muy clara: no entramos en la batalla política y solo nos dedicamos a reivindicar las cuestiones laborales de los empleados y de los servicios públicos.

De hecho, entre nuestros ‘sindicalistas de honor’ destacan María Teresa Fernández de la Vega, exvicepresidenta de un Gobierno socialista; Jordi Sevilla, exministro de Administraciones Públicas de otro Gobierno socialista; y Jesús Posada, exministro de Administraciones Públicas con el Partido Popular y presidente del Congreso de los Diputados.

Tiene dos hijos, ¿le gustaría que alguno de los dos siguiera sus pasos?
Son todavía pequeños, aunque ya tienen su criterio. Por lo que creo, no van a seguir mi ejemplo como economista. Ambos apuntan a carreras técnicas: Claudia, de 16 años, duda entre Ingeniería o Arquitectura; y en el caso de José, de 12, Matemáticas. Tampoco les interesa la vida pública. Ven que su padre es sindicalista y está mucho tiempo fuera de casa.

En su caso, ¿es muy difícil compaginar la vida profesional con la personal?
Sí, por lo que es imprescindible el apoyo de tu pareja. Si mi mujer no lo hubiera aceptado, no lo podría hacer. Ella es la que lleva el peso de los hijos, de la casa y la que soporta mis ausencias.

¿Cuál es el destino que más le ha gustado visitar?
Si es en el extranjero, me quedo con Florencia, en Italia. Tiene un halo de sabiduría, de estabilidad y de cuna de la cultura occidental. Y de España prefiero, tanto mi pueblo, Sinués, en Huesca, como Almería, donde suelo veranear. No obstante, con la familia siempre procuro que los viajes sean también culturales, para que descubran esa parte de España. Para ello, intento documentarme primero y no ir bajo la improvisación, que es una característica opuesta a mí.

El rugby, deporte que practicó, ha marcado su personalidad

¿Cómo desconecta del trabajo?
Cocinando. Los fines de semana y cuando estoy en casa, me encargo yo y la verdad es que se me da bastante bien. La paella y la tortilla de patatas me salen muy buenas.

Además de esto, me gusta mucho escribir y siempre con lápiz, como lo he hecho toda mi vida. Es algo que me relaja y de lo que he hecho mi afición, ya que cuento con una amplia colección de bolígrafos y plumas que suelo limpiar los domingos por la tarde después de comer, cuando voy a empezar a organizar la semana. Reconozco que son manías.

Eso sí, lo único que he escrito con pluma recientemente son los últimos días de mi padre, que falleció el pasado 20 de septiembre, para que no se nos olviden ni a mi hermano ni a mí.

¿Cómo ha influido su figura en su vida?
Tengo asociada su imagen a nuestra casa del Pirineo, donde nació y donde he ido miles de veces con mi familia. Sin embargo, está tan reciente su pérdida que aún no me he parado a valorarla. Pero sé que es tremenda y que me daré especialmente cuenta estas Navidades, cuando acudamos el resto de la familia a Sinués, en el valle de Aisa (Jaca).

¿Cómo conoció el amor?
A través de una de mis grandes aficiones, el rugby. Mi mujer es amiga de la novia de un compañero de equipo. Venían a vernos en los partidos y así fue como nos conocimos.
¿De playa o montaña? Borra lo tiene claro: siempre montaña, y más concretamente la de Sinués, en el valle de Aisa (Jaca). El poco tiempo que el trabajo le deja de vacaciones, el sindicalista y su familia visitan su pequeño pueblo, donde, a pesar de que el esquí tiene más fama, prefieren practicar raquetas de nieve. Se trata de una modalidad de caminata que realizan, como mínimo, dos veces al año para coincidir con el cambio de las estaciones. No obstante, sus hijos Claudia y José suelen insistir en veranear en Vera, en Almería, un viaje que el presidente de CSI-F hace encantado, ya que disfruta viendo un paisaje diferente. “Lo único que no hago es tomar el sol”.


¿Cuándo empezó a practicar rugby?
Con 18 años en el seminario de Tarazona, en Zaragoza. Mis padres tenían un amigo que jugaba y empecé a ir a entrenar mientras lo compaginaba con el equipo universitario. En un momento dado tuve una importante lesión en el pie. Desde entonces voy un poco cojo y con dolores siempre.

Pero el rugby no es solo un deporte, es una forma de entender la vida y en aquellas veces en las que no se me ocurre decir algo mejor de mí, digo que soy jugador de rugby. Porque es sinónimo de trabajo en equipo y compañerismo.

¿Cuál es su equipo favorito?
Los All Blacks de Nueva Zelanda, por ejemplo, que son impresionantes, o la selección irlandesa. En el caso de España, tenemos un importante equipo femenino y masculino, que está luchando porque quedar entre los 20 mejores para disputar el campeonato del mundo.

Otro deporte que ha practicado en su juventud es el kárate, donde ha alcanzado la cima.
Sí, desde los 7 a los 19 años. Hubo una temporada en que compaginaba rugby, universidad, kárate, el trabajo… En Aragón fui varias veces campeón en Kumite y una vez tercero de España.

Junto a su padre, recientemente fallecido, y su hermano en Sinués

¿Cuál fue el secreto de su éxito?
Entrenar, ser constante y hacerlo con pasión. Pero es algo que he aplicado a lo largo de mi vida. Me preparo igual una reunión si voy a ver al Rey, como si asisto a un congreso con mis compañeros.

¿Aplica alguna disciplina de estos dos deportes en su vida laboral?
Por supuesto. Entiendo el sindicalismo como un trabajo en equipo. Por muy bueno que seas en solitario, si no das participación a la gente, no llegas.

¿Está satisfecho con lo que ya ha hecho o aún no ha tocado techo profesionalmente?
No, por supuesto que no. Miro al pasado para ver en qué puedo mejorar el presente y el futuro. El día que no tenga retos o cosas que hacer en el sindicato, me marcharé y dejaré paso a otras generaciones con ganas de hacer cosas nuevas.