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22/11/2015 n264
Como un director de orquesta, Carlos Moreno coordina la organización profesional de los sanitarios casi en silencio. Con plena atención, escucha detalladamente las tonadas de las piezas relacionadas con la troncalidad, la gestión clínica o el registro de profesionales. En el momento preciso, interviene para garantizar el equilibrio de la sinfonía. Sin embargo, su capacidad para “saber escuchar” no se limita al ámbito laboral y admite que “en una conversación, es difícil verme hablar”. El director general de Ordenación Profesional del Ministerio de Sanidad afirma que una de sus principales habilidades es el autocontrol, por lo que resulta complicado hacerle enfurecer. Un mar en calma que encuentra su momento de liberación en el baile. “Está mal decirlo, pero es de lo poco que, además de decretos, hago bien”, asegura Moreno, quien niega haber tomado clases de danza, ya que le ha bastado con aprovechar su don natural: “tengo un buen sentido del ritmo”.
José Antonio Puglisi
Javier Leo

Imagen:
Miguel Fernández de Vega
Tiene en su currículo siete puestos de director o subdirector en diferentes administraciones,  ¿qué no ha dirigido en su vida?
La comunidad de propietarios de mi casa y alguna que otra cosa.

¿Le gustaría mandar más?
No me gusta mandar mucho. Ser director en una organización como esta no se trata de ejercer el mando.

No ha parado de escalar puestos de relevancia en el sector sanitario, ¿cuál es su meta? Sincérese, ¿le gustaría ser ministro?
Sinceramente, no. A lo mejor es por el reconocimiento del auctorita o porque la vida tiene muchas casualidades que han llevado a que tome esta responsabilidad, que asumo encantado y que estoy disfrutando, pero que creo será efímera. Ser ministro de Sanidad ni me lo he planteado. No considero que tenga un perfil político, sino meramente técnico, si es que tengo un perfil digno de mención.

En estos días le comentaba a mi mujer que ser ministro de Sanidad es una locura. En una sola semana explotan el tema de la carne roja, los envases del tabaco, el niño de la difteria, enfermeros… cada día es una mina que te estalla. No, yo prefiero ser presidente de mi comunidad.

Moreno en sus tiempos de Universidad

¿Y si le llamasen para seguir como director de Ordenación Profesional en la próxima legislatura?
Me gustaría seguir un tiempo. Más que nada por ver culminados algunos proyectos.No porque los haya impulsado yo, sino por sus aportaciones al sistema. Por redondear un poco la tarea.

¿En qué cree que es especialmente bueno para que tanta gente haya confiado en usted?
En la capacidad de escuchar, soy una persona empática, creo. En vez de mandar, a mí me gusta escuchar y, en una conversación, es difícil verme hablar. No soy un hombre de muchas palabras y pienso que es una buena habilidad para la relación profesional en las organizaciones.

Si no escuchas a la gente, te crees en la posesión de la verdad o ves prescindibles otras opiniones,puedes darle un perfil demasiado personalista a la dirección. Por eso es bueno pulsar la opinión de los que están cerca de ti, porque te intentarán ayudar.

Los que le conocen destacan su talante dialogante y repiten que es “buena persona”, pero ¿cuándo fue la última vez que se cabreó?
Con una compañera hace ya unas semanas. Aunque yo no diría que me enfadé, sino que alcé un poco la voz. Fue porque me llamó el viernes fuera del horario laboral, cerca de las 10 de la noche, para un tema de trabajo que, creo, podía esperar al lunes y bueno, subí un poco el tono de voz.

Aunque es verdad que no es fácil verme enfadado. Quizás, es el autocontrol otras de mis cualidades. Yo me enfadaría más, pero me controlo [risas].

¿Cómo acabó en el ámbito sanitario?, porque usted estudió Derecho…
Derecho es una titulación que tiene muchas salidas. Se suele decir: ‘el que vale, vale, y el que no, a Derecho’. Quise apostar por lo seguro y comencé a presentar oposiciones de Técnicos de la Administración Civil (TAC) y de técnico de la Comunidad de Madrid.

Acabé la carrera en el 86, ya ha llovido, y entonces se retrasaron las promociones. Así como pasa ahora, era un momento de crisis, no había oferta de plazas públicas de empleo y el TAC no terminaba de salir. En el año 88, salieron unas en Sanidad. Los programas son parecidos, había muchos cuerpos técnicos, imitando el modelo del Administrador Civil del Estado y por eso me dediqué a Sanidad.

Aunque tenía algún tipo de predestinación. Al hacer la ‘mili’ voluntaria en el Ejército del Aire en Madrid por no perder un curso, estuve en Moncloa, en el Cuartel General, específicamente en el mando aéreo de combate en Sanidad y hacia las tarjetas del Isfas (Instituto Social de las Fuerzas Armadas). Hice alguna guardia, pero estaba dándole a la máquina todo el tiempo, ahí aprendí a escribir a máquina. ¡Máquina, que no había ordenadores!



¿Cómo era de niño?, ¿Algún recuerdo de su infancia que le haya marcado de forma especial?
Diría que mi infancia son recuerdos de un patio en Sevilla, pero no, ese es Antonio Machado [risas]. Soy de Jaén, de Úbeda, pueblo de donde son Antonio Muñoz Molina, Joaquín Sabina o Francisco de los Cobos, que fue secretario personal de Carlos V. Pero a los seis meses me trajeron a Madrid, por lo que soy más madrileño que jaenero.

Fui un niño muy inquieto y nervioso, pero tengo muchos recuerdos de mi infancia. Mi mujer suele decir que “eso es mentira”, pero tengo recuerdo de cuando tenía tres años. Sin embargo, el más impactante fue cuando vi el mar por primera vez. Yo soy de tierra adentro y no era como ahora, que se puede ir con más facilidad a la playa. Lo conocí con 10 años en Alicante y quedé impactado.

¿Cuál es su recuerdo más triste y qué hizo para superarlo?
Sin duda, la muerte de mi hermano. Para superarlo solo pudimos tirar para adelante y ayudar a mis padres, que todavía lo encajaron peor que yo porque ver morir a un hijo es antinatural.

¿Qué nos puede contar de su paso por Ávila?
Ese fue, digamos, mi lanzamiento. Pero ahora tengo una plaza en el Hospital Ramón y Cajal, donde ocupé la Administración de Cargos a Terceros, y luego fui jefe de nóminas. Tuve la oportunidad de hacer el máster de Administración Sanitaria en la Escuela Nacional de Sanidad, me dejó Ignacio Iribarren, a quien siempre estaré agradecido. Al acabar, me ofrecieron la gestión de Atención Primaria y desde ese momento abandoné el Hospital Ramón y Cajal, pero quizás me vean de vuelta a partir de enero o febrero.



¿Se vive mejor en el Ministerio de Sanidad?
No sé si se vive mejor o peor, pero no se vive mal. Si es verdad que, cuando yo vine, pensé que Sanidad era una especie de cementerio de elefantes y, como muchos, creí que podría descansar de la gestión del día a día o de la trinchera como le decimos nosotros a la gestión de Atención Primaria. Nada más lejos de la realidad. Se hacen muchas cosas y tantas más que se deberían de hacer.

¿Cómo ha cambiado desde la salida de Ana Mato?
Ana Mato era una persona muy dinámica, aunque quizás con menos visibilidad, porque la habilidad de comunicar no es la que más destaca entre sus virtudes. La secretaria general, Pilar Farjas, también fue un gran empuje para esa época, ya que predicaba con el ejemplo y trabajaba muchísimas horas. Este equipo trabaja tantas horas como ella. Soy un director general que sale barato.

Pilar Farjas se ganó algunas enemistades, pero a Rubén Moreno parece que todos le quieren, ¿a qué se debe?
Con Rubén nos apellidamos igual, así que eso hermana [risas]. La verdad que con Rubén Moreno es muy fácil trabajar, lo que no quiere decir que con Pilar Farjas fuera difícil. No sabría decir si se enemistó, pero sí que tomó medidas y decisiones muy cortantes y “cuestionables”.

¿Es cierto que en el Ministerio aún se puede ver la sombra de Ana Pastor?
No. Ana Pastor fue una gran ministra de Sanidad, pero no es muy alta, por lo que su sombra no llega desde el Paseo de la Castellana hasta aquí. Aunque no sé si esa afirmación es del todo afortunada...

¿Qué obligaciones le gustaría estar cumpliendo de no contar con las actuales?
Me gustaría cumplir mejor mis obligaciones familiares, que las tengo un poco dejadas de la mano de Dios. Mi mujer me ha apoyado mucho, pero me gustaría estar con ella, los chavales y mi madre, que ya está mayor y debería dedicarle más tiempo. Vivir al margen del trabajo es lo que me gustaría hacer, pero por ahora es imposible, ya que no puedo prescindir de trabajar.
Influenciado por la Roma imperial
A la hora de ejercer sus funciones, pero también en su ámbito más personal, Moreno se rige por varios códigos propios del imperio romano. Entre todos ellos destaca la distinción que en esa época se hacía entre la potestas y la auctoritas a la hora de dirigir o tener responsabilidad dentro de cualquier organismo, y aún más en un ministerio. “La potestas es el poder que te da el Boletín Oficial del Estado para revestirte en el ejercicio de un poder, mientras que la auctoritas te la da el reconocimiento de los pares”, asegura.




El ‘jaleo’ de la troncalidad, ¿lo recibió como una herencia envenenada?

No. Tengo mucho aprecio y afecto personal a Javier Castrodeza porque, entre otras cosas, es quien me dio la oportunidad de llegar al ministerio, siendo una experiencia muy gratificante.

La troncalidad es un proyecto en el que se viene trabajando no solo en esta legislatura; Javier fue capaz de conciliar los intereses y poner una norma en el disparadero para ser implementado. Sin embargo, el trabajo no terminaba con su aprobación y estamos en ese proceso que, aunque ha presentado algunos inconvenientes, mantiene su meta de aplicarse en 2017-2018.

¿Qué le diría a Troncalito?
Que lo hizo muy bien. Yo he dado mi pequeña aportación, pero ha sido mayor la parte de Juan Antonio Blanco. Sin embargo, me siento corresponsable si es que tan criticable es la troncalidad.

¿Cómo ve a Javier Castrodeza como su jefe (de nuevo) tras la salida de Rubén Moreno?
Yo encantado. También sonaba el nombre de Agustín Rivero, pero no el mío. No porque no quiera, sino porque no creo que se plantearan ofrecérmelo. Soy director por accidente, así sería el nombre de la película si contase mi historia.

Carlos Moreno en su adolescencia


Ya que nadie lo soluciona, ¿el director de Ordenación Profesional del ministerio sería capaz de acabar con los atascos de Madrid?
Eso es más complicado que la troncalidad, sobre todo en una ciudad como Madrid. A la actual alcaldesa le tengo admiración, pero hay que hacer algo. Ahora que uso más el coche, veo que esto es un verdadero horror y que es necesario que se tomen medidas drásticas, pero eso no es popular y es difícil adoptarlas, tanto como lo fue el Real Decreto 16/2012. En este sentido, harían falta peajes, circulación de matrículas pares e impares según el día y apostar por las alternativas de movilidad como la bicicleta.

Yo mismo he usado el servicio de BiciMad. A pesar de que parece que la empresa no va muy allá, las bicis son una pasada y parecen un ciclomotor. A veces las he cogido para venir al ministerio, atravesando el Parque del Retiro.

¿Es de los que serían capaces de empadronarse en el País Vasco con tal de ayudar a Alfonso Alonso?
No sé si ayudaría mucho. Pero si fuera para ayudarle, me lo pensaría. Además, el País Vasco es una maravilla y tengo muchos amigos ahí. Ahora, también se puede ir con total tranquilidad a disfrutar del paisaje, la gente y la gastronomía. A ver qué me ofrece el ministro… Es una persona que merece mucho la pena.

¿Cuál es, para usted, la auténtica china en el zapato de la Sanidad?
Los intereses cruzados. No somos muy solidarios y cada colectivo defiende lo suyo de una manera muy exacerbada, sin pensar en quien está al lado y en las consecuencias. Lo suelo decir a quienes pasan por mi despacho, ya que vienen con la actitud de arrimar el ascua a su sardina.

Si todos tiramos de la cuerda, lo que está en el centro, que es el Sistema Nacional de Salud, se va a hundir y lo vamos a lamentar todos, porque ha costado mucho levantarlo. Eso está presente en el profesionalismo, la industria, en todos los sectores de la sanidad. Los intereses cruzados me parecen el problema de verdad. 

Ávila, zona de despegue “Ese fue, digamos, mi lanzamiento”. Así rememora el director general de Ordenación Profesional su paso por Ávila, donde formó parte de una promoción del cuerpo de Técnicos de Función Administrativa de Instituciones Sanitarias de la Seguridad Social. “Al principio lo disfrutamos mucho”, recuerda antes de pasar a los momentos difíciles: “No había un cuerpo de conocimiento para liberar estas instituciones. Estaban los funcionarios de seguridad social y médicos inspectores, que solían ser directores. Era otra estructura organizativa. Entonces, llegamos nosotros, que éramos los titulados superiores de un cuerpo pseudofuncionarial, y sufrimos la estrategia del sándwich”. Teníamos a la gente de abajo que nos recibía diciendo: “Tú eres el técnico que ha sacado la oposición, tú nos dirás qué debemos hacer” y, claro, recién llegado, ni flores. Por arriba, aquellos que estaban tentando puestos de responsabilidad nos sentían como una amenaza, por lo que hubo gente que lo pasó realmente mal.


¿Cuántas veces se ha roto la máquina de contar médicos y enfermeros?, porque el registro se ha anunciado muchas veces, pero no llega…
No hay una máquina para contar médicos. Quizás, ahora la podamos tener, si somos capaces de cumplir la norma y activar el Real Decreto, pero no es una labor sencilla.

Vemos en las noticias que dicen que hay 20.000 médicos que se van del país, pero en los aeropuertos y aduanas de España no hay un funcionario contando cuántos salen. Porque un profesional vaya a su colegio y pida un certificado de idoneidad que es necesario para ir al extranjero a trabajar, no implica que se vaya.

Cuando llegué al ministerio, se decía que la anterior legislatura no había hecho nada y que era un desastre. Pero cuando ves cómo funciona y cuáles son las normas internas y de articulación de los proyectos, ya que todos deben tener un acuerdo del Consejo Interterritorial, las cosas cambian. En esta legislatura, que hemos alcanzado 13 o 14, creo que hemos hecho bastantes cosas, pero eso no implica que puedas achacar a los anteriores que no han hecho nada, ya que con un Consejo Interterritorial dividido, donde se te levante la mitad y se va, no hay nada que hacer.

A la legislatura que viene, ahora que han sido las elecciones autonómicas, no le auguro el mejor de los futuros. Esa será una dificultad importante. Ojalá me equivoque, pero en un Consejo Interterritorial, donde las decisiones se toman por consenso, será un aspecto a considerar.

Pero no se explica que no se conozca cuántos médicos hay…
El primero que no lo entendió fue el ministro cuando llegó. Una de las primeras cosas que preguntó fue: cuántos médicos y enfermeras tenemos. Y no se le pudo responder. Nosotros trabajamos con estimaciones y, si algo funcionaba muy bien, era el Instituto Nacional de Salud (Insalud), y en el Ministerio está quien era su responsable, Mercedes Alfaro, actual directora del instituto de Información Sanitaria.

Carlos Moreno en Menorca junto a los máximos representantes de la formación sanitaria española

Aún trabajamos con esa información, con la que se recauda junto a la de los Recursos Humanos, por lo que estimamos que hay como: 127.000 médicos, 200.000 enfermeras, y 140.000 auxiliares.

Hasta ahora, calculamos que hay un millón de profesionales sanitarios en España, de los que 500.000 o 600.000 están en el sector público. Pero todo el mundo se tiene que poner las pilas.

¿Qué noticia sanitaria le ha hecho llevarse las manos a la cabeza?
¿De alegría o de horror? [risas] A mí me gustó mucho ver la noticia del primer decreto que prácticamente es de mi autoría, que es el del catálogo de equivalencias. Ha costado tres años sacarlo y es algo que tenemos que hacérnoslo mirar, ya he hablado con los técnicos del Ministerio porque no pueden pasar un año o tres años para sacar un Real Decreto.

Aunque ya estamos como inmunizados con temas como el ébola u otros casos, la noticia sanitaria que me horroriza es la de los antivacuna. Ese es un tema para llevarse las manos a la cabeza.

¿Dónde estará el día antes de jubilarse y el día después?
El anterior en Madrid y el posterior, seguramente, en Murcia, ya que la familia de mi mujer tiene una casita en la huerta murciana. Pero no en verano, ya que no se puede estar por el calor tremendo que hace. En otras épocas sí, ya que es como Las Canarias de la España peninsular.

¿Cuál es, para usted, la mejor manera de divertirse?
Una fiesta como la que hicimos a mí cuñado por su 40 cumpleaños. Una fiesta sorpresa que hicimos en la huerta de la casa de Murcia, y fue como un concierto que le montamos sin que él supiera nada. Eso no lo puedes hacer todos los días, pero me divierto mucho con los amigos y disfrutando de ellos.

Yo soy bailongo, pero no sé si en público lo haría. Bailo bien y está mal decirlo, pero es de lo poco que, además de decretos, hago bien. [Risas] Me gusta bailar, tengo un buen sentido del ritmo.