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15/11/2015 n263

Carlos Cristóbal

El prestigio de la industria alemana no pasa por su mejor momento por culpa del lamparón con el que lo ha manchado el grupo automovilístico Volkswagen, que se ha visto obligado a reconocer públicamente que muchos de sus motores que pasaban por ecológicos (y por los que recibían incentivos económicos) eran realmente un fraude, y en la compañía lo sabían. Pero si esto ya es un problema considerable para la impronta germana en el mundo, hay sectores de este mismo país que parece que se están contagiando del oscurantismo y los malos hábitos empresariales, como es el caso de la industria farmacéutica.

Dos gigantes como Bayer y Grünenthal van más allá incluso, porque no quieren ni reconocer su parte de culpa en la deficiencia del servicio que han prestado a sus clientes, y están colaborando en agrandar las dudas en torno al 'made in Germany'. El problema que tienen es que el consumidor, en su caso el paciente, ya no es el de hace décadas. Ahora se informa, comparte opiniones en redes sociales, y no aguanta el abuso de poder. Por eso, ambos laboratorios están siendo testigos de cómo sus respectivas marcas, al igual que le ha sucedido a Volkswagen, están perdiendo valor por falta de honestidad y transparencia.
El milagro anticonceptivo se convirtió en pesadilla

A la hora de señalar un caso paradigmático de devaluación corporativa resulta inevitable apuntar a Bayer, que se ha echado encima a buena parte de la opinión pública. ¿La causa? Essure, dispositivo que se presentó como una revolución en el mercado de los anticonceptivos. En vez de eso, más de un dirigente de la compañía habrá tenido que hacer uso de su producto más famoso,
Angélica del Valle encabeza la Asociación de Afectadas por Essure en España
 la Aspirina, para intentar mitigar los quebraderos de cabeza a causa de miles de quejas que se han producido en todo el mundo.

Una de ellas es la de Angélica del Valle, que se ha erigido en una de las portavoces de la recién creada asociación de afectadas por Essure en España. En su caso, lo que comenzó siendo una reacción alérgica pasó a convertirse en cuatro años de calvario en forma de picor, inflamación y dolor pélvico, e incluso mareos. “Mi vida iba empeorando”, asegura al echar la vista atrás y rememorar cómo se sentía “como si estuviera siempre embarazada” hasta que, en enero de este año, consiguió deshacerse de este muelle de níquel que ‘bloquea’ las trompas de falopio. El suyo es solo uno de los más de 530 testimonios que pueden ofrecer las afectadas por Essure en España, con daños que van desde alergias a dolor abdominal crónico o incluso perforación de trompas o útero.

Al igual que las agrupaciones ya presentes en Estados Unidos, Australia, Italia, Reino Unido, Irlanda, Holanda, Finlandia, Portugal y Francia, Angélica lucha por hacer realidad la “necesidad urgentísima de establecer un protocolo para la retirada de Essure”. Su experiencia hace que no dude a la hora de afirmar que “mi confianza en Bayer está totalmente minada”. “Cuando un producto da problemas y sabes que no es el único, lo normal es alejarse de esa marca”, sentencia.
Essure: EEUU lidera el movimiento en contra

Con más de 17.000 casos registrados hasta la fecha, Estados Unidos es el país con más mujeres afectadas por el Essure. Y también en el que la polémica sobre su utilización ha alcanzado un volumen más alto. Incluso ha sido necesaria la intervención de la agencia norteamericana de medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés), que en un informe reduce las recomendaciones sobre su uso a mujeres con imposibilidad de someterse a una cirugía laparoscópica, intervención que según un estudio publicado en el British Medical Journal tiene diez veces menos posibilidades de complicaciones posteriores que el anticonceptivo de Bayer, cuya principal ventaja respecto al resto de opciones era su menor carácter invasivo.

Los posicionamientos han llegado desde todo
tipo de ámbitos, incluido el político. Uno
de los más llamativos ha sido el del
congresista republicano Mike Fitzpatrick,
que ha presentado un proyecto de ley que
permita revocar la autorización de la FDA para
la comercialización de Essure y pide a Bayer que
tome las medidas necesarias para retirárselo a las
afectadas. “Está dañando a las mujeres y debe ser
retirado del mercado”, ha asegurado.

Más de medio siglo de injusticia

Más allá de las muchas diferencias existentes, el caso de Bayer cuenta con ciertos paralelismos con el caso de otra farmacéutica teutona. Como a la entidad dirigida por Marijn Dekkers, Grünenthal ha conseguido echarse a la opinión pública encima, en esta ocasión por negarse a indemnizar a la mayoría de afectados por la talidomida en España amparándose en una decisión de la Audiencia Provincial de Madrid confirmada el pasado 23 de septiembre por el Tribunal Supremo. La victoria, sin embargo, no puede considerarse más que pírrica a tenor del daño que la postura adoptada ha causado en su imagen.
Christoph Stolle, director general de Grünenthal en España
 Y es que con ella no solo se ha granjeado el absoluto rechazo de los afectados y la censura por parte del tanto del Gobierno central como de los ejecutivos autonómicos. También ha conseguido aumentar significativamente los niveles de antipatía de la sociedad, que incluso ha llegado a mostrarse favorable a un ‘boicot’ a sus productos hasta que compense a los afectados.

El principal quebradero de cabeza de Grünenthal, que curiosamente ha decidido declararse adalid de la lucha contra el dolor de los pacientes, tiene de cinco siglas. Son las que componen el acrónimo Avite, que corresponden a la Asociación de Víctimas de la Talidomida en España y se traducen en más de once años de lucha por su derecho a una compensación a la altura del resto de países europeos – hasta 7.000 euros al mes dependiendo de la gravedad de cada caso- en un periplo que los ha llevado al Congreso de los Diputados, el Ministerio de Sanidad, la Eurocámara e incluso el Vaticano. Rafael Basterrechea, su vicepresidente, tiene claro el efecto causado por estas acciones: “La sociedad está de nuestro lado y es solidaria a nuestro dolor”.

La notoriedad de las reclamaciones realizadas por Avite, especialmente durante los últimos años, ha convertido a Basterrechea en alguien reconocible. Esa condición le permite conocer de primera mano la impresión de la gente de a pie sobre el escándalo que, lamentablemente, protagoniza junto al resto de afectados. “Me paran por la calle y me muestran todo su apoyo“,
Rafael Basterrechea, afectado por la talidomida y vicepresidente de Avite
asegura poco antes de señalar directamente a Grünental: “La talidomida es el fruto de las investigaciones llevadas a cabo en Alemania durante la II Guerra Mundial sin ninguna regulación”. “Éramos un negocio para ellos; son nuestros usureros y vinieron aquí a hacer dinero sin tener en cuenta los riesgos”, detalla.

En esta historia de caminos paralelos hay otro punto de confluencia. A la hora de abordar sus problemas, tanto Grünenthal como Bayer han optado por una política de comunicación sin cara con la que han ofrecido su visión de unos hechos en los que no parecen interesados salvo para pregonar que nada de lo sucedido tiene que ver con ellos. “Juegan con la creencia de que todo lo que hacen es bueno”, considera el vicepresidente de Avite, que no ha parado de reclamar reuniones con representantes del laboratorio. Sobra decir que la respuesta siempre ha sido la misma: el más rotundo de los silencios.

Grünenthal, escudada en una sentencia con dudas

A la hora de argumentar su rechazo al recurso interpuesto, la sentencia del Tribunal Supremo considera que la acción de reclamación por parte de las víctimas de Grünenthal estaba prescrita por haber superado con creces, incluso en la hipótesis más favorable para los afectados, el plazo de un año establecido por la ley en este tipo de acciones. Esta no es, claro está, la postura defendida por Avite. Ni tampoco para uno de los magistrados participantes en la deliberación.

En su voto particular, Francisco Javier Arroyo Fiestas pone en duda que la tesis de la prescripción sea la correcta, dado que para que así sea “debe tenerse presente que el inicio del cómputo de la acción ejercitada ‘dies a quo’ comienza tras el reconocimiento administrativo de la incapacidad existente y siempre que ésta se relacione con la ingestión de talidomida”. O lo que es lo mismo, que el ‘contador’ hacia la prescripción debe mantenerse a cero hasta que no haya una declaración de incapacidad o invalidez relacionada directamente con el consumo del medicamento.
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El tercero en discordia en esta caída en desgracia de la industria de la industria farmacéutica alemana es Merck. Al contrario que sus dos ‘compañeras de travesía’, la entidad que dirige Karl-Ludwig Kley no se encuentra inmersa en un escándalo, lo cual no quiere decir ni mucho menos que esté atravesando un momento dulce. Nada más lejos de la realidad.

Los últimos años están resultando especialmente duro para los intereses económicos de Merck, que ha visto reducidas de forma considerable sus ganancias. Buena fe de ello da el último balance anual de la compañía, correspondiente al año 2014 y en el que se aprecia una pérdida de beneficios cercana al cuatro por ciento.
La nueva y controvertida imagen
de Merck
Tampoco resultan halagüeñas las cifras correspondientes al primer semestre de este año, donde el ‘tropiezo’ se repite en forma de merma de tres millones de euros del apartado dedicado a los beneficios.

La evolución de los resultados económicos de la entidad se ha sentido como un toque de atención dentro del laboratorio, que ha optado por aquello del ‘renovarse o morir’. Lo ha hecho con un cambio de imagen que no ha dejado indiferente, algo importante cuando de una operación de este tipo de trata. Menos positivo es, sin embargo, que la atención no llegue por la estética o el dinamismo de la nueva línea corporativa, sino por sus similitudes con otra marca. Y es que el evidente parecido entre el nuevo logo de la compañía y el de la telefónica Movistar es algo que solo parece haber pasado inadvertido para sus creadores.

Bayer, Grünenthal y Merck. Tres casos que ponen en evidencia una realidad: que el aura de infalibilidad que tradicionalmente ha exhibido la todopoderosa industria alemana parece empezar a resquebrajarse. El caso de Volkswagen y las emisiones se ha llevado la mayoría de los titulares al respecto, pero no es el único gigante germano en apuros.