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08/11/2015 n262
Los residentes de Medicina han encontrado en la compra y venta de las guardias una oportunidad para incrementar sus ganancias al mismo tiempo que adquieren más experiencia profesional. Esta práctica, con la que se hace la ‘vista gorda’ en la mayoría de los casos, se organiza de forma verbal entre los MIR y conlleva un pago “en negro”. Los residentes aseguran que los jefes de las guardias no les hacen un seguimiento exhaustivo, ya que estos consideran que no afecta a la seguridad del paciente.
José A. Puglisi
Los médicos internos residentes (MIR) tienen su propio mercado negro. Los residentes han encontrado en la compra-venta de guardias una fórmula para aumentar ligeramente sus ingresos, mientras incrementan su experiencia personal o, por otro lado, aligeran su agenda personal. La práctica que, según ha podido constatar Revista Médica, está significativamente expandida en los hospitales, conlleva una gran responsabilidad tanto para los residentes como para la propia Administración Pública.

La operación, que suele acordarse de forma verbal entre dos profesionales, permite que un médico en formación ceda su guardia a un tercero sin que exista ningún cambio oficial de la misma. En este sentido, el MIR que asume las horas de trabajo sustituye plenamente a su compañero, “hasta el punto de que firma en su nombre y asume su figura legal y profesional. Los encargados de la guardia suelen darse cuenta del cambio, pero no dicen nada ya que entienden que no afecta económicamente al hospital o al beneficio del paciente, al no existir una dejación de obligaciones”, asegura un MIR que ha preferido permanecer en el anonimato.

Los principales motivos de la ‘compra-venta’ son el temor que tienen los residentes a asumir la responsabilidad del hospital durante los fines de semana o en aquellos días en los que está un adjunto “que no nos hace mucho caso”, justifica uno de los implicados. En la otra cara de la moneda, los MIR también absorben guardias ajenas y cumplen obligaciones extra para alcanzar unos ingresos superiores y poder cumplir con los gastos que, en muchas ocasiones, conlleva el vivir en una ciudad diferente a la de procedencia.

Una vez realizado el pago de la guardia, el residente entrega el valor completo o parcial de la jornada al compañero que le suplió. Sin embargo, existe un riesgo importante para quien cede su guardia.
Francisco Miralles, secretario general de CESM.
“A pesar de que sea un tercero el que firme el parte, la plena responsabilidad jurídica recae en quien se ha ausentado de sus funciones, debido a que aparece como la figura legal a cargo de la guardia”, reconoce otro residente.

“Es una práctica común en casi todas las comunidades autónomas, aunque resulta ser muy poco percibida, ya que el acuerdo entre dos residentes no suele ser conversado con terceros o, como se hacía previamente, anunciado por internet [los anuncios han dejado de publicarse desde 2008 ante las sospechas que generó en los colegios y sindicatos del sector médico]”, aclara el médico en formación. Una postura sobre la que discrepa Francisco Miralles, secretario general de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM). “Se trata de una práctica no habitual o excepcional, de la cual no tenemos ninguna constancia formal”, sentencia.

No obstante, asegura que estas técnicas “perjudican, principalmente al residente, pero también a la credibilidad del sistema formativo MIR”. En este sentido, ha insistido en que “estos hechos no se deben producir en ninguno de los hospitales de España”.
Enfermería, al margenEl mercado de ‘compra-venta’ de guardias no ha llegado hasta el EIR o, al menos, así lo afirman los estudiantes de Enfermería,que apuntan que “las únicas guardias largas que suelen cambiarse son las de Cirugía, pero se utilizan los canales oficiales que facilita el hospital”. En este sentido, aclaran que la práctica más irregular que se puede observar es que “un estudiante pague unos 50 euros a otro por el cambio de la guardia, como un favor personal. Pero siempre dejando constancia del cambio en el hospital y sin que exista una suplantación de la identidad”.
Implicaciones legales

La ‘compra-venta’ de las guardias MIR tiene sus consecuencias legales. El abogado de la Oficina Jurídica Sociosanitaria (OJS) Gabriel Montiel asegura que “en el caso de ocurrir esta práctica, se registra una irregularidad que puede afectar de tres formas distintas al residente y a la Administración Pública”. La primera se basa en un incumplimiento de contrato, ya que el cambio no ha sido notificado a las autoridades del hospital. “El contrato es acordado directamente con una persona que cuenta con especial condición y conocimiento, lo que podría conllevar un incumplimiento si sus labores son desarrolladas por otra persona distinta”, aclara.

En caso de carecer del aval del hospital para el cambio, la segunda consecuencia radica en una pérdida del amparo o protección del hospital para el MIR, así como del adjunto, quien tendrá corresponsabilidad.
Gabriel Montiel, abogado de la Oficina Jurídica Sociosanitaria (OJS).
 El tercer punto, sin embargo, es el más grave y radica en el peligro de realizar una mala praxis en un paciente. “Al no estar regulado el número de cambios, oficiales o no, que pueda hacer un residente durante una misma semana, queda abierta la posibilidad de que, ante el cansancio, se generen errores en el tratamiento de un paciente”, apunta.

El agostamiento físico es un aspecto importante a tomar en consideración, ya que “si un paciente es afectado por un tratamiento errado del médico interno residente, podrá denunciar a la Administración Pública al considerar que no debe soportar el daño ocasionado”, apunta el abogado. En este sentido, se solicitaría una indemnización que el hospital deberá otorgar ante la falta de vigilancia de sus profesionales y que saldrá de sus presupuestos anuales. Es decir, la falta del residente será pagada con los recursos provenientes de los impuestos de toda la sociedad.

Sin embargo, no son los únicos flecos legales. El residente, al hacer un pago a un tercero, también genera un proceso de economía en negro. La irregularidad fiscal queda materializada en la incapacidad del MIR, que no puede declarar esos ingresos, ya que los ha recibido a través de un procedimiento atípico.

Montiel recomienda que, para evitar estas situaciones legales, “se abogue por instaurar herramientas y procedimientos legales que sean capaces de permitir un intercambio más seguro en las guardias, donde se cuide tanto al residente como a la seguridad de todos los pacientes y la propia estructura del sistema”.
Salvar la formación MIR

Con el objetivo de establecer un marco legal más sólido y evitar que esta práctica afecte el buen desempeño del MIR, Domingo A. Sánchez, vicepresidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), ha recomendado que “debe seguirse lo establecido en las normativas y eliminar aquellas prácticas que puedan afectar al residente y al resto de la organización”. De ahí, que invite a crear
Domingo Sánchez, vicepresidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM).
 una “nueva regulación que sea capaz de evitar la merma de la formación especializada y que cuente con la participación conjunta entre el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas”.

Aunque la aplicación de una nueva regulación o normativa podría poner fin a esta práctica, los médicos internos residentes advierten de la poca aceptación que tendría. “Habrá un rechazo natural, ya que es percibido por los residentes como una práctica común que empiezan a conocer en su primer año de especialización y que, posteriormente, adoptan durante el resto de su trayectoria”, apunta un residente anónimo. “En principio no veo la necesidad de vetar a los residentes en sus cambios de prácticas, debido a que no reporta un gasto extra para el hospital ni pone en peligro la salud del paciente. Con la normativa solo se lograría entorpecer un sistema que, hasta ahora, está funcionando, y lo hace bien”, agrega.
Así lo atajó el Hospital Reina Sofía El Colegio y Sindicato de Médicos de Andalucía solicitó, en 2008, que el Hospital Universitario Reina Sofía abriese una investigación de oficio para esclarecer la presunta ‘compra-venta’ de guardias MIR en el departamento de Urgencias. Aunque no existíanpruebas determinantes, sí se recopilaron una serie de anuncios por internet en los que se ofertaban guardias por parte de residentes, especialmente en foros y páginas destinadas a los estudiantes de Medicina.

La denuncia obtuvo respuesta y la unidad de Urgencias del Reina Sofía adoptó una serie de medidas para impedir el desarrollo de esta práctica y se indicó que tendrían carácter permanente. La estrategia implementada ha sido la de: registrar cualquier incidencia, controlar las tutorías por parte de personal cualificado, monitorizar la actividad, y cuantificar el número de guardias mensuales y de cambios realizados.
La receta de la OMC

Para la vocal de Médicos en Formación y Residentes de la Organización Médica Colegial (OMC), Mónica Terán, la solución pasa por una mayor vigilancia por parte de las unidades docentes de los hospitales, “para que se garantice el correcto funcionamiento de las guardias y lograr que, en todo momento, prime el criterio formativo”. Sin embargo, recalca que las irregularidades cometidas por algunos residentes son “difíciles de llevarse a cabo de forma masiva por el control ya establecido en el número de guardias mínimas y máximas, así como por los mecanismos establecidos para el cambio de guardia y el cumplimiento de la norma europea de descansos obligatorios”.

Aunque no descarta que algunos residentes estén involucrados en la ‘compra-venta’ de guardias, considera “casi imposible que un residente se haga pasar por otro y sea capaz de firmar en su nombre”.
Mónica Terán, vocal de Médicos en Formación de la OMC.
 Según explica, “en los hospitales se revisa el informe de asistencia con mucho detenimiento e, incluso, pueden requerir la firma del adjunto o son realizados de forma telemática, lo que imposibilita la suplantación”. Asimismo, apunta que los cambios de la rotación también ayudan a establecer controles dentro del sistema de guardias.

La ‘compra-venta’ de las guardias MIR, indiferentemente de su frecuencia dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS), es una práctica que está poniendo en riesgo la oportunidad formativa de los residentes, así como, en el peor de los casos, la estabilidad del modelo formativo y la propia seguridad de algunos pacientes. Los médicos internos residentes hablan de ella como un mecanismo habitual en su proceso de formación, mientras que los representantes del sector restan importancia y lo limitan a casos puntuales.

En cualquiera de los dos escenarios, hay una violación de la normativa que el sector pide que sea eliminada a través de mayores controles y vigilancia del sistema de guardia. A pesar de que los residentes adviertan del amplio rechazo que podría tener la regulación, habrá que valorar el riesgo que supone para la calidad y sostenibilidad de la formación MIR, una de las mejores del mundo. Un proceso de reforma de las guardias sería, además, una oportunidad para remendar la raíz del problema, repensando cómo mejorar el sistema legal de cambios, pero también las condiciones de la retribución de los residentes y el “poco caso” que algunos tutores hacen a los médicos en formación en los hospitales, sin olvidar la posibilidad de apostar por la implementación de más incentivos a la carrera docente.