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18/10/2015 n259
JESÚS VICIOSO HOYO

Toda desgracia tiene un origen, y a veces es tan oscuro, como en el caso de la talidomida, que da pavor adentrarse en él. El truculento pasado de la fábrica que lo popularizó, dejando aparte las fatídicas consecuencias del producto, está repleto de vínculos con otra de las páginas más negras de la historia de la humanidad: el nazismo. Afectados y otros investigadores se han adentrado para desvelar, con cuentagotas, este germen.
Tiene gracia (irónicamente hablando, claro) que la fábrica de la talidomida se denomine, hoy día, como “compañía farmacéutica líder en dolor”. No hay más que abrir su web y sale el lema tal cual; así, tan tranquilo, como si nada. Desde luego, llevaba razón el experto en ‘marketing’ que dijo a los responsables de Grünenthal que debían poner esta frase para abrirse al mundo. Al fin y al cabo, hay que presumir de lo que más se sabe.

Y esta empresa alemana sabe (y mucho) de dolor. Sobre todo, del causado a decenas de miles de familias cuyas madres embarazadas tomaron un invento tan dañino como mortífero. Y el dolor de Grünenthal, que se ve hoy en los rostros de los afectados por la talidomida que todavía no han muerto, también tiene un pasado propio, un origen turbio con lazos con el nazismo que, a día de hoy, no se conoce lo suficiente, según el colectivo nacional que agrupa a estos damnificados.

“Fue hacer mal por dinero, solo dinero” “Nunca se conoce suficiente el pasado de nadie, y menos de Grünenthal, cuyos responsables guardarán para siempre, y celosamente, sus secretos, pues solo servirían para mostrar al mundo que son mucho más horribles de lo que ya parecen”.
Rafael Basterrechea Estella, vicepresidente de Avite.
 Quien habla es Rafael Basterrechea Estella, vicepresidente de la Asociación de Víctimas de la Talidomida en España y Otras Inhabilidades (Avite). Y lo dice con conocimiento de causa. Él y otros compañeros de Alemania y Reino Unido han elaborado un informe sobre el oscuro currículum de los jefes históricos de la farmacéutica germana. Nada más leer el título ya se pueden extraer las conclusiones de las investigaciones que han rastreado incontables páginas web y otros documentos relacionados: ‘Esbozos de la historia de la segunda parte del genocidio de la Alemania nazi’.

Basterrechea justifica la cuidada elección de estas palabras. “Un genocidio es la eliminación o exterminio sistemático de un grupo humano por razones de raza, etnia, política o nacionalidad. Grünenthal, con su invento, asesinó y mutiló a un número indeterminado de seres humanos, posiblemente 20.000 y 30.000 personas, por codicia, avaricia y falta de respeto a la raza humana en sí misma”, explica a ‘Revista Médica’. Y va a más: “Fue hacer mal por dinero, solo dinero, lo que lo hace menos justificable y más horrible aún”.

¿Uso de talidomida en campos de exterminio?

La Asociación de Víctimas de la Talidomida en España y Otras Inhabilidades (Avite) cree que el medicamento mortífero se usó en los campos de exterminio nazi, ya que investigaciones como las de De Napoli sitúan su origen mucho antes de la fecha de patentado. “Nuestras sospechas así lo indican. Se investigó como calmante para los soldados alemanes heridos, y como otros muchos descubrimientos fueron guardados a buen recaudo para que, pasados los efectos de la II Guerra Mundial, Alemania resurgiera de sus cenizas, como así fue”, dice Basterrechea. “Todos los adelantos investigados durante la guerra en industria pesada y química (practicando tanto con seres humanos vivos como con ratas de laboratorio) han sido los responsables del esplendor de un país arrasado por la guerra en muy pocos años, para volverlo a poner a la cabeza del mundo”, añade.

La talidomida, “el último crimen de los nazis” La relación Grünenthal-nazismo no solo la atestigua el trabajo de documentación del ‘número dos’ de Avite. La labor de dos investigadores clave en toda esta historia refuerza la teoría: Carlos de Napoli y Martin Johnson,
Otto Ambros, inventor del gas sarín y miembro del consejo de Grünenthal.
 un argentino y un británico respectivamente, hicieron importantes hallazgos para arrojar algo de luz al respecto.

De Napoli, autor del libro ‘Los laboratorios de Hitler’, incluso ha desvelado un memorando en el que se indicaba que el medicamento maldito estaba listo para su uso. El documento estaba rubricado en 1944 por un ejecutivo de la farmacéutica alemana IG Farben y se dirigía al médico personal de Hitler.

Esta es la prueba, para De Napoli, de que la talidomida se desarrollase mucho antes de la fecha en la que se oficialmente se patentó, y que había sido probado en los campos de concentración. Sobre este asunto, Johnson no se anduvo por las ramas al lanzar una acusación clave: para él, esta investigación robustecía la hipótesis fundada de que la talidomida fuese “el último crimen de los nazis”.




Plegados ante los delirios
asesinos de Hitler
Y si es de nazis de lo que se habla, el origen de Grünenthal está plagado de fieles al asesino del bigote. Sin ir más lejos, el propio fundador de la compañía, Hermann Wirtz, quien, como también su hermano Alfred, era miembro activo del partido de Hitler.

Y, claro, obtuvo su recompensa: “[Wirtz] aumentó significativamente su poderío económico gracias a las expropiaciones ilegales llevadas a cabo por el gobierno alemán a los judíos, 
Hermann Wirtz, el fundador de la compañía alemana.
y a la mano de obra gratuita que el partido le proporcionaba para sus fábricas de jabones y detergentes, que venían de los campos de concentración y que explotaba hasta la extenuación”, reza en el informe de Basterrechea.

“Como su presidente era nazi, era lógico que antes o después otros antiguos nazis prominentes serían reclutados por Grünenthal tras su establecimiento en los años inmediatos de la posguerra”, añade sobre el primer líder de la farmacéutica. Información similar publicó Roger Williams en el prestigioso semanario estadounidense ‘Newsweek’: “La empresa se benefició del programa ‘arianización’ (usurpación de compañías judías) de Hitler”.

Otro gran nombre del nazismo que dejó su impronta tanto en los desalmados campos de concentración como en Grünenthal fue Otto Ambros. Según la Internacional Contergan Thalidomide Alliance (ICTA, colectivo internacional que agrupa a afectados por el fármaco), Ambros (inventor del gas sarín) fue fichado como miembro del consejo mayor de la compañía de Wirtz poco después de salir de prisión tras ser condenado en Nuremberg ocho años como responsable de la explotación de esclavos judíos. Por si fuera poco, Ambros fue directivo de IG Farben,
Heinrich Mückter, jefe de investigación de la talidomida y reputado nazi. 
el conglomerado petroquímico nazi cuya escisión se dividió en compañías como Bayer (sí, fatídico origen de la casa de la Aspirina), BASF u Hoechst, entre otras.

Mención especial honorífica se merece Heinrich Mückter, médico militar y jefe de la investigación que dio lugar a la talidomida para Grünenthal, donde ejerció el cargo de director de investigación científica y química. En su haber, este reputado nazi ostentó la dirección adjunta del Instituto para el Tifus y la Investigación de Virus del Mando Superior del ejército alemán en Cracovia. Lo de ponerle mayúsculas al nombre del ente es por respetar a la Ortografía de la Real Academia, porque no se las merece: los esclavos en el campo cracoviano comían piojos que portaban tifus y con ellos se probaron vacunas y otros experimentos nazis.

La lista de eminentes nazis que acabaron acomodándose en las filas de la fábrica de la talidomida está engrosada por otros ‘piezas’. Ernest-Gunter Schenck fue un médico de las SS que experimentó en el campo de concentración de Mauthausen-Gusen. La ciencia no le echó nunca de menos.
Ernest Gunter Schenck, médico de las SS que experimentó en campos de concentración nazis. 
 Ni a él ni a su vergonzoso invento de una salchicha fabricaba con basura que provocó muertos. Alguien tan acérrimo al ‘führer’ no podía estar lejos de él, así que fue su médico del búnker. Los soviéticos le hicieron prisionero de guerra durante 10 años y nada más volver a su ansiada Alemania fichó para pruebas farmacéuticas de Grünenthal; su currículo lo avalaba.

El investigador Stephan Nuding cita otro nombre más: Martin Staemmler, uno de los cabecillas de Grünenthal en pleno apogeo de la talidomida. Nuding asegura que Staemmler defendió con vehemencia el programa de higiene racial. De hecho fue uno de los miembros fundadores de la Liga de Médicos Alemanes Nacionalsocialistas.

Y un nombre más: Heinz Baumkotter. Médico de varios campos de concentración, también fue prisionero soviético y tras regresar, acabó en Grünenthal. Paradójicamente, y según reza en el informe ‘Esbozos de la historia de la segunda parte del genocidio de la Alemania nazi’, un nieto suyo es uno de los afectados por la talidomida.



Sin respeto hacia los afectados “Quien nunca ha respetado al ser humano, no comprende la importancia de testar un producto antes de sacarlo al mercado para evitar cualquier tipo de mal”. El vicepresidente de los afectados españoles se refiere al fundador de Grünenthal,
Martin Staemmler, uno de los cabecillas de la compañía en pleno apogeo de la talidomida. 
pero su declaración se extendería sobre todos aquellos involucrados en el drama del fatídico fármaco. “Durante todo lo ocurrido con la talidomida, incluso durante el proceso judicial de Alemania, sobornaron, amenazaron, manipularon y todo un largo etcétera de iniquidades con tal de quedar impunes, ante todo y por encima de todo”, apunta Basterrechea.

El turbio pasado de los jefes de la fábrica del sufrimiento de los afectados de la talidomida habla por sí solo. Y eso que no hay precisamente un portal de transparencia para continuar investigando la historia y los orígenes del fatídico invento. Sus consecuencias siguen vivas, en cada minuto de las vidas de estas personas y en cada resquicio de los recuerdos de las familias que sufrieron por culpa de los que hoy tienen el valor de llamarse ‘líderes en dolor’.