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30/08/2015 n252
DIRECTOR CIENTÍFICO DEL IDIPAZ

Se describe como un “científico que no encaja con el fenotipo” y reconoce que de ligar más en Madrid “sería por ser cubano antes que investigador”. Eduardo López Collazo, director del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Universitario La Paz (IdiPaz) asegura en una entrevista con ‘Revista Médica’ que “descubrir la gran mentira de la dictadura castrista” fue uno de los momentos que marcó su juventud. Es un apasionado de la cocina y asegura tener platos que no puede repetir porque “ha sido un experimento sobre la marcha y no sé cómo volverlos a hacer”.

Cristina Mouriño
Imagen: Cristina Cebrián
¿Cómo recuerda su infancia?
Soy de un pueblo pequeño que se llama Jovellanos. Es el único pueblo en Cuba que tiene nombre de escritor y, en este caso, un escritor español, asturiano. Tuve una infancia llena de sueños. Sueños como irme a una gran capital, estudiar y hacer ciencia, responder preguntas, visitar Europa, conocer Egipto. Poco a poco esos sueños, por suerte, se han ido haciendo realidad.

¿Egipto por algún motivo particular?
Porque todo niño que quiera ser científico siempre soñó con descubrir una tumba en Egipto.



¿Tiene algún momento de su juventud que le marcara?
De mi juventud hay muchas cosas que me marcaron: muchas novelas que leí, importantes para mí; me marcó la entrada a la universidad que fue como abrirme a un mundo intelectual, también irme a La Habana, una capital tan cultural como esta, y descubrir mi vocación científica. Pero sobre todo, descubrir la gran mentira que era la dictadura cubana. Fue una decepción enorme y es una de las marcas que más recuerdo de mi juventud.

¿Recuerda alguna anécdota de sus años de la facultad?
Fueron unos años preciosos y de descubrimientos. Descubrí las matemáticas y la física, que fueron mi primera vocación y lo primero que estudié. Después hice Inmunología. Pero también descubrí que me encantaba el arte, el teatro, el ballet y la ópera. Fue como enfrentarme al conocimiento. Descubrí el conocimiento en general.

Menciona que fue una época de descubrimientos, ¿también descubrió el amor en aquella época?
No, lo descubrí un poco antes.

Eduardo López Collazo, ordenando su biblioteca de casa. 


¿Cuándo y por qué decidió venir a España?
Es una pregunta interesante porque realmente yo no decidí venirme a España. Fue una cosa coyuntural. Viviendo una dictadura uno no decide mucho lo que se puede hacer en el futuro. Lo que pasó es que yo ya me había graduado y trabajaba en un centro de investigaciones. Mi grupo de trabajo en este centro tuvo un proyecto de investigación con el CSIC aquí en España y la Universidad Complutense. En aquel momento era junior y, por tanto, no era el becario adecuado para venir a esta estancia que comprometía ese proyecto. Sin embargo, la persona  que iba a venir  no era todo lo fiable posible para la seguridad y el gobierno cubano. Yo tampoco era fiable para ellos, pero era el único que quedaba disponible.  Incluso me hicieron una trastada porque me dieron un visado muy extraño que no me permitía después estar más tiempo aquí. España me acogió con los brazos abiertos, resolvió todos los problemas que podía tener en ese sentido y por eso me quedé aquí.

Mencionaba “la gran mentira de la dictadura”, ¿cómo ve el desbloqueo de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba? ¿Ve la posibilidad de continuar investigando allí?
Es evidente que es una medida que se tomó para lograr algo que durante más de medio siglo no funciona. Es una medida mala. Aplaudo que Obama haya hecho esto porque simplemente la medida no funcionaba. Sé que hay muchas voces discordantes porque se piensa que con esta nueva situación no se ha llegado a ninguna evolución en democracia allí. Yo pienso de otra manera. Pienso en el cubano que está allí, en el que tiene necesidades diarias. Es muy fácil hablar desde aquí, con aire acondicionado, con agua, con comida, etcétera. Esto allí no lo tienen. Cualquier medida que pueda favorecer el día a día del cubano que esté en Cuba es bienvenida.

En cuanto a regresar allí, regresar a mi país, creo que ya regresé. Me fui a Alemania, a Estados Unidos y regresé a investigar aquí, que es también mi país. Lo de regresar a mi país de origen, que es Cuba, no lo veo.

Si tuviera delante a los Castro, ¿qué les diría?
La lista es enorme y no sé por dónde empezaría. Creo que una conversación y un diálogo es eso. Es decir y escuchar, y tratar de llegar a un punto intermedio o en común. Y con esos dos hermanos no se puede dialogar.
La ‘otra España’ de la movida madrileña y las películas de Almodóvar
A su llegada a nuestro país, el director científico del IdiPaz descubrió otra España, distinta a la que había concebido que era lo que había leído de los Reyes Católicos, lo que había estudiado de historia, la literatura clásica y la Generación del 27, que le fascinaba; pero “no conocía lo que había pasado en la movida madrileña, no conocía todas las películas de Almodóvar, ni conocía ese placer que tiene el español por los pequeños detalles, por degustar el día a día. Fue descubrir que este iba a ser mi país”.

Su trayectoria ha estado ligada a la investigación del cáncer, principalmente. ¿Ha sufrido algún caso de cerca?
Es cierto que mucho de mi trabajo ha sido sobre cáncer, aunque también se me conoce bastante por el hecho de trabajar en sepsis e infecciones. Hice algunas aportaciones interesantes en cáncer en el pasado y en breve tendré otras porque estamos muy interesados en ese tema.

Sí y no a la pregunta sobre si he sufrido un caso cerca. Mi madre sufrió un cáncer, pero fue una superviviente. Se murió después desafortunadamente, pero de ictus. Y tuve un gran amigo que murió. Sin embargo, mi interés y mi vocación por trabajar en cáncer viene por la pregunta intelectual de por qué el sistema de defensa a veces nos deja indefensos frente a los tumores. Evidentemente, esto tiene una carga emocional y social muy importante.

También ha trabajado en el campo de las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), ¿percibe que se ha bajado la guardia ante el VIH?
Definitivamente, sí. Se ha bajado la guardia frente al VIH. Creo que esta situación tiene dos vertientes. Por una parte, el VIH no tiene, hoy por hoy, cara. No tiene la cara que tenía en los años 80-90. La persona que es VIH positivo y está en tratamiento no tiene esa marca física que se veía en esos años. Por lo tanto, las nuevas generaciones no ven el peligro de esta pandemia. Es un virus que puede matar. Afortunadamente, las terapias ahora mismo funcionan para frenar la evolución a sida, pero no se ha curado. Es muy importante destacar que en los últimos años se ha bajado mucho la guardia de las instituciones.

Su orientación sexual, ¿le ha supuesto algún ‘impedimento’ en su entorno profesional?
Debo decir que no. Explícitamente no. Estoy siempre muy alerta con la homofobia, porque realmente la homosexualidad no es una enfermedad, pero la homofobia sí lo es. Estoy muy atento a los pequeños detalles porque hay homofobia en el lenguaje, en las palabras. Hay homofobia incluso en los silencios. Tampoco me ha favorecido ser homosexual, pero no ha sido ningún impedimento y el día que lo sea se enterará mucha gente.



¿Cómo se lleva eso de ser el ‘padre’ de casi mil investigadores? ¿Su cargo al frente del IdiPaz, le deja tiempo para hobbies, familia y amigos?
Ahora mismo somos más de mil investigadores en el IdiPaz. Es el mayor instituto de investigación de Madrid y estamos entre los tres primeros de España. Es una responsabilidad enorme que tiene muchas satisfacciones pero también muchas noches de desvelo. Es muy interesante llevar la estrategia científica de todo el IdiPaz. No controlo el experimento puntual de cada uno de nuestros investigadoras, pero sí la estrategia general. Es un trabajo precioso, porque es tratar de llevar tus ideas de cómo se tiene que hacer ciencia. Es muy difícil porque además lo compatibilizo con mi vida como científico. No he dejado mi grupo de investigación. Es algo que quita un poco el sueño, no son ocho horas diarias, son muchas más y muchos fines de semana.

También es cierto que aunque no sé cómo lo hago sí dedico un tiempo a mis hobbies, a mis aficiones, a mi pareja, a mi familia y a mis amigos, porque si no dejaría de ser yo. Tengo que hacer ejercicio todos los días, voy todos los fines de semana al cine, a la ópera o al ballet. Escribo, además, profesionalmente para dos revistas haciendo crítica de danza y de cine. Esas cosas no las puedo dejar porque dejaría de ser yo y por lo tanto no tendría fuerza para dirigir el IdiPaz.

¿Liga más en Madrid por ser científico o por ser cubano?
Por ser científico evidentemente no. Todo parece indicar que lo que se tiene en la mente de cómo es el fenotipo del científico yo no lo tengo. En cuanto a por ser cubano, no he perdido el acento ni pienso perderlo. Si ligase más sería por cubano, pero lo cierto es que ya no recuerdo ni cómo es ligar.

López Collazo, cocinando, una de sus grandes pasiones. 


Se declara amante de la cocina. ¿Qué plato cocinaría para Rajoy, Sánchez e Iglesias?
Para mí, la cocina es una pasión. Un plato no es un plato, es un experimento. Es física, química y biología, además con gusto al final; con el placer de que alguien lo pruebe por ti. Tengo muchos platos que a veces no puedo repetir porque ha sido un experimento sobre la marcha y no sé cómo volverlos a hacer.
¿Qué cocinaría a estos tres políticos? Estoy seguro que si alguna vez me dan la oportunidad de invitarlos a casa, les haría mi arroz con pollo, que lo hago de una manera muy especial. Es probable que después de este plato y un par de mojitos se puedan poner de acuerdo, lo cual sería muy bueno para este país.

Escribe un blog, pero es curioso que no sea de contenido científico. ¿Supone una forma de escapar a la rutina diaria?
Creo que es por ser yo mismo. Por ejemplo, en el Renacimiento nadie se cuestionaba si se podía pintar y además hacer alquimia que eran los principios de la Química. Creo que el siglo XX creó estancos. Pero el siglo XXI tiene que volver a la armonía del Renacimiento, de que todo el conocimiento es uno y no hacer compartimentos. Para mí, el día a día es hablar lo mismo de ciencia con mis becarios, como hablar con ellos mismos de una ópera o de una obra de teatro. Eso es lo que hago en el blog. Tiene una historia muy graciosa. Lo empecé a escribir hace 20 años, cuando no había blogs. Eran emails generales que les mandaba a mis amigos, que siguen siendo enviados los viernes a mis amigos pero que además pongo en la blogosfera. Es un blog para amigos. Hablo de lo que he visto y lo que he sentido. Trato de darle un toque literario porque me gusta mucho escribir para que se den cuenta, sin decirlo, de cuál es mi estado de ánimo. Es mi vida, no es que trate de huir de una rutina.

¿Dónde se ve en el futuro? ¿Es posible el salto a algún organismo estatal?
Mi futuro quisiera seguir viéndolo en España. Pero España tiene que dejar de ser ese país hermoso que es donde hay que dar las gracias por trabajar, y a veces hay que hacerlo hasta gratis. Si eso se logra quitar del gobierno de todas las instituciones, me veo en España para siempre. En el IdiPaz, ojalá. Me encantaría porque, de alguna manera, he contribuido a construirlo. Llegar a la Dirección del IdiPaz no fue un propósito, ha surgido. Para mí, es intentar poner en práctica lo que yo pienso que debe ser un instituto de investigación de este rango, ponerlo a velocidad de crucero.

¿Qué otras profesiones barajaste antes?
He dejado por el camino ser escritor, que me fascina. He dejado también ser cineasta o ser bailarín. Bailo, pero no profesionalmente. Lo mantengo como hobbie. Hago mucha fotografía, leo mucho y escribo todo lo que puedo.
Coleccionista de ediciones de ‘El principito’
López Collazo es coleccionista de libros en diversos idiomas de ‘El principito’, la emblemática obra del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry. El director científico del Idipaz asegura que desde que difundió esta afición a través de las redes sociales, no han dejado de llegarle nuevos ejemplares, en lenguas que a veces desconoce y de remitentes que no forman parte de su red de contactos. Hasta el momento, cuenta en su singular colección con 76 ediciones.

El Ayuntamiento de Madrid ha acordado dedicar una plaza de la ciudad a la memoria de Pedro Zerolo, ¿qué le parece?
Me acuerdo perfectamente cuando conocí a Pedro. Fue en un evento que había en Bellas Artes y recuerdo las palabras que le dije: le di las gracias. Le di las gracias porque en este momento ser homosexual es ‘cool’, es ‘in’. Está de moda, ponga un gay en su mesa y será gracioso. Pero cuando ese señor salió no lo era, así que yo le agradezco muchísimo todo lo que hizo, todo lo que influyó en la política para que se reconociera el matrimonio igualitario, entre otras muchas cosas. Veo con muy buenos ojos que se haya aprobado que la antigua Plaza Vázquez de Mella pase a ser Plaza Pedro Zerolo porque, además, Chueca es un sitio emblemático.

Ha vivido en Chueca pero se ha mudado recientemente, ¿por qué ha dejado el barrio?
Efectivamente, viví hasta hace poco en Chueca. Creo que es un sitio excepcional donde caben todas las diferencias. Es un sitio muy agradable donde viví durante 15 años y de donde me he ido eventualmente, solo un par de calles más lejos. Pero estoy seguro de que volveré.