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23/08/2015 n251
Hincha del Espanyol y coleccionista de figuras de películas de terror, Rafael Borrás (Rafa, como a él gusta que le llamen) vive entre Madrid (en hotel) y Barcelona (junto con su familia) desde que es director de Relaciones Institucionales y Comunicación de Teva. Ha crecido relacionado con la botica, incluso en su más tierna infancia, y ha tenido el privilegio de ver todos los prismas del negocio farmacéutico. Asegura que confía en los políticos con los que le toca negociar continuamente, pero reconoce que si Batman fuera ministro de Sanidad, se entendería a veces mejor con él.
Eduardo Ortega Socorro
Imagen: Cristina Cebrián


Usted es un fiel creyente y potenciador del 2.0 en el sector farmacéutico. ¿Cree que la cultura de las redes sociales se está logrando extender en el sector?
Poco a poco se está logrando, pero el problema es el temor. Aquí hay varias cuestiones. Para empezar, usar los medios 2.0 como fórmula de comunicación unidireccional como hacen algunos laboratorios es un error. Para eso tienes una web. Las redes sociales son interacción y tienen que estar todos en el mismo plano.

Tuitero confeso, ¿por qué cree que todavía hay rechazo por parte de los profesionales del universo farmacéutico a estar en redes sociales, por la imagen que hay del sector?
Sí, y creo que con algunas de las iniciativas como las que hemos puesto en marcha desde Teva para fomentar la comunicación 2.0 entre farmacéuticos vamos a cambiar esta situación. Todos sabemos que la vida actual ha cambiado. Si no estás en la Red, te vas a perder muchas cosas.

Entrando en la arena del sus aficiones más singulares… ¿Cuál es su cómic favorito?
‘The Walking Dead’, sin lugar a duda. Lo que más me llama la atención es la relación entre los personajes. Al final, los zombis no son importantes, aprenden a vivir con ellos. Es en esta situación extrema cuando las relaciones humanas se dejan ver en su máximo esplendor, y es lo que de verdad me apasiona de la obra. La serie de televisión es correcta, pero el cómic es genial. Le aconsejo a cualquiera que acceda a él.

Aparte de Robert Kirkman, guionista del cómic, ¿qué otros autores ‘comiqueros’ sigue?
Me gusta mucho Frank Miller, creador de ‘Sin City’. Me gustaría que su Batman fuera ministro de Sanidad. Nos hemos entendido con todos, pero creo que con el Batman de Frank Miller nos entenderíamos muy bien (sonríe).


Usted trabaja en el ‘lobby’ farmacéutico, en una compañía que pertenece al llamado ‘lobby’ judío (Teva es de origen israelí), y además es catalán. ¿Siente alguna preferencia por los ‘lobbies’, por casualidad?
No, no, juro que todo es casualidad (risas). Me enorgullezco de estar en Teva, y en Teva nos enorgullecemos de nuestros orígenes. De ser catalán también me enorgullezco. Ahora hay una situación compleja en Cataluña, cada uno tiene su opinión, y ya veremos qué pasa.

¿Cuál es su opinión respecto al proceso que se está viviendo en la región que le vio nacer?
Bueno, yo estoy bien con España. Estoy muy orgulloso de ser catalán, pero también me siento español. Creo que no hay ningún tipo de barrera y que nos tenemos que sentir orgullosos de nuestra multiculturalidad, y me siento cómodo con la doble dualidad que vivimos allí.

¿Cómo valora la visión de la actividad de ‘lobby’ en España?
Lo importante es que los políticos y demás ‘stakeholders’ (actores decisores) conozcan lo que los sectores hacen. Al final, son los que mueven la economía, los que mueven la salud, los que mueven el empleo… El hecho de que expliques a qué te dedicas e intentes buscar marcos en los que todos ganemos es interesante, positivo y nadie se tiene que esconder por ello. Lo que encuentro negativo es buscar influencia a través de prácticas irregulares.

Una figura de Batman de la colección de Rafael Borrás. 



¿Cómo compagina lo de vivir a caballo entre Madrid (por el trabajo) y Cataluña (por la familia)?
Normalmente paso tres noches de la semana fuera de casa, en un hotel de Madrid, y duermo otras cuatro en ella, en Cataluña, donde está toda mi familia. A partir de ahí, intento llevarlo lo mejor posible, con la ayuda del Skype y del teléfono, claro. Es muy importante la calidad de tiempo en esta situación. Cuando estoy con mis hijos, intento aprovecharlo a tope.

Entre sus aficiones se cuenta el coleccionismo de figuras.
Sí, de soldaditos de plomo y también de figuras de terror. Esta, en particular, es una de mis pasiones. Una vez en Francia vi una, la primera que tuve, que era de ‘Chucky’ en pequeño, y a partir de ahí los he ido coleccionando. También tengo algunas relacionadas con ‘Halloween’, ‘La matanza de Texas’, ‘Elm Street’, ‘Carrie’… Tengo una colección muy extensa.

También hace sus pinitos como DJ de música electrónica
Me gusta de toda la vida, desde los tiempos del ‘acid house’. Monto música electrónica cogiendo bases de diferentes canciones y en estilos, mi referente es Armin Van Buuren.

Además, una de sus mayores pasiones es el fútbol, particularmente el Espanyol.
Estoy orgulloso de ser del Espanyol, pero serlo en Cataluña es muy complicado. Hay un pensamiento único a favor del Barcelona que relega al Espanyol a un segundo lugar. Pero esa es una de las virtudes que tenemos los pericos. ‘No surrender’. Estar ahí siempre y nunca rendirse. Cuando voy al campo y veo a la afición perica, me encanta. Somos gente que hemos aprendido a sufrir. Lo fácil es ser de los que ganan, pero serlo de los que siempre están ahí… Eso sí que tiene mérito.

¿Cuál es su recuerdo más vivido con el Espanyol?
Tengo varios. Es que me ha tocado ‘el tema’ … Solo me han caído las lágrimas en una ocasión, con un gol de Coro en el minuto 83, que nos permitía no bajar a Segunda División. Luego están las finales que hemos ganado: la de Valencia, la de Zaragoza… También estuve en la final de la Copa de la UEFA, en Glasgow, contra el Sevilla, que perdimos en los penaltis. Pero aunque el resultado fuera el mismo, volvería a ir. Los aficionados del Espanyol somos muy raros.

Además de perico, es usted farmacéutico. ¿Cómo le picó la hormiguilla de la farmacia?
A tráves de la familia. Mi padre, que en paz descanse, era farmacéutico y mi madre también. Yo viví gran parte de mi juventud en la rebotica y eso me empezó a estimular. De hecho, encuentro fascinante al propio medicamento, y he tenido la suerte de vivirlo desde varios puntos de vista y prismas profesionales. Eso te da una visión global de toda la situación.

¿Cuál ha sido su formación?
En la Facultad de Farmacia de Universidad de Barcelona, pero lo cierto es que hice más formación cuando acabé la carrera que en la propia facultad. Me empecé a especializar, particularmente en Farmacoeconomía y Farmacología. Luego, tuve mucha relación con la propia cátedra de Farmacoeconomía, y acabé, poco a poco, como profesor asociado de la unidad de Farmacia Clínica y Farmacoterapia. También seguí haciendo másteres y cursos.
Pharmakon, el héroe de la botica
En 2012, Borrás logró fusionar dos de sus grandes pasiones con la publicación ‘Pharmakon’, una novela gráfica que narra la aventuras de un farmacéutico que anda detrás de una fórmula magistral revolucionaria. “Todos tenemos nuestra parte friki. Plasmar el mundo de la farmacia en un cómic me apetecía mucho, y con la ayuda del dibujante Marc Roca, pudimos hacer este cómic de 216 páginas, en el que se ven muchas de las cosas que hace un farmacéutico en su botica. Es una aventura muy interesante, con muchos homenajes a muchas situaciones asistenciales”. No cabe duda de que, ante la oleada de películas ‘made in Hollywood’, hay que plantearse potenciales actores que vayan a interpretar al protagonista de las viñetas de Pharmakon. ¿Por quién apuesta Borrás? “Pues… Alguno de los relacionados con Batman, que es mi superhéroe favorito. Christian Bale o incluso Ben Affleck, cualquiera de los dos vale”.

Hablamos de finales del siglo XX, y por entonces la Farmacoeconomía era una disciplina que daba sus primeros pasos en España. ¿Cómo valora su situación ahora?
Es una gran ignorada y tenemos un problema importante para que deje de serlo: el corto plazo, que es el que al final marca la agenda política y de todos los ‘stakeholders’. Al final, nos faltan buenos estudios farmacoeconómicos que nos demuestren la auténtica situación del gasto en medicamentos en España, y que prueben lo que se podría ahorrar con otras medidas más allá de la propia bajada lineal del precio de los fármacos, que tiene un impacto inicial pero que no es positiva a largo plazo. Creo que hace falta más farmacoeconomía en los planes formativos de Farmacia.

Usted ha tenido presencia en los órganos profesionales del sector de la farmacia. ¿Cómo comenzó su camino en el mundo de los colegios?
Me surgió la oportunidad justo cuando acabé la carrera. Joan Durán, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona, me propuso formar parte de su candidatura, e incluso tuvimos que hacer cuentas para ver si llevaba ya un año colegiado para poder hacerlo. Allí empecé a dedicarme a temas asistenciales, sobre todo relacionados con la cartera de servicios. Estamos hablando de los inicios de estos asuntos, de cuando si hacías sistemas personalizados de dosificación (SPD) la consejería de Salud te hacía una inspección y te negaba que pudieras reacondicionar los medicamentos. Y ahora es una práctica muy extendida que mejora la adherencia de los pacientes. Eran momentos en los que hablar de estas cuestiones o de nuevos modelos retributivos no era lo normal, mientras que ahora es mucho más conocido.

Sin embargo, pocos pasos se han dado adelante en estas materias sobre el papel.
Bueno, sí se han dado, pero el propio sector y el modelo farmacéutico necesitan una remodelación profunda en este sentido. Estamos hablando de servicios que han de ser remunerados, en los que el farmacéutico va prestar un valor añadido a la sociedad, y la sociedad lo ha de visualizar de esa forma.

Borrás, en un momento de la entrevista. 



Después pasó a trabajar en Antares, en el ámbito de la consultoría.
Fue otra oportunidad. El mundo de la consultoría te da una visión muy amplia de una situación y trabajas con todo tipo de compañías, de actores… Esto me enriqueció. Fue una buena etapa, aunque también dura. Pude hacer muchos estudios y análisis que, en el fondo, me han ayudado. Al fin y al cabo, lo que somos es lo que vamos poniendo en la mochila.

Luego me propusieron venir a Teva, y fue una sorpresa cuando lo hicieron. Todo fue muy rápido, pero estoy contento con la decisión que tomé hace dos años. Y llevo detrás la experiencia de haber trabajado tanto con el sector como con las administraciónes, de haber podido disfrutar de una visión global de la industria gracias a mi trabajo en la consultoría y conocer la farmacia ‘in vivo’, y no ‘in vitro’.

¿Qué queda de la farmacia tradicional en la industria del medicamento?
Sobre todo, la esencia, y el hecho de que la farmacia está en la propia industria. La base sigue siendo investigar y elaborar medicamentos para situaciones de salud. ¿Negocio? No es una mala palabra. No creo que haya mucha gente en el mundo que se dedique a algo altruistamente si no tiene la vida resuelta. Al final, todo ha de tener una recompensa económica. Pero hay que hacer las cosas honestamente.

Sin embargo, siempre critico que la visión que se tiene de la industria no es justa con ella, ni con el propio medicamento y el valor social que aporta. Es una visión muy distorsionada, en la que se le ve como un gran ‘lobby’, una serie de elementos que hemos de ir cambiando.

¿Cuál es el origen de esa imagen tan negativa?
Es multifactorial. Las cosas se pueden ver desde diferentes primas. Cuando alguien está contento con algo, lo dice a volumen cinco, pero si está a disgusto, lo grita a volumen 20. Las voces críticas con la industria han contado con un altavoz mucho mayor que las acciones con las que los laboratorios ayudan a las personas cada día. Entiendo que hay casos negativos que han afectado al sector, pero hay que recordar que todos los días muchas personas se levantan, se toman su pastillita y gracias a ella siguen funcionando y mantienen una buena calidad de vida. Eso hay que apreciarlo y dotarlo de valor.



Pero luego también están los problemas internos dentro del sector. Está el ejemplo de las subastas de Andalucía, que han llevado a una ‘ruptura’ entre las compañías de genéricos. Una de sus primeras decisiones en Teva fue que el laboratorio se declarara públicamente contra esta medida. ¿Qué motivó esta decisión?
El problema es conceptual. Creemos que hay situaciones que pueden ser más beneficiosas para la Administración, la industria y los pacientes que otras. Y las subastas de Andalucía tienen una serie de carencias. Son una estrategia que no es necesaria cuando podemos plantear otras situaciones en las que todos los actores podemos participar. Además, el impacto económico y las complicaciones que generan ya están siendo comprobados por el sector, se diga públicamente o no.

El problema está cuando todo se traslada al plano político exclusivamente. Ahí toda la racionalidad desaparece y acaba siendo un tema de poderes. Ahí no queremos entrar.

Sin embargo, el proyecto de real decreto de precios y financiación incluye los precios seleccionados. ¿Hay diferencia con las subastas andaluzas?
El precio seleccionado da la opción a que entre más gente, no es la adjudicación a una única compañía en una determinada molécula. Tiene otra connotación.
‘Farmaperico’, formulando en blanquiazul
Borrás, apasionado del Espanyol, considera que el mejor patrimonio del equipo catalán es su afición, acostumbrada a los sinsabores del fútbol. Pero no es el único boticario aficionado al club. De hecho, es miembro de la única peña farmacéutica del fútbol nacional: Farmapericos. Esta agrupación nació en 2012 y entre sus miembros se encuentra, además de Borrás, Jesús Gómez, presidente de la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria (Sefac). Nacida a través de las redes sociales, su principal lema es: “Formulamos en blanquiazul, polimedicados por el RCD Espanyol”.

¿Cree más o menos en los políticos desde que está en Teva?
Creo sobre todo en las personas. En el político he de creer. Primero, porque es mi interlocutor y es parte de mi trabajo. Segundo, porque el político está al servicio de los ciudadanos. Los vemos como unas figuras alejadas, pero no debemos olvidar que son unos representantes que han de llevar adelante aquello que han propuesto y con lo que se han comprometido.

¿Con qué representante político se ha sentido más cómodo?
No le puedo dar ningún nombre en particular (risas), pero puedo decir que con la mayoría. La clave está en poner encima de la mesa cosas que puedas demostrar, que estén justificadas y que puedas razonar, como la aportación a nivel laboral o las virtudes del producto. Luego está la cuestión relacional, y yo soy una persona que va de cara. Y esto a veces resulta malo, porque al final en muchas ocasiones te la dan, pero la mayoría de las veces es mucho más eficiente. Siempre encuentras puntos en común para poder interactuar, algo que he tenido también con responsables de la sanidad andaluza.