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16/08/2015 n250

Jesús Vicioso Hoyo

Ingresar en un hospital es una situación más que complicada. La persona convertida en paciente muchas veces siente una indefensión directamente relacionada con la incertidumbre y con un panorama repleto de incógnitas. Tanto ellos como sus familias y hasta sus profesionales buscan esperanza para afrontar episodios delicados. Y he aquí donde juega un papel esencial las creencias de cada uno de los implicados en este proceso. La fe está en la calle, por lo que no podía faltar dentro del hospital. Y como afuera, cada vez hay más religiones entre las paredes sanitarias.
Para quienes tienen fe, la religión está ahí para cuando no hay suficientes respuestas, o cuando las fuerzas flaquean, o cuando las cosas no salen como se esperaban. Confiar en que no todo está controlado ‘aquí abajo’ es una de las razones por las que, en momentos tan delicados, se necesita un apoyo específico que no puede ser dado por cualquiera. Y no es una tarea baladí. Es sobre todo un derecho esencial, de manera que los hospitales públicos tienen que dar respuesta a esta necesidad, patente incluso para quienes no creen. Es una obligación para todas las administraciones, ya que España, al ser un Estado aconfesional tiene acuerdos al respecto.

“La prestación de asistencia espiritual a los pacientes internados en centros sanitarios entronca, directamente, con su derecho a la protección de la salud y a la atención sanitaria que establece la Constitución”, explica a ‘Revista Médica’ Óscar Salguero Montaño, del Área de Investigación, Desarrollo e Incidencia de la Fundación Pluralismo y Convivencia, ente creado a propuesta del Ministerio de Justicia para, entre otros fines, “ser un espacio de investigación, debate y puesta en marcha de las políticas públicas en materia de libertad religiosa y de conciencia”.

Salguero apunta que la legislación normativa recoge distintas fórmulas en función del estatus jurídico de cada confesión. “Por ello, habría que distinguir tres ámbitos en este sentido: uno, el de la Iglesia Católica; otro, el de las confesiones que tienen suscrito acuerdos de cooperación con el Estado (evangélicos, judíos y musulmanes); y tercero, el de las otras confesiones”.


Los 850 ministros de la Iglesia Católica

Al ser la religión mayoritaria, el catolicismo es la fe con más presencia en los hospitales públicos españoles. De hecho, el derecho a la asistencia católica en los centros sanitarios públicos viene recogido explícitamente en los Acuerdos de España con la Santa Sede en 1979 (que renovaron el conocido como Concordato de mediados de siglo). Así que, en principio, en todos los hospitales hay al menos un capellán para atender a los pacientes, familiares y profesionales sanitarios, prestándoles asistencia religiosa, aunque no solo esta, y no solo a los que creen.

Jesús Martínez, director del Departamento Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Española. 

“El Estado, dentro de esos acuerdos, da la posibilidad de que si alguien que no es católico requiere del servicio religioso católico hospitalario, éste tiene la obligación de asistir, acompañar u orientar a las personas que lo necesiten, sean o no católicas”, detalla Jesús Martínez Carracedo, director del Departamento de Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Española (CEE).

Dependiendo de las características del centro sanitario, se pueden encontrar más o menos ministros de la fe católica. En los hospitales de menos de 100 camas hay un capellán a tiempo parcial; con más de 100, uno a tiempo completo; con 250, dos a tiempo completo; con 500, tres, y más de 850, como mínimo cuatro. Eso sí, no necesariamente tienen que ser sacerdotes. Los acuerdos Iglesia-Estado recogen que quienes estén al cargo han de ser bien capellanes o bien ‘personas idóneas’, es decir, diáconos e incluso seglares, con el visto bueno del obispado de cada diócesis. En total, hay unos 850 responsables del servicio católico repartidos por todo el territorio nacional.


De las capillas a ‘salas multiconfesionales’

Entrada a la capilla de un hospital andaluz.

Todo es mejorable, en todos los aspectos, también en el papel de la fe en los centros sanitarios. De ahí que el director general de Asuntos Religiosos de Cataluña haga su propuesta: “Hay que avanzar en la previsión de salas multiconfesionales, en la oferta de menús respetuosos con las distintas orientaciones religiosas tanto en los hospitales como en los restaurantes de los hospitales, en los protocolos ante peticiones relativas a prácticas rituales de nacimiento y defunción, etcétera”, apunta Vendrell i Aubach.

Precisamente sobre las salas multiconfesionales, Óscar Salguero resume cómo han llegado hasta los centros. “Los espacios confesionales de los hospitales suelen estar hoy día abiertos a las distintas confesiones, apostándose cada vez más desde las instituciones por la pluriconfesionalidad, tanto en lo relativo a la simbología existente, como a sus usos, sobre todo en los hospitales con mejores y más amplias instalaciones y de más reciente construcción”. En estos espacios, un capellán protestante, un imam o un rabino podrían, como sus colegas católicos, además de celebrar los oficios ordinarios, también oficiar otro tipo de ritos como el matrimonio, el bautismo o los servicios funerarios, además de la celebración de las festividades propias.

Jesús Martínez, de la Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Española, apunta a que en los nuevos hospitales se están haciendo dos tipos de espacios: uno destinado a las salas multiconfesionales y otro para la capilla, ya que la simbología religiosa católica y sobre todo la presencia del Sagrario, donde pueden ir a rezar cuando quieran los fieles, suele requerir de un lugar propio. “Aunque donde hay solo una capilla y miembros de otra confesión han solicitado su uso, nunca se ha puesto objeciones”, indica.
Más allá del acompañamiento
Martínez Carracedo apunta que desde estos servicios no solo se ofrece visitar a los enfermos, acompañamiento a familiares y allegados u oficiar ceremonias religiosas, sino que también da “orientación ética” a los pacientes y a los profesionales que lo requieran. Incluso participan en los comités de ética de aquellos hospitales donde se les necesite. Pero no solo eso. También hacen una labor “muy importante con las personas más desasistidas”. “Si tenemos constancia de una familia con dificultades económicas, le echamos una mano en lo que podemos”, dice el responsable de la Pastoral de la Salud católica.

Y pone varios ejemplos de este otro papel. “Si viene una familia de un pueblo a la ciudad y necesitan alojamiento y no tienen para pagarlo y no se lo facilitan, se lo intentamos buscar”, dice, y añade:“Igualmente, a veces adelantamos el dinero a quienes tienen que comprar unas muletas, porque aunque el sistema sanitario las cubre, lo hace a posteriori: tú pagas las muletas y después de reintegran el dinero. Pero si no tienes para pagarlas al principio… Estos son algunos de los pormenores que también nos llegan a las capellanías”, comenta Martínez Carracedo.
El papel de las otras confesiones
Los evangélicos, los judíos y los musulmanes tienen otro estatus. “El modelo asistencial pasa por autorizar el libre acceso al interior de la institución sanitaria al ministro de culto que haya sido designado por una iglesia evangélica o comunidad judía o musulmana que se encuentre federada, a requerimiento del interesado en recibirla”, asevera Óscar Salguero.

El miembro de la Fundación Pluralismo y Convivencia indica que en el caso de los evangélicos y los judíos, los servicios religiosos han de ser sufragados por las iglesias y comunidades pertenecientes a la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España y la Federación de Comunidades Israelitas de España, respectivamente. En el caso de las comunidades musulmanas integradas en la Comisión Islámica de España, podrán concertar con la administración competente que asuma o la totalidad o parte.

¿Y qué ocurre con los que profesen otra religión reconocida legalmente, como los mormones, los testigos de Jehová, los budistas, los cristianos ortodoxos, etcétera? Su asistencia está de igual manera reconocida por la ley de libertad religiosa. Y sus lagunas existentes, como apunta Salguero, se suplen con normas autonómicas.
La gestión de la diversidad de creencias

Enric Vendrell i Aubach, director general de Asuntos Religiosos de la Generalitat.

Una de las comunidades autónomas más avanzadas en estos aspectos es la catalana, que hace solo unas semanas acaba de hacer público una revisión de su ‘Guía para la gestión de la diversidad de creencias en los centros sanitarios de Cataluña’. La primera versión se lanzó en 2005, pero la Generalitat quería “poner al día” sus contenidos, incorporando un apartado de recursos de consulta y otro de buenas prácticas. Además, ahora, el documento se extiende no solo a los hospitales, sino también al resto de centros sanitarios.

“El reto principal que nos hemos encontrado ha sido realizar una guía que fuera útil y adecuada tanto para las entidades religiosas como para los profesionales de la salud. En este sentido, cabe destacar que el documento ha sido supervisado tanto por el Comité de Bioética de Catalunya como por el Consejo Asesor para la Diversidad Religiosa y ha recibido observaciones constructivas por parte de ambas instituciones”, explica a ‘Revista Médica’ Enric Vendrell i Aubach, director general de Asuntos Religiosos de la Generalitat.

¿Y cuál es la aceptación que está teniendo este documento clave? “Aún es muy temprano para valorar la respuesta de los profesionales y pacientes. Lo que sí puedo decir es que la respuesta que han dado los asistentes a las sesiones de presentación que hemos realizado ha sido muy buena. De momento, nos han dicho que hacen falta documentos como este para seguir avanzando en el respecto a la diversidad religiosa en el ámbito sanitario”, señala Vendrell i Aubach, quien cree que es “muy importante” que los profesionales beban de la información recogida para su quehacer diario.

En este sentido, el director general de Asuntos Religiosos de Cataluña señala que el desarrollo laboral de los profesionales sanitarios desde la perspectiva de su fe es “similar al que tienen los trabajadores que desarrollan su labor en otros ámbitos”. “En todo caso, las cuestiones específicas sobre la incidencia de la fe en el ámbito laboral de lasalud están bastante reguladas por el reconocimiento a la objeción de conciencia a la cual los profesionales de la salud pueden apelar”, indica.
¿Problemas con la religión?
“La convivencia con miembros de otras confesiones, incluso con los no creyentes, es muy buena. Si nos piden que los acompañemos o visitemos, lo hacemos, independientemente de cuál sea su fe. En otras ocasiones, si nos piden contacto con miembros de otras iglesias, se los facilitamos”, explica Jesús Martínez Carracedo, director del Departamento de Pastoral de la Salud de la CEE.

“No hemos tenido constancia de problemas graves en este sentido y la práctica habitual es que las incidencias que puedan ir generándose se solventen sobre la marcha”, indica Óscar Salguero, quien añade:“El posicionamiento más habitual de los órganos rectores de los centros, junto al de los propios profesionales, suele ser el de intentar ‘desatascar’ potenciales situaciones conflictivas, y no solo en lo relativo a la asistencia religiosa, sino en la generalidad de la gestión del pluralismo religioso en el contexto de la salud pública”.

El responsable de la Fundación Pluralismo y Convivencia va a más: “El papel aquí de las propias confesiones, por su parte, es digno de destacar, pues su propia iniciativa sirve en muchas ocasiones para dar respuesta a las necesidades que se planteen en la cotidianidad del ámbito hospitalario, así como para suplir la falta de desarrollo específico que hemos comentado anteriormente”.

Y en caso de problema, hay voluntad de arreglo. “En general, las incidencias que hay relacionadas con la asistencia religiosa en los centros sanitarios públicos se suelen solventar fácilmente porque hay una voluntad generalizada de poder ofrecer esta asistencia siempre que exista una demanda”, subraya Enric Vendrell i Aubach, director general de Asuntos Religiosos de Cataluña.
Buenas prácticas autonómicas
Otras comunidades trabajan para dar respuesta a la confluencia fe-sanidad en los hospitales. La Iglesia Católica ha firmado acuerdos con varias administraciones regionales, y la Evangélica también. En Madrid, por ejemplo, el Consejo Evangélico autonómico rubricó un convenio con el Servicio Madrileño de Salud (Sermas) para crear un plan de asistencia en 24 hospitales con 20 ministros y 110 personas de apoyo

Óscar Salguero Montaño, del Área de Investigación, Desarrollo e Incidencia de la Fundación Pluralismo y Convivencia.

Sobre el papel autonómico, Óscar Salguero pone un ejemplo de buena práctica, la del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (Sescam), que en 2008 puso en marcha dentro de su Estrategia de Confortabilidad una serie de puntos “que bien pueden servir de referencia para otras comunidades”, según el representante de Pluralismo y Convivencia. Está recogido, en un documento accesible, toda la información sobre la disponibilidad de lugares de culto y ministros de la fe para dar apoyo y asesoramiento espiritual, entre otros aspectos. El Sescam, de hecho, dispone de un proceso específico sobre la asistencia espiritual personalizada en situación de duelo en centros hospitalarios.

El Observatorio del Pluralismo Religioso en España, además de las dos buenas prácticas anteriores, recoge una tercera: la de las ‘Recomendaciones para la elaboración de protocolos de atención sanitaria a personas que rechazan la terapia con sangre o hemoderivados’, de la Junta de Andalucía, cuyo fin es ayudar a profesionales, pacientes y gestores a atender estas situaciones complejas.

En definitiva, la presencia de la religión es amplia y diversa, como también lo son las características de los pacientes de los hospitales. Cada vez más normalizada y acorde con los tiempos, los que creen (en lo que crean) tienen asegurado un servicio que da esperanza cuando no todas las preguntas tienen respuesta.
Capellanes que no llegan ni a ‘mileuristas’ El coste de los servicios religiosos católicos corre a cargo de las comunidades autónomas, como cualquier otra partida sanitaria. Sin embargo, el sueldo de este otro ‘personal’ de los centros sanitarios dista mucho de lo que cobran otros compañeros de hospital. El director del Departamento de Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Española reconoce que la gran mayoría de los ministros “no llega ni a mileurista”. “Casi todos cobran menos de mil euros brutos al mes. En Galicia, por ejemplo, son 975 euros brutos. Las excepciones son Madrid y Barcelona, ya que el coste de vida es más alto”, manifiesta Jesús Martínez Carracedo.