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16/08/2015 n250
Hijo de mancebo de farmacia en un pueblo toledano (Mora de Toledo), el que fue, en los últimos años, director general de Hospitales en la Comunidad de Madrid, atesora una vida plagada de vivencias de primera mano en el mundo de la sanidad nacional. Él insiste en su vocación genuina como médico rural, y, de hecho, ejerció en su población natal durante siete años, pero lo cierto es que la mayor parte de su vida la pasó como alto directivo de aseguradoras privadas. Además, se le reconoce, entre otras creaciones, la invención del modelo Alzira de gestión privada de hospitales públicos. Esa faceta suya descubridora la aprecian los grandes operadores privados, quienes han confiado en sus consejos a lo largo de su vida y aún lo hacen hoy, cuando, a sus 73 años, tiene en mente poner patas abajo el tablero de la sanidad privada española.
Javier Barbado Imagen: Miguel Fernández de Vega
Se le conoce como ‘el ideólogo’ de la sanidad. ¿Qué ideas son las que estudia?
Defiendo la separación de la provisión de la financiación en los agentes sanitarios. Todo esto es fruto de un análisis de un estudio de años, de hablar con toda clase de gente a lo largo y ancho del mundo. Y se condensa en el Informe Abril de 1991.


¿Intervino en él?
Por entonces trabajaba en Adeslas de director asistencial, y pensé que lo que había que hacer era proponer al Estado que tomase nota de hechos como el de Muface [la mutualidad de los funcionarios] y apoyase la colaboración público-privada tal como se hace en todo el mundo. Así que le propusimos al gobierno de Galicia un proyecto de esa índole al que se le llamó ‘Vigo 92’. Pero Romay [Beccaría, entonces consejero de Sanidad autonómico] no lo quiso, porque a él le gustaban las fundaciones y las empresas públicas, pero no la iniciativa privada. La prueba es que le costó enormemente sacar adelante el decreto ley 15/1997 [de nuevas fórmulas de gestión en el Sistema Nacional de Salud]. Sin embargo, en cuanto salió el gobierno del Partido Popular en la Comunidad Valenciana, allí propuse el modelo Alzira y se aceptó.

Burgueño, en un momento de la entrevista.


Usted defendió un Plan de Garantías en Madrid que incluía convertir La Princesa en un geriátrico.
Pese al cariño que le tengo, el Hospital de La Princesa tiene su propia paranoia desde hace 40 años. No tiene Pediatría, es decir, el enfermo no lo conoce como su hospital hasta la mayoría de edad, lo que rompe su lazo de centro de referencia. Y le quitaron la Ginecología, a pesar de que tuvo un buen servicio de ella. Por lo tanto, es un hospital incompleto. Eso, más el envejecimiento de la población, ha hecho que el centro tenga un mayor número de pacientes de edad elevada. Así que, discrepando de mi íntimo amigo José Manuel Rivera Casado, que asocia esta idea al hecho de marginar a los enfermos mayores, abogo por hacer del hospital un centro especializado en Medicina geriátrica.


Se ha publicado que piensa revolucionar la sanidad privada. ¿Cómo?
Es un proyecto muy concreto, sí.


¿Puede desgranar algo sobre él?
Desde que en febrero de 2014 salí de la administración pública pensé que debía dedicarme a algo nuevo. Vi que tenía cosas esporádicas, poco trascendentes, de modo que decidí llevar a cabo un proyecto de envergadura que consistiría en una nueva organización de la sanidad privada (en la pública no me dejarían hacerlo) que tendría como modelo a un tipo de médico personal para cada paciente las 24 horas del día y ligado a un hospital con todos los servicios permanentes.


Pero, ¿tiene en mente un hospital?
Sí. Es un proyecto muy ambicioso con 40.000 metros cuadrados en el casco de Madrid. Tengo documentada la actividad que debe tener, el modelo de gestión de procesos (cercano, entre otros, al de Toyota)… Empecé a buscar solares y hallé algunos. También barajé, en su momento, hacer el proyecto si alguien ponía el dinero necesario para comprar tres clínicas. Pero vino Idcsalud y adquirió las tres de una tacada, así que lo desestimé.


¿Qué solares encontró?
En la calle Méndez Álvaro está el que más me convenció (hay otros, como uno en la calle Joaquín Costa, pero lo deseché al ser un cuartel que quiere vender el Ejército). Después tengo que buscar a un inversor que crea en mi idea. En concreto me empeñé en dar con un solar que estuviera ubicado entre la carretera de Barcelona, la de La Coruña y, de refilón, la de Valencia. Así que fui a OHL a preguntar por ello y me informaron de que disponían de uno, pero estaba en Valdebebas y no me interesó.

‘RARA AVIS’ EN LA POLÍTICA SANITARIA ESPAÑOLA

Antonio Burgueño está convencido de que, si la competencia de mercado en la sanidad privada española ha llegado tarde, se debe al simple hecho de que el médico no ha encontrado ni más profesionalidad ni más dinero que en el sistema público. Él, desde luego, no alberga dudas sobre su defensa a ultranza no solo de esa libertad fuera de las administraciones, sino también de la colaboración público-privada en la sanidad pública, como demuestra su currículum al respecto. Y es que no solo se le relaciona con el origen del modelo Alzira (gestión particular de la asistencia hospitalaria pública), sino también con la idea del Informe Abril Martorell de 1991 o con la estrategia política frente al brote epidémico del aceite de colza en 2501, entre otros hitos recientes de la sanidad española.
Y entonces le ofrecieron el de la Quinta Torre, al norte de la capital, ¿no?
Sí, me puse a estudiarlo. Se trata de un hospital vertical, y estuve consultándolo con un grupo de arquitectos, que llegaron a convencerme hasta de las ventajas de esa disposición en algunos aspectos. Pero, en estos momentos, aunque sigo en contacto con ellos, no sé por qué operador van a optar. En todo caso yo estoy a mi proyecto, que es un plan, una idea, más compacta, no un solo hospital.


¿Le ha contratado estos meses OHL?
No. Tengo contacto telefónico, pero ni me han contratado ni van a hacerlo ni soy su asesor. He convenido con ellos en sugerir a un operador que les interese. Y en ésas estoy. Puede tratarse de un grupo nacional o internacional, pero, en este último caso, no en la dirección de los nombres que se han barajado hasta ahora


¿Ha militado en el Partido Popular?
Fui concejal en mi pueblo [por ese partido; en 2008, el pleno del Ayuntamiento aceptó su dimisión], Mora de Toledo. Allí compré un piso, en la plaza, y fui a ejercer como médico. En las elecciones de 2007, me propusieron entrar en sus listas primero Izquierda Unida, después el PSOE, y, por último, el Partido Popular. Me hubiera honrado entrar en cualquiera de las tres, porque allí soy un ‘interclase’, afortunadamente.


Explíquese.
Mi padre era mancebo de farmacia. Mi sueño era ser médico allí, en Mora, pero las capacidades financieras de mi familia eran muy malas, así que estudié con beca tanto el Bachillerato como la carrera.


¿Las concedía Franco?
Yo disfrutaba de tres: una del Estado, otra de un laboratorio farmacéutico y otra tercera del colegio mayor, donde me cobraban menos. En efecto, el Gobierno las concedía por medio de un programa que se llamaba Igualdad de Oportunidades.


¿Y el laboratorio?
Era Made, y por entonces convocaba cada año un trabajo. Concurría y presentaba lo que me pedían. Por ejemplo, estudiaba la composición de las sulfamidas durante dos meses y recibía 1.000 pesetas por ello a lo largo del curso. Concurríamos solo unas veinte personas.

A Burgueño le han propuesto el PP, el PSOE e IU formar parte de sus candidaturas.


No ha sido de los médicos que tienen reparos en su relación con la industria…
España siempre ha sido un contrapunto en casi todo. En la profesión farmacéutica, en España se ha entendido perfectamente la colaboración público-privada, pues la farmacia es un ejercicio intervenido por el Estado donde el particular se instala a ejecutarlo de forma libre. Así, el farmacéutico titular de cada pueblo era el único con sueldo del Estado: los demás no lo tenían.

En cuanto a los laboratorios, en los países más totalitarios ha habido intentos de apropiarse de la fabricación y distribución de los medicamentos. En España, el Ejército de Tierra, Mar y Aire fabricaba y distribuía entre su personal medicamentos, lo cual fue una experiencia nefasta, así que la investigación ha estado en manos privadas y ha ido muy bien, hasta el punto de que, según publicó hace poco ‘The New England’, como nos descuidemos idean una píldora de la longevidad que echa por tierra la planificación social y política de los estados [risas].


Ha sido testigo de los avances de la Medicina.
Sin duda. Desde que yo estudié la carrera hasta que ejercí la profesión, se ha transitado del curandero al sanador. En la Medicina del siglo pasado, en especial en los 50 primeros años, éramos más curanderos que otra cosa. Se curaba al enfermo por las dotes de persuasión, por la cirugía, eso sí, que se comenzó a aplicar a principios de siglo… Pero la eficacia de los antimicrobianos, de la penicilina, la estreptomicina y las sulfamidas es de los años 30 en adelante solamente.


¿Qué podía tratar cuando ejerció como médico?
Entonces, con los antibióticos, podíamos diagnosticar, tratar y curar la tuberculosis. Hacíamos radiografías in situ. Yo me llevé un aparato de rayos X a un pueblo de 1.500 habitantes y podía diagnosticar con la placa una neumonía, además de con la percusión y la palpación. También daba con el diagnóstico de una obstrucción intestinal, una arritmia o un abdomen agudo. Teníamos, en fin, la digital y un sinfín de medicamentos, y llevaba embarazos y partos…

Además, el pueblo donde ejercía se encontraba a 42 kilómetros de Madrid, así que cogía de la mano a los enfermos y me los traía al Hospital Clínico, a la cátedra de Casas, los veíamos allí y los llevaba de vuelta al pueblo vistos, diagnosticados y con tratamiento. Incluso, los sábados y los domingos, tenía la suerte de ver a enfermos con profesores como Octavio Salmerón, entonces adjunto de Casas. Después me fui a Calatayud y estuve yendo desde allí al Miguel Servet [hospital de Zaragoza] todas las semanas.

Trabajaba, en fin, como creo que hay que hacerlo: con la Primaria unida al hospital. Y el médico del primer nivel asistencial es uno más del sistema sanitario: distribuye al enfermo para que, cuanto antes, se le dé el alta en el hospital y regrese a su casa, pues en los hospitales se contaminan los pacientes; en ellos, a veces, se enferma y se muere la gente.

¿Se ha politizado siempre la sanidad?
[Asiente]. Aconsejo que se acuda a los archivos del NODO y se pidan todas las inauguraciones de hospitales que hizo Franco, porque ahí se percibe cómo la política utiliza la sanidad para sus fines. Franco obtuvo con ella una enorme captación de voluntades civiles.

En esa época, en 1973, se inventaron dos salidas al monopolio sanitario: las mutualidades de funcionarios (Muface, Isfas y Mugeju) y las entidades colaboradoras de la Seguridad Social.

Que se disolvieron hace unos pocos años… ¿Por qué las defiende?
Porque eran una idea maravillosa que consistía en sacar dinero de las empresas para que tuvieran un sistema sanitario exclusivo para sus empleados. Creí tanto en ello que me metí en Banesto y les organicé la colaboradora para sus empleados.

Recuerdo que cuando estaba trabajando en el Hospital del Aire como internista, y, más tarde, como intensivista en el Clínico, Banesto heredó una clínica de primer nivel en Madrid: Covesa. Organicé sus servicios unidos a la Atención Primaria. Por primera vez, los médicos de cabecera de Banesto (que en Madrid éramos siete para 15.000 personas), ingresamos a los enfermos en nuestra clínica, donde los operaba un maravilloso cirujano o los veía nuestro urólogo. Eso fue un éxito tan rotundo que, tiempo después, se me ocurrió hacer una compañía de seguros: Madrid Salud. De ahí entré en la espiral de la sanidad privada y, a partir de una empresa que me contrató, me propuse segmentar el mercado.

ESPAÑA MENOSPRECIA A LOS SEPTUAGENARIOS

Cuando se le pregunta por la actualidad política española, critica el menosprecio secular hacia las personas con larga trayectoria y experiencia en sus profesiones, con las que, como es natural, se identifica. Por eso defiende con fuerza a su colega Pedro Sabando, en la actualidad consejero del Consejo Consultivo de la Comunidad de Madrid, órgano que Ciudadanos ha puesto en el punto de mira político al considerarlo innecesario. Para Burgueño, quien fue consejero de Salud de Madrid es ahora “un sabio de la sanidad, entrañable persona con la que coincido en muchas cosas, lo mismo que me sucede, por ejemplo, con el traumatólogo José María Fidalgo, a quien yo también pondría en el Consejo Consultivo por su enorme experiencia en la esfera social”.
Se refiere a que el médico privado cobre más por consulta, como en otros países.
Claro. El otro día lo comentaba con un médico, hijo de un entrañable amigo mío, que me decía: “¿Por qué tiene que ganar cien euros el médico en una consulta”. Pues porque se pasa una hora con un enfermo haciéndole una exploración neurológica o preguntándole. Y alguien de su familia apostilló: “Y porque hemos llevado el perro al veterinario y ha cobrado 84”. Pero esto pasa solo en España.

¿Quién más piensa como usted?
Cuando se pone en discusión, todo el mundo sabe que tenemos un problema que se ve en la poca rentabilidad que ofrece la póliza tradicional y eso tiene que cambiar. Lo sabe la Organización Médica Colegial que, de vez en cuando, saca los pies de las alforjas para decir que no le gusta la Medicina privada. Naturalmente que no le agrada, porque la Medicina colectiva pagando al médico lo que le paga ahora no tiene racionalidad alguna.

¿Y las clínicas privadas?
Han evolucionado desde hace cinco años para congregarse en una empresa que hasta ahora no existía [en junio de 2010 se constituyó el Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad –IDIS– que agrupa a las principales compañías del sector], pero, evidentemente, han estado atomizadas, han sido pequeñas y poco capaces, en tanto que las aseguradoras, como Sanitas, Aguas de Barcelona y Asisa, supieron crecer enormemente.

Todo el mundo sabe que esto hay que cambiarlo, lo que sucede es que nadie se atreve a poner el cascabel al gato. Del mismo modo, todo el mundo sabe que el sistema sanitario no es sostenible si no se hacen cambios, pero, si el que los propone o hace, se arriesga a perder, nos encontramos con que este país no es de gente muy valiente.

Este debate entre derecha, izquierda, sanidad pública y privada, ¿no está demasiado trillado?
Es que es un debate basado en símbolos más que en ideas. Por ejemplo, Stiglitz es un economista de izquierdas que ha publicado un libro sobra la seguridad del individuo en el que habla del sistema sanitario público de todos los países del mundo. A él le gustaría que su país tuviese un sistema sanitario en el que el Estado intervenga, y en Estados Unidos algo se ha conseguido con Obama, pero Europa, por su parte, no puede dar marcha atrás: el sistema sanitario está intervenido por el Estado en cuanto a la financiación, pero no en cuanto a su límite: regula, decide cómo se financia la sanidad, pero no limita el pago.


¿Usted ve bien que el Estado la intervenga y regule?
¡No lo veo bien, sino imprescindible! Pero tiene dos maneras de hacerlo: con el propio Estado [vía impuestos] o con la Seguridad Social. Es mucho más flexible esta última opción y además es la predominante. La regulación pura del Estado la hacemos poquísimos países en Europa. Y es mejor el modelo de la Seguridad Social porque, en él, la persona está cotizando con una parte de su trabajo, y, cuando quiere mejorarlo, entiende que tiene que cotizar más. Cuando el Estado interviene la totalidad, la contribución al fisco de la persona está muy alejada de la sanidad, y, aunque es un sistema que redistribuye la renta, probablemente no es lo mejor para la prestación sanitaria.

Por lo tanto, el Estado tiene que regular el servicio. Ahora bien, ¿ha de prestarlo? La izquierda en España ha identificado que sí. Yo creo que no. Es más, la Comisión Abril dijo que no. Insistió en separar la financiación de la prestación como el resto de los países del mundo. Todos son unánimes en no hacer de la sanidad un prestatario público.

¿Apoya entonces la política sanitaria desplegada por el PSOE durante la democracia?
He de decir que tengo un enorme respeto por Ernest Lluch, que murió abatido por la ETA. Sin embargo, hizo la ley de sanidad más totalitaria, antigua y perversa de Europa en 2506.

Pero el PP la respaldó de forma implícita al no cambiarla después.
Es verdad, no la ha cambiado. Pero es que el Partido Socialista ha tenido momentos en los que ha hecho diferentes lecturas de la sanidad,

Burgueño, en una imagen de archivo, explica el modelo Alzira a periodistas de la Comunidad Valenciana.

y uno de ellos fue el que coincidió con la creación de la Comisión Abril (en la que no quiso estar el PP). Lo que ocurre es que al Partido Socialista se lo cree mejor la gente cuando dice: “Quiero que esto sea público”. Y la gente se lo cree, y el partido sabe tener flexibilidad para ello. Pero a mí no me gusta esa ambigüedad.

Por mi parte me llevé mal con el Partido Socialista porque, durante la intoxicación por aceite de colza en 2501, escribí un artículo diciendo que, por primera vez, se politizaba la sanidad en España. En realidad, siempre se había politizado con ocasión de las epidemias, como la del cólera del siglo XIX, que generó gran número de documentos en el Parlamento. Y otro tanto con la epidemia de la gripe de 1918 y aun con la de cólera con Franco, quien también la politizó.

La del aceite de colza enfrentó a UCD [Unión de Centro Democrático] con el Partido Socialista, que gobernaría después y la acusó de ser la culpable. Yo ayudé a poner en evidencia a las autoridades que la causa era el aceite (el descubrimiento se hizo por un médico en el Niño Jesús). Y el PSOE hizo una manifestación gigantesca para proclamar: “Ustedes, los de UCD, son los que están envenenando a la sociedad”. En mi artículo, que se publicó en ‘Ya’ como carta al director, les reproché que ellos tuvieran igual carga de culpa al estar gobernando en los ayuntamientos de izquierda en Madrid, y el problema de la distribución del aceite tóxico atañía a la Policía Local, pues se distribuía en mercadillos de venta ambulante.

Se define a sí mismo como un ‘obseso’ de la sanidad, pero también se dedicará a otras cosas, supongo.
Claro. Me gusta la música, montar en bicicleta, leer… También me encantan los toros, pero los verdaderos: José Tomás.

¿Qué lee?
Ensayos e Historia, fundamentalmente. También me distrae mucho la novela histórica.

Cite una.
‘La comunera’, de Toti Martínez de Lezea. La tengo en mente porque el mismo día que perdían los comuneros en Villalar, en mi pueblo mataban a 3.000 comuneros, metidos en una iglesia, las tropas imperiales.

¿Le atrae la Historia de España?
Sí. Hace poco leí en ‘The Economist’ a un historiador británico que aludía a España como el centro del mundo en los siglos XVI y XVII. Sin embargo, yo nací con la vergüenza heredada del 98 y con la Guerra Civil de por medio.

¿Se posicionó en la contienda su familia?
Todo lo contrario: la neutralidad con que me encontré fue absoluta. A mi madre le mataron a un hermano en un bando, y a mi padre a otro en el lado opuesto. Todos abominaban lo que había pasado y veían que todo estaba muy mal. Así que mi generación se propuso superar todo aquello.

Volviendo a hablar de la lectura, hay constancia de su admiración por los periodistas.
Yo estudié en un colegio mayor en el que envidiaba a muchos periodistas. De mi pueblo, destacaba Alejandro Fernández Pombo como director de la Escuela de Periodismo de la Iglesia y uno de los últimos directores del diario ‘Ya’. A ese colegio fueron muchos periodistas. Allí conviví con Jesús Hermida por lo menos dos años, que me llamaba ‘el bicho que picó al tren’, pues por entonces yo era mucho más joven. Recuerdo que escribía en un diario de Acción Católica que se llamaba ‘Signo’, y, más tarde, en ‘Pueblo’. También estaba José Luis Pérez Cebrián, que renunció al cargo de redactor-jefe en ‘Abc’ cuando fue el Proceso de Burgos. Y también estaba José Oneto.

¿No le indujeron a escribir?
Sí, pero confieso que es algo que me da impudicia, como cuando alguien se ve desnudo. Una cosa es lo que digo al hablar y otra distinta lo que veo de mí al plasmarlo por escrito. Además, debo corregir todo el rato. Pero sí es algo que me distrae mucho.