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09/08/2015 n249
Acudir a la consulta con la lección
aprendida comienza a situarse
como uno de los crecientes
‘enemigos’ a los que se están
enfrentando los facultativos en
los últimos tiempos. El popularmente
conocido como ‘doctor Google’ está
generando adeptos entre los pacientes,
que consultan previamente su sintomatología
en internet, la mayoría de las veces sin
orden ni concierto, y generando un ‘aprendizaje’
erróneo entre los afectados que en ocasiones ponen en jaque a los médicos cuando el diagnóstico que escuchan en la consulta no concuerda con lo que ellos previamente han leído.Se estima que el 90 por ciento de las personas de entre 30 y 50 años con acceso a internet suele conectarse a la Red antes de visitar al facultativo.
Marta Escavias

La ingente información que circula por internet no es ajena al ámbito sanitario. Tanto es así que en los últimos años se está produciendo un incremento de pacientes que consultan por internet su sintomatología antes de acudir a su médico o especialista. ¿Qué problemas acarrea? Como en todos los ámbitos, “mucha de la información que circula es imprecisa, cuando no ciertamente equivocada”, señala Nicolás García, doctor del Departamento de Medicina Interna de la Clínica Universidad de Navarra.

Pero, al tratarse de materia sanitaria hay que ser, si cabe, mucho más precisos porque “la lectura no adecuada de información cierta puede ser mal interpretada por un lector sin los conocimientos necesarios”. Es por ello que “los profesionales sanitarios empleamos unos cuantos años de formación de grado y otros tantos de especialización para adquirir las competencias necesarias para el desempeño de nuestro trabajo y, eso, no equivale a unos datos hallados surfeando en la red”, recalca García.

También hay que hacer una distinción entre el paciente ‘enterado’ o mal informado al que hay que explicarle bien la enfermedad y otra al paciente que hay que informarle porque está completamente perdido.

Riesgos potenciales de la desinformación
Los principales riesgos son la desinformación y la angustia que pueden generar esta búsqueda previa de datos. Esto lo provocan sobre todo aquellas webs que anuncian remedios pseudocientíficos, muchos de ellos incluso ‘milagrosos’. “No solamente son peligrosos por la ausencia de efecto, sino por las posibles interacciones con determinados tratamientos, como en el caso del cáncer”, explica Lisardo Ugidos, del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario HM Madrid.

Lisardo Ugidos, del Servicio de Oncología Médica del Hospital HM Madrid. 

El perfil de los pacientes que consultan por el ciberespacio suele ser el de personas relativamente jóvenes, entre 30 y 50 años de edad, con acceso a internet y de nivel sociocultural medio o medio alto. Los mayores, en este caso, suelen quedar fuera de este rango por el escaso o nulo uso de la red.

También “pueden ser personas que tienden a la obsesión, que se toman al pie de la letra informes que muchas veces ni siquiera tienen base científica”, añade Mercedes Otero, responsable del Grupo de Habilidades en Comunicación de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).

Este último grupo es el que podría llegar a protagonizar un episodio de agresión verbal e incluso física, aunque, afortunadamente y según los expertos no es una práctica común. “Únicamente se puede dar en casos extremos en que la desesperación del paciente le lleve a conductas de este tipo. Ordinariamente, el diálogo consigue un buen entendimiento”, aporta García.

“Los pacientes que más consultan en internet suelen ser crónicos aquejados de alguna enfermedad poco frecuente, al que le ha tocado visitar más de una consulta y se siente poco comprendido”, indica Otero. En estos casos, “suele dar la impresión de que el paciente sabe más de su enfermedad que el médico”, matiza.

Tendencia al alza

Se estima que el 90 por ciento de las personas que acude a la consulta indaga en internet antes, un porcentaje que puede llegar hasta el 95 por ciento en el caso de pacientes oncológicos y que continuará subiendo conforme avance la digitalización
de la población.

Evidentemente, el paciente es más dado a buscar información, hay más datos para todos aunque esto no es positivo cuando se consulta sin rigor. La búsqueda de información sirve para que la relación entre médico y paciente sea más abierta.

“El médico de hoy es más proclive a escuchar al enfermo y comentar e incluso consensuar las pautas terapéuticas y el camino a seguir, lo que puede dar lugar a errores de interpretación”, puntualiza Mercedes Otero, responsable del Grupo de Habilidades en Comunicación de la Sociedad
Española de Médicos Generales y
de Familia (SEMG).
Foros de pacientes ‘versus’ web científicas
Siempre que se desee buscar información el paciente debe acudir a páginas webs de referencia, como son las de tipo científico o médico, pertenecientes a algún organismo, centro de salud, hospital o sociedad científica.

Mercedes Otero,  de la SEMG.

 En estos casos, “el enfermo puede tener razón, pero siempre se debe dialogar con él y ratificar su información si se da el caso después del diagnóstico”, indica José Polo, vicepresidente primero de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen).

También hay que tener en cuenta que hay páginas web demasiado técnicas para pacientes sin formación que pueden crear confusión. Sin embargo, “hay otras destinadas a los pacientes que son muy asequibles y pueden ayudar a entender la enfermedad”, explica Ugidos. Por ejemplo, añade, para oncológicos las webs www.cancer.gov/espanol o www.aecc.es son de gran utilidad.

Los foros de pacientes son un arma de doble filo, ya que por un lado pueden ayudar a llevar mejor el proceso de la enfermedad, pero por otro también generan angustias del tipo: ¿por qué mi médico no me ha hecho esta o aquella prueba?, ¿por qué yo no he recibido ese tratamiento?, etc. “Cada enfermedad y cada enfermo son diferentes, por eso es importante que comparta con su médico sus hallazgos y éste le ayude a entenderlos”, subraya Ugidos.

Mayor autodiagnóstico,
amenaza palpable


La búsqueda libre de información puede favorecer que
algunos pacientes recurran al autodiagnóstico y decidan
no acudir a la consulta porque creen saber cuál es su
afección. Esto acarrea consigo graves consecuencias. “Si
el paciente genera la idea de que su médico no le trata
adecuadamente por lo que ha leído en internet y los
argumentos que le da no le convencen se puede llegar a
esta lamentable situación”, confirma LisardoUgidos, del
Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario HM Madrid.

Lamentablemente, recuerda José Polo, vicepresidente primero de Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), “en España la automedicación siempre ha sido elevada y accediendo a los datos que circulan por internet se puede llegar a pensar en el autodiagnóstico”.

Sea como fuere, “no debemos criminalizar la información”, matiza Mercedes Otero, responsable del Grupo de Habilidades en Comunicación de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). Y es que el paciente con educación sanitaria, el realmente informado, tiene que tener presente que es su médico el profesional que debe orientarle; es decir, nunca se autodiagnosticará sin consultarle, aunque sí compartirá con su médico esa experiencia que sólo él conoce”, concluye.
¿Protocolo para ‘listillos’?
Por el momento, no existe un protocolo de actuación entre los facultativos que día a día hacen frente a estos sujetos. “El médico debe estar preparado para dialogar con el paciente y hacerle ver que esa información que ha obtenido no es la correcta”, explica Polo.

Pero, ¿qué ocurre cuando el paciente insiste en saber más que el profesional? En estos casos lo primero que se aconseja es preguntar al paciente qué tipo de información ha obtenido y cuál es su fuente, con tranquilidad y respeto, e intentar saber qué es lo que más le preocupa. “Muchas veces este tipo de confrontación es más fruto de la ansiedad del enfermo que de otra cosa”, confirmaUgidos. Además, se deben rebatir las ideas del paciente que son erróneas con las que el médico considera correctas.

Normalmente, “con una conversación de este tipo se resuelve el problema y el paciente recupera la confianza con el especialista”. Como último recurso y en caso de no convencer al paciente, apostilla, “se le puede invitar a que busque una segunda opinión”.

José Polo, de Semergen.

En cualquier caso, el médico debe escuchar a sus pacientes y tener presentes las habilidades en comunicación para reconducir cualquier situación. “La buena relación médico-paciente se basa en la confianza y si el paciente no la tiene puede mermar el proceso”, asegura Mercedes Otero.

En definitiva, la naturalidad entre el médico y el paciente es fundamental para el correcto tratamiento de cualquier tipo de patología, sobre todo las de carácter crónico. La desinformación que el paciente obtiene a veces a través de internet y otros medios puede ser combatida y reconducida si existe esa relación de confianza.