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02/08/2015 n248
José A. Puglisi

Los líderes estudiantiles están convencidos de que el futuro del sector sanitario les pertenece. Consideran que la experiencia obtenida durante años en los cargos de representación es un valor añadido a su formación académica, dotándoles de otras habilidades imprescindibles para desempeñarse como profesionales integrales. En este sentido, aseguran que han adoptado capacidades de comunicación, liderazgo, trabajo en equipo y empatía, entre otras, que les permitirán afrontar con mayor destreza el trato con sus pacientes y compañeros.

ELos estudiantes más influyentes del sector sanitario tienen el tiempo delimitado. A las horas que dedican a las aulas de clases, se suman las que invierten en las actividades e iniciativas de las organizaciones a las que pertenecen, así como los encuentros, foros y reuniones en las que deben participar para garantizar que los futuros profesionales estén representados. Una apretada agenda que les obliga a hacer malabares con los minutos para compartir con sus familiares, amigos y parejas. ¿La recompensa? La satisfacción personal de ayudar a sus compañeros de clase y adoptar conocimientos extra que sean un impulso para su trayectoria profesional.

Juan Pablo Carrasco
La pasión por el liderazgo usualmente no nace con la llegada a la universidad. Juan Pablo Carrasco, presidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), asegura que, desde el bachillerato, ya realizaba actividades con Cáritas. “Ha sido una inquietud que he sentido desde joven, pero mi participación en la universidad ha sido casi por casualidad”, apunta Carrasco, quien recuerda que “conocía al vicepresidente del CEEM porque, como yo, era de Albacete. Fue por él quien me guió por la organización en los primeros meses”.

Tras años de esos primeros pasos iniciales, el presidente del CEEM asegura que “todo lo que he vivido ha sido una experiencia muy bonita”, pero también llena de grandes retos. “El trabajo que desempeñamos supone una gran responsabilidad, tanto por la organización como por todas las personas que están detrás de ella”, precisa. Un peso que, según indica, aumenta cuando “se trabaja en grandes proyectos que afectan a todo el sector”.

Este trabajo casi siempre es percibido por el resto de los estudiantes: “Hay de todo, pero la mayoría sí reconoce el esfuerzo que realizamos”. Sin embargo, Carrasco considera que aún quedan sectores de las facultades con los que necesitan tener más empatía. “En especial, donde ha existido un cambio generacional o donde alguno de los delegados no han conectado con los estudiantes”, precisa. Un nexo que buscarán para fomentar la unión y no los aplausos, debido a que “nosotros hacemos nuestro trabajo porque nos gusta, pero no buscamos ningún reconocimiento”.

Para Carrasco, el premio está en las vivencias, entre las que recuerda con especial cariño la manifestación organizada en Madrid por la troncalidad. “Miré hacia atrás en el Paseo de La Castellana y me encontré con que nos seguían cerca de 7.000 estudiantes en nuestra iniciativa. Fue un momento muy especial y, además, curioso, debido a que al terminar muchos de los policías se nos acercaban a preguntar por distintos temas, ya que sus hijos eran estudiantes de Medicina”.

“Llevamos la carrera muy al día”

La experiencia vivida durante la manifestación también es uno de los recuerdos más especiales de Álvaro Cerame, vicepresidente de Relaciones Externas e Internacionales de la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas (Creup). “Cuando organizamos la manifestación de la troncalidad teníamos dudas sobre cuántas personas acudirían y si tendría éxito. No teníamos ninguna experiencia en la organización de grandes manifestaciones, pero cuando vimos aparecer miles de estudiantes y el impacto que tuvo, supimos que estábamos haciendo lo correcto”, indica.

Para Cerame, el éxito del liderazgo estudiantil recae en tocar aquellos asuntos prioritarios para los futuros profesionales. “Los alumnos son agradecidos si haces algo que a ellos les importe. El mejor ejemplo es la troncalidad, donde se comunicó la importancia que tenía el proyecto para su formación y agradecían que estuviéramos atentos al proceso”, señala. La recompensa por las iniciativas realizadas, sin embargo, llegó de una manera poco habitual: “Estaba en una parada de autobús en Madrid y escuché a dos estudiantes hablar sobre el vídeo de troncalidad que hicimos desde el CEEM, pero ninguno de ellos sabía quién era yo”.

El responsable de Relaciones Externas del Creup (quien comenzó en los cargos de representación por el mismo motivo que se inscribió en Medicina, “la vocación”) cree que “es un ‘trabajo’ que aporta muchas cosas y es una experiencia espectacular, pero con el problema que exige compaginar el tiempo con la carrera, la familia y la pareja”. En este sentido, considera necesario desmontar un viejo mito: “Contra lo que se suele pensar, la mayoría de quienes estamos en cargos de representación llevamos la carrera muy al día”, aclara.

Lejos de abandonar alguna de sus responsabilidades, los líderes estudiantiles intentan sacar el máximo rendimiento de cada actividad. “La carrera cuenta con una formación muy teórica, pero carece de otros aspectos que sí aportan los cargos de representación, como es la comunicación, el trabajo en equipo, la gestión de los plazos y el trabajo bajo presión”, asegura Cerame, quien agrega al listado “la empatía y el saber escuchar”. “Estos son aprendizajes que serán de gran utilidad al trabajar en el día a día con pacientes y compañeros”.

Noches de desvelos por la futura sanidad

“Yo lo tengo clarísimo. La representación te permite contar con un mayor número de habilidades que las impartidas en la carrera, sumado aprendizajes en comunicación y liderazgo que te hacen destacar por encima de tus compañeros y te dotan de una visión más compleja y global de la situación”. Así lo cree Domingo Antonio Sánchez, vicepresidente del CEEM, quien opina que estas enseñanzas “te permiten ser mejor persona y profesional, dos grandes aportes en una profesión como es Medicina”.

Domingo Antonio Sánchez
No obstante, Sánchez puntualiza que no todo es recibir: “Los cargos de representación conllevan una gran responsabilidad, por lo que es común que exista una autoexigencia muy alta”. Lo suficiente como para que estos jóvenes se vean obligados a “compaginar nuestras labores con otras, como la carrera, ya que tenemos que pasar las asignaturas igual que nuestros compañeros. En este sentido, es un sobreesfuerzo que te obliga a despertarte más temprano para escribir una nota de prensa o acostarte más tarde organizando un encuentro”.

El vicepresidente del CEEM, quien comenzó la carrera en un mes de septiembre y en octubre ya estaba ayudando en un evento de representación nacional, sabía muy bien a qué se estaba enfrentando, debido a que cuenta con un largo historial de representación de los estudiantes. De hecho, ha sido: presidente de la Asociación de Alumnos de la Escuela Oficial de Idiomas de Lorca (Murcia), delegado de grupo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia y tesorero de la Delegación de Alumnos de la misma facultad, entre otros cargos.

Su papel en la representación local y nacional le permite asegurar que el impacto de las medidas que realizan “cambia según el tamaño de la organización”. “En la organización nacional llegas a más personas en líneas generales de acción, mientras que con la local el impacto es directo. La clave está en sumar los dos niveles”, analiza. Sin embargo, fue en Murcia donde Domingo Antonio Sánchez vivió uno de sus momentos más inolvidables. “Tras pasar cuatro días de esfuerzo organizando el V Congreso de Educación Médica de Murcia, para unos 1.000 estudiantes, me derrumbé durante la inauguración frente a todos los participantes e invitados de primer nivel. Todos comprendieron el nivel de esfuerzo y cansancio que tenía y me aplaudieron de pie cuando terminé el discurso inaugural”, recuerda.

Sus esfuerzos, sin embargo, no siempre han sido tan bien reconocidos. “Es una labor un poco desagradecida, puesto que se da por sobreentendido que alguien tiene que hacer estas iniciativas”. Una situación que, según explica, “ha llevado a que muchas personas se cuestionen si realmente vale la pena seguir dedicando tiempo y esfuerzos”. Algo por lo que él todavía no ha pasado, debido a que “a veces recibe una palabra de agradecimiento, lo que es un gran alivio que da energía para seguir trabajando. A fin de cuentas, hacemos esto para nuestros compañeros”, sentencia el vicepresidente.

El escaparate digital de los referentes

Las redes sociales se han convertido en un gran escaparate para los estudiantes que, a través de sus publicaciones, ganan seguidores y la admiración de sus compañeros. No hay una fórmula única, solo el ser fiel a tu personalidad y estilo, indiferentemente si esta es crítica, irónica, humorística o anecdótica. Uno de estos casos es el de Miriam Nova Sánchez, autora del blog ‘Futuradoctoranova’, quien cuenta sus anécdotas durante su proceso de formación al mismo tiempo que aporta recomendaciones y consejos a sus compañeros más jóvenes. Un proyecto que, hasta la fecha, le ha permitido conseguir más de 1.600 seguidores en Twitter.

Otro de los perfiles más conocidos es el de Silvia Meseguer, que es jugadora del Atlético de Madrid y estudiante de Medicina en la Universidad Autónoma de Madrid. Su perfil es una combinación entre ambas de sus pasiones y alcanzando más de 2.800 seguidores. Un modelo muy similar al que compartiría con su enemigo de derbis pero compañero de clases en la facultad, el jugador del Real Madrid C, Jacob Sánchez Dalmau. Un perfil que, aunque curioso, no se concentra en la capital, ya que también está Paula Nicart, estudiante en la Universidad de Valencia y jugadora en el Valencia FC, quien se ha apuntado un total de 2.100 seguidores en las redes sociales. Aunque su influencia es evidente, también hay que considerar el peso de sus actividades fuera de la facultad.
De arriba abajo, Sánchez, Nova, Nicart y Meseguer.

Sin olvidar a las “bases”

La presidenta de la Asociación Estatal de Estudiantes de Enfermería, Rocío Alfaro, ha encontrado la clave para que sus compañeros estén agradecidos con su ‘otra carrera’, la de liderazgo estudiantil. “El impacto en los estudiantes variará según la capacidad para informar sobre las medidas que se estén tomando. Si los estudiantes entienden que estás trabajando en un tema importante, entonces lo valoran más que otros que apenas conocen”, precisa.

Rocío Alfaro
Con el apoyo de las redes sociales y de los delegados de clase, apuesta por las grandes difusiones. “En las organizaciones aún mantenemos una estructura de pirámide y es importante que se tomen en cuenta las bases, ya que todos provenimos de ahí”, recuerda Alfaro, quien está recogiendo los frutos de su estrategia.

La relación con los jóvenes sanitarios también puede tener otra cara de la moneda. “Da un poco de vértigo que confíen en ti, pero al mismo tiempo sabes que es por algo. Además, la labor se hace mucho más fácil cuando te das cuenta de los buenos compañeros con los que cuentas”, confiesa. En este sentido, apunta que no le cuesta “dar la cara por mis compañeros”, los mismos a los que invita a participar en la organización “a través de los talleres y formación que presentamos de manera continua”.

La presidenta de las enfermeras recuerda que “con las actividades de representación haces muchas cosas que no harías si solo cursas la carrera, por lo que creces tanto como persona como profesional”. Sin embargo, es consciente de que los primeros pasos pueden ser los más complicados. “Cuando comencé, lo hice como la mayoría, conociendo a alguien que ya formaba parte de la organización y que me guió durante mis primeros pasos”.

Etapa que queda bien marcada a pesar del paso del tiempo. “Recuerdo que nunca se olvida es aquel día de la primera asamblea en la que estás perdida, nerviosa y haciendo movimientos raros que son percibidos por quienes están presentes, y hasta se pueden llegar a reír. Es un momento importante, porque ahí es donde todo comienza”, indica.

Líderes e influyentes, más allá
de los representantes oficiales

La representación estudiantil no es la única fórmula para influir en el mundo estudiantil. Antonio Guerrero, por ejemplo, lo ha conseguido a través de alcanzar la puntuación más alta en el MIR. “La mañana siguiente a la entrega de los resultados fue un caos, debido a que recibí llamadas de muchas personas, desde familiares y amigos hasta medios de comunicación e invitación a participar en programas. Fue una locura”, recuerda.

Antonio Guerrero
Su experiencia le ha permitido convertirse en un referente para una de las pruebas que más preocupa a los estudiantes de Medicina: “Algunos conocidos de la facultad se me han aproximado para pedirme que les ayude a preparar el MIR, tanto en cómo afrontar una materia en particular hasta aconsejarles en técnicas de estudio”, apunta. Sin embargo, el impacto se ve reducido ante sus compañeros de hospital. “Una vez que ya estás trabajando, pasas a ser uno más y, aunque te puedan reconocer o hacer algún tipo de comentario, no hay distinciones”, aclara.

A pesar de que la capacidad de influencia pueda ser temporal, los jóvenes líderes se centran en cuál es el camino que les depara el futuro. De ahí que algunos, como el vicepresidente del CEEM, Domingo Antonio Sánchez, apunten que “en 30 años el mundo médico será de esta gente”. “El futuro es mío y de mis compañeros”, concluye.