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02/08/2015 n248
José A. Puglisi
Imagen: Miguel Fernández de Vega
El presidente de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) observa la hora en su Apple Watch. Una notificación le indica que tiene un correo importante, lo lee en su portátil y, posteriormente, realiza una llamada desde su iPhone. La tecnología es, después de la Medicina, una de sus principales pasiones. De ahí que Antonio Fernández Pro-Ledesma admita culposamente que cree tener “todos los cacharritos del mundo mundial, e, incluso, alguno más de lo debido”. Sin embargo, la tecnología no siempre fue una herramienta que estuvo a su disposición. En sus inicios como médico rural, vivió experiencias de la España profunda, donde las comadronas eran llamadas antes que los médicos y a los niños con fiebre se les cubría para que brotara el sarampión.
¿Cuándo comprendió por primera vez que su vocación estaba en la Medicina?
Hace muchos, muchos años. Aunque suena tópico, fue mi abuelo, médico rural, quien me pedía entrar en su consulta y hacía de secretario de él cuando yo tenía tres o cuatro años. Desde entonces, siempre tuve claro que quería ser médico, y rural, además. Quizá con la imagen romántica del médico de hace muchos años, pero que ha sido lo que ha llenado mi vida años después.

¿Vivió esa imagen romántica de la Medicina?
Sí, sin dudas. Por mi edad y por la proyección profesional que tuve al aprobar una oposición APD (Asistencia Pública Domiciliaria) en 1982, me llevó a estar 24 horas de servicio en un pueblo. Empecé mi andadura en Toledo y después me trasladé para aprobar las oposiciones a Cáceres durante cinco años y sí estuve ejerciendo la medicina rural pura y dura de 24 horas diarias los 365 días del año. Eso, evidentemente, marca un tipo de relación muy especial con el paciente, con el municipio en el que vives y con la propia profesión.

¿Qué anécdota puede contar que haya vivido en una consulta médica?
En aquella época, por los años 80, existía un poco la creencia que arropando bien a un niño con fiebre le brotaba finalmente el sarampión. En una ocasión tuve que atender a un crío con muchísima fiebre y lo desarropé, por lo que casi me vi obligado a salir corriendo de casa porque la familia se cabreó mucho conmigo. 
En situación bastante frecuente eran los partos a domicilio. Incluso llegaban a ocultar el embarazo para que el médico no las mandara a parir al hospital. Era una época en la que existían parteras, siquiera matronas, y a quienes llamaban antes que al médico. Es decir, situaciones que ahora sí son anecdóticas y que ya son muy difíciles de encontrar en España. 

¿Su padre también ayudó a marcar su perfil médico?
No, mi padre no fue médico, sino químico y matemático. Fue mi abuelo quien más nos marcó en ese perfil, ya que mi hermana también es médico de Atención Primaria.

Cuando comenzó la carrera, ¿se imaginó siendo la persona que actualmente es?
Ha cambiado mucho. Desde que comencé la carrera en el año 1973 hasta ahora ha llovido y bastante. Sin embargo, el espíritu profesional es lo que prevalece y ese regusto por la relación humana, que al final es lo que te lleva a querer una profesión de este tipo, se sigue perpetuando. Eso, en esencia, no ha cambiado mucho.

¿Y cómo definiría ese espíritu profesional?
Como entrega, vocación de servicio, empatía, sacrificio, prioridad y muchas otras que se definen en dos palabras: profesionalismo y responsabilidad.



¿Cuál ha sido la asignatura de la carrera que más le ha ayudado en su desarrollo profesional?
Es una pregunta difícil, pero creo que todas las asignaturas médicas son las bases del conocimiento. No obstante, recuerdo con especial cariño, quizás por su dificultad, la de Anatomía o la Fisiología, de la que sigo siendo un gran apasionado. La esencia de la Medicina pasa por la Fisiopatología, ya que es muy fácil conocer la enfermedad si conocen la fisiopatología.

¿Y la asignatura que ha pasado al olvido?
Al principio yo pensaba que la Obstetricia, porque fue una asignatura de la que se pasó muy a hurtadillas, pero cuando me vi en ese pueblo tan aislado, fue el libro que más consulté en todo momento. También es cierto que hay asignaturas de paso, otras que se tienen que adaptar a los tiempos y otras que faltan, como por ejemplo la de Atención Primaria, que sigue siendo una asignatura pendiente de las facultades de Medicina.

¿Qué le diría a su nieto si le dice que le gustaría ser médico?
Me encantaría. De hecho, de momento no tengo hijos médicos.  Recuerdo que una vez con mi hijo mayor íbamos a hacer una entrevista en la Facultad de Medicina de Pamplona, y estando en Madrid se arrepintió y me dijo que quería dedicarse a Ingeniería Informática. Y le ha ido bastante bien en la vida. Al final, no se trata de influir o no, sino de dejarle limpio y transparente el porvenir y que sean ellos los que decidan qué quieren hacer.

Ha estado vinculado a la SEMG desde su creación. ¿Cómo valora la evolución que ha tenido la sociedad durante los últimos años?
Ha evolucionado de una manera rotunda. Ha pasado de nacer, prácticamente, de la decisión de un grupo de amigos que se nos antojó la falta de una sociedad científica que tuvieran unos valores que no veíamos, a lo que somos hoy. No digo que seamos un poder fáctico, pero sí tenemos una capacidad de influencia y liderazgo, tanto en la formación del médico clínico como en la política sanitaria. Eso ha sido un paso de gigantes.

Los presidentes que han ido pasando por la SEMG han dejado una organización absolutamente saneada y preparada para asumir los retos futuros y aquellos propios de la profesión, tanto en el ámbito formativo y político.

¿Y cuál ha sido la clave?
La honestidad y la transparencia. Hemos utilizado siempre el mismo mensaje y sido coherentes con lo que hemos planteado, sin cambiar según lo que fuera viniendo. Así como apoyarnos en dos pilares que considero básicos: dignidad profesional y calidad.

El entrevistado, durante sus viajes a Rusia y al Machu Picchu

Ha destacado el valor de los expresidentes del SEMG, pero ¿cómo recuerda el trato en el día a día con Benjamín Abarca?
Lo primero que diría sobre él es que es un amigo, aunque ahora tengo la gran ventaja de que ya no tengo que hacerle la pelota, porque ya no es mi presidente. Por eso puedo decir abiertamente lo que pienso y él lo sabe, aunque le genere cierto pudor. Benjamín es un trabajador infatigable que ha posicionado las agendas políticas en la Atención Primaria. El papel que le ha tocado jugar como presidente de la sociedad ha sido fundamental.

¿Cuál ha sido el listón más alto, a superar, que le ha dejado Abarca?
El de su constancia y capacidad de trabajo. Era agotador. Yo soy una persona más de equipo, necesito apoyarme más en él, porque es probable que esa capacidad de trabajo no conseguiré alcanzarla, pero sería para mí un deseo, pero es lo que más admiro de él. Tanto así que no dejaré que se vaya de aquí y tendrá que darme una mano en algunas cosas.


¿Qué imagen le gustaría dejar como presidente de la SEMG?
No solo en el cargo, sino en toda mi vida, quiero dejar una imagen de honestidad y transparencia. Lo más importante que se puede dejar en estos ámbitos de actuación son la confianza y una buena valoración de las labores hechas desde la honestidad. Sin esto, todo lo demás no me vale.

¿Qué retos debe asumir para lograrlo en la SEMG?
Hay cuatro puntos principales. El primero es ayudar a acabar con la precariedad que están sufriendo nuestros médicos jóvenes y acabar con esa diáspora que padecen día a día. Ya que esto debilita tremendamente la estructura del sistema que ya no solo es sanitario, sino de estructura del país. Aunque quizás no sea un tema científico, a mí me parece que roza con la dignidad profesional, debido a que contratar un médico al 50 por ciento roza con la ética.

El segundo gran tema es la implementación de la asignatura de Atención Primaria en el ámbito universitario. La tendencia de los últimos años en donde el médico que acaba suele ser reticente a escoger la especialidad de Familia es porque no nos conoce y nadie escoge lo que no conoce. La tercera, los conceptos de reacreditación, por lo que hay que ofrecer una formación no solo de calidad sino de suficiencia para desarrollarse en este ámbito y ser una referencia en el sector. La última, potenciar la investigación.

¿Le bastará un solo período o tiene previsto ser candidato para una segunda legislatura?
Ahora no me lo planteo, debido a que no toca hacerlo en este momento. Una sociedad como esta requiere de mucho esfuerzo y dedicación, pero cuando uno no es profesional de esto, sino que tiene una vida, familia y un trabajo al que ha dedicado su vida, evidentemente cuesta. En este sentido, dedicar un tiempo a la sociedad es algo que le debo porque la sociedad me ha dado mucho a mí y me ha reportado beneficios personales y profesionales, pero primero hay que cubrir esto cuatro años y ya luego Dios dirá.


¿Unos lazos de amistad que incluyen a Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial y uno de los fundadores de la SEMG, de la que fue presidente?
Esa es una amistad indestructible. Son de esas amistades que son de verdad. Me acuerdo que cuando comencé a trabajar en Toledo y fui a elegir la plaza de trabajo que yo quería había un compañero dando voces encima de una mesa para organizar un poco el patio y ese era Juanjo. A partir de ese momento hemos ido a la par y trabajado en muchos proyectos juntos y es una amistad que a mí, personalmente, me enorgullece.



¿Cómo conoció el amor?
El amor se conoce cada día. El amor básico e intrínseco es el de la belleza, el de cada día y amanecer con el espíritu de querer cambiar cosas e intentar ser mejor cada día. Yo el amor lo tengo en mi hija de cinco años, en mi mujer e hijo mayor de 30 años. Creo que sin amor no hay pasión y sin pasión no hay vida. Entonces, cada vez que trato de hacer algo lo que busco es transmitir esa pasión.

Nos aseguran que es un amante de las nuevas tecnologías, ¿se maneja con toda maestría con un iPhone 6?
Sí, (mientras señala su Apple Watch), creo que fue de los primeros en llegar a España. Hace años tenía como asignatura pendiente las nuevas tecnologías, debido a que a finales de los 90 veía con sana envidia como la capacidad de manejo de esa herramienta hacía a una persona completamente diferente a la otra. Entonces, he evolucionado junto con la tecnología.

Creo que tengo todos los cacharritos del mundo mundial e, incluso, alguno más de lo debido. Soy un amante de la tecnología, ya que son herramientas útiles, tanto que hacen diferentes a las personas, en cuanto a capacidad de trabajo.

¿Cuáles son los productos tecnológicos que más disfruta utilizando?
La cámara de fotos con todo su juego de objetivos. No obstante, en este ámbito soy de los que se machaca en lo manual, no me gusta retocar las fotos, por lo que no soy muy seguidor del Photoshop o de otros programas de retoque, aunque es evidente que también lo hago.

Entrega del Premio Príncipe de Asturias a la ONT


En línea con esa pasión por lo manual en la fotografía, ¿revela sus propias fotos?
Sí, he tenido mi propio cuarto oscuro en mi casa. Cuando enseñaba a los niños la pasión por la fotografía, solían ir de un lado para otro, por lo que era sumamente complicado el mantener la puerta cerrada y se perdieron muchas fotos.

¿Alguna vez ha perdido una muy buena foto?
Seguro, porque era una época en la que no tenía ni idea y ahí las buenas fotografías solo se cazan, no se hacen. Entonces hice muchas fotos para conocer lo que es la técnica y lo que quieres plasmar, por lo que habría buenas fotos hechas por casualidad.

¿Cuál es la imagen que se siente más orgulloso de haber tomado?
Si definimos la foto como un momento, la más importante de mi vida fue la decisión de tener una hija de mayor. Me costó, pero ha sido lo más apasionante que me ha pasado, sin menospreciar al resto de hijos.

Si nos referimos a una imagen, hace unos días me sentí tremendamente contento porque encontré unas fotos mías y de mi abuelo y he sido capaz de reestructurarlas. Pero sí lo que decimos es una foto tomada por mí, creo que sería una en Marín, en la que se mezcla lo viejo con lo nuevo y donde hay dos barcas en una cochera antigua. Logré captar un instante perfecto. Sin embargo, no está publicada y las pocas que cuelgo en internet lo hago a través de un pseudónimo, ya que no quiero que se me relacione con algo que, a mí parecer, no hago bien.

¿Qué le gustaría preguntarle a Robert Capa si tuviera la oportunidad de verle?
Qué le apasiona. Es un personaje alucinante, de esos que, en la propia inercia de su vida, son capaces de crear belleza y situaciones únicas. Sin embargo, me pasa con todos los artistas, incluidos los directores de Hollywood, como Steven Spielberg o James Cameron.

¿Cuál es su chiste de médicos preferido?
Yo siempre digo el mismo a los pacientes: “Doctor me duele aquí”… “bueno, póngase ahí así no le duele”. Es muy malo, pero traduce lo que se siente en la consulta.

¿Cuándo considera que será el momento oportuno para colgar la bata blanca?
 El día que no me apasione y comience la consulta queriéndola acabar.