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26/07/2015 n247
Dejarse unos días libres de vacaciones para realizar labores humanitarias no es una decisión fácil, pero quien lo ha probado asegura que ‘engancha’ y quiere repetir. Y no solo haciendo voluntariado, sino que algunos se enrolan como cooperantes durante un periodo más prolongado e incluso indefinido. Los pros triunfan sobre los contras y pese a las dificultades añadidas a pasar consulta o realizar una cirugía en una zona devastada, de riesgo, conflicto y sin apenas recursos se esconde la satisfacción profesional de ayudar a los más desfavorecidos a través del campo de la Medicina en el que son expertos. Atender pacientes en una canoa en la Amazonia Boliviana, en plena selva, a los heridos de la Franja de Gaza o luchar contra la desnutrición infantil en Níger son algunas de las vivencias que llevan a sus espaldas los facultativos que cuentan su experiencia a ‘Revista Médica’.
Marta Escavias
No colgar la bata llegadas las ansiadas vacaciones, sobre todo de verano, no es cuestión menor, pero la recompensa, dicen, bien merece la pena. Tiempo, ganas y mucha dedicación son los tres ingredientes principales a la hora de tomar esta decisión. Tal es el caso de Higinio Ayala, cooperante de Médicos del Mundo desde hace más de 20 años. “Decidí ser voluntario porque me lo inculcaron desde pequeño en casa. Empecé colaborando con Cáritas Diocesana en un proyecto con vagabundos con 16 años y hasta hoy”. Este cirujano plástico del Hospital de Valdecilla, en Santander, reserva todos los años un mes a la realización de labores humanitarias en algún país necesitado. “Pido permiso unos días al hospital y otros los cojo de mis vacaciones para reunir mínimo un mes aproximadamente”, explica.

En su currículum cuenta con experiencias en Chad, Perú, Ecuador y la Franja de Gaza (Palestina), entre otros. Precisamente aquí fue donde pasó su último verano. “Soy cirujano reconstructivo y atendía a todos los heridos que tuviesen estas necesidades, bien por aplastamientos de edificios o por el impacto directo de metralla de las bombas y balas”, relata. Su trabajo se desarrollaba en uno de los hospitales más importantes de Gaza,donde se incorporó al equipo quirúrgico de cirujanos plásticos.

Pese a la peculiaridad de la zona, asegura que su trabajo no es muy diferente al que realiza en España. “Me levantaba a las seis y a las ocho empezaba nuestra actividad quirúrgica, que se prolongaba hasta las tres o cuatro de la tarde. Era una actividad diaria muy parecida a la que hago en mi hospital”. Por las tardes, continúa la actividad: “Tocaban labores más burocráticas: planificaba las cirugías de los próximos días y contactaba con otras entidades que pudiesen necesitar un cirujano plástico”.
¿Es seguro el trabajo? Una de las dudas o temores a los que se enfrentan voluntarios y cooperantes antes de embarcarse en esta experiencia suele ser su seguridad en el campo de trabajo. En este sentido, Higinio López, voluntario de Médicos del Mundo, asegura que las ONG cuidan muy bien la seguridad personal de cada uno y las condiciones de trabajo. “Vas a trabajar y no puedes estar pensando todo el rato en sobrevivir”. Como norma general, existen unas condiciones básicas de manutención, alojamiento y traslados. “Ellos se encargan de todo (búsqueda de residencia, alimentación, etcétera) para que tú puedas centrarte en el trabajo, que al fin y al cabo es a lo que has ido”, asevera.

Cuando la ONG es de ámbito nacional suele sufragar todos los gastos que pueda tener el facultativo, pero cuando es de ámbito local, sus recursos son menores y los cooperantes suelen tener que realizar algún desembolso.
Recursos limitados

Ahora bien, está claro que los medios con los que cuentan allí no son los mismos. “Son hospitales de segunda división y con recursos limitados, aunque para poder realizar una cirugía normal es suficiente”. Y pone un ejemplo: “En España hay gasas más que de sobra y allí no. Es la necesidad lo que te hace ser más eficiente a la hora de trabajar porque tienes que gastar muchísimo menos”.

Ayala insiste en que no es capaz de decantarse por ningún país en concreto, ya que de todos ellos aprendió algo. “Cada país te enseña algo, aprendes de cada situación, de cada persona con la que te cruzas”. Aunque curtido en este ámbito, destaca su experiencia en Gaza como la más importante: “Es la que más me impactó a nivel personal ya que pese a ser uno de los desastres humanitarios más importantes se le dio poca trascendencia a nivel internacional”, indica.
Especialidades más demandadas

A priori, cualquier especialidad médica es necesaria en estos países,siempre y cuando el facultativo esté dispuesto a ayudar,si bien es cierto que algunas son más demandadas que otras. Para Medicina ‘continuada’, es decir, proyectos de cooperación a más largo plazo, se precisan sobre todo médicos de Familia, ginecólogos y pediatras.
Una cooperante de Médicos Sin Fronteras atiende a un paciente.
Y para catástrofes humanitarias se requieren más cirujanos. El equipo necesario suele estar compuesto por un traumatólogo, un cirujano plástico y un anestesista. Para conseguir a este equipo se suele hacer una llamada a las sociedades científicas, que siempre responden rápidamente. “Me gustaría ir a Nepal, pero las plazas ya están cubiertas, así que me he dejado días por si acaso”, lamenta Ayala.
Cooperación indefinida

Otra experiencia muy diferente es la que vive cada día José Antonio Sánchez, enfermero, quien hace ya más de cinco años que se dedica en exclusiva a la cooperación. Desde que acabó su carrera, califica su entrada en el mundo laboral como un vaivén de trabajos en estructuras públicas, privadas y academias de formación sanitaria. En 2002, buscando una estabilidad laboral, decidió emigrar a Francia,donde se quedó siete años con un contrato indefinido. “Sin embargo, mi trabajo no me llenaba, y tras un encuentro casual con un antiguo compañero que trabajaba en Médicos Sin Fronteras (MSF), envié mi currículum y acabé renunciando a mi estabilidad laboral y enrolándome en esta aventura”, manifiesta.

Desde entonces ha trabajado en proyectos contra la desnutrición infantil y en campañas de vacunación en Níger y República Centroafricana. También ha sido coordinador médico adjunto en República Democrática del Congo, de donde ha vuelto hace un par de meses.

“En estos cinco años de ayuda humanitaria he acumulado muchos buenos recuerdos”, indica. “Recuerdo a una madre exhausta que tras 15 kilómetros de marcha con su hijo enfermo a la espalda llegó al centro de salud y con su sonrisa nos agradeció que nos ocupásemos de él. ¡Vivir ese momento no tiene precio!”, añade Sánchez.
Ser valorado como profesional

Aunque su motivo principal fuese ayudar, Ana María de la Torre, médico perteneciente a la ONG Asociación Solidaridad Médica (en la imagen de la cabecera de este reportaje), anhelaba también una vía de escape a su rutina diaria. “El sistema de gestión sanitaria en España te obliga a buscar algo más gratificante”, critica. “Aquí solo eres un número más en la lista, cuando hay zonas del mundo donde se necesitan médicos y tu trabajo es verdaderamente valorado”. De la Torre comenta que su inmersión en las labores humanitarias se ha convertido en algo que necesita“para recordar que nuestra profesión merece la pena”.

Así, forma parte del equipo directivo de la ONG y compagina su trabajo como directora médica y delegada en la sede de Andalucía con labores de cirugía en la Amazonia Boliviana varios meses al año. Su especialidad es intensivista de la UCI. “Donde no llegaba ningún tipo de sanidad ahora, se han formado promotores de salud. Además se realizan expediciones sanitarias integradas por un médico, un enfermero, un odontólogo, un técnico de laboratorio y personal no sanitario. Mi labor consiste en ayudar en las campañas de cirugía”, explica.
Integrantes de MSF, durante un viaje.
Su jornada laboral en la zona es toda una aventura. Una expedición sanitaria consiste en visitar una media de 10 comunidades entre 20 y 40 días. “Nos trasladamos en una embarcación o canoa, dormimos en tiendas de campaña y comemos arroz, pasta, conservas y lo que puedan pescar o cazar”, relata. Se levantan a las siete de la mañana para empezar a trabajar a las ocho. “Atendemos a las familias: primero pasan por el censo, donde se registran y se busca su historia clínica, y se recogen peso, talla, tensión arterial y temperatura”, continúa. Más tarde pasan al médicode Primaria, poniendo especial atención en la exploración a los niños. Con las recetas acuden a Enfermería, donde se les administra el tratamiento pautado. Además, el técnico de laboratorio realiza pruebas básicas como el test de heces. Mientras, el dentista va atendiendo también a toda la comunidad.
Los nuevos ‘cascos blancos’ de Sanidad Este mismo año, el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas han acordado la constitución de una bolsa de ‘cascos blancos’, es decir, profesionales sanitarios que se desplazan a lugares ante alertas sanitarias. De esta forma, se aprobó dotar de una serie de garantías aestos cooperantes, como regular y unificar la concesión de permisos o excedencias para la incorporación a las tareas de controlde las emergencias, establecer el tipo de profesional que puede solicitar su participación, así como asegurar la cobertura sanitaria asistencial necesaria y las condiciones para una repatriación segura, entre otros aspectos.
Cuando los ‘pros’ superan a los ‘contras’

Experiencias de este tipo ayudan a afrontar las contrariedades que pueden surgir en el camino, que también las hay. “A veces es difícil trabajar con la impotencia de no poder hacer algo más ante una urgencia ante la que sabes que si estuvieses en Europa el paciente podría sobrevivir”, puntualiza Sánchez.
Higinio Ayala, voluntario en Médicos del Mundo.
El trabajo burocrático implica grandes dosis de paciencia, sobre todo para los voluntarios. “Bloqueos en las fronteras y peticiones que tardan días en procesarse conllevan un día de trabajo y cuando dispones de poco tiempo los costes son muy altos”, puntualiza Yolanda López, directora técnica de la Fundación Red de Colegios Médicos Solidarios. Asimismo, “el rechazo de algunos gobiernos a que ONG extranjeras trabajen es sus países puede ser un hándicap con el que haya que lidiar”, recuerda Ana María de la Torre.

Afortunadamente, el positivismo relega a un segundo plano estas cuestiones. “Para mí es un privilegio poder hacer algo para mejorar la vida de una población vulnerable y afectada por desastres naturales, conflictos bélicos o epidemias”, comenta José Antonio Sánchez. De la misma opinión es Yolanda López, quien asegura que la experiencia es muy gratificante: “Trabajas mano a mano con gente y ves que tu labor tiene una especial trascendencia”. “Además, convivir con personas de otras etnias te vuelve más tolerante, te cambia tu escala de valores y te ayuda a desconectar de la rutina”, apostilla De la Torre.
¿Cómo elegir una ONG?

En la actualidad, existen muchas ONG, colectivos e instituciones solidarias que trabajan tanto con profesionales cooperantes como con voluntarios. La elección es amplia, yendo desde una organización o dispensatorio local hasta una institución gubernamental u organismo internacional.

“Tras la elección de la ONG se debe entrar dentro de su equipo de trabajo para que puedan conocerte, porque no suelen enviar a nadie al extranjero que no sepan quién es y cómo es previamente”, advierte Higinio Ayala, voluntario de Médicos del Mundo. Los trámites en sí no suelen ser muy largos, pero Ayala aconseja que la mejor opción es empezar a trabajar en el país de residencia primero, integrándose en el colectivo y empezar a demostrar que se quiere trabajar ‘sobre el terreno’.
Voluntario ‘versus’ cooperante

Un profesional sanitario puede ejercer su labor humanitaria de dos maneras. Por un lado, trabajando como voluntario y haciendo uso de sus vacaciones, o de un permiso especial para formar parte de una comisión quirúrgica de dos semanas en un país en desarrollo. Por otro, puede trabajar como cooperante, durante periodos extensos e incluso años, en una organización especializada en dar atención médica a poblaciones que viven en un contexto bélico o de crisis humanitaria.
José Antonio Sánchez, cooperante de Médicos Sin Fronteras.
Por poner un ejemplo, Médicos Sin Fronteras solo trabaja con cooperantes. Para ello, la organización pide dos años de experiencia profesional en el área en la que pretenda ir, manejo de inglés y francés, y tener una disponibilidad para la primera misión de seis meses a un año.

La intervención puede ser inmediata y puntual, con motivo de una emergencia humanitaria, o bien más alargada en el tiempo,por ejemplo en el caso de que se trate de un programa de atención a la salud sexual y reproductiva en una población. “Los ámbitos de intervención, especializaciones y actores, dentro del sector son bastante amplios”, puntualiza Yolanda López.

Desde la Fundación Red de Colegios Médicos Sanitarios se aconseja, en primer lugar, que el profesional se informe bien de ‘la letra pequeña’. “Es imprescindible que conozca sus derechos y deberes, según la normativa aplicable a su intervención y que exija a la organización los requisitos y prestaciones que por ley le corresponden para el correcto desempeño de su labor”, indica López.Además, es fundamental que la organización ofrezca al profesional la formación imprescindible, las prestaciones adecuadas y el asesoramiento y gestión de los trámites necesarios para su desplazamiento y labor, entre otros asuntos. “Aunque parezca una obviedad, es fundamental”, subraya.

Cualquier periodo de tiempo y especialidad sanitaria es bienvenida cuando se trata de ayudar, tanto en un proyecto solidario a corto como a largo plazo. La recompensa es tal que prácticamente el cien por cien de cooperantes y voluntarios cuentan los días para volver a vivir una experiencia similar y aconsejan a sus compañeros, sin dudarlo ni un segundo, que participen en esta ‘aventura’.
Distintos derechos y deberes para cooperantes y voluntarios Los profesionales sanitarios cooperantes son quienes unen a la adecuada formación o titulación académica oficial una probada experiencia profesional, y tienen encomendada la ejecución de un determinado proyecto o programa en el marco de la cooperación para el desarrollo. En el Estatuto de los Cooperantes (regido por un real decreto) quedan fijados, entre otros aspectos, sus derechos y obligaciones, el régimen de incompatibilidades, la formación, la homologación de los servicios que prestan y las modalidades de previsión social.

El cooperante, en este caso médico, es un profesional que participa en la ejecución, sobre el terreno, de un determinado instrumento de cooperación internacional para el desarrollo o de ayuda humanitaria en cualquiera de sus fases, a realizar en un país o territorio beneficiario de la política de ayuda de la acción exterior del Estado.

El voluntario, sin embargo, no se rige por el Estatuto del Cooperante sino por la Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo. “El voluntariado al servicio de la cooperación para el desarrollo y su vínculo con la organización con la que trabaja no es laboral. Los derechos y deberes de ambas figuras son diferentes”, puntualiza Yolanda López, directora técnica de la Fundación Red de Colegios Médicos Solidarios.