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19/07/2015 n246
El Celador
Versión original
(subtitulada)
Desde que es alcaldesa de Madrid, Carmena se ha propuesto salir periódicamente en mi sección. Es algo que yo entiendo, comprendo y respeto. Qué digo: ¡es lógico! Pero he de decirle que hacer una página web para hacer rectificar contando su verdad (el portal se llama ‘Versión original’ (V. O.), aunque será una versión original subtitulada, claro) no es mérito suficiente para que este celador le dedique sus palabras semanales. He buceado en la web y no ha dicho nada de si es verdad, o no, que va dejar hacer el hospital de la Quinta Torre de La Castellana. Y estas cosas para nosotros, los sanitarios, son muy importantes, para ir actualizando currículos y tal. Pero no, no ha dicho nada, así que el día a día de Madrid sigue adelante, por muy ‘rectificada’ que esté.
Sin embargo, hay otra mujer que se merece estar aquí hoy. Ha salido de mi amigo Manolo, que conste: “¿Has visto a la Merkel esa cómo hace llorar a una niña en la tele?”, me suelta en un descanso mientras miramos una salida de aire acondicionado como si se nos hubiera aparecido la Virgen. Sí, vaya que la he visto. Una niña palestina le dice a la canciller alemana, en resumen, que su gente lo está pasando mal. Y la mandamás de Europa, sujetando el micrófono en ángulo recto como si no hubiera mañana, le responde que bueno, que eso es lo que hay. La interpretación es mía y, por lo tanto, libre, pero podría pasar por el filtro de la web ‘Versión original by Carmena’, lo juro. Entonces, la niña palestina, que había preguntado con una sonrisa en la cara, se pone a llorar mientras la Merkel le sigue soltando un nosequé; luego va e intenta acariciarla, menudo intento, para disipar las lágrimas, pero el daño está hecho. “¡Con lo fea que es la Merkel, por Dios!”, añade Manolo, que es juez de Miss Universo desde que lo conozco.
La entrevista a Merkel se quedó chafada, pero reconozco que lo de poder preguntar a los mandamases lo veo bien. A mí es fácil sacarme una lágrima, pero de risa, y por eso creo que es bueno que los peces gordos respondan públicamente de vez en cuando. Yo le plantearía varias cuestiones a mucha gente. A mi superior y al gerente del hospital, al consejero de Sanidad, al ministro Alonso, a Rajoy y a Merkel. ¡Y hasta Carmena! La gente tiene ganas de preguntar. Bien lo sabemos los celadores, que la mitad de nuestro sueldo debería ser pagado por responder continuamente. A veces, incluso dando respuestas imposibles, pero necesarias. Una sonrisa antes de una operación, o antes de escuchar el resultado de unas pruebas decisivas, o antes de salir a la calle para volver a la vida normal merece la pena. Por eso cuando los niños nos preguntan que qué pasa en las salas más silenciosas del hospital, Manolo le dice que son los almacenes del ‘Cortinglés’, para regalos sorpresa para gente muy buena. Y los niños no tienen que saber si dentro de la UCI hay decenas de personas pendientes de si volverán a salir por la puerta por la que llegaron o por otra sin retorno.
Merkel debería aprender de Manolo. Aunque si se entera Carmena, lo pone en su web V. O. y al gerente, ya lo digo yo, no le va a hacer ninguna gracia. Las versiones originales a veces no se entienden sin subtítulos.