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05/07/2015 n244
El jefe de los médicos españoles ha mandado en juventudes católicas y corrido delante de los ‘grises’, toreado vaquillas y conseguido dentaduras para abuelillos pidiéndole cuentas a un alcalde que incluso le compró, tras su insistencia, un ecógrafo para su centro de salud. Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), no se molestó cuando a las cinco de la mañana le despertaron por un preservativo y reconoce que a veces se cabrea mucho en algunos de sus discursos, porque es mal actor y no puede poner buena cara cuando la situación no le gusta. Se confiesa en ‘Revista Médica’ un peso muy pesado de la sanidad que ve dibujos animados, cuida 44 árboles y que está fascinado por el mensaje del Papa Francisco. Aquí la persona llamada Juan José detrás del personaje Rodríguez Sendín.
Jesús Vicioso Hoyo
Imagen: Cristina Cebrián y Joana Huertas
Pregunta para el médico de Vitigudino (Salamanca): ¿Qué piensa del presidente de la OMC?
Creo que el presidente de la OMC tiene una gran suerte de haber sido un producto evolutivo de la propia OMC. He estado 30 años de mi vida vinculado a la organización; todo lo que he aprendido y lo que he conseguido relativizar e incluso proteger a la OMC es como consecuencia de ese aprendizaje. Esa escuela me la ha dado la organización, a la que le debo todo. A esta organización, pero también a mi sociedad, la Sociedad Española de Medicina General (SEMG), que tuve la suerte y el acierto de crear y de la que fui presidente.

El presidente de la OMC es también la suma de todo aquello que le ha ido aportando a la organización y sobre todo la cantidad de visiones que ha podido ver: lo científico, lo laboral, lo sindical y, por supuesto, lo profesional, donde toma una relevancia especial la ética y deontología, que es sobre lo que tengo especial obsesión de no equivocarme. Mi mayor preocupación es no equivocarme. Otra cuestión es que no tengo ninguna obsesión de contentar a todo el mundo. No estoy aquí para contentar a la gente.

¿Cuándo fue la última vez que pasó consulta?
Pasar consulta a los 50 o 60 pacientes diarios que tiene mi cupo creo que ahora mismo hace 6 años que no la paso entera.

¿Lo echa de menos?
Muchísimo. Pero no lo echo del todo porque veo pacientes. Es decir, hacer ecografías de vez en cuando, que también inicié esa tarea de incorporar la ecografía a la práctica clínica allá por los años 90, no lo he dejado de hacer. Pero eso no es pasar consulta, eso es ver a 4, 5, 6 o 7 pacientes. No es lo mismo.

¿Se metió en las organizaciones colegiales para huir del pueblo?
No, en absoluto. Yo en mi pueblo tengo enterrados a mis padres, y tengo casada a una hija, y tengo nietos. Luego en absoluto. A mí me encanta el pueblo, y volvería a repetir otra vez la Medicina Rural. (…) Lo que más me ha ayudado a hacer la mejor Medicina posible es conocer muy bien a mi gente, ser especialista en mi pueblo, que es un añadido que no se adquiere en la facultad. Yo me tengo que conocer no solo de lo que trabaja y vive mi pueblo, con qué se pueden intoxicar o qué costumbres tienen hasta para suicidarse; tengo que saberlo todo.

Rodríguez Sendín, en una manifestación en defensa de la medicina rural y los médicos titulares, en los años 80.


¿Qué hizo ese médico local?
Una de las cosas que más disfruté fue conseguir que, una vez que asfaltaron todas las calles de mi pueblo, cuando va la gente detrás del Cristo por sus promesas lleven protectores y no lleven las rodillas al aire. Es que se destrozan las rodillas y yo me tenía que preocupar de eso. Y de que ojo con las costumbres con ciertos cohetes que sueltan en las fiestas, porque me habían quemado a varios de mis pacientes. Es decir, todo lo que ocurre con el pueblo tiene relación con la salud.  

¿Cuántas veces fue a pedirle cosas al alcalde para ayudar a un paciente suyo?
Muchísimas veces, pero es que además yo tengo mucha suerte. Mi alcalde lleva dos meses más que yo de médico en Noblejas (Toledo). Entonces, los problemas críticos que ha habido siempre, que algunos no son confesables, los hemos resuelto juntos, desde hacer el propio centro de salud al que yo iba tantas o más veces que el arquitecto para resolver los problemas que tenía y cómo los reubicábamos o no, hasta soluciones tremendas, sociales y concretas, que se enteraba él y otras yo, y a veces interviniendo el cura y las monjas. Hemos resuelto problemas u ordenado discordancias profundas en una familia o hemos ayudado a alguien que necesita una dentadura o una prótesis y que no tiene dinero. Y hay que sacarle la dentadura adelante.

¿Ahí empezó el Sendín reivindicativo?
No, no. El Sendín reivindicativo empieza en 1983. Yo llego al pueblo en 1985, y antes había constituido un sindicato. En el 90, lo que hicimos fue poner en marcha la historia clínica informatizada que con otros compañeros de la OMC, donde yo ya era vocal nacional. Y luego el ecógrafo empezó en el 1990-1991 en mi consulta privada, que tuve siempre consulta privada sobre todo en el pueblo de al lado, Ocaña, y también en mi pueblo. Después, en 1996, convencí al alcalde para que con recursos del Ayuntamiento me trajera un ecógrafo a la consulta pública. He tenido mucha suerte siempre con él, siempre que le he explicado lo que quería, o él me pedía a mí que le ayudara, ha habido muy buena relación.

¿Cuál es la anécdota más especial que guarda de esa época?
Pues precisamente cuando conseguí que el alcalde me comprara el ecógrafo. Él mismo tuvo un cólico biliar, piedras en la vesícula para que nos entendamos, y lo que hice fue irlo a buscar una noche, cogerlo con mi coche, llevarlo a mi consulta y allí le convencí, con su propio caso. Le dije que debía operarse porque tenía una litiasis biliar y, además, inflamada la vesícula. Entonces, esa noche lo mandé a la residencia con el criterio ecográfico de que era grave y de que había que operarlo. Cuando vino de vuelta, dijo: “Hay que comprarte el ecógrafo”. Yo le apliqué el de la privada, el mío, que era personal, y conseguí que me comprara uno para la pública.

¿Qué es lo más raro que le han pedido en una consulta?
Me acuerdo de una chica jovencita que me pidió le recetara un alimento funcional, a ver si entraba por la Seguridad Social. Le dije que eso no entraba, y me respondió que por qué no, si lo necesitaba.

También recuerdo intervenciones, como por ejemplo que te llamen a una casa porque tienen una plaga de pulgas como consecuencias de que un vecino tiene un burro al que no le limpian los excrementos. Entonces, tú entras allí y a ver cómo resuelves que la plaga de pulgas es por el burro. De estos follones, cincuenta mil.

Es decir, que tenía mucho de ‘apagafuegos’.
Y de juez, y con mucho cuidado, porque aunque estuviera claro quién tiene la razón, en los pueblos no solamente vale eso. Hay que tener suficiente cuidado para no herir demasiado al que no la tiene, porque tienes que seguir conviviendo con él. Otra anécdota rarísima es cuando me levantaron a las cinco de la mañana para pedirme un preservativo. Y bueno, no hay que enfadarse. Allí no teníamos preservativos. Y, por cierto, a partir de ese momento pedimos preservativos para que no volviera a ocurrir.



¿Cómo ha llegado a presidente de los médicos, un mundo habitualmente conservador, con unas ideas progresistas?
Quizá, al contrario: podría preguntarse cómo un médico rural ha llegado a presidir la OMC, lo que hace 30 años era absolutamente imposible, hace 20 también, y hace 15 era difícil. Probablemente porque te conozcan. Igual también por mi manera de ser. Yo aquí no engaño a nadie. Me llevan conociendo mis compañeros desde hace 30 años, mi manera de ser y de pensar, lo bueno y lo malo que tengo, porque uno tampoco es perfecto. Y creyeron que en un momento determinado yo era la persona indicada para ser secretario general, y como probaron siete años, luego decidieron que continuara de presidente. O sea, lo mío ha sido algo como muy trabajado. Entonces, por eso no le ha debido extrañar a nadie que un médico rural llegue a la presidencia, que no había ocurrido nunca (…).

Sobre mi propia manera de pensar, yo creo que ha cambiado la profesión. Hay que darse cuenta de que yo puedo pintarlo todo en función de mi manera de ver la vida, pero lo cierto es que los grandes acuerdos que se toman aquí se toman por la asamblea general. Esto es una organización asamblearia, que puede interpretarse mal. Pero es muy positivo que sea asamblearia: Hagamos la decisión y el convencimiento que tenga la mayoría. Y me ha dado un excelente resultado. ¿Que eso es progresista? Creo que no soy yo el progresista, creo que es progresista la propia organización, que ha ido cambiando (…).

La gente no puede creer en que cuando uno llega a una organización pueda convertirla a su imagen y semejanza. Hombre, le tiene que dar el tinte que tiene, cada uno somos como somos y pensamos como pensamos, pero igual que a mí se me pueda decir que tengo lo que se llama un tinte progresista, algunos pensaron lo contrario cuando firmamos los acuerdos con el Gobierno actual, además poniendo la cara en Moncloa un día antes de que se discutiera en el parlamento lo que se iba a discutir.

¿Está afiliado a algún partido? Las comidillas dicen que usted tiene el carné del PSOE.
Yo esa respuesta me la guardo. Las comidillas pueden acertar o no, pero en concreto he separado siempre la vida privada, y no la he utilizado nunca en la vida pública. Y eso pertenece a mi vida privada. No creo que eso deba ser un motivo público, porque a nadie se le ha preguntado aquí durante toda la historia si pertenecía a un partido de derechas.

Yo le he hecho manifestaciones a Julián García Vargas, a Trinidad Jiménez. Le he discutido a la izquierda y a la derecha, he firmado convenios con unos y con otros. Es decir, no creo que sea ese un motivo que le importe a nadie, pertenece a mi esfera íntima porque nunca lo he utilizado en la esfera pública. Primero es el deber y luego la devoción.

Dice que no quiere abandonar la OMC por nada, pero si algún día lo llama algún presidente de Gobierno o de autonomía, ¿se metería a ministro o a consejero?
Primero, nadie me ha ofrecido nunca nada. Que quede claro. Segundo, si me lo ofrecieran, lo consultaría con mi asamblea, lo cual no creo que le gustara a quien me lo ofreciera. Pero nadie me ha ofrecido nada, lo cual empieza ya a preocuparme, porque, claro, si nadie te ha ofrecido nada y todo el mundo dice que te han ofrecido, ¿se habrán equivocado de persona? (Risas) Pero vamos, que si me lo ofrecieran, digo que, de entrada, no.

A la derecha, cuando Rodríguez Sendín era vocal de Médicos Titulares. A su lado, Alberto Berguer, por entonces presidente del Cgcom.

¿Cuántas veces se ha subido encima de una mesa para gritar a sus compañeros alguna cosa?
En la mesa te tienes que subir para que los que te están escuchando te vean. Y si no tienes otro púlpito mejor, te subes en la mesa. Esto debe ser como consecuencia de la educación judeocristiana que tenemos, se sube uno en la mesa para que te vean. Me he subido muchas veces, sobre todo me acuerdo de una vez delante del Ministerio de Sanidad que me pusieron en un sitio muy alto para hablarle a los compañeros que estábamos de manifestación. Y porque me sujetaron, porque si no me podría haber roto la cabeza. No era precisamente una mesa, sino una escalera de estas que se abren en tijera. Y sí, me he subido más de una vez y más de dos. Para mí es importante transmitir. Una cosa es comunicar, y otra es transmitir, y para ello te tienen que ver la cara, y te tienen que ver los ojos. Al que le dices algo, tienes que estar convencido no solo de lo que dices sino de cómo se lo dices y de la credibilidad que transmites. A mí me ha gustado siempre que me vean la cara.

¿Descorchó una botella de champán cuando dimitió Ana Mato?
¡No! Yo, con Ana Mato, al contrario. Es una persona a la que independientemente de sus costumbres personales, que ni entro ni salgo, como ministra merece todos mis respetos. Porque conmigo, de lo que se comprometió, cumplió. Y me hubiera gustado saber si hubiera cumplido lo que ahora mismo el actual ministro no va a cumplir, que es lo del baremo de daños sanitarios. (…) Y de lo que pudimos hablar lo hicimos siempre con absoluta franqueza. Yo no celebré que se fuese Mato; se marchó porque tuvo que marcharse, pero no por cuestiones relacionadas con nosotros.

¿Por qué puede dar la impresión de que en parte de sus discursos a veces parece que está cabreado? ¿Le cabrean algunas cosas del SNS?
Sí, me cabrean muchísimo. Y sí, no puedo evitarlo. Yo cuando estoy cabreado se me nota. Y cuando estoy enfadado. No lo puedo evitar. Yo sería muy mal actor, fatal, porque me metería tanto en el papel que si acierto a tener en ese momento las sensaciones que trasladaría en el papel lo haría bien, pero como tenga que hacer lo contrario lo llevaría mal. No sé poner una buena cara cuando estoy de mal humor, no puedo sonreír si no tengo ganas, y se me pone cara de malos amigos me siento contrariado.

¿Cuándo pisa la sanidad privada, le sale sarpullido?
¡No! Una cosa es que yo defienda el sistema público y no esté dispuesto a que un puesto en el sistema público me lo quite nadie para llevarlo a la privada, que es lo que yo defiendo. No hay ningún médico que trabaje en la pública que esté dispuesto a que su puesto lo gestione la privada. Ninguno. Otra cosa es que esté en contra de lo que hace la privada: en absoluto. Yo la he hecho toda mi vida, hasta que llegue a la secretaría general, porque no me parecía coherente no trabajar por la mañana en el centro de salud y luego trabajar por la tarde en la privada, la dejé por eso. Pero yo tenía una policlínica en Ocaña y toda mi vida he compaginado la privada con la pública. Nunca he dejado de hacer privada.

Yo no niego la privada, en absoluto. Pero la privada tiene su papel y no puede ponerse donde está la pública. Cada uno en su sitio. Y meterme con un médico que haga privada sería meterme conmigo mismo. Lo que me quejo es de la ‘empresarización’ que se quiere hacer de parte de la sanidad pública.

Ya que es un médico tuitero, aproveche la ocasión: ¿Qué le dice en 140 caracteres a los topos de su asamblea?
‘Que se sigan divirtiendo con su propia hipocresía y con su propio perjuro’. Pero no me preocupan mucho, lo que hacen es adelantar lo que hacemos. Nosotros somos muy transparentes, lo contamos todo. Lo único es que nos lo adelantan varias horas y nos molestan un poco en el ritmo. Nada más. Allí cada uno en su conciencia. Lo que sí digo es que son perjuros y francamente indignos para la organización. Pero qué le vamos a hacer, tiene que haber de todo. Si fuéramos perfectos, no necesitaríamos tener colegios. Gracias a toda esa gente que no se comporta adecuadamente, tenemos que seguir preocupados de decir qué tiene que haber en el código y qué no para recordar lo que está bien y lo que está mal. Luego casi se lo debemos, como a la enfermedad haya médicos, ¿no? (Risas)

Dibujos animados con la pequeña, 44 árboles y un huerto

Rodríguez Sendín dice que ya no tiene aficiones, que la OMC le ocupa “todo el tiempo del mundo”. “Estoy encantado, eh, no me quejo, pero digo lo que hay”. Pero antes tenía. El cine, por ejemplo. O coleccionar mariposas. O salir con la moto a dar vueltas. Hoy, de televisión, casi nada. En todo caso, “algún debatillo de estos que hay, porque no tienen más calidad que eso”. ¿Pero de verdad que solo ve ‘debatillos’? “La única televisión que veo es la de los dibujos animados con mi hija, para limitar un poco el tiempo que la ve”, dice con una sonrisa en la cara.

De vacaciones, nada de hoteles de lujo. Es un hombre de camping. Y sus últimos ratos libres dice que se los dedica a un pequeño huerto que tiene en casa, más a los 44 árboles (los tiene bien contados) que cuida con esmero. “Hay que abonarlos, podarlos, hacer injertos…”. Cuando puede sacar tiempo, reconoce que disfruta leyendo las reflexiones del Papa Francisco. Y confiesa: “Si la organización quiere… Es un tipo que merece la pena escucharlo de cerca. Me parece un personaje interesantísimo y de una amplitud de miras fantástico. Son de estas personas que ayudarían mucho a que mejore el mundo”.

¿Cuál ha sido su decisión más difícil?
La que más dolor de cabeza me ha dado ha sido firmar los acuerdos con el ministerio. Fue la que más me costó, porque incluso los compañeros del Foro me dijeron que había pros y contras, que lo decidiera yo. Y fue la que más disgusto me pudo dar, estando convencido de que lo volvería a hacer otra vez, eh. Porque, insisto, lo primero en mi vida es mi familia, después mi país, España, y en tercer lugar, mi profesión. Y en ese orden de prioridades. Había que hacerlo, a pesar de los riesgos que conllevaba y sabiendo que no se iban a cumplir, probablemente, en la mayor parte de lo acordado.

¿Y de la que está más satisfecho?
De los niveles de acuerdo que hemos alcanzado con varios documentos, como el propio código deontológico, el documento de la declaración que hicimos sobre el Sistema Nacional de Salud, el de medicamentos y sobre el sector farmacéutico. Y el gran consenso que hemos conseguido alcanzar en la propia OMC.

¿Cree que se van a poder independizar los médicos catalanes antes que Cataluña?
No. Esto siempre ha ocurrido, pero hay que relativizarlo siempre. En la época de Ramiro Rivera, y han pasado 30 años, hubo las mismas cuestiones. A mí no me importa que se independicen o no se independicen, ahí está su voluntad. El tema está en que tiene que ser cuando sea posible, cuando lo permitan las leyes. No podemos crear situaciones especiales para un colegio que tiene los mismos derechos y obligaciones que los demás, que está protegido y amparado por la misma ley. Si mañana nuestra Constitución permite hacer otras cosas, ya veremos. Pero mientras tanto, esto es lo que hay.

Siendo de Salamanca, ¿le gustan los toros o es un tópico de la tierra?
No solo es que me gusten los toros por ser de Salamanca, sino que en mi pueblo la tradición torera es muy amplia. No por el Viti solo, allí la afición está muy extendida. Forma parte de nuestra cultura. Así que claro que me gustan los toros, me gustan mucho.

¿Y se ha puesto delante de alguno?
Sí, porque en mi pueblo, cuando llegabas a entrar en quinta, era obligatorio formar una cuadrilla con otros amigos y tenías no solamente intentar torear, como pudieras, un torito o un novillo, sino también, además, incluso acabar con él. Esto era la costumbre, sigue haciéndose, y a mí me tocó en su momento. Pero no es lo mío precisamente torear (risas).

Y como dice otro tópico sobre el que viene del pueblo a Madrid, ¿se ha hecho madridista?
Mi equipo es el Madrid, pero no soy especialmente un poseso de estos que a los demás los excluye. Por ejemplo, si veo jugar al Barcelona contra el Madrid, quiero que gane el Madrid; ahora, si juega el Barça contra un equipo que no es el Madrid, me da igual. Y si juega contra un equipo extranjero, siempre quiero que gane el Barça. Y me pasa lo mismo con el Atlético. El problema lo tenía cuando jugaba el Madrid con el Salamanca, en Primera. Y sí que era socio del Salamanca. Entonces sí que era un problema, pero quería que ganara el Salamanca, porque, entre otras cosas, siempre me vuelco hacia el que es el más débil.

De niño, ¿también era el jefecillo de la pandilla?
Éramos una pandilla grande, pero luego teníamos cada uno, en función de los barrios, tres o cuatro amigos. Y no teníamos muy bien delimitado quién era más jefe. Donde yo empecé a ser un poco cabeza visible fue en la facultad, y antes de la facultad en un movimiento católico al que pertenecí, donde también tuve responsabilidades de dirigente. Y luego en la facultad estuve en la delegación de dos cursos, y en un movimiento asociativo.

Siempre he estado liado. ¿Cuándo empezaron mis líos? Quizá con 17 o 18 años. Antes no. Antes jugábamos a tirarnos piedras.

Juan José Rodriguez durante la entrevista

¿Cómo recuerda su época de universidad?
Fue la mejor época de mi vida. Me tocó una mitad de dictadura y la otra, de democracia. Yo terminé la carrera en el 78. Fue una época fantástica, de grandes pasiones en defensa de las libertades, y en la propia confrontación de los grupos que surgieron como setas, porque ni siquiera los que estábamos en contra de la dictadura nos poníamos de acuerdo. No tenían nada que ver los que pertenecían al Partido Comunista con los que pertenecíamos a los movimientos católicos; aunque tuviéramos muchas cosas en común, teníamos grandes diferencias.

¿Corrió delante de los ‘grises’?
No queda bien, pero incluso no solo corrí, sino que algún palo llevé y alguna vez nos llamaron a capítulo y nos tuvieron que detener. Supongo que en aquella época era lo que se llevaba. Casi todo el mundo que se mojó un poquito tuvo algún inconveniente con la Policía. A pesar de que ellos no diferenciaban muy bien: todo aquel que se oponía, tenía problemas. Pero a pesar de las diferencias, coincidíamos en muchas cosas, en protestar sobre todo por la falta de libertades, y eso siempre conllevaba que si hacíamos una manifestación o algún tipo de acto público contra el orden establecido pues respondían como respondían. Y con algún palo, en dos ocasiones, me atizaron. Ahora cuando lo pienso me duele.

¿En qué dios cree?
El que tiene claro en lo que cree tiene mucha suerte. El problema está en aquellos que tenemos dudas sobre lo que creemos. Mi vida en relación a este tema, y ya he dicho que fui responsable de un movimiento religioso católico de vanguardia hasta los 21 años, es que no tengo claro hasta dónde tengo que creer o no. Creo que hay una Iglesia que tiene unas responsabilidades sociales muy importantes, el Papa Francisco está haciendo un papel.

El dios en el que creemos debe ser justo, que de alguna manera premie a los que lo hacen bien y castigue a los que hacen mal. Pero me temo que eso no ocurre, porque hay algunos que lo hacen muy mal y no son castigados y algunos que lo hacen muy bien y no son premiados. Y no tengo muy claro en lo que creo, pero tampoco no puedo decir que no creo. Es decir, lo dejamos ahí.

¿Cuál era el movimiento cristiano que dirigía?
Había movimientos de Acción Católica, luego estaban las Juventudes Obreras Católicas, las Juventudes Estudiantes Católicas, y luego estaban las Juventudes Independientes Católicas, que era a la que yo pertenecía. Eran movimientos religiosos de base cristiana, vinculados al obispado, y en mi caso, además, también vinculados a los jesuitas.

¿Cómo conoció el amor?
No tengo muy claro cómo lo conocí. Pero, ¿a qué amor se refiere? Porque hay tantos en la vida… El primero debió de ser como a los 14 o 15 años, que te enamoras de la vecina. Y después uno de mis grandes amores lo conocí tras un accidente. Me pegué un meneo con una bicicleta y la que me fue a ayudar fue una chica de la que luego me enamoré. Fíjate que suerte el caerte de la bicicleta, como San Pablo que se cayó del caballo.

En aquella época la gente no era tan precoz como ahora. Éramos más tímidos y tardábamos más en tener las primeras relaciones con las chicas, porque las veías de lejos, cada uno íbamos por un lado, íbamos a la escuela separados, y todo era pecado, además. Y no podías casi ni pensar, porque nos dijeron que era casi lo mismo pensar que hacer.

Lo que no tengo muy claro es que (en el amor) haya siempre acertado, pero bueno (risas).

Y siendo el médico del pueblo, ¿ligaba mucho?
Cuando eres joven, siempre ligas. Todos los médicos jóvenes cuando llegan a los pueblos supongo que les pasa lo mismo, ligan. Supongo que será un elemento ‘atractor’.

Pero en esto, como en todo, yo siempre he tenido muy claro mi respeto profundo hacia mi pueblo, al igual que no identificarme ni siquiera con un ideario político. Aunque tengas tus amigos, no identificarme ni asistir a actividades políticas para respetar a todos los del pueblo. Yo en el pueblo nunca tomé posiciones de ningún tipo ni manifesté a nadie cuáles eran mis preferencias. Jamás. Y tenía la oportunidad. En épocas electorales, a mí me preguntarían que qué creían que debían votar 50 o 60 personas. Era un rosario: “Don Juan José, dígame a quién va a votar usted”.



¿Le preguntaban eso en la propia consulta médica?
Sí, sí, siempre, eh. Era el pan nuestro de cada día. Pero una cuestión clara es que tú nunca debes posicionarte ni mezclarte porque eres el médico de todos: tanto de derechas, como de izquierdas, de centro, de los creyentes o de los no creyentes. Nunca me manifesté. Y nunca le dije a nadie lo que tenía que hacer. Esto nunca, jamás. De ninguna manera.

Tiene un hijo y una hija mayores y otra pequeña. ¿Cómo le influye esa paternidad tardía, ha rejuvenecido con ella?
He rejuvenecido, porque me casé de segundas hace 17 años y, por lo que es la vida, hasta hace cinco no tuvimos la niña. Y luego, del primer matrimonio tengo una niña de 35 años, que a su vez me ha hecho abuelo de dos niños. O sea, esta es la situación: soy abuelo y a su vez papá joven. Es fantástico, porque de alguna manera te ves obligado a recordar y hacer ciertas cosas. También desde la madurez. Ambas paternidades no son iguales.

Si no fuese hoy médico, ¿qué sería?
Médico. Cuando era chico empecé a hacer, por influencia de mi padre, Ingeniería de Caminos, pero cuando me tuve que marchar de Salamanca, por cuestiones familiares no me permitieron venirme a Madrid o Santander, que era donde se seguía haciendo. Y luego como consecuencia del movimiento religioso me planteé si eso me iba a hacer feliz, y escogí Medicina como consecuencia de que en ella aparecía por un lado mi afinidad por la ciencia y, por otro, por las humanidades, que en un momento determinado estuve a punto de hacer Teología.

Y ahora que la conozco volvería a hacer Medicina rural, no de Familia de ciudad, que no es lo mismo. Hasta tal punto, que intenté que mi hija mayor hiciera Medicina, pero por otras razones decidió hacer Psicología Clínica. Y espero que la pequeñita sea capaz de hacerla. Sé que esto no queda bien, pero cada uno creemos en lo que creemos, y creo que va a ser muy feliz haciendo Medicina. Me gustaría que fuera médico, y médico rural.

¿Qué le debe a la OMC?
Le debo mucho. Lo menos que se puede hacer en esta vida es ser agradecido, entonces no la puedo dejar ni cambiar, ni ponerle los cuernos por nada. Ni por partido político, ni por ministerio ni por nada. Que estén tranquilos aquellos que están preocupados que si yo voy a ocupar nada, ningún espacio. La verdad es que no me lo han ofrecido, pero lo cierto es que aunque me lo ofrecieran no lo iba a ocupar. Yo estoy muy a gusto aquí.