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05/07/2015 n244
Jesús Vicioso Hoyo

Los griegos están al borde del abismo económico. Una semana después del corralito, la incertidumbre está más que instalada en un país que ha incrementado el gasto incluso en los peores años de la crisis a cambio de deuda pública. Lógicamente, todo ello ha repercutido en el logro de buenas notas en determinados índices, sobresaliendo el del número de médicos por habitantes, que es el más alto de toda la Unión Europea. Ahora bien, todo esto no se traduce en un gran sistema sanitario, si se compara con el español. La pésima nota en la clasificación mundial de eficiencia y la alta penetración de los sobornos entre pacientes y facultativos se suma a recomendaciones a tener en cuenta de Exteriores para los que viajan al país heleno. Desde luego, no es oro todo lo que reluce.
La actualidad política y económica nacional e internacional mira estos días con especial énfasis a Grecia, cuyos ciudadanos dicen, referéndum de por medio, si acatan o no las nuevas exigencias para continuar dando crédito a unas arcas nacionales con un agujero casi sin fondo. Y mientras todo el mundo se pregunta por el qué pasará ahora en el país y en qué afectará a los países del entorno, es sumamente interesante conocer algunas claves del porqué están los helenos así y del cómo han llegado a esta situación, y comparar algunos de los datos de su sistema sanitario con el español, de los más avanzados del mundo, para ver si el proyecto griego logró sus intenciones.

De entrada, la sanidad griega ni está ni estaba a la cabeza de los países europeos, pero lo intentaba. O al menos su análisis arroja notas a tener en cuenta: No hay más que contraponer el crecimiento sostenido del gasto en salud en relación al producto interior bruto (PIB). En el lustro 2010-2014, Grecia gastó un 9,8 por ciento del PIB (dato de 2013, último disponible, según el Banco Mundial), frente al 8,9 español. Y véase las tendencias: nuestro país experimentó un retroceso continuado: 9,6 en 2010; 9,4 en 2011 y 9,3 en 2012.

Por el contrario, en este tiempo, la república helena arrancó el último lustro con una décima menos (9,5), pero luego experimentó una subida de tres décimas frente a la caída española (9,8) para bajar y equipararse con España en el 9,3 (en el año 2012) y, finalmente, volver a su techo de gasto del 9,8, es decir, 0,9 puntos por encima de la marca rojigualda.

Si se mira la tabla del gasto en salud per cápita del Banco Mundial, la confrontación es también significativa. En el último lustro, desde 2010 la suma de los gastos en salud públicos y privados en España ha pasado de los 2.874 dólares hasta los 2.581, es decir, 293 euros menos por persona, con un pico intermedio en 2011 de 2.944. En la otra península, el sistema griego pasó de los 2.495 a los 2.146 dólares, en el mismo periodo, es decir, 349 menos, con un pico de 2.551. Pero he aquí la paradoja: conforme se anquilosó la crisis en el bienio negro 2012-2013, el gasto español per cápita fue decreciendo en 1,7 puntos, mientras que en ese mismo periodo, en Grecia subió un 3,7 por ciento, es decir, cuatro puntos por encima.

¿Y dónde se ven más singularidades del particular tránsito de Grecia frente a España en los últimos años de la crisis? Pues en la participación de la sanidad pública. Aquí, nuestro sistema nacional pasó de soportar el 74,4 por ciento del total del gasto al 70,4, o lo que es lo miso, 4 puntos menos en el periodo 2010-2014. Frente a este dato, Grecia ha pasado del 66,7 al 69,5 por ciento, es decir, 2,8 puntos en ‘verde’. Por lo tanto, los presupuestos públicos blanquiazules han soportado un estiramiento mientras se producían ajustes en ambos países.

Una ‘isla’ en mitad de Europa:
el ratio médicos ‘vs’ enfermeros
Las Estadísticas Sanitarias Mundiales 2014 de la Organización Mundial de la Salud señalan otra peculiaridad griega. Es el único país del Viejo Continente en el que los profesionales de la Medicina superan a los de la Enfermería: 53 ‘vs’ 47 por ciento. Ciertamente, en cuanto a enfermeras, tal y como apuntó el último Informe sobre recursos humanos sanitarios en España y la Unión Europea del Consejo General de Enfermería (CGE), está entre los cuatro estados (los otros son Portugal, Italia y Bulgaria) con un porcentaje de enfermeros frente a médicos menor que el de España (42 por ciento de médicos y 58, de enfermeros, respectivamente).

De hecho, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en sus Health Statistics 2014, indica que Grecia ha llegado a tener incluso en los peores momentos de la crisis económica,
Panagiotis Kouroumblis, ministro de Salud de Grecia por el partido Syriza.
6,2 médicos por cada 1.000 personas, el doble justo de la media del club de los Veintiocho, frente a los 3,8 de España (2,4 menos). Es decir, los griegos tienen 2,2 médicos más por cada 1.000 habitantes que la todopoderosa Alemania y 1,3 más que el segundo país en este ranking, Austria).

Los helenos se pusieron a la cabeza europea en cuanto a facultativos en 2007, mientras que en 2008 pegó un gran salto y, desde entonces, ha seguido a la cabeza del país de la OCDE con más médicos por habitantes. También está por encima de España en cuanto al número de aparatos de resonancias magnéticas (ocupa la segunda posición, solo por detrás de Italia, y está cuatro puestos por encima de la posición española) y de tomografías (primero, frente al puesto 14 de España, que está por debajo, incluso, de la media europea).

¿Y en qué tiene mejores cifras la sanidad griega que la española? Pues, estadísticamente, en otros aspectos como el de número de camas hospitalarias por habitantes (Grecia es el único país que subió el dato en toda la OCDE en el periodo 2000-2012) y el de altas hospitalarias. O en el ratio de mortalidad infantil: 2,9 fallecidos por cada 1.000 nacimientos frente a los 3,1 de España.

España, sobre Grecia: “La sanidad pública no tiene un nivel óptimo” En las recomendaciones de viaje para los ciudadanos emitidas por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación español dejan varios avisos a navegantes que, en el caso del ámbito sanitario, es más que llamativo. Es decir, entre otras apreciaciones habituales en el contexto del Viejo Continente, invita a ir en posesión de la Tarjeta Europea Sanitaria, “con la que se puede recibir cobertura gratuita en cualquiera de los centros del sistema de la red de Seguridad Social griega (IKA)”. Y acto seguido, el departamento dirigido por José Manuel Margallo afirma: “La sanidad pública, no obstante, no tiene un nivel óptimo. Sí existen clínicas privadas de buena calidad, aunque de elevado coste”. De ahí que Exteriores indique ante esta situación que es “igualmente muy recomendable viajar a Grecia habiendo contratado un seguro de viaje”. Para no tener luego sorpresas, le falta decir. Porque lo cierto es que esta recomendación española no se lanza en la ficha de otros países vecinos.

El sistema griego no es tan
eficiente como el español
Ahora bien, ¿todo esto quiere decir que tiene un sistema sanitario más eficiente que el español? No lo dice así el índice al respecto de la prestigiosa agencia Bloomberg. En éste, España logra la decimocuarta posición, mientras que a Grecia lo ubica diez puestos más abajo, en el vigésimo cuarto, con casi la misma nota que obtiene Libia.
Sanitarios helenos, en una manifestación.

Precisamente, los economistas del ala liberal señalan que el crecimiento exponencial del gasto social que ha mantenido Grecia en los últimos tiempos tiene gran parte de la culpa de la situación crítica que vive en estos momentos. Juan Ramón Rallo pone un ejemplo: “Mientras que Alemania mantuvo constante en términos reales su gasto público por habitante entre 1996 y 2008, Grecia lo aumentó en un 80 por ciento”.

En términos brutos, la partida de la sanidad, educación y política social pasó del 24,6 por ciento en 1996 del PIB hasta el 31 por ciento en 2012, uno de los peores años de la crisis. ¿Y cómo se pagaron estos incrementos? Con lo que ahora no puede pagar el país: con deuda pública. El mismo economista contrapone el caso español, ya que también fue un país en el que durante el mismo periodo incrementó la inversión sufragada con el erario público, pero financiada a través de “ingresos tributarios”.


Las luces negras del país blanquiazul Por si fuera poco, la corrupción española se queda en broza si se mira al vecino europeo heleno. Porque mientras que en España puede estar más o menos vinculada a otros sectores, desde luego no en la atención sanitaria del día a día, como sí que ha ocurrido en Grecia hasta hace nada.

Los ‘fakelakis’, como así se llaman a los sobres con los que se soborna, eran pan del cada día en el sistema sanitario, y así quedó reflejado en un informe de finales de 2013 realizado por la Universidad de Salónica y la del Pireo, ambas helenas,
Una ciudadana griega, con la bandera de su país, en una reciente protesta.
en el que se recogía que casi 4 de cada 10 griegos admitieron pagar a médicos en hospitales públicos, entre otros asuntos, para reducir listas de espera. El estudio dejó más datos: solamente el 13 por ciento de los pacientes rechazó afrontar un ‘fakelakis’ y, algo más anecdótico, el 3 por ciento de los facultativos rechazó estos sobornos por parte de sus propios enfermos.

En 2014, el asunto de la corrupción sanitaria helena saltó a los medios de medio mundo después de que se detuviera a un médico que exigió 1.500 euros por operar a un paciente, cantidad que se rebajó dos tercios. Entonces, en Ministerio de Salud exigió, en un intento de hacer más pequeña la larga sombra de la corrupción tan extendida, que los ciudadanos no participasen de ningún modo en asuntos de este calado y denunciasen todos los casos.

Pese a todo lo anterior, el Gobierno de Alexis Tsipras y su ministerio de Salud, ocupado por Panayiotis Kouroumblis, han prometido hace unas semanas más contratos sanitarios, especialmente de médicos, para contrarrestar a los últimos recortes provocados, en su mayoría, por la troika. “La sanidad debe cesar de ser una víctima de la austeridad y de los recortes y volver a ser un derecho de los ciudadanos”, ha dicho Tsipras. Paralelamente, los nuevos ejecutivos autonómicos españoles que se conforman estos días también han prometido recuperar puestos perdidos durante los peores momentos para las finanzas públicas. La diferencia vuelve a ser que Grecia continúa al borde del abismo y sin visos de mejora, mientras que España empieza a ver luz al final del túnel.