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28/06/2015 n243
El Celador
Tronío a la Pantoja
Lo digo abiertamente, consciente del riesgo a ser criticado sin tapujos: creo que no se ha hablado lo suficiente de la muerte de Marujita Díaz. Y eso no está bien. Porque la mujer era tan grande como estrambótica, y lo llevaba a mucha honra. Le importaba un pito, con perdón, lo que le dijese la gente con tal de ser feliz, o eso es lo que parecía. Y si no, y ya profundizando en el tema, no hace falta más que recordar aquel noviazgo con Dinio, del que se estuvo hablando durante meses en el hospital. Recuerdo que Marujita y Dinio parecían pacientes de aquí y todo, y hasta a mí me hubiese gustado ser su celador. Nos hubiésemos echado unas buenas risas, que es lo que al final importa. Porque hay dos formas de ver la vida: ser feliz con una sonrisa en la cara o ser feliz poniendo ‘dientes, dientes’, que diría la Pantoja.

Precisamente de la Pantoja se está hablando mucho más estos días, pero no menos de lo habitual, porque la tía (de nuevo con perdón) por lo visto tiene a compañeras de prisión que le planchan y hasta le cosen la ropa. Y ‘dientes, dientes’. Ni en la cárcel pierde privilegios. Siempre hubo clases. Y, claro, me da rabia. Aún estando en la cárcel, la Pantoja es la protagonista de los corrillos de los pacientes, y no Marujita. Se lo digo a mi amigo Manolo tomándonos el café de después de comer, en plan filosófico (¿no se puede filosofar incluso hablando de la ex de Dinio?), y él va y me mira incrédulo. “¿En serio que estás preocupado por Marujita Díaz?”, me suelta con apariencia lastimada. Y le respondo con la pura verdad: “No, hombre. Lo que me preocupa es la situación económica de Grecia, el anuncio de Rajoy sobre la devolución de la paga extra que nos quitaron, el pacto de Cifuentes con Ciudadanos, y sobre cómo está la abuelilla de la séptima planta, que lleva unos días cabizbaja porque sus hijos no la visitan nunca”. Manolo me vuelve a mirar incrédulo y tras un segundo largo de silencio, se sonríe: “¿Pues sabes que cuando estuve de vacaciones en Marbella estuve buscando el restaurante ese para comer pollo a la Pantoja?”.

Si no fuese por las risas que nos echamos, los días serían interminables. Y a veces un poco tristes, si no agridulces. Me cuenta la abuelilla de la séptima que Dinio ha reaparecido para despedirse de la reina del tronío, y me ha dado por pensar que, sin embargo, a ella no la han visitado todavía. Y va la mujer y se parte, pero a carcajadas: “¿Tú viste el vídeo de Marujita con Parada, el de ‘Cine de barrio’? Le voy a echar un par de euros a la tele, que esta noche lo van a poner en el Sálvame. Y sale la hija de la Pantoja, que está en una isla perdida.
¡Va a estar muy interesante,
hijo!”. Me ha contagiado la mujer
y hemos estado un buen rato de
risotadas. En ese momento, lo reconozco, perdoné a toda la prensa rosa y al Sálvame. España, además de política y todo eso, también tiene mucho de tronío y de pollo a la Pantoja.