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21/06/2015 n242
Dice ser un simple neumólogo. Pero lo cierto es
que José Miguel Rodríguez González-Moro es,
ante todo, una de esas personas que miran a
los ojos a la vez que pone una sonrisa y encara
la vida con ganas. Desprende, a la par, ilusión y
pasión. Esto no viene en su DNI, pero lo saben
sus pacientes, sus colegas y su familia. Director
de Relaciones Institucionales de Separ y ex-
presidente de Neumomadrid, lleva la Medicina
en la sangre, gracias a un padre médico, pionero
y polifacético que soñó con hacer un hospital en
su pueblo, y lo consiguió. Desde los tres años lo
acompañaba a hacer consultas domiciliarias, y por
amor cambió su Murcia querida por Madrid. Si se
llega a quedar en Yecla, quizá hoy sería su alcalde;
programa electoral ya tiene.
Jesús Vicioso Hoyo
Imagen:
Cristina Cebrián
Doctor Rodríguez, ¿cómo están sus pulmones?
Muy bien. No he fumado nunca, hago algo de ejercicio y de vez en cuando voy al pueblo a coger aire y están perfectos. Gracias. (Risas)

El hijo de ‘don José, el médico’ de Yecla (Murcia), de donde incluso fue alcalde. Pero su padre también tuvo una fábrica de ladrillos y otra de muebles, fue constructor y agricultor. Un progenitor así tiene que marcar mucho, ¿no?
Mi padre fue lo que hoy se conocería por emprendedor. Entonces no existía esa palabra, pero lo fue. Él hizo Medicina General, luego Tocología en Barcelona, además hacía mucha Traumatología, teníamos un aparato de rayos X en casa. Yecla, que estaba a cien kilómetros de Murcia, por carreteras que todavía siguen siendo malas, y se tardaba hora y media o casi dos horas de ambulancia. Eso de cara a la población era muy importante, porque se evitaban muchos desplazamientos y desde luego se salvaban vidas actuando directamente allí.

¿Cómo se convivía con un aparato de estos en casa?
Ahora no podría ser (risas). Lógicamente, hoy en día, las exigencias son muy altas y fueron los primeros años cuando se podían tener. Luego ya, lógicamente, toda la legislación se adaptó para no se pudieran tener en las casas aparatos de rayos X. Pero muchos hemos convivido con estos aparatos.

¿Jugaba con él?
No, no. Pero sí recuerdo los delantales emplomados, los guantes de plomo, apartado en una habitación lo más lejana posibles de nosotros… pero jugar, jugar, no.

Su progenitor soñó con construir un hospital en su pueblo y, al final, se consiguió.
Mi padre en los años 70 fue alcalde de Yecla. Lo nombraron. Él era el médico y vivíamos tan lejos de Murcia y con unas combinaciones tan malas, así que lo primero que dijo es que Yecla tenía que tener un hospital. No un ambulatorio, sino un hospital con camas. Y la primera medida que hizo fue donar los terrenos al antiguo Instituto Nacional de Previsión para que se construyera ese hospital. Afortunadamente, unos años después, Yecla dispone del actual hospital Virgen del Castillo.

El doctor Rodríguez González-Moro, con un arcabuz típico de las fiestas de Yecla.

¿Qué sueña usted para dejar a las siguientes generaciones?
Yo no voy a ser tanto como mi padre. Mi legado no puede ser un hospital. Yo aspiro a hacer las cosas bien, a que piensen en mí como una persona trabajadora, que se ha preocupado de sus pacientes. Porque para mí, lo más importante, como para cualquier médico, son los pacientes. Pero también que los colegas y compañeros piensen que he trabajado dignamente por la profesión, que he hecho aportaciones en las sociedades científicas, básicamente en Neumomadrid y en Separ, y que piensen que no he pasado de puntillas, sino con paso firme; pero sin soberbia y con el hecho de dejar constancia de un buen hacer profesional.

¿Medicina era su primera opción profesional o tenía varias cartas sobre la mesa?
No pensaba otra cosa. Desde los tres años iba con mi padre a hacer visitas a domicilio o me bajaba a la clínica a ver las curas. Pero también digo que de cinco hermanos que somos (yo soy el mayor), solo la última, mi hermana pequeña Maite, es enfermera y psicóloga, y los demás no se han dedicado a la Medicina. Mi padre era una persona para eso nos daba mucha libertad: “Estudia lo que quieras”, me dijo. “Papá, yo quiero estudiar Medicina”, le dije. Era lo que me gustaba, no me arrepiento.

¿Y cómo es que aterrizó en Neumología?
Yo hice la carrera en Murcia. Cuando acabé hice el servicio militar, que estuvo muy bien, me presenté al MIR. Y de las especialidades que había barajado, quería que tuviese una parte médica, las quirúrgicas no me gustaban; de contacto directo con el paciente, tanto ingresado como ambulatorio, y que tuviera una parte técnica diagnóstica. A parte, teníamos también técnicas de tratamiento. Es decir, tenía que tener un poquito de todo. Y Neumología era una de las especialidades que cumplía con estos requisitos.

Habla muy bien de la mili. ¿La recuperaría?
¡Ay! No, yo creo que ya no. La mili al principio es dura. El primer llamamiento empezaba en enero, con un frío horroroso. Recuerdo que las condiciones del cuartel eran pésimas. Pero, bueno, no todo va a ser bonito en la vida. Había mucho impresentable, pero también gente muy maja. Y era otra época de la vida. La segunda parte la hice en un botiquín, y hablabas con gente que era la primera vez que salía de su pueblo, y estaban encantados. Conocías a personas que todavía tenían muchos problemas para leer y escribir y en la mili había escuelas, y esta gente aprendía. También tiene su parte mala, porque yo cada día que pasaba me decía a mí mismo: “¿Qué hago aquí?”. (…) ¿Debería volver? Ganas me dan de decir que sí (risas). Al menos tres meses, que a algunos se les iban a quitar las tonterías que tienen encima. (Risas).

Un cuarto de siglo después de empezar como médico en el Hospital Gregorio Marañón, de Madrid, ¿qué le diría a ese neumólogo de hace 25 años?
“¡Madre mía!, no cambian las cosas, ¿verdad?”.

¿Cuál es la anécdota que más recuerda con el fonendoscopio puesto?
Hay una de cuando yo era joven, de 23 o 24 años, y empecé la residencia, en las urgencias del entonces Hospital Provincial, que eran tremendas, y una noche de esas de guardia tremendas de todas las Urgencias llenas, tenía una cara muy jovencilla, pelo muy cortito, muy poco vello, iba de blanco totalmente, y estaban los enfermos psiquiátricos junto con los enfermos médicos, quirúrgicos, todos mezclados. Y yo de repente me levanté para ver un paciente y un enfermo psiquiátrico se levantó y empezó a chillar: “¡Un niño médico, un niño médico, un niño médico!”. Aquello fue para morirse, la escena fue tremenda, porque allí todo el mundo escuchando “¡un niño médico, un niño médico!”. Es una de las anécdotas que recuerdo con cariño.

Si le tocase el Euromillones, ¿seguiría ejerciendo de médico?
Creo que no. Me jubilaría, soy sincero. Lo dejaría como hobby, a la edad que tengo. A lo mejor, si fuera más jovencillo… Yo ahora tengo 54 años… Es decir, si es una cantidad buena, creo que no seguiría trabajando, que dejaría paso a otras personas.

Digamos que no está casado con la profesión, como dicen otros profesionales.
No, no. A mí, cuando me lleguen los 65 años, me voy. Bueno, a mí me tocan los 67, por la reforma; yo soy justo del año de los 67, así que hasta los 67 tendré que estar (risas).

¿Por qué sería capaz de cambiar su vida?
Tendría que cambiarla si hubiera un tema familiar importante, de salud o de otro tipo. Los temas familiares son los que más te condicionan los cambios de vida.

El neumólogo, durante una de sus 'sesiones Dj'.

El ‘disc-jockey’ de las fiestas A José Miguel Rodríguez González-Moro encanta la música. Pero como él es una persona de compartir, no solo escucha música para sí, sino también con los demás. Por eso no duda en ponerse a ‘pinchar’ discos: es el ‘disc-jockey’ de las fiestas familiares. Tiene su propia mesa de mezclas que conecta a su portátil en donde lleva las listas preparadas para animar siempre que haga falta.

Igualmente, se declara amante del buen vino y de la mejor gastronomía. Sería un buen crítico del buen yantar, porque, además, disfruta viajando para siempre aprender y conocer cosas nuevas y curiosas, hasta los mismísimos entresijos de la Coca-Cola, cuyo museo en Atlanta (Estados Unidos) también ha visitado.


¿Felizmente casado?
Sí, y tengo dos niños: chico y chica.

¿Qué es lo más grande que ha hecho por amor?
Venirme a Madrid. Yo soy muy murciano, me quería quedar en Murcia. Pero mi mujer se había venido a Madrid. Ella es profesora de Derecho Penal y trabajaba en Madrid. Nos conocimos en la facultad, Medicina es un año más que Derecho y añádele el MIR, la mili, y te retrasas un par de añitos, con lo cual ella estaba en Madrid. Solución: que te tienes que venir a Madrid.

¿De qué error ha aprendido más en su vida?
A nivel personal, de tomar decisiones precipitadas. Eso que se dice de contestar un correo electrónico ipso facto, cuántas veces te arrepientes. En la vida, como en los correos electrónicos, hay que contestar en caliente y guardar en borradores. Y cuando han pasado unas horas o unos días, volverlo a leer. Puedo asegurar que el 90 por ciento los borrarás o no los mandarás. Pues en la vida pasa igual: Me he rebelado a veces de forma abrupta contra injusticias que se han tomado en el Gregorio Marañón, y eso me ha costado muy caro.

Como director de Relaciones Institucionales de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), está llamado a lidiar con las administraciones y otros órganos. Vamos, que es el ‘fontanero’ para que fluyan las relaciones, ¿no?
Creo que soy un buen relaciones públicas. Tengo muchos amigos, conocidos, me muevo bien en ese ambiente porque desde hace tiempo he estado mucho fuera del hospital. La verdad es que mi vida en las sociedades científicas empezó cuando se fundó Neumomadrid. En una reunión a la que fuimos, no sé por qué aparecí en esa reunión, y el profesor Gómez de Terreros, que es militar, dijo: “Tú, secretario de una comisión constituyente. Toma nota”. Creo que era el cargo más penoso porque había que levantar acta. Y a partir de entonces, he seguido. (…) Ahora he desembocado en este puesto a raíz de que Pilar de Lucas, la anterior presidenta de Separ, me nombró Relaciones institucionales, lo que me permite apoyar a la presidenta y tener relaciones con todo lo que es la industria farmacéutica, tecnología sanitaria, todos los laboratorios, la OMC, la universidad, y todo lo que son los poderes políticos, la administración, que al fin y al cabo son los que dicen sí o no, los que invierten el dinero y los que modifican la sanidad.

También le tocó encarar un restablecimiento de relaciones durante su etapa al frente de Neumomadrid: de un Güemes poco amigo a Fernández-Lasquetty.
Javier Fernández-Lasquetty es el mejor consejero de Sanidad que ha tenido la Comunidad de Madrid en toda su historia. Y lo digo así: es el mejor. Y he conocido a todos: desde María Gómez de Mendoza, que fue la primera consejera socialista cuando yo empecé la residencia en la época de Joaquín Leguina, hasta ahora Maldonado. Pero el mejor, Fernández-Lasquetty. Le salieron mal las cosas, pero es largo hablar de lo que debió pasar ahí, en ese momento de las medidas de sostenibilidad, que quizá no se supieron trasmitir qué era lo que se pretendía. (…) Veníamos de la etapa de Güemes, que fue horrorosa, y luego los dos últimos consejeros han pasado desapercibidos, salvo por temas ajenos a lo que nos afectan.

Nada más llegar a la presidencia de Neumomadrid, la sociedad estrenó sede, aunque después vino la crisis y las estrecheces económicas. Ahora mismo, ¿qué es, más de alquilar o de comprar?
En ese momento, la sede la compró Rodolfo Álvarez Salas, y la verdad es que hizo una buena compra: fue un momento en el que bajaban los precios, en una zona muy céntrica de Madrid, en Cea Bermúdez, y se pagó al contado con el dinero que teníamos, con lo que nos quedamos sin deuda. Ahí asumíamos que los recursos iban para atrás, pero asumir el alquiler te da siempre una sensación de provisionalidad, y el tener una sede propia te asienta mejor. Se ha conseguido que Neumomadrid sea la casa de los neumólogos, de los cirujanos torácicos, de las enfermeras, de los fisioterapeutas respiratorios de Madrid. Cuando vamos allí, nos sentimos en casa, igual que cuando vamos a la sede de Separ.

Es autor de más de 100 publicaciones y de más de 200 comunicaciones de congresos de la especialidad. ¿Un buen médico, además de médico, tiene que escribir sobre Medicina?
Tiene que hacer todo. Cierto que el hecho de tener publicaciones no significa que seas el que las escribes todas o participa al cien por cien. En Medicina, la labor de equipo, como en casi todos los sitios, es fundamental. En el Barcelona no todos los goles los mete Messi, ni en el Madrid lo hace todo Ronaldo; son un equipo. Cuando un jugador de estos tan buenos no juegan, se resiente el equipo, pero el equipo sigue jugando y ganando.

Visita al Museo de Coca-Cola, en Atlanta (Estados Unidos).

En Medicina, he contado con una líder, que es Pilar de Lucas, mi jefa, amiga y compañera y la anterior presidenta de Separ, que es la que ha tirado un poco del carro.

Pero hay médicos que en esta casilla tienen prácticamente un rosco.
Eso está mal, no es un médico completo, y de eso se resienten los pacientes y el sistema. Y si todos hicieran eso, cero publicaciones, no ir a congresos, no hacer formación continuada, al final la Medicina española se resentiría.

¿Qué recuerda de su etapa universitaria?
Mi padre, cuando hice la prueba selectiva, me dijo: “Te vas a Murcia”. Salí de casa con 16 años. Le dije que me iba a buscar un piso con amigos de Yecla, pero él me respondió: “Vas a ir al Colegio Mayor Cardenal Belluga”. Y le dije: “¡Papá!, ¿y las novatadas y esas cosas?”. “Te las apañas”, me dijo. Y pasé novatadas, ¡vaya que si las pasé! Ahora cuando se quejan de las novatadas, pero una cosa es hacer novatadas y otra, hacer salvajadas. Pero por hacer novatadas no pasaba nada. Luego las hacías tú y nadie salía traumatizado, te lo puedo asegurar. Y eran duras, eh.

¿Alguna novatada confesable?
Había muy típicas, como la de irte a El Corte Inglés a probarte ropa interior de señora, el cubo de agua con monedas de cincuenta pesetas y salvar a Franco de ahogarse… Había muchas; las fuertes no las puedo contar. Pero sí, la verdad es que había de todo.

Muchas de las novatadas son que llamamos psicológicas: se utilizaban un poco para conocer a la gente. De hecho, el que más novatadas te había hecho luego era tu mejor amigo. Recuerdo las noches de juega en los bares de Murcia por la noche. La gente salía, íbamos de cañas, y por la noche nos tomábamos cubatas, no eran gin-tonics, entonces eran cubatas: estaban más de moda la Coca-Cola o el limón con ginebra. Recuerdo también los exámenes duros, pero en los colegios mayores, con tanta gente estudiando, se te hacía más llevadero. Compaginaba el aprobar por curso con notas bastante buenas junto con pasarlo bien, tener buenos amigos y salir en su momento. Recuerdo las fiestas universitarias de mi colegio, la del novato y la de la imposición de las becas, que eran realmente espectaculares. Recuerdo la apertura en los años 80, con las primeras elecciones, y se convertían los colegios mayores en focos culturales: había cafés coloquios, venían políticos filósofos. Allí conocí a muchos de la época, cuando venían y hablabas con ellos de temas políticos y sociales, recuerdo los cineclub, en los que luego había un coloquio posterior. Fue una época buenísima, la repetiría, eh.

¿Y allí conoció el amor?
Sí, precisamente en una fiesta de estas del colegio mayor, donde conocí a la que luego sería mi mujer. Estudiaba Derecho en una residencia, porque era de Albacete. En aquella época Murcia y Albacete estaban juntas, eran una región, y la gente de Albacete estudiaba en Murcia. Y nos conocimos allí, y desde entonces no nos hemos separado.

Ha tuiteado: “Willy Toledo debe ingresar de forma urgente en un hospital psiquiátrico”. ¿Qué le recetaría?
Creo que debe ingresar y no debe salir. El padre de Willy Toledo fue un cirujano torácico muy famoso, fue el jefe de Servicio de Cirugía Torácico del Doce de Octubre, y la verdad es que qué ejemplo, qué chico. No tiene dos dedos de frente. Me parece una persona que lo que mejor se puede hacer es no hablar de él, pero alguna vez que lo he visto en la televisión, porque encima le dan un poco de cuerda, no me he podido resistir.

También ha dicho: “Sorprende ver cuántos no médicos y médicos que no ven enfermos viven de la sanidad. Reflexionad un poco, porque es para llorar”.
Me pasa cuando voy a alguna entrega de premios o algún desayuno informativo, y cuando de repente levanto la cabeza y empiezo a contar. Y digo: “De aquí, creo que el único que pasa consulta soy yo. El resto, ¿qué hace aquí?”. ¿Habrá algún día un desayuno de la sanidad para médicos que ven pacientes? Porque es que, al final, a nosotros es a quienes menos se nos consulta. Es decir, recibimos todo hecho. (…) Por eso hice esta reflexión: Si aquí nadie ve enfermos. Efectivamente, allí habia 300 personas, había muchos médicos, pero la mayoría no ve enfermos: se van de la profesión, entre comillas, del contacto con la realidad. Es como si le dices a Rajoy que cuánto tiempo hace que no ve un registro de la propiedad. Como tuviera que ir a Santa Pola, se las iba a ver canutas. Imagino que diría: sí, es un registro, pero poco más.

¿Sus hijos han continuado la senda médica de su familia?
No. El mayor ha acabado Derecho y la chica se dedica al mundo del Periodismo y la Publicidad. Ha estado haciendo la beca en ‘Sálvame’, en La Fábrica de la Tele. Le ha gustado, ha hecho muy buenos amigos y la verdad es que ha trabajado y ha aprendido mucho a la hora de minutar noticias, buscar información… Ha venido encantada. Ha recibido un trato excelente y ha logrado el objetivo que se planteaba, que era dejar la Universidad e ir a un sitio de verdad ya a ver cómo es la vida real.

¿Qué consejos da a sus hijos?
Que sean honrados, trabajadores y que sean conscientes de que lo bueno se acaba y que se tienen que empezar a dedicar a su vida y a hacer su vida poco a poco, que van a tener todo el apoyo y respaldo de sus padres. Que se van a equivocar, que van a llorar y lo van a pasar mal en ocasiones, pero que siempre se sigue adelante.

Teniendo antecedentes familiares siendo alcaldes, ¿se ha planteado alguna vez meterse en el mundo de la política?
Si hubiera vivido allí, a lo mejor, sí. Tengo una magnífica amistad con el alcalde de Yecla, Marcos. Me parece un excelente alcalde, un chico joven y que creo que promete. De hecho, ha ganado por mayoría absoluta por el PP. Le felicité, está encantado, y creo que se ha reconocido la labor bien hecha, porque cierto es que ahora que se habla tanto de corrupción, creo que se corrompen las personas, los partidos o las instituciones como tal es más difícil, porque la hacen las personas, y entonces, tú cambias de personas y esa institución tiene que funcionar bien. Yo a día de hoy no me planteo nada de política.

Pero, ¿le hubiera gustado ser alcalde de su pueblo?
Sí.

¿Y qué medidas impulsado como el alcalde don José Miguel Rodríguez González-Moro?
En mi pueblo se quejan mucho de que les falta el tramo de autovía que hay el pueblo de al lado, Jumilla, y Yecla. Mi pueblo está a 100 kilómetros de Murcia, en un extremo, y nos llaman ‘extranjeros’, por una anécdota de hace muchos años: no sé si en Ceuta o Melilla, estaba toda la Legión formada y el coronel gritó: “Españoles, al barco”. Y se quedaron tres, y el coronel les dijo: “Y vosotros, ¿de dónde sois?”. Y ellos respondieron: “Somos de Yecla”. De ahí viene que los yeclanos sean llamados extranjeros. (La autovía) está costando muchísimos años, y significa que no tienes contacto con la capital, ni con Valencia, ni con Alicante. No hay ninguna autopista a menos de 20 kilómetros. Con lo cual, nos queda un trocito que se está haciendo y ese sería uno de los grandes logros que yo impulsaría.

Está hablando casi como un alcalde, vamos.
Casi, casi. (Risas)

¿Y de ministro, hablamos?
No, no quiero. Líos no (risas). Aunque no me va a llamar, y menos ahora, tal y como están las cosas.