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14/06/2015 n241
El amor hospitalario, como el de la Presley y Vargas Llosa

Me cuentan las compañeras estos días en el desayuno que lo que está de moda en las revistas del corazón es el supuesto noviazgo entre el escritor Mario Vargas Llosa y la famosa (no sé muy bien qué ocupación laboral tiene o ha tenido más allá de sus matrimonios con millonarios) Isabel Presley. Yo de esto -y no es postureo-, ando un poco pez, pero he de reconocer que me llama la atención que todo un Nobel se pueda enamorar a estas alturas de un cerebro que en principio no está muy a su altura intelectual (o al menos no ha demostrado públicamente estarlo).

Sin embargo, reflexionando en la tranquilidad de una noche de guardia en el hospital me he dado cuenta lo peculiar que es el ser humano y el amor. Sin salir del centro en el que trabajo he visto la formación de parejas de toda índole. Una de las que más me ha llamado la atención siempre es la que tiene el componente desprotegido/protector, digamos. Ese paciente que se enamora de la médico, enfermera o auxiliar, a quien ve como una hada que posibilitan su curación, mientras que a ellas las visita Eros ante la perspectiva de proteger a alguien que lo necesita.
También está el clásico de por admiración entre profesionales, en los que el roce laboral muchas veces hace el cariño. Lo he visto en todos los escalones de la estructura hospitalaria: gerente -director/a médico; jefe/a de servicio-adjunto/a; incluso enfermera-celador, como fue mi caso. Yo me enamore de mi mujer de verla pasar por los pasillos y entrando y saliendo de las habitaciones de los pacientes, y al comprobar la mirada de agradecimiento de estos y de los familiares. Además de que me parecía buena moza (como se decía entonces en mi pueblo), me despertó admiración que alguien pudiera hacer sentir esa gratitud en la gente.

Por eso, ante un caso como el supuesto (que en estas cosas hay que guardarse las espaldas ante posibles demandas) de Vargas Llosa y Presley, uno se imagina que ella admira al escritor, como lo hacemos millones de personas en este mundo. Pero cuando es el turno de buscar la explicación a la dirección del amor de él hacia ella, me entran las dudas que me entraron cuando me di cuenta de que aquella enfermera que hoy es mi mujer se fijaba en mí. ¿Pero qué habrá visto esta persona para tener yo esta suerte? Porque yo por aquel entonces, como ahora, era solo un celador hospitalario y no anunciaba Porcelanosa…