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07/06/2015 n240
A la Feria del Libro por cotilla
Aunque hay muchos compañeros que las guardias
nocturnas las sobrellevan mejor tirando de móvil, yo
soy de los que prefiero los libros de toda la vida. Por
eso cuando soy un asiduo todos los años de la Feria
del Libro de Madrid. Me encanta el ambiente casi festivo
de esos días en El Retiro y me hace gracia el ritual de las
casetas y las firmas de los famosos.

El hospital en el que trabajo también tiene una relación especial con los libros. Dispone de su propio servicio de préstamos a los pacientes, una iniciativa que alabo, porque creo que es incluso parte importante en el tratamiento de la enfermedad. Pero iría más allá: haría nuestra propia feria del libro.

Ya me imagino un hall más animado y cultural. Unos pacientes buscando la obra de su médico de referencia; una enfermera firmando ejemplares de su última novela histórica; y por qué no, un celador como yo en plan estrella del certamen con unas memorias que cuenten los cotilleos del hospital. Porque yo sé mucho cotilleo, aunque hasta ahora me lo he callado. Donde otros solo ven batas blancas o verdes, a mí me constan líos amorosos, amistades rotas, deudas de juego y chanchullos para ganar una jefatura de servicio.

Claro que si publico estas memorias no podría volver a trabajar tranquilo, porque serían cientos los damnificados, y de la noche a la mañana pasaría a ser persona non grata en el hospital. Por eso estoy a la espera de que llegue una editorial con un cheque en blanco para decidirme. Hasta entonces sigo acumulando material: poniendo la oreja en las conversaciones de ascensor o cafetería y dando palique a los pacientes que me encuentro por el pasillo. Nunca se sabe dónde puede saltar la exclusiva que me prejubile. Quién sabe si en unos años me podrán encontrar en El Retiro como autor de éxito.