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31/05/2015 n239
Sandra Melgarejo
Imagen: Miguel Fernández de Vega
El jefe de Sección de Farmacología Clínica del Hospital
Clínico San Carlos de Madrid practica esquí, submarinismo,
bicicleta de montaña, motorismo..., aficiones que algunos pueden
considerar de riesgo, pero que él afirma tener controladas. Antonio Portolés, quien también dirige la Fundación para la Investigación Biomédica del centro, estudió Medicina en la Universidad Complutense de Madrid, donde es profesor asociado, por su interés por las ciencias, la investigación y el cuidado de las personas, convirtiéndose así en el primer médico de su familia.
Usted es farmacólogo clínico, ¿por qué eligió esta especialidad?
Durante los estudios me interesé por la Farmacología y, de hecho, desarrollé mi tesina y mi tesis doctoral en esta área. Así que, al finalizar, opté por la especialidad de Farmacología Clínica.

La especialidad, tal y como se conoce ahora, comenzó en el año 1984 y usted hizo el MIR poco después. ¿Cómo fueron esos años de residencia?
Empecé el MIR en 1987, en el Clínico de Madrid. El hospital era muy diferente a como es ahora, había bastante escasez de personal en determinadas áreas y vivimos el traspaso de competencias a las comunidades. Fueron años de cambio. Por ejemplo, se notaba mucha diferencia en la organización de las Urgencias, porque entonces los residentes teníamos bastante presión asistencial en las guardias. Ahora ha mejorado la organización.



¿Es común que la gente crea que los farmacólogos clínicos son farmacéuticos en lugar de médicos?
Sí, es bastante común. Muchas personas relacionan la palabra ‘farmacología’ con ‘farmacéutico’ o ‘farmacia’, pero a nosotros esta confusión nos produce una sonrisa. Es cierto que muchas de las actividades de la Farmacología Clínica tienen áreas comunes con la Farmacia, pero es una especialidad médica dirigida a los medicamentos.

¿Cómo es la relación de los farmacólogos clínicos con los pacientes?
Tras la formación, vemos a los pacientes de una manera un poco indirecta. La relación viene dada por las interconsultas o a través de resolver problemas que vienen mediados por otros médicos. No es una relación directa.
Impulsor de la Fundación para la Investigación Biomédica Su interés personal por la investigación ha llevado a Antonio Portolés a desarrollar este ámbito en el Clínico San Carlos de Madrid, a dirigir la Fundación para la Investigación Biomédica del hospital y a promover la acreditación del centro como Instituto de Investigación Sanitaria. “Quizá haya sido por mi experiencia en investigaciones previas y por el conocimiento que tengo sobre cómo debe realizarse”, argumenta para explicar su compromiso con la actividad investigadora del Clínico, una responsabilidad que considera que es importante para él y para el hospital. No obstante, aunque su carrera profesional le ha alejado de la actividad asistencial propiamente dicha, defiende que “cuando un médico decide realizar más investigación, no por ello se separa de la asistencia, porque ambas cosas están unidas en el ámbito sanitario y se necesitan la una a la otra”.
Su especialidad se encarga de la relación entre los efectos terapéuticos (beneficios), los efectos indeseables (riesgos) y los costes de las intervenciones terapéuticas, e incluye la eficacia, seguridad, efectividad y eficiencia. ¿Se piensa más en esto último ahora que antes?
Diría que sí. Hemos vivido el desarrollo de los comités éticos de investigación clínica, la evolución de las autorizaciones de los ensayos clínicos y el cambio metodológico en la presentación de los ensayos, y en la calidad de esas presentaciones. Esa regulación ha hecho que aumente la calidad de la investigación que se hace y ha mejorado las exigencias sobre la calidad de los medicamentos. Los requisitos básicos para que un fármaco se autorice son la eficacia y la seguridad, pero la eficacia no serviría de nada si no lo corroboramos con lo que sucede en la práctica habitual, es decir, la efectividad. El problema es que esa efectividad no la podemos conocer antes de que el medicamento sea autorizado y, después, viene el coste, y ahí hablamos de la eficiencia. Todo eso ha ido desarrollándose cada vez más y el panorama ha cambiado bastante en las últimas décadas.



¿Qué tipo de ensayos llevan a cabo en el Servicio de Farmacología Clínica?
Fundamentalmente, ensayos de farmacocinética en voluntarios sanos.

¿Cómo se convence a un voluntario sano de que participe en un ensayo clínico?
Normalmente, hay un primer contacto en el que se les explica en qué consisten los tipos de investigación que se suelen hacer y facilitan sus datos, que se incluyen en una base. Apoyándonos en esos datos, se les contacta para hacerles una propuesta concreta de participación.

Antonio Portolés, durante un viaje a Namibia.
¿Y cuáles son las preguntas que suelen plantear?
Se suelen interesar por cuál es la metodología. En general, lo que más les condiciona son las fechas y el número de veces que tengan que venir al hospital.

¿Usted ha participado en algún ensayo?
Sí, aunque con escasa frecuencia porque no puedo hacerlo en ninguno de los que realizamos nosotros.

Presidió la Sociedad Española de la Sociedad Española de Farmacología Clínica (SEFC) seis años, de 2007 a 2013. ¿Qué valoración hace de esta etapa?
La verdad es que estoy muy satisfecho de mi tarea. Fue un momento de gran dedicación, aunque siempre he estado comprometido de alguna manera con mi especialidad. De hecho, además de ser presidente, durante muchos años he tenido otras tareas relacionadas con el apoyo y el impulso de la Farmacología Clínica. Quizá, el problema fundamental que tiene la especialidad es la implantación, que es más bien escasa, dentro del sistema de salud. Lo que intentamos es convencer acerca de la importancia de tomar decisiones acertadas en materia de utilización de medicamentos.

Cuando fue presidente de la SEFC, una de sus reivindicaciones era que hubiera farmacólogos clínicos también en Atención Primaria, ¿le hicieron caso?
El objetivo de la especialidad es mejorar el resultado del uso de los medicamentos y, para eso, intervenimos en diferentes etapas, desde su investigación hasta su utilización. En Atención Primaria, esa labor de mejorar el resultado tiene una gran importancia, pero no hay ningún especialista de Farmacología Clínica en este nivel asistencial en la Comunidad de Madrid, aunque sí en alguna otra.

Aliada de la industria farmacéutica, no competencia La Farmacología Clínica participa en actividades de la industria y actividades regulatorias, pero “no es que sea la competencia, sino que cada uno tiene su papel en la cadena de desarrollo del medicamento, desde su investigación hasta que se considera que es el más adecuado para administrárselo a un paciente”, explica Antonio Portolés. “La industria farmacéutica tiene interés en desarrollar unos medicamentos y la Farmacología Clínica, como especialidad, puede formar parte también de esos objetivos de la industria porque hay farmacólogos clínicos que trabajan desde este sector. Pero cuando pensamos en la actividad de la especialidad desde el otro lado, es decir, desde el sistema sanitario, lo que tratamos es de garantizar que esos medicamentos tienen la máxima calidad y que cumplen con todos los requisitos. No es que comprobemos o repitamos los ensayos que ha hecho la industria, sino que evaluamos la forma en la que han sido realizados y sus resultados para asegurarnos de que cumplen con los estándares”, detalla.

El jefe de Sección de Farmacología Clínica del Clínico añade que su especialidad también investiga sobre los objetivos que le interesan al sistema de salud, es decir, “contestar aquellas preguntas que no van dirigidas a comercializar un nuevo medicamento –que es lo que, fundamentalmente, necesita la industria–, sino a cuál se debe utilizar en primer o segundo lugar, cómo se utiliza, qué problemas hay en su uso, cuáles se toleran mejor y toda una serie de preguntas que interesan más al médico clínico y al paciente, sobre todo, porque inciden en sus resultados en salud”.
Es profesor asociado de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Complutense de Madrid, donde estudió. ¿Cómo es como maestro?
Creo que soy un profesor bastante motivado, o lo intento. Trato de transmitir a los alumnos el interés por la Farmacología, por la buena utilización de los medicamentos y por la investigación. En definitiva, por la necesidad de conocer de manera clara y con un método adecuado los medicamentos.

¿Percibe que la gente confía en los medicamentos?
Sí, tremendamente. Casi pensamos que tiene que haber un medicamento para cada cosa. De hecho, a medida que vivimos cada vez más tiempo y en mejores condiciones, también acumulamos mayor carga de enfermedades. La polimedicación es un elemento clave en este sentido y, dentro de esta, el hecho de las potenciales interacciones, algunas adversas. Tenemos que hacer llegar que ese conocimiento es relevante a la hora de la toma de decisiones.

¿Usted confía en los medicamentos? ¿Suele tomarlos?
Afortunadamente, tengo poca necesidad de tomar medicamentos porque no me hacen falta habitualmente. Pero, desde luego, contamos con un arsenal terapéutico importante y tenemos herramientas para tratar un número muy elevado de condiciones. Lo que hay que pensar es cuándo es necesario tomarlos y cuándo no.

¿Hay mitos relacionados con la toma de fármacos?
Hay algunas dudas que se suscitan porque hay personas que relacionan datos que no tienen nada que ver entre sí, o que vienen derivados de un fármaco en concreto pero piensan que tiene aplicación para todos.

Como la interacción entre el zumo de pomelo y algunos fármacos…
Por ejemplo. El zumo de pomelo contiene algunas sustancias que modifican algunas vías del metabolismo de algunos medicamentos, pero no es algo que ocurra en todos los casos.

Portolés en el pico Peñalara, el más alto de la Sierra de Guadarrama.
¿Alguna vez hace algo a sabiendas de que tendrá efectos adversos?
Dentro de mis aficiones, supongo que sí (risas). A algunas personas les puede parecer que asumo determinados riesgos, pero yo considero que están controlados.

¿Cuáles son esas aficiones?
El esquí, por ejemplo. Es un deporte que practico desde niño y espero seguir haciéndolo mientras que sea posible. También el ciclismo de montaña, el submarinismo, las motos… Suelen ser actividades que considero interesantes y motivadoras. Hay personas que no están habituadas a ellas, pero tampoco es que estén fuera de lo normal.