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24/05/2015 n238
El Celador
Votemos a los pacientes
(y a los jefes)
Dicen que este domingo van a cambiar las cosas. Yo no lo sé. Aquí el único hecho empírico es que todo el mundo lleva días preguntándome que a quién voy a votar. No solo mis amigos y mis compañeros; también me lo sueltan los pacientes y, ojo, ¡hasta mis jefes! Éstos últimos no porque me vayan a represaliar o premiar según el signo del voto; o, vamos, eso creo. Porque la verdad es que pienso que a todos los que me preguntan les pasa lo mismo: quieren saber de los demás porque andan desorientados.

Entiendo que yo sea toda una eminencia y referencia en el curro, lo que argumentaría que desde el pez más gordo hasta el más chico necesiten una orientación de las buenas, de las que se da en torno a un café con leche fría y doble de azúcar, en lugar de la que se sueltan en programas televisivos de supuestos debates políticos. En éstos, lo que más importa es el golpe de efecto. Pero tras el golpe viene el moratón, y el moratón es lo que dura, y lo que importa en realidad. Seamos sinceros: la vida normal no sale en los debates de televisión.
El caso es que estos días todos los políticos hablan de que va a haber más democracia, de que seremos más libres, que tenemos que decidir/votar con cabeza y no sé qué cosas más. Hasta el punto de que viendo las noticias en la cafetería, uno de la barra ha tenido que saltar: “Pues a mí lo que me gustaría sería poder votar a mis pacientes”. Y dicho esto en voz alta, ha pagado y se ha marchado en pleno silencio de la sala. Luego nos hemos echado a reír, porque lo que le pasó a este es de traca. Le tocó uno de esos pacientes que no se te despegan ni con veinte altas seguidas, que te hacen regalos para el día del padre, de la madre y por la comunión de tu sobrino. Y mira que lo han llevado a Psiquiatría y allí no dicen que esté mal, sino que es de lo que ya no hay, gente atenta. Pero como es la excepción, pues ya nadie se acostumbra.
“Y yo quiero votar a mis jefes”, ha dicho otro en plena cafetería. Y claro, aquí no hemos podido aguantarnos las risas. Hay quienes sueñan con que les va a tocar el Euromillones, y por muchas veces que salgan millonarios en el periódico, todavía no conozco a ninguno cercano que haya logrado más de 20 euros. Es decir, por querer, que no quede. Pero volviendo a la verdadera incógnita de mi voto, por cuya cansina pregunta me he marchado del desayuno, os diré que no lo he desvelado todavía. ¿Por qué? Pues porque me siento completamente identificado con Pepiño Blanco, aquel ministro de Zapatero que un buen día dijo que no hizo público su apoyo a Obama para no interferir “en lo más mínimo”. Me imagino, entonces, a Hillary Clinton pendiente de Pepiño. Precisamente como Mariano, Pedro, Albert y Pablo están hoy, aguardando a saber qué habrá votado El Celador. Pues nada, que como yo soy un hombre de convicciones y buen corazón, no lo digo para no influir en la opinión pública y que, luego, los contrarios se me echen encima.