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24/05/2015 n238
La Asociación Venezolana de Clínicas
y Hospitales estima que la escasez de
recursos en el país de Nicolás Maduro
llega al 80 por ciento de la sanidad,
lo que ha obligado a los venezolanos
a reutilizar, por ejemplo, los marcapasos
que son donados por los familiares de un
fallecido. La situación es tal que los
médicos quieren emigrar para buscar
un futuro mejor más allá de la paga
mensual de 35 euros.
José A. Puglisi

Cuando Juan entró a la sala de emergencias, la imagen que vio le dolió más que las heridas. Una mancha de sangre seca en el suelo que indicaba el camino hacia el quirófano, mientras que a los lados se encontraban sentados en sillas de plástico los pacientes y familiares que, por horas, esperaban ser atendidos, así como algunas camillas que, en el mejor de los casos, estaban ocupadas por una sola persona. Así es la realidad que se vive en los centros sanitarios públicos de Venezuela, que representan más del 90 por ciento de las instituciones de salud y a las que accede más del 60 por ciento de los ciudadanos.

Fachada del Hospital militar Carlos Arvelo, con una imagen gigante del expresidente Hugo Cháves.

Los analistas del sector aseguran que el grave deterioro de la sanidad pública recae en las condiciones de restricción que se han implementado durante los últimos diez años, a lo que se suma el socavamiento de la dirección, gestión y financiación de las instituciones públicas de salud. Todo esto ha conllevado a una reducción de la capacidad para conducir las políticas de salud, administrar los servicios, resolver sus deficiencias y enfrentar, con eficaz desempeño, los problemas de salud apremiantes de la población.

Una política que ha llevado a la paralización de la sanidad pública. El número de camas disponibles para pacientes, por ejemplo, se contrajo de 30.964 unidades en 2009 a 21.770 en 2013. La Oficina Panamericana de la Salud asegura que el promedio idóneo es de tres camas cada 1.000 habitantes, pero la tasa media en Venezuela era de 1,3 camas por cada 1.000 habitantes entre 2005 y 2008, y de 0,9 camas entre 2009 y 2011. Una tendencia que ha seguido profundizándose en los últimos años y que ha significado dejar sin ningún tipo de asistencia médica, aproximadamente, a 1.125.000 personas, según datos del Ministerio de Salud venezolano.

La situación de los hospitales públicos es tan desgarradora que el propio Hugo Chávez tuvo que admitirlo en 2013, cuando al presenciar los problemas de infraestructura presentes en todos los centros sanitarios (filtraciones en paredes y techos, inundaciones, roturas de aguas residuales, falta de agua e interrupciones de energía eléctrica) tildó su estado de deplorable y “una vergüenza para la revolución”. Sin embargo, el expresidente desconocía que, en los mismos centros, existían problemas de mayor profundidad, como la falta de protocolos para el manejo de desechos potencialmente infecciosos o la poca inversión en equipos y materiales destinados a la correcta disposición de residuos sólidos.
Sin poder ampliar la formación médica
al ‘secuestrar’ su dinero

Anyoeli González y Andrés Piedra.

El control de cambio en Venezuela ha dejado a más de 20.000 estudiantes en el extranjero sin divisas. Anyoeli González y su esposo, Andrés Piedra, son unos de ellos. Médicos con experiencia profesional y en búsqueda una oportunidad para cursar grados superiores en Traumatología, se han quedado sin la aprobación de sus recursos por parte del Estado, por lo que se han visto en la obligación de paralizar su desarrollo académico y buscarse una forma alternativa de sustento tales como ser azafata o empleado en una cadena de comida rápida, respectivamente.

La pareja, que trabajaba en la Clínica Virgen Milagrosa (Caracas), descartó la opción de realizar una especialización en Venezuela. “De qué nos sirve formarnos en una institución que no cuenta con los medicamentos e recursos para trabajar, contando con unas clases que se quedarían a medias”, aseguran. No obstante, están dispuestos a seguir en su lucha por crecer profesionalmente en España, así que han homologado sus títulos y están valorando la opción de solicitar protección internacional.
Alarmantes carencias de recursos
A los problemas estructurales de la sanidad pública venezolana también se suma la falta de recursos. La organización Médicos por la Salud indica que cuando se hace una radiografía de los hospitales públicos los resultados son devastadores: el 61 por ciento de las instituciones tiene carencias graves o absolutas de material médico quirúrgico; el 65 por ciento no cuenta con catéteres y sondas; el 86 por ciento tiene dañados los equipos de rayos X; 94 por ciento, tomógrafos inoperativos; el 94 por ciento está con los laboratorios sin reactivos químicos, y 44 por ciento de los quirófanos, fuera de servicio.

La falta de recursos, que se agravó a partir de la decisión de implementar un control de cambio, ha alcanzado un nivel crítico desde 2013. El principal motivo es que el 84 por ciento de los productos y medicamentos son importados, pero la medida económica no facilita su adquisición en el extranjero, generando que los centros sanitarios estén obligados a suspender

Aviso en un quirófano inoperativo. 

cirugías electivas y de emergencias, así como cerrar algunas áreas de servicio como radiología, laboratorios y bancos de sangre.

La Asociación Venezolana de Clínicas y Hospitales estima que la escasez de recursos llega al 80 por ciento, lo que ha obligado a los venezolanos a reutilizar, por ejemplo, los marcapasos que son donados por los familiares de un fallecido.

Los problemas de la importación también han repercutido en el mercado de las medicinas, ya que 67 por ciento de los hospitales carece de medicamentos, según datos de Médicos por la Salud. En este sentido, las empresas farmacéuticas apuntan que el desabastecimiento pasó de una tasa media del 25 por ciento en 2012 a una que oscila entre el 50 por ciento y 60 por ciento actualmente. Es decir, una de cada dos personas no encuentra en el país los medicamentos que requiere para hacer frente a una enfermedad determinada.

La cámara de empresas farmacéuticas (Fefarven) precisa que, fuera de Caracas, la capital del país, el nivel de desabastecimiento de medicinas supera el 70 por ciento, lo que afecta principalmente a pacientes con problemas en el sistema nervioso central, hipo e hipertiroidismo, diabetes, hipertensión, cuadros de convulsión, asma, psicosis y enfermedades neuromusculares.

Imagen publicada en prensa local para denunciar las condiciones del sistema.

Además, de todos aquellos que requieran de medicamentos básicos como los analgésicos, anti-inflamatorios, antiácidos, antiparasitarios, anticonceptivos, vitaminas para embarazadas y cremas para quemaduras.

El informe del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) El derecho a la salud en Venezuela es tajante: “Hoy, muchas personas están falleciendo en el país no por enfermedades, sino porque los servicios de salud no tienen cómo atenderlas”. En este sentido, precisa que “el empeoramiento de la salud pública ha exacerbado las inequidades en salud, trasladando los costos de este deterioro a las personas de menores recursos”. Una situación que empeora aún más cuando se conoce que existe una alta migración de médicos venezolanos, dejando a los hospitales sin una importante parte de su plantilla o con doctores con menor experiencia profesional.
Venezuela, puerta de escape para médicos cubanos
El expresidente venezolano Hugo Chávez firmó una serie de acuerdos de colaboración con el gobierno de Cuba por los que se canjeaban barriles de petróleo por asistencia médica y envío de profesionales sanitarios a los hospitales. Una fórmula que tendría que mejorar el sistema sanitario público e impulsar las misiones (estructuras paralelas a la pública). Así, Venezuela llegó a enviar 100.000 barriles de petróleo al día, mientras que desde la isla salieron más de 45.000 médicos y otros sanitarios. Sin embargo, el plan no salió según lo previsto por dos grandes problemas: la poca formación de los profesionales enviados por Fidel Castro y las fugas masivas que se realizaron por parte de los médicos hacia Estados Unidos u otros países de la región.

Las investigaciones han demostrado que, entre 2012 y 2013, un total de 300 médicos cubanos se habían desligado de sus obligaciones con las misiones o el sistema público de sanidad, y que más de 700 profesionales se habían fugado del país. Ante las restricciones de libre tránsito, los cubanos han intentado escapar a través de la frontera con Colombia, donde fueron capturados cerca de 450 ciudadanos pertenecientes a la isla durante el primer semestre de 2014, según datos de la Agencia de Inmigración de Colombia.
¿Dónde está el doctor?
El presidente de la Federación Médica Venezolana, Douglas León Natera, ha asegurado que más de 13.000 médicos han emigrado del país durante los últimos años, siendo unos 7.600 de ellos pertenecientes al sector público. Los principales motivos que han impulsado a la salida de estos profesionales son la escasa seguridad personal, baja calidad de vida y las escuetas oportunidades de progreso profesional que ofrece el modelo implementado en Venezuela. Aunque una gran mayoría no contempla la opción de regresar al país, hay muchos jóvenes que, tras haber completado sus estudios superiores, quieren ejercer en hospitales venezolanos.

Hernan Mendoza, doctor venezolano con maestría en Medicina Molecular, considera que el gobierno de Venezuela debería “fortalecer la red de Atención Primaria y descongestionar los grandes hospitales. Replantear un nuevo sistema sanitario que se autosustente.

Concentración de sanitarios venezolanos por la falta de recursos.

El incentivo a los trabajadores es fundamental en un país que tiene la inflación más alta del mundo y donde un médico recibe una paga inferior a 35 dólares al mes” (si se calcula el salario mínimo a través del cambio oficial, el venezolano promedio gana entre 70 y 96 céntimos al día, unos 30 euros mensuales, por lo que los facultativos ganan 5 más que la media). Los médicos suelen ganar más, por lo que 35 euros al mes no resultan disparatados Tras dos años viviendo en España y trabajando en el Centro Médico Integral de Henares, Mendoza está convencido de que las divergencias entre el modelo sanitario español y el venezolano son abismales.

“La diferencia radica en el sistema de Atención Primaria, que se encuentra muy bien estructurado en España. Hay hospitales con suficiente números de camas (que hasta en algunos casos tiene una capacidad de atención sobreestimada), con tecnología punta, inversión en investigación, y aparte un sistema de recetas electrónicas que suministra de forma efectiva y con descuentos proporcionales a su salario”, puntualiza el médico venezolano. Mendoza agrega que, en su país natal, se carece de “un sistema de gerencia sanitaria que permita estructurar nuestra salud en base a prioridades y donde se tome en cuenta el coste y evalúe constantemente el beneficio, innove, investigue y resuelva”.

La pésima gestión de la sanidad en Venezuela ha puesto en riesgo a los ciudadanos que, bajo un modelo normal, podría recuperarse sin ningún inconveniente. Cada año, los problemas de los hospitales hacen que empeore la situación de unas 250 personas con accidentes cerebro vasculares, 500 con obstrucción de arterias coronarias, 750 a la espera de recibir un marcapasos cardiaco y 500 amputadas por falta de materiales para su tratamiento. A lo que se suman centenares de denuncias de personas que fallecieron en una ambulancia tras pasar horas siendo trasladadas por diversos centros ante la falta de recursos o equipos médicos.
Una tasa de mortalidad materna por las nubes
La mortalidad por los problemas del sistema sanitario público está afectando gravemente a las mujeres embarazadas y recién nacidos. Sólo en 2014, un total de 380 mujeres murieron por causas relacionadas con la atención en el parto, así como 7.000 niños al año de edad, el 60 por ciento de los cuales era recién nacido o neonato.

Pacientes atendidos en el suelo ante la falta de camas de un centro sanitario venezolano.

La tasa de mortalidad materna en el país caribeño es de 110 madres por cada 100.000 nacidos vivos, siendo el promedio más alto de América Latina. Sin embargo, no se trata de un pico anual, ya que las estadísticas demuestran que es una tendencia consolidada desde el año 2000, lo que ha despertado la preocupación de instituciones internacionales, como la Organización Mundial de la Salud y el Fondo de Población de Naciones Unidas.

Las previsiones de mejora son nulas. En especial, cuando se estima que Venezuela cerrará el presente ejercicio con uno de los peores resultados económicos de su historia, ya que se prevé que alcance una inflación superior al 188 por ciento, una caída del 7 por ciento en el Producto Interior Bruto (PIB) y más restricciones en la entrega de divisas necesarias para la adquisición en el exterior de medicamento, equipos médicos e insumos. Unos resultados que invitan a pensar que todos los venezolanos que entren a una sala de urgencias seguirán encontrándose con el suelo manchado de sangre seca, pacientes atiborrados en las esquinas y un sistema sanitario que, con o sin Hugo Chávez al poder, sigue siendo “una vergüenza”.