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17/05/2015 n237
El director gerente del Servicio de Urgencia Médica de Madrid, el Summa 112, no es capaz de explicar por qué quiso ser médico: “Me gustaría desde el principio, a lo mejor”. Lo cierto es que debe de tirarle mucho su profesión porque lleva casi tres décadas atendiendo emergencias, ya sea desde un helicóptero sanitario, en el 061 o acudiendo al terreno en catástrofes naturales. Solo apaga el teléfono cuando no le queda más remedio –al subir a un avión–, pero si va al teatro lo pone en modo vibración para salir sin molestar si le reclaman para algo urgente.
Sandra Melgarejo
Imagen: Miguel Fernández de Vega
¿De dónde le viene la vocación de ser médico de Urgencias?
Es muy difícil saberlo… Lo cierto es que después de terminar la carrera me ofertaron una plaza en el Servicio de Urgencias de El Escorial y, a partir de ahí, fui encadenando unas cosas con otras. El tiempo ha pasado sin que me dé cuenta, pero de eso ya hace la friolera de 28 años.

Y ya lleva 11 como director gerente del Summa 112.
Estoy contento, pero es muy cansado porque son muchos años y son muchos los cambios que se han producido en el servicio. Se puso en marcha un plan de planificación y reestructuración de toda la Urgencia y la Emergencia en la Comunidad de Madrid; hubo que fusionar tres servicios para integrarlos en uno solo… Fueron momentos muy duros y muy difíciles, pero muy bonitos. Ahora estamos en la fase de consolidación y esto no se acaba, sino que seguimos incorporando nuevas formas de trabajo y los avances que van apareciendo para una mejor atención al paciente. Pero resumiría esta etapa como muy bonita y, en algunos momentos, muy emocionante.

Madrid le dará muchísimo trabajo, ¿no le apetecería estar en una zona más tranquila?
No, no quiero irme a un sitio más tranquilo. Mentiría si no dijera que, a veces, pienso “¡Uf, qué cansancio!”. Pero son pensamientos pasajeros; en el fondo, a mí me va la marcha y, si me dejara de ir, a lo mejor es que sería el momento de jubilarse (risas).


Sí que le va la marcha, trabajó en un helicóptero sanitario…
Es toda una experiencia, aunque casi forma parte de la prehistoria (risas). Fue el primer helicóptero sanitario que se puso en funcionamiento en España, a través de un acuerdo entre la Dirección General de Tráfico –era uno de sus helicópteros, que se adaptó para transporte sanitario–,Cruz Roja Española y la patronal del seguro Unespa. Ya no nos resulta raro que llegue un helicóptero a un accidente de tráfico o que se lleve a un paciente que sufre un infarto a un hospital, pero en aquella época la gente se quedaba muy sorprendida y nosotros, también (risas).

¿Siempre le ha gustado la adrenalina?
Cuando era joven, sí. Lo primero que hice cuando cumplí 18 años –con gran horror de mis padres (risas)– fue apuntarme a un curso de paracaidismo, porque ya no tenía que pedir autorización. Después quise hacer parapente, pero la verdad es que me pegué cuatro golpetazos buenos con el paracaídas y se me quitaron las ganas. Aunque para lo del helicóptero no tuvieron que insistirme mucho; me lo plantearon y mi respuesta fue: “¿Dónde hay que ir y a qué hora?”.

¿Cuál ha sido la situación más difícil de gestionar que ha tenido en el Summa?

Martínez Tenorio recibe la Placa de Oro de la Conmunidad de Madrid otorgada
al Summa 112

En realidad, la gestión no es difícil. Hay momentos de mucha intensidad, estresantes, pero el servicio está muy bien organizado. La gente conoce su trabajo a la perfección porque está todo muy protocolizado y estudiado. Los programas y las guías están muy claros, y eso ayuda muchísimo al profesional y, también, a los equipos directivos. Lo difícil de gestionar es lo que no tenemos previsto, pero nada de eso suele tener que ver con lo asistencial, porque desde el punto de vista de la asistencia está recogido todo, desde accidentes con múltiples víctimas hasta situaciones de riesgo químico y nuclear.

¿Todo, todo?
Sí, la realidad siempre supera a la ficción. Los riesgos nucleares son prácticamente imposibles, aunque imposible no hay nada. Pero hasta eso está preparado. ¿Por qué? Porque hay muy pocas diferencias de intervención y, simplemente, con una ampliación de las nociones generales también lo cubres. Sería absurdo no hacerlo, por muy extrañas que sean las cosas que pueden suceder. Hay acontecimientos que creemos que nunca van a ocurrir, pero luego pasan; el ébola sin ir más lejos. ¿Cómo podríamos pensar que se pudiera dar un caso en España? Pues ha pasado y, si no estuviésemos preparados, habría podido ser un desastre.
La Cruz Blanca
A Pedro Martínez Tenorio le han reconocido con la Cruz del Mérito Policial y con la Cruz del Mérito Militar, ambas con distintivo blanco. ¿Qué premian estas insignias? “Habría que preguntárselo a ellos porque el primer sorprendido soy yo”. Lo cierto es que existe mucha colaboración entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, el Ejército y el Summa 112: “Los Tedax (técnicos especialistas en desactivación de artefactos explosivos) hacen mucha formación sanitaria en el servicio, desde donde también les ofrecemos la cobertura sanitaria en las prácticas con explosivos. Y existe un acuerdo marco con el Ministerio de Defensa para darnos formación mutua”, explica el director gerente del Summa 112. “Nos gusta mucho colaborar y ayudarles en su trabajo, por ahí vendrán los tiros de los reconocimientos”, concluye.


En este caso, el Summa se encargó de los traslados.
Sí, de todos los traslados desde los aeropuertos donde traían a las personas infectadas o con sospecha de infección.

Además de ser director gerente, ¿también hace labor asistencial?
Mi trabajo, mayoritariamente, es la gerencia de este servicio. No obstante, dada mi faceta médica, no me puedo resistir a actuar como médico en algunas circunstancias, sobre todo en situaciones un poco delicadas. Dentro de los protocolos está incluida la dirección, que también acude a esos escenarios que se salen de la norma y, evidentemente, si tenemos que estar allí debemos estar formados y saber lo que hay que hacer.

¿Dónde estaba el 11-M?
Estaba de gerente de Atención Primaria del Área Sanitaria de Leganés y Fuenlabrada, porque no entré al Summa hasta abril de 2004. Me tocó la parte final del 11-M, pero sí que estuve en la explosión del edificio de Leganés donde estaban los presuntos autores del atentado. No obstante, los profesionales de mi área también atendieron a personas afectadas por el 11-M. Recuerdo perfectamente el caso de un señor que se fue andando desde Atocha hasta su ambulatorio en Leganés para ser atendido. Nos dijo que fue por las vías del tren.

Lo que sí que vivió ya como gerente del Summa fue el accidente de Spanair de agosto de 2008. ¿Cómo se recuperó de algo así?
Hay cosas que no se me van a olvidar en la vida, y una de ellas es este accidente. Te preocupa, pero no te llega a afectar de tal manera como para influir en tu forma de vida o en tu trabajo. Evidentemente, te impacta, pero nos dedicamos a esto. Si cada situación dramática que vivimos nos generara algún trastorno, no podríamos seguir trabajando aquí.


El Summa también hace cooperación internacional. ¿Ha ido a alguna zona de catástrofe?
Sí, estuve en el terremoto de Haití en 2010. Me hubiese gustado ir a todas, pero ni puedo ni me dejan. Son situaciones espantosas, ves la destrucción absoluta de poblaciones enteras donde han perdido todo en pocos segundos. El Summa ha acudido a, prácticamente, todas las catástrofes de origen natural, salvo al maremoto de Japón de 2011 y al actual terremoto de Nepal.

¿Por qué no están en Nepal?
Nuestro servicio y los Bomberos de la Comunidad de Madrid forman un equipo de intervención y rescate especial, el Ericam (Emergencia y Respuesta Inmediata de la Comunidad de Madrid), que está certificado por Naciones Unidas. Nos activaron pero, al final, nos desactivaron, tal vez por la distancia o por otros condicionantes, no lo sé.

¿Alguna vez ha pasado miedo atendiendo alguna emergencia?
Miedo, no… Sorpresa, quizá. A pesar de la velocidad a la que circulan nuestros vehículos, nuestra incidencia de accidentes es bajísima, aunque vas un poco en tensión. Sí me han pasado cosas curiosas. Por ejemplo, una vez me dejó encerrado un toxicómano en su casa; ahí no es que tuviera miedo, pero sí que veía las cosas complicadas. El problema que tenía era que no se podía inyectar la heroína porque tenía las venas en muy mal estado, así que lo que se le ocurrió fue dar aviso de que estaba enfermo y el médico que llegó al domicilio fui yo. Una vez que entré, cerró la puerta con llave, se la metió en el bolsillo, me dio la heroína y me dijo: “O me la pones o no sales de aquí”.

¿Y cómo salió de ahí?
Milagrosamente, cuando estaba intentándole convencer, llegó su padre. Al oír que se abría la puerta dije “esta es la mía” y salí rápidamente hacia la escalera. Bajé los peldaños de dos en dos (risas).


¿Ha tenido que llamar al 112 en alguna ocasión?
Cómo paciente no, pero por alguien cercano sí. Mis padres son muy mayores y, de vez en cuando, hay alguna cosa que se descompensa y que necesita atención. Una vez mis padres llamaron al Summa sin decirme nada; me enteré tiempo después y me dijeron que no había funcionado nada mal, que les habían tratado muy bien (risas).

¿El 112 recibe muchas llamadas que se podrían solucionar si hubiera un mayor conocimiento general sobre primeros auxilios?
Muchísimas. El centro coordinador recibe, aproximadamente, un millón de llamadas al año; unas 3.000 diarias. De ese millón, alrededor del 50 por ciento se solucionan con consejo médico telefónico. Eso ya te está diciendo que si la gente estuviera lo suficientemente informada desde el punto de vista sanitario llamaría menos. Deberíamos replantearnos esta situación e incluir esta formación en algún sitio.
Sin desconexión
El director gerente del 112 asegura que no desconecta nunca del trabajo, ni siquiera en vacaciones: “Siempre hay cosas. Las últimas vacaciones me vine antes porque surgió un problema”. Martínez Tenorio afirma que el teléfono de los directivos funciona las 24 horas, los siete días de la semana y los 365 días del año, “salvo que te pillen dentro de un avión con el móvil apagado”. Si va al teatro, lo pone en vibración para no molestar: “Estando en el Teatro Lara, de Madrid, me vibró el teléfono, miré y era una alerta del Aeropuerto de Barajas por accidente de aviación. Tuve que molestar a todo el mundo para poder salir reptando entre las butacas. Afortunadamente, no fue nada, solo un avión que llegaba con problemas en el tren de aterrizaje, pero me quedé sin ver el final de la obra (risas)”.


¿Ha respondido muchas veces a la petición de un médico en la sala?
Sí, varias. Una vez me sucedió en un avión, volviendo de un congreso de Medicina de Emergencia. Era un paciente joven que tenía una crisis de ansiedad muy fuerte, pero se solucionó bien. La verdad es que los aviones disponen de unos equipos muy completos, están muy bien preparados. Solo pueden abrir esos maletines si acreditas que eres médico y ponen todo lo que tienen a tu disposición. La propia tripulación no lo hace porque no tienen suficientes conocimientos sanitarios.

¿Tiene algo urgente que hacer en el terreno personal?
Pues, como estamos en mayo, irme de vacaciones (risas). Me gusta viajar a cualquier parte del mundo, sobre todo a América del Sur, Centroamérica y África. Pero no me gusta ir al típico sitio de turismo, sino a zonas menos conocidas.

¿Adónde se va a ir de vacaciones?
Todavía no lo tengo claro, pero algún sitio caerá.