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17/05/2015 n237
Hace menos de un año que España oía ‘ébola’ muy de lejos. A pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) había declarado un brote y dado la alerta internacional, el virus mortal aún no había saltado al ‘primer mundo’ y su localización en el África occidental no suponía una amenaza fuera del continente negro. Sin embargo, más tarde la enfermedad viajó por primera vez a España de la mano del misionero Miguel Pajares; después volvió con Manuel García Viejo y se instaló, en forma de crisis, con el contagio de la auxiliar Teresa Romero. Ahora bien: 40 semanas después de tocar de lleno al país, ¿qué lecciones ha aprendido España sobre el ébola?

Jesús Vicioso Hoyo

1. Comité especial (y permanente) para la gestión del virus

Primera reunión del Comité Especial para el Abordaje del Ébola. 

Tras el contagio de Romero, el Ministerio de Sanidad montó en primera instancia un gabinete de crisis, pero el protagonismo de la gestión se trasladó posteriormente al Comité Especial para la Gestión del Ébola, integrado por una comisión científica con los máximos expertos españoles en la materia y capitaneado por la propia vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría. Su constitución tuvo lugar el 10 de octubre, y además de la entonces ministra de Sanidad, Ana Mato, contaba con representantes de seis ministerios. Y a pesar de haber superado la crisis del ébola en España, fuentes del departamento de Sanidad confirman que el comité “seguirá activo” de manera permanente. De hecho, sus reuniones siguen y Alfonso Alonso ya ha presidido reuniones del órgano.
2. Mejora del protocolo
La rebaja de la exigencia en cuanto a la temperatura de los sospechosos de tener el virus fue uno de los cambios reflejado en el reforzamiento del protocolo de actuación. La última versión y actualmente vigente fue aprobada por la Comisión de Salud Pública del 26 de noviembre de 2014 y en la propia portada del documento reza una nota global: “Este protocolo está en revisión permanente en función de la evolución y nueva información que se disponga de la actual epidemia”. Esta es una de las justificaciones del reajuste que se tuvo con la temperatura corporal, que como se observó en el caso de Teresa Romero no llegó a los 38,6 grados que eran requisitos en la anterior versión, pero también se incrementó la seguridad de quienes traten a pacientes con el virus.
3. Formación El Comité Especial, al poco de constituirse, afirmó que se “reforzaría” la formación del colectivo de profesionales biosanitarios en España. Y se ha hecho: El Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), el Centro Coordinador de Alertas y Emergencias Sanitarias y la Brigada de Sanidad Militar se han ocupado de la formación de 1.271 personas, a través de seis talleres y de 16 cursos específicos. Entre los alumnos ha habido personal sanitario y no sanitario (Fuerzas de Seguridad del Estado, bomberos, personal de limpieza) del Sistema Nacional de Salud y de otras instituciones, organismos o empresas, como el Instituto Social de la Marina, la Dirección General de Policía, Cruz Roja, Salvamento Marítimo, Instituciones Penitenciarias, AENA, Ferrovial, Adif o Renfe. Además, según ha informado el ISCIII a ‘Revista Médica’, los cursos no han terminado: hay previstos talleres de manejo de equipos autoventilados para los profesionales de los hospitales de referencia.
4. Red de siete hospitales de tratamiento

Mapa de la red con los siete hospitales de tratamiento.

Aunque hasta ahora el ébola ha sido inquilino de un hospital, el Carlos III de Madrid, actualmente España tiene otros seis centros designados para que, en caso de confirmación, se puedan atender a los pacientes con el virus. Esta red de siete hospitales fue aprobada en el Consejo Interterritorial de enero y da cumplimiento a una de las peticiones del comité de expertos: que hubiese un número reducido de centros para el tratamiento. Al proceso de selección, las comunidades presentaron 24, de los que, finalmente, fueron seleccionados el Complejo Hospitalario Virgen del Rocío, de Sevilla; el Royo Villanova, de Zaragoza, el Nuestra Señora de la Candelaria-Ofra, de Santa Cruz de Tenerife; el Clínic, de Barcelona; La Fe, de Valencia; y el Donostia, de San Sebastián. En total, 19 habitaciones preparadas.
5. ‘Supercomisión’ de asignación hospitalaria
Una vez que se cuenta con la red de siete centros repartidos por toda España, ¿cómo determinar a qué centro ha de ir el paciente infectado? Pues para que haya una decisión objetiva también se ha creado una ‘supercomisión’ encabezada por Javier Castrodeza, director general de Salud Pública. La primera función de este nuevo ente es la “recomendación” a la presidencia del Comité Especial y al ministro de Sanidad de la asignación del centro hospitalario en cada caso, así como asegurar que las camas previstas por el protocolo de actuación están permanentemente disponibles, así como de que haya personal necesario para las unidades asignadas. Además de Castrodeza, el órgano está integrado por el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, el subdirector general de Sanidad Exterior y representantes de las CCAA con hospitales de referencia y del Ministerio de Defensa, entre otros. Esta comisión tiene la obligación de reunirse “inmediatamente” por audioconferencia ante la confirmación de un caso de ébola, y en menos de cuatro horas ha de determinar la propuesta oficial del centro al que ha de ser remitido.
6. La planta 22 del Gómez Ulla
En noviembre de 2014, el Gobierno concedió unos créditos extraordinarios y suplementos crediticios para financiar actuaciones de diversos ministerios. Aquí es donde se enmarca la partida de 6,5 millones de euros del proyecto de remodelación de la planta 22 del Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, con el fin de convertirla en una unidad de aislamiento hospitalario de alto nivel. En un primer momento, se contempló la creación de un máximo de 16 habitaciones que cumplan las condiciones para albergar a enfermos infecciosos, así como la dotación de los medios necesarios para su puesta en funcionamiento. Sin embargo, y tal y como explica a ‘Revista Médica’ el general de brigada médico y director del hospital, Fernando Jordán de Urríes de la Colina, en el desarrollo del proyecto se decide por parte del Comité de Seguimiento de Alto Nivel la reducción del número de camas de alto nivel a un número de ocho. Teniendo en cuenta, para ello, las camas de la red de los siete centros preparados en el resto del país.

Una grúa de grandes dimensiones lleva materiales a la planta 22 del Gómez Ulla.

Las habitaciones de la planta 22 tendrán unos 23 metros cuadrados, más baño y esclusa (esta última de unos 13 metros cuadrados). La mitad de las habitaciones van a estar equipadas para tratamiento de enfermos críticos y las ocho se dotarán de equipos domóticos, que garantizan tanto la máxima seguridad como la mejor atención al paciente. En cuanto a la fecha de la conclusión de las obras, hay una serie de variables que la van a condicionar. “Se han necesitado elementos no disponibles en el mercado y que se han adaptado específicamente para nuestras necesidades”, manifiesta el máximo responsable del Gómez Ulla, quien añade que para la total disponibilidad de la planta también hay que preparar la puesta en marcha de los equipos, el entrenamiento in situ del personal que va a trabajar ahí, y los controles de calidad, entre otros aspectos. Actualmente, ha comenzado la contratación de los recursos humanos, considerando experiencia previa, edad, voluntariedad, etcétera, y el personal va a ser tanto militar como civil.
7. Inscrita como enfermedad de declaración obligatoria
A pesar de que el ébola fue identificado en 1976, lo cierto es que hasta ahora no ha sido inscrito en España como una enfermedad de declaración obligatoria (EDO). El Ministerio de Sanidad la ha recogido en el listado oficial en la última revisión, frente a la versión de 1995, donde, por cierto, tampoco aparecía, como tal, la hepatitis C. El anterior registro de EDO, según el departamento de Alfonso Alonso, “no considera la situación epidemiológica actual en España y no abarca toda la lista de enfermedades que las normas de los organismos internacionales requieren a los Estados miembros”. Desde luego, hace dos décadas nadie se esperaba que el país tratase pacientes con ébola, como así ha ocurrido.

Otra novedad legislativa es que la Dirección General de Salud Pública determinó, el pasado mes de diciembre, la inclusión del ébola dentro del grupo I de la clasificación sanitaria de los cadáveres según las causas de la defunción. ¿Qué significa esto? Que lo concerniente a los cuerpos de los fallecidos por el virus se regularán por un decreto cuya aprobación se remonta al tiempo preconstitucional, 1974, donde se pone al ébola a nivel del cólera, la viruela y el carbunco, así como a los que son contaminados por productos radioactivos. Por ello, no se concederá autorización sanitaria de entrada o salida del territorio nacional de cadáveres, ni se aprobará el tránsito por el mismo o la exhumación de los cadáveres.
8. Cascos blancos españoles para brotes internacionales

Alfonso Alonso, en la presentación de los cascos blancos.

La última reunión de los jefes de la sanidad española dio luz verde a la creación de los ‘cascos blancos’ españoles. Se trata de la creación de una bolsa de profesionales sanitarios para misiones de cooperación en el exterior que servirá para dar respuesta oficial a situaciones de emergencia como la vivida por el ébola en el África occidental. Este fue el ejemplo que puso, directamente, el ministro Alonso: con la medida se hará frente” a “posibles emergencias de salud pública internacional” como la registrada por este virus. El responsable del departamento ministerial se mostró especialmente satisfecho de la constitución de este registro, integrado inicialmente por 17 sanitarios.
9. Nuevas vías de investigación
Las muestras de los tres españoles contagiados son parte protagonista de investigaciones que están en marcha en el ISCIII. Pero no solo las de Teresa Romero, Miguel Pajares y Manuel García Viejo, sino también de las de los numerosos casos que en su momento fueron sospechosos y que, finalmente, fueron descartados. Todos los datos recopilados a lo largo de los meses de la ‘crisis del ébola’ siguen siendo estudiados para mejorar tanto las técnicas diagnósticas como las de los tratamientos.
10. España puede curar el ébola

Teresa Romero, tras recibir el alta.

La salvación de Romero ha marcado un antes y un después para España en cuanto al abordaje de enfermedades totalmente ignoradas a la hora de la verdad para el SNS. La directiva de la Sociedad Española de Medicina Tropical y Salud Internacional (Semtsi) Mar Faraco Oñorbe ha reconocido que uno de los mayores aprendizajes alcanzados es que con un tratamiento intensivo se logra una letalidad menor. “Los casos que se han tratado tanto en España como en Estados Unidos hubiesen sido desahuciados. Sin embargo, se han conseguido éxitos gracias a unas unidades muy especializadas cuyos resultados aún se analizan”, indica a ‘Redacción Médica’ Faraco, quien añade otras lecciones colaterales: desde aprender a mejorar el traslado de los pacientes como el incremento de la cultura de la protección y protocolos en la sanidad española. Finalmente, actualmente se continúan extrayendo conclusiones una vez que se consigue alejar la muerte por la patología, como secuelas de pérdida de visión y auditivas que no dejan de arrojar información para escapar mejor del virus.