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03/05/2015 n235
El Celador
Jim Wells no es nombre para un perro
La que se ha empezado a liar porque la Justicia europea avale el veto a los homosexuales a donar sangre. Y con razón. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea se ha cargado con su “puede haber justificación en la prohibición” siglos de avances científicos y sociales. Y se llaman jueces, ¡quia! Todo por culpa de Francia, claro, y sus leyes, que son las que han motivado este pronunciamiento. Chapó, Obelix; ‘au revoir’, civilización…
El caso es que esto se produce en una semana en la que ha habido una dimisión verdaderamente singular en el club de los jefes de la sanidad del Viejo Continente por un tema muy parecido. El ministro del ramo de Irlanda del Norte, Jim Wells, vinculó el matrimonio homosexual con el abuso de menores en pleno mitin electoral, y el hombre se quedó tan pancho. Hasta que la gente le ha dicho: Mira, no; esto no. Ha dicho adiós, forzado, pero como no se iba tranquilo, en su despedida ha soltado que se siente “profundamente entristecido” por los “ataques de mal gusto” que ha recibido su familia. Oye, ¡y tras pedir un leve perdón con la boca chica! A todas luces, Irlanda del Norte ha empezado a ser un mejor país sin este ‘personaje’ representando a su Gobierno. Así se lo he comentado, todo indignado, a un compañero y éste, simpático pero seco y socarrón, me ha devuelto una buena gracia: “Jim Wells, qué buen nombre para un perro”. Luego, porque se iba con lo suyo, ha dado media vuelta y ha añadido: “Bueno, no, ningún perro se merece eso. Sería cruel”.
Las risas en estos días son buenas, sobre todo si acaban con final medio feliz. Y, afortunadamente, lejano. Porque no veo yo, ni mucho menos, a Alfonso Alonso diciendo cosas por el estilo. Me pongo a recordar, y lo primero que me viene a la cabeza en cuanto a momentos ‘llamativos’ en el sillón del ministro de Sanidad han sido aquellas famosas palabras de Celia Villalobos en plena crisis de las vacas locas: “Las amas de casa no tienen que hacer un caldo con huesos de vaca, que además ya no se venden, y si los tienen en la nevera, que los tiren. Se puede hacer el caldo con huesos de cerdo”. Ahora es conocida por su afición al Candy Crush, ese juego que tienen mis jefes en el móvil y al que algunos están enganchados, pero en aquellos días gloriosos de ministra me hizo mucha gracia cuando soltó aquello de que la enfermedad de las vacas locas era “un problema de salud animal”. Qué risas
nos echamos.
En todo caso, que siempre sean cosas así, que nos riamos de algunas frasecillas como éstas y que no se traspasen fronteras. Es una obviedad lo que voy a decir, pero los políticos deberían salir más a la calle y ver de qué se habla en las cafeterías de los hospitales, que es de verdad donde se arregla el mundo. De si la sangre sabe de orientaciones sexuales o del binomio homosexualidad-abuso de menores, desde luego que no. Se habla de si un perro se puede llamar Jim Wells
o no. En el café de la tarde
nos hemos reído todos los
compañeros y hemos dictado,
por unanimidad, una sentencia empíricamente mejor que la del Tribunal de Justicia de la UE: Jim Wells no es nombre lícito para el mejor amigo del hombre. Dicho queda.