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26/04/2015 n234
Tras llevar 52 años trabajando, este argentino
de Adrogué (una ciudad al sur de Buenos Aires)
ha decidido concluir su etapa como director
general de Fresenius Medical Care y
representante de Fenin. Quiso
estudiar leyes, pero al darse cuenta
de que “a veces se cumple con el
Derecho, pero no se hace justicia”,
se decantó por la Historia. Se
sacó la carrera mientras trabajaba
ya, maletín en mano, en la
industria farmacéutica.
Sandra Melgarejo
Imagen:
Miguel Fernández de Vega
Usted empezó en la industria farmacéutica desde abajo.
Empecé a trabajar muy joven en un puesto de ventas, mientras estudiaba Historia de noche. A los 27 años ya era supervisor de un equipo –muchos de mis compañeros me doblaban la edad– y me propusieron pasar a un departamento de investigación de mercado. Eso me hizo interesarme por el marketing y, luego, me nombraron gerente de promoción y de ventas. En aquella época me iba muy bien y, cuando me hablaron de ir a Estados Unidos, yo no tenía ningún interés…

¿Por qué?
Porque mi inglés era bastante malo y no hacía ningún esfuerzo para aprenderlo, a pesar de que la compañía me proporcionaba los medios para ello. Hasta que un día me pusieron delante una oferta de trabajo en Estados Unidos y, cuando dije que no sabía inglés, su respuesta fue: “Allí aprenderás”. La oferta era interesante, ya estaba casado y tenía tres hijos –después llegó otro–, y mi mujer y yo decidimos irnos, pensando en que, si no lo hacíamos, nos podríamos arrepentir después. No fue fácil porque a los tres meses de estar allí ya se olvidaron de que yo no hablaba el idioma (risas). Lo que más me costaba era hablar por teléfono, pero fui aprendiendo.

Y de Estados Unidos se fue a México.
Sí, me propusieron ir a México, un país con problemas y donde la compañía (Dow Chemical) había sufrido dificultades. Pero tuve la fortuna de llegar en un momento en el que estaba de presidente del país Carlos Salinas de Gortari y en el que había estabilidad, y eso me ayudó mucho. No es fácil trabajar en los países donde la gente está acostumbrada a que el jefe siempre tenga razón. Siempre he tratado de explicar que soy muy bueno para equivocarme, así que necesito gente que me ayude a no cometer errores, sobre todo cuando no conozco el país ni la cultura.

Junto a su mujer, que le ha acompañado en todas sus “locuras”

Si ven que voy a hacer algo que es una idiotez, necesito que me lo digan con total sinceridad y se lo voy a agradecer. Haciendo eso me fue bien en México y me ofrecieron venir a Europa.

Primero estuvo en Italia y, luego, en España.
Sí, aunque lo que me ofrecieron primero fue España, pero no fue posible porque había un italiano que vivía muy feliz aquí (risas). Entonces, me fui a Italia, a un puesto mayor del que tenía. Una persona de recursos humanos me preguntó que por qué pensaba que podía estar capacitado para el puesto y le respondí que, si algo había aprendido gracias a la Historia, era a valorar la diversidad y a no juzgar a las personas, sino a ver cómo se puede mejorar y aprender siempre. Porque una de las ventajas de ser un expatriado es que uno aprende constantemente porque tiene que empezar de nuevo.

¿Se le dio mejor el italiano que el inglés?
Aprendí italiano y lo hablo, pero coloquialmente. Si me tengo que poner a escribir, he de pensarlo un poco más.

¿Cómo llegó a España?
Estábamos muy bien en Italia y tenía hijos estudiando en Inglaterra, pero me ofrecieron un puesto en Estados Unidos. Mientras lo estaba pensando, un headhunter me ofreció un trabajo en una empresa que no conocía porque está muy especializada en el sector de la Nefrología: Fresenius. Así que opté por quedarme en Italia en esta compañía y a los seis meses, en 1997, me ofrecieron venir a España y me hice cargo de la división de productos, primero en Granollers (Barcelona) y después en Madrid, tanto en la parte de productos como de servicios. Finalmente, en 2004 me ofrecieron hacerme cargo de todo. La etapa de España ha sido muy positiva y hemos podido conseguir los objetivos durante los últimos años.

¿Los españoles eran como pensaba?
De entrada, me encontré muy cómodo con los profesionales y los colegas. Es mucho más fácil comunicarse aquí que, por ejemplo, en Italia, donde se guarda más la distancia. En España los médicos son muy cercanos; una vez que te conocen, no hay problema. Pasa lo mismo en la Administración o con los compañeros de la industria.

De los argentinos se dice que podrían suicidarse si se arrojaran desde lo más alto de su ego…
Hay mucho de cierto en eso (risas). He procurado cambiar mi forma de hablar porque utilizamos mucho el imperativo: ‘vení’, ‘sentate’, ‘escuchame’, ‘decime’. Lo que para nosotros es coloquial, otro puede entenderlo como que estamos dando órdenes. Y si, encima, uno es el jefe, eso no está muy bien.

La mano de Dios Siendo argentino, le tenía que gustar el fútbol. De hecho, le “encanta” y es del San Lorenzo de Almagro, como el papa Francisco. “Es mi equipo de cuando era niño porque eso no se cambia. Se puede cambiar de familia, de religión, de país… lo que sea, pero no de equipo”. Ricardo Arias-Duval vio la mano de Dios de Maradona en directo, en el estadio, y también estuvo en el partido de la final entre Argentina y Holanda del mundial de 1978. Si tiene que elegir entre Maradona y Messi su respuesta es que El Pelusa ha sido “un genio”, pero que el actual jugador del Barça podría llegar a superarlo: “El mejor Messi llegará cuando Argentina sea campeona del mundo con él, ese es el problema”.
Ha vivido y trabajado en tantos países... ¿Con cuál se queda?
Uno se siente de donde vive, pero tiene raíces en diversos lugares. Por ejemplo, no tengo nada de sangre italiana, pero al llegar allí me sentí como si estuviera en casa de mis abuelos por la influencia de la cultura italiana en Argentina. Además, es una fuente inagotable de conocimiento cultural. En España también me siento como en mi casa, desde el principio. Depende mucho de cómo te vaya en cada país. Me fue bien en México, un país que era difícil para muchos, pero a mí me parece entrañable, en el sentido de que es un país muy rico, con una cultura prehispánica viva y donde, a pesar de las contradicciones que tiene, se pueden apreciar muchas cosas muy buenas.

No habría podido conocer tantos lugares si no hubiera tenido siempre a mi lado a mi esposa, Viviana, que me ha acompañado en todas las locuras, nunca ha dejado de apoyarme y se ha adaptado a todos los cambios.

¿Dónde es más fácil hacer amigos?
En España es fácil, en Italia cuesta un poco más, en México más todavía y en Estados Unidos la gente se mueve mucho, así que cuando uno consigue hacerse amigo de alguien, este se va.

Ha presidido el Sector de Nefrología de la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin) y ha representado a esta organización en Eucomed, la asociación europea que agrupa a las compañías del sector. ¿Está bien visto que un argentino represente a España en Europa?
También soy español, tengo la nacionalidad (risas). Creo que eso habla muy bien de la mente abierta de España, donde lo que interesa es que la persona haga bien su trabajo y no quién sea o de dónde venga. Nunca he sentido problemas por eso; a veces es uno mismo el que tiene prejuicios.

Ricardo Arias-Duval con sus cuatro hijos


Antes comentaba que, hasta que le ofrecieron el puesto de trabajo, no conocía Fresenius porque es una compañía muy centrada en enfermedad renal. ¿Es mejor especializarse porque quien mucho abarca poco aprieta?
Es bueno ser fuerte en el sector, pero dada la tendencia del sector de la salud, también es bueno tener otras posibilidades. En eso se ha hecho bastante: no solamente vender el producto, sino dar un servicio y trabajar mucho sobre la calidad. Siempre hay que pensar en cómo se puede mejorar y ofrecer soluciones a la Administración para que pueda dar un servicio de calidad a un precio razonable.

Hablando de Nefrología y precios, ¿alguna vez se ha dado un capricho que le ha costado un riñón?
Bueno, a veces (risas). Me gusta comer cosas especiales y hacer viajes particulares de vez en cuando. Algún capricho me he dado, y me daré.

Ha decidido concluir su trabajo en Fresenius y Fenin, ¿cuál es su próxima etapa?
Trataré de aprovechar lo que he vivido todos estos años y me dedicaré a recuperar intereses: la lectura, los paseos, los amigos… No quiero prolongar mi vida laboral porque creo que he trabajado mucho y llega un momento en el que es mejor pasar a una etapa en la que se puede disfrutar de las cosas y no estar permanentemente pendiente de dar un resultado o cumplir con un objetivo. Voy a empezar a vivir todos los días en sábado, sin tener que preocuparme porque llegue el lunes. Esa es la idea.

Tendrá más tiempo, ¿retomará la Historia?
Retomaré la lectura, quizá haga algún curso, pero no me voy a dedicar a investigar. Cuando terminé los estudios y mientras trabajaba, di clases como profesor en la universidad, pero durante poco tiempo.

¿Se quedará en España?
Sí, pero seguiré viajando: tengo amigos en muchos lugares y una hija en Italia, otra en Sao Paulo (Brasil), otra en Madrid y un hijo en Barcelona. Se han acostumbrado a la vida nómada (risas), aunque ninguno ha seguido mis pasos en lo profesional. Les he dado libertad y he tratado de inculcarles ciertos valores e intereses culturales, y cuando ha llegado el momento de que eligieran su carrera universitaria mi pregunta ha sido: “¿Quieren estudiar lo que les gusta o quieren estudiar algo que les permita vivir y ganar algo de dinero?”. Si la respuesta es que quieren hacer lo que les gusta, que luego no me digan que no ganan dinero (risas). Pero no quisiera que fuera al revés, que estudien Economía, Medicina o Derecho y se sientan mal porque no les gusta. Casi todos han estudiado cosas relacionadas con la enseñanza. Habrá algo en la sangre.
Al tanto de la política “Me interesa mucho la política, estoy bien al tanto de lo que sucede”. Si se le pide una valoración de lo que ocurre actualmente en España, Ricardo Arias-Duval lo tiene claro: “Sería una pena que todo el esfuerzo hecho en estos años no se continuara. Creo que, sobre todo en la sanidad, se ha hecho un gran trabajo para reducir el gasto; todo el mundo se ha esforzado. Ahora llega el momento de empezar a mejorar y si aumenta el gasto, pero no se asegura una financiación adecuada, puede ser que empecemos otra vez a tener problemas con los cobros, con la renovación de equipos y con la aceptación de la tecnología”. En su opinión, “este es un momento para construir y para que los nuevos partidos vean que no hay soluciones mágicas”. “Es difícil ganar elecciones con la sanidad, pero perderlas no es tan complicado”, afirma.