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05/04/2015 n231
El Celador
Oda a la torrija
La otra mañana estaba desayunándome una torrija cuando me topé con este titular: 'Las vacaciones de Semana Santa son las que más engordan'. ¡Pero si son las más cortas! Lo advertía una nutricionista, aunque a mí no hace falta que me lo jure; ya he perdido la cuenta de la cantidad de deliciosas rebanadas de pan empapadas en leche, rebozadas con huevo, fritas y endulzadas que me he comido estos días. Y si no son torrijas, son monas de
Pascua, buñuelos de bacalao o lo que caiga en cada casa.
Además de por los devoradores de torrijas, los profesionales relacionados con la salud también se preocupan por otro colectivo típico de estas fechas: los costaleros. Los podólogos les recomiendan que calienten antes de las procesiones y realicen baños de contraste al terminar para evitar calambres en los pies y síntoma de piernas cansadas.
Y si aguantas más de 100 kilos sobre el cuello y la espalda, qué menos que los fisioterapeutas también se interesen por ti. Por lo visto, la mayoría de los colegios profesionales de fisios tienen unidades específicas donde enseñan diversas técnicas, como entrenamientos físicos y educación postural, para ayudar a los costaleros a prevenir dolencias y lesiones como algias vertebrales, especialmente en zonas lumbar, dorsal y cervical; disfunciones musculares como contracturas, sobrecargas y calambres; y otros dolores articulares.
Viendo esta dolorosa lista, tampoco me extraña que el Centro de Atención al Costalero (Ceaco) de Granada haya decidido monitorizar las constantes vitales y las variables biomecánicas de quienes cargan los pasos de Semana Santa. En fin, que cada uno siga la tradición como quiera, pero con precaución. Yo me voy a por otra torrijita a la cocina, pero el lunes vuelvo al gimnasio.