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22/03/2015 n229
Los buenos hábitos de los profesionales sanitarios sirven de modelo para sus pacientes, resultando de gran ayuda para difundir y concienciar sobre la importancia de cuidarse y llevar una vida lo más saludable posible. Pero, ¿qué ocurre cuando los médicos no predican con el ejemplo? El esfuerzo que conlleva alejarse de adicciones como la nicotina, mantener una actividad física regular o practicar una dieta saludable no solo supone un reto para la población general; algunos facultativos también caen en sus redes generando desconfianza en sus propios pacientes.

Marta Escavias

Un 11,7 por ciento de los sanitarios españoles fuma, según un estudio epidemiológico realizado por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) para analizar la prevalencia del tabaquismo entre los facultativos, cuyos resultados fueron publicados en julio de 2014. Esta sociedad científica está desarrollando también una encuesta solo entre sus socios (neumólogos, cirujanos torácicos, enfermeros y fisioterapeutas respiratorios) para conocer el número de fumadores dentro de su especialidad. 

Pilar de Lucas, presidenta de Separ

Los resultados preliminares, adelantados en exclusiva a ‘Revista Médica’ y pendientes de publicación, revelan que el cinco por ciento de estos profesionales es adicto al tabaco. Dentro de este grupo, los neumólogos representan el tres por ciento.

El responsable de esta falta de sensibilización entre el colectivo médico no es otro que el poder adictivo de la nicotina. “El mantenimiento de la conducta de fumar está relacionado con el poderoso poder de generar adicción que presenta la nicotina”, certifica Segismundo Solano, coordinador de la Unidad Especial de Tabaquismo del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. De la misma opinión es Pilar de Lucas, presidenta de Separ: “Se trata de personas altamente dependientes que seguro que, como la gran mayoría de seres humanos, creen que a ellos no les puede afectar esa adicción”.

Sanitarios con sobrepeso

Consejos como la práctica de ejercicio físico de forma regular, caminar todos los días treinta minutos y llevar una dieta saludable exenta de grasas y otros alimentos nocivos son de sobra conocidos, pero muchas veces se pasan por alto dando lugar a patologías como la obesidad, sobrepreso, diabetes e hipertensión, entre otras. De este problema tampoco escapan los profesionales de la salud. En ocasiones, la falta de tiempo prevalece ante la ejecución de unos buenos hábitos higiénico-dietéticos.

En España, el 35,50 por ciento de los profesionales sanitarios sufre problemas de sobrepeso y el 4,9 de obesidad, según arrojan los datos publicados en la encuesta 0pinión y motivación del médico de Atención Primaria sobre la obesidad y el sobrepeso. El trabajo recoge los resultados de 897 cuestionarios que fueron repartidos entre los profesionales de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen).

Marisa López, coordinadora del Grupo de Nutrición de Semergen

Los datos del estudio corresponden a 2009, pero si se hace una aproximación con los obtenidos en la última Encuesta Nacional de Salud, del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, “es probable que las cifras hayan aumentado”, asegura Marisa López, coordinadora del Grupo de Nutrición de Semergen. Y es que en los últimos años, la prevalencia de sobrepeso se ha elevado considerablemente. “Presenta un incremento aproximado del 17,3 por ciento en varones y del 12, 2 en mujeres”.

El estudio de Semergen también señala otras patologías ligadas al estilo de vida, como la hipertensión (con un 13,5 por ciento de médicos afectados) y la diabetes (2,3 por ciento). “Los datos ponen de manifiesto la gran prevalencia de sedentarismo que existe entre los médicos”, lamenta López. El estudio apunta que un 8,85 por ciento de profesionales rara vez o nunca practica ejercicio; un 3,95 por ciento, menos de una vez al mes; y un 2,80 por ciento, una vez al mes.

Visión histórica del tabaquismoLa imagen actual del médico de Atención Primaria se empezó a forjar en la década de los años setenta, con una visión muy distinta e incluso grotesca. En aquella época era frecuente entrar en una consulta repleta de humo, ya que fumar estaba permitido en cualquier espacio, centros de salud incluidos. Hoy en día esa situación sería una utopía. De hecho, desde que entró en vigor la Ley Antitabaco de 2011, fumar en cualquier espacio cerrado es ilegal.

La sensibilización sobre los riesgos que conlleva el tabaquismo llegó tarde. No fue hasta finales del siglo XX cuando se documentaron científicamente sus perjuicios en la salud. El primer estudio data de 1964 y fue realizado por las sociedades americanas del cáncer y del corazón, y las asociaciones estadounidenses de tuberculosis y salud pública. Juntas analizaron más de 7.500 estudios científicos, cuyos resultados, recogidos en el informe Salud y Fumar, ponían de manifiesto que el tabaquismo era el responsable de un aumento de hasta el 70 por ciento en la tasa de mortalidad de los fumadores con respecto a los no fumadores. También estimaba que el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón era de hasta diez veces más alto en los fumadores o que el tabaco era el responsable principal de patologías como la bronquitis crónicas.

En ese momento comenzó la lucha contra las tabacaleras y las primeras campañas de prevención dirigidas a los consumidores, que llegan hasta el día de hoy. En Estados Unidos, la publicidad de cigarrillos en televisión y radio fue prohibida en 1970. En España, esto no ocurrió hasta 2005 y entre las últimas medidas de concienciación contra el tabaco se encuentra el lanzamiento de directos y agresivos mensajes en las cajetillas, como ‘Fumar puede matar’.



Puesta en jaque a la credibilidad

La consecuencia de estos malos hábitos entre los profesionales de la Medicina es la inevitable pérdida de credibilidad que puede suscitar entre sus pacientes a la hora de indicar un diagnóstico. A priori, no debería ser así, apuntan los expertos, pero lo cierto es que “es difícil que un profesional que fuma, por ejemplo, transmita con seguridad y firmeza las recomendaciones necesarias para el abandono del tabaquismo en otra persona”, esgrime De Lucas. Y, además, “pierde fuerza moral ante el paciente que difícilmente podrá entender esa dualidad”. Es más, “el médico fumador tira por tierra todos los mensajes destinados al control y prevención del tabaquismo en la población general”, añade Solano. De hecho, la encuesta de Separ apunta que el 96 por ciento de encuestados da mucha importancia a la función modélica del médico.

Dicha función modélica también se extiende a los profesionales obesos que, en ocasiones, observan un rechazo o estigma en el comportamiento de sus pacientes. Precisamente, un trabajo publicado en 2013 en Internacional Journal of Obesity

Segismundo Solano, coordinador de la Unidad de Tabaquismo del Gregorio Marañón

revela que los pacientes también tienen prejuicios contra los médicos obesos. Investigadores del Centro Rudd de Políticas Alimentarias y Obesidad, de la Universidad de Yale, en Connecticut (Estados Unidos), consultaron a 358 adultos sobre la credibilidad que les suscitaba una hipotética interacción con un médico delgado, otro con sobrepeso y un tercero con obesidad. En una escala del uno al cinco, los sujetos atribuyeron una confianza de cuatro puntos al médico delgado, 3,4 al que sufría sobrepeso y 3,3 al obeso.

Así, el trabajo sugiere que los médicos con un índice de masa corporal (IMC) normal (de 18,5 a 24,9) tienen mayor confianza en su capacidad para aconsejar sobre la alimentación y el ejercicio a sus pacientes obesos que aquellos profesionales con un IMC más alto. Asimismo, “los sujetos obesos confían menos en las recomendaciones de éstos últimos para adelgazar”, explica Rebecca Puhl, autora principal.

Contraria a esta opinión se muestra Marisa López, ya que la etiología de la obesidad es múltiple y muy diferente para cada persona. “Si se explica bien al enfermo y se le hace responsable de su control y cambio de estilo de vida no tiene por qué producir desconfianza”, asevera. No obstante, para Puhl estos resultados son realmente preocupantes, sobre todo si se tiene en cuenta lo importante que es para los pacientes conversar con su médico sobre cómo cuidar su peso corporal. “Intentar prevenir o tratar la obesidad comienza con una conversación sobre la salud asociada al peso”, añade.

La reciprocidad del prejuicio

Diversos estudios previos apuntan un sesgo por parte de los médicos a la hora de tratar a sus pacientes. De hecho, según el estudio publicado en International Journal of Obesity, los pacientes con sobrepeso suelen estar estigmatizados en el sistema de salud. La novedad es que los médicos tampoco son inmunes a esta circunstancia.

Curiosamente, el estudio de Semergen pone de manifiesto que el 50 por ciento de los profesionales prefiere trabajar con pacientes con normopeso y hasta un 31 por ciento reconoce actitudes negativas de los profesionales de la salud hacia el paciente obeso. López no está de acuerdo con esta afirmación. A su juicio, lo que ocurre es que conseguir la adherencia al cambio de estilo de vida del paciente para poder mantener su peso es muy complicado por diferentes influencias externas, como la alimentación, la falta de tiempo, el poco éxito en la bajada de peso, etcétera.

Datos de salud de los médicos de Atención Primaria. Fuente, Semergen (2009)



¿Cómo conseguir que el paciente elimine sus dudas?

Para eliminar el estigma estudios experimentales apuntan que, aunque es menos probable que los pacientes escuchen a sus médicos si los perciben como poco saludables, si los profesionales sanitarios revelan sus hábitos de salud, alimentación y ejercicio, su credibilidad y motivación para los pacientes aumenta con creces.

En el caso del tabaco, un primer paso podría ser la drástica disminución del número de sanitarios fumadores en los últimos años, según el estudio de Separ. “Si en 1998 otro estudio cifraba en un 39 por ciento el número de fumadores, ahora solamente es de un 11,7 por ciento”, comenta Carlos Jiménez, director del Programa de Investigación Integrada (PII) en Tabaquismo de Separ.

Carlos Jiménez, director del PII en Tabaquismo de Separ

También bajó en el colectivo de Enfermería, “reduciéndose de un 43 por ciento a un 13,2 por ciento actual”, sostiene.

Para el especialista, la entrada en vigor de la Ley Antitabaco de 2011 podría haber ayudado en esta bajada, pero no es sólo mérito suyo. “Con el devenir de los años el profesional ha adquirido una responsabilidad y se ha dado cuenta de que el consumo de tabaco es perjudicial y, en consecuencia, lo mejor que podía hacer es abandonarlo”, opina Jiménez.

Tal es el caso de un médico madrileño que ha decidido mantenerse en el anonimato y que, después de más de doce años fumando, ha conseguido abandonar por completo esta adicción: “Para mí era mayor el beneficio que obtenía con el tabaco para calmar la ansiedad y el estrés que conlleva el trabajo diario, que los riesgos para mi salud a largo plazo”. Después de varios intentos fallidos, algunos incluso de hasta año y medio sin dar una calada, ha superado con éxito su adicción a la nicotina: “Me lo propuse como regalo de cumpleaños hace ya diez meses”.

Terapia combinada para abandonar el hábito

Facilitar ayuda asistencial para abandonar el hábito es la mejor forma de lograrlo. Según el estudio de Separ, el 60 por ciento de sanitarios fumadores se plantea abandonar el consumo de tabaco en un futuro próximo y hasta el 17 por ciento lo quiere hacer de forma inmediata. “Hay que poner en práctica medidas asistenciales y no restrictivas que les ayuden al abandono y que combinen el asesoramiento psicológico y la prescripción de fármacos”, afirma Jiménez.

Sin embargo, conseguir el tres por ciento de prevalencia de consumo de tabaco en sanitarios que ostenta Estados Unidos es todavía una utopía. “Su trayectoria de sensibilización al tabaquismo es más larga que la nuestra, pero tiempo al tiempo”, augura Jiménez.

Predicar con el ejemplo y aumentar la sensibilidad y concienciación frente a los riesgos que conllevan unos malos hábitos es la mejor receta que pueden dar a sus pacientes los médicos, tanto los de Atención Primaria como los especialistas. La imitación de las costumbres sociales saludables es uno de los recursos principales que tiene el ser humano para evitar la alta prevalencia de enfermedades prevenibles y epidémicas como el tabaquismo, la obesidad, la diabetes y la hipertensión.