¿Quiere recibir Revista Médica en su correo de forma gratuita?
15/03/2015 n228
El otro día llegué al hospital y empecé a notar que los médicos me dirigían miradas que iban desde el resquemor hasta la guasa. No tenía ni idea de qué iba la historia y me fui directo a un baño para mirarme al espejo por si me había puesto algo raro sin darme cuenta, pero nada. Así que le pregunté qué pasaba a un compañero que se entera de todo y me dijo que si no miraba el Twitter. Y yo es que de eso no uso, bastante tengo ya con el WhatsApp, que me tiene frito.

El caso es que, por lo visto, Pablo Iglesias, el de Podemos, había tuiteado, supuestamente, lo siguiente: “Preguntémonos si es lógico que el esfuerzo humano de los celadores y celadoras sea menos recompensado que el de la casta médica”. Quedó cristalino que esa era la razón de las suspicacias cuando un médico se acercó a nosotros y nos dijo: “Ahora fijo que le votáis, ¿no?”.
Ni que fuéramos tan facilones, que porque alguien se acuerde de nosotros y nos dedique unas palabras bonitas no vamos a ponerle en un pedestal ni, mucho menos, al frente del Gobierno. Además, soy algo más que mi físico –siempre quise decir esto, ahora me siento como un modelo–; tengo mi corazoncito y mis propias ideas políticas. Tampoco pienso que los médicos sean casta, y mucho menos tal y como están las cosas hoy en día para todos.

A la mañana siguiente el asunto se aclaró cuando Pablo Iglesias desmintió que esas palabras fueran suyas: “Evidentemente el tweet que circula sobre ‘casta médica’ es falso. Trabajamos con muchos médicos que desean una mejor sanidad para todos”. Caso resuelto, aunque todavía hay algún médico que me mira raro… En fin, uno no puede caerle bien a todo el mundo.