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22/02/2015 n225
Tres millones de griegos sin cobertura sanitaria, hospitales desabastecidos y despidos a facultativos. Estos son solo algunos de los obstáculos con los que tendrá que lidiar Syriza, el nuevo Gobierno de izquierdas, para poder reconstruir el sistema sanitario de un país que lleva más de seis años en recesión. Su propuesta principal es la recuperación de un sistema público donde la privatización no tenga cabida. Pero el camino no va a ser fácil. Con un 27 por ciento de adultos en paro, las clínicas sociales se han convertido en la primera opción de ciudadanos de toda índole, aunque no es suficiente.
Marta Escavias

Los continuos recortes presupuestarios en todos los sectores que ha sufrido Grecia han generado una crisis en su sanidad con graves efectos para la salud de los ciudadanos. Las consecuencias pasan por el cierre de policlínicas, despidos de más de 2.500 médicos, hospitales desabastecidos –tanto de sanitarios como de medicamentos–, contención del gasto farmacéutico, copagos y reducción gradual de los salarios de los médicos que, en la actualidad, perciben un 40 por ciento menos que en 2009, cuando comenzó la crisis.

Desde su victoria en las pasadas elecciones, Alexis Tsipras, nuevo líder griego, propone recuperar un sistema público en el que la participación privada no tenga cabida. Para ello, quiere nacionalizar todos los hospitales de este régimen en Grecia y eliminar el copago de los servicios sanitarios. ¿Cómo hacerlo? Los fondos provendrán del producto interior bruto (PIB)
Alexis Tsipras, líder de Syriza
que piden que se eleve hasta los niveles del resto de los países de la Unión Europea (UE); esto es, un seis por ciento frente al tres con el que cuentan ahora.

Por su parte, Panayotis Kurublís, ministro de Sanidad del país, se ha comprometido a la contratación de inmediato de mil médicos en hospitales y al menos 600 en los centros de salud.

Desde el comienzo del primer programa de rescate, en mayo de 2010, los sucesivos gobiernos griegos han estado bajo presión de los acreedores internacionales para reducir los gastos de su sistema de sanidad pública, considerados desmesurados para muchos. Y es que “en los últimos diez años el gasto farmacéutico en Grecia correspondía al de países con poblaciones tres veces más numerosas”, subraya Kurublís.

Liberalización de las boticas
Para hacer frente al severo déficit del país heleno, el anterior Gobierno anunció en 2011 la liberalización de las oficinas de farmacia. Se propuso un proyecto de ley que indicaba que cualquier farmacéutico cualificado podría obtener una licencia para explotar una farmacia, eliminando el derecho de sucesión además de bajar el ratio de habitantes por botica a de 1.500 a 1.000 habitantes. También se proponía ampliar el horario de las farmacias, pudiendo abrir los lunes, miércoles y sábados por la tarde.

Finalmente, en abril de 2014 el Parlamento griego aprobaba la denominada ley escoba u ómnibus que, entre otras medidas, incluía la reforma del modelo farmacéutico con una liberalización total del sistema incluida la propiedad de las farmacias. Así, la Troika autorizaba el ingreso de más de 8.000 millones de euros en concepto de rescate.

De poco sirvieron las manifestaciones frente a las puertas del Parlamento de más de diez mil profesionales días antes de la aprobación de la ley. La norma suprime la exigencia del título de Farmacia como condición imprescindible y exclusiva para ser propietario de una botica helena, elimina la distancia mínima entre dos farmacias (cien metros) y permite la salida del canal farmacia de los medicamentos publicitarios para su venta en supermercados.

El mayor recorte de la UE
Sea como fuere, un estudio publicado en febrero de 2014 en The Lancet indica que Grecia ha sufrido el mayor recorte del sector sanitario que ha presenciado toda la UE. Por poner un ejemplo, entre 2009 y 2011, el presupuesto destinado a los hospitales públicos se redujo un 25 por ciento. Investigadores de las universidades de Oxford y Cambridge, y de la Escuela Londinense de Higiene y Medicina Tropical señalan que el rápido aumento del desempleo desde 2009 significó un número creciente de personas sin ningún tipo de cobertura de salud; es decir, cerca de 800.000 personas sin prestaciones por desempleo con imposibilidad de acceder a los servicios de salud.

¿Cuáles son las consecuencias? La prevención disminuye y las enfermedades contagiosas han resurgido. Según el estudio, esta situación ha generado un incremento de 2,5 veces más casos de depresión entre 2008 y 2011, un aumento del 43 por ciento de la mortalidad infantil en el mismo periodo y un ascenso del 28 por ciento en 2007 al 30 por ciento en 2011 en la proporción de niños en riesgo de pobreza. “El estado del bienestar griego ha fallado en proteger a las personas en el momento en que más lo necesitaban”, asegura Alexander Kentikelenis, autor principal del estudio. Además, los casos de VIH se multiplicaron por diez en el plazo de doce meses y se doblaron los de tuberculosis.

El ministro de Sanidad Panayotis Kurublís
En los últimos años, se ha incrementado asimismo el número de pacientes con problemas psiquiátricos y sociales derivados de la pobreza”, apunta Theodoros Megaloikonomu, director del Hospital Psiquiátrico de Ática (Grecia).

La crisis también recorta empleos y, en la actualidad, “casi el 27 por ciento de adultos no tiene trabajo (1,5 millones de personas)”, aporta Aris Sissouras, profesor de la Universidad de Patras (Grecia) y miembro de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estas cifras explican que, al menos, tres millones ya no tengan acceso a una sanidad pública gratuita, según datos del Sistema Nacional de Salud heleno. Una persona que se queda en paro tiene acceso a la sanidad pública durante un año. Después, tendrá que pagar el coste de cualquier tratamiento o intervención al igual que el de los familiares a su cargo, aunque estos sean menores de edad.

El copago tampoco ayuda. “En personas sin seguridad social, la atención primaria supone un desembolso de diez euros por visita y entre el 25 y el 75 por ciento del coste de las medicinas que les prescriban”, explica Liana Mailli, presidenta de Médicos del Mundo Grecia. Y si necesitan ser ingresados, añade, “el coste medio por día es de 110 euros, además del pago de una cantidad fija de cinco más por el ingreso, incluso en casos de urgencias”.

En 2014, el Ministerio de Salud anunció un plan para cubrir a toda la población, pero “no es tan sencillo como dicen”, advierte Nikitas Kanakis, director del Médicos del Mundo. “La medida consiste en que los no asegurados tienen que ser evaluados por un comité para acceder a la atención médica y, en caso de emergencia, esto no es viable”, aclara. Además, si a esto se suma que el programa solo cubre a 200.000 personas y que estas deben estar al día en sus pagos a Hacienda y a la Seguridad Social, “es algo inviable”.

Hospitales sociales
Dadas las circunstancias, los ciudadanos no tienen más alternativa que acudir a los hospitales y clínicas sociales donde son atendidos por voluntarios de todo el mundo. Solo en Atenas, Médicos del Mundo presta servicio a 14.000 pacientes anuales. En Ática, la región más poblada de Grecia, existen 18 clínicas de este tipo conocidas por los autóctonos como kifas. Allí no solo acuden personas de clase obrera y refugiados, sino también aquellos que antes de la crisis gozaban de un buen nivel de vida y ahora se han quedado sin trabajo y no pueden costearse estos gastos. “Se sienten humillados, tienen que pedir ayuda gratuita y antes eso les resultaba impensable”, lamenta Neny Nikolaou, dentista voluntaria en una kifa.

La clínica cuenta, además, con una farmacia abastecida por las donaciones de medicamentos del pueblo. “Hay copago. Los hospitales tienen presupuestos cerrados y no pueden excederlos”, asegura Nikolaou. Curiosamente, “los hospitales públicos envían aquí a los enfermos con su receta médica para que nosotros seamos los que dispensemos los medicamentos”.

El voluntariado supone una gran esperanza para el pueblo griego. “En diversas zonas, hasta el 90 por ciento de la población acude a nuestras policlínicas”, indica Mailli. “En algunos casos son niños cuyas familias no pueden pagar ni siquiera las vacunas”. En el país heleno, sin el certificado de vacunación no se permite ir a la escuela.

Las patologías más comunes que se observan en las clínicas sociales son los problemas cardiacos y la diabetes, que requiere un tratamiento continuo. Solo en 2013, un ocho por ciento de crónicos dejó de recibir su medicación porque se quedó en el paro. Y los precios no han dejado de crecer al reducirse los porcentajes cubiertos por la seguridad social.

El gasto público continúa reduciéndose
El informe Panorama de la Salud 2014, publicado a finales de ese mismo año por la Comisión Europea (CE) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en el que se analiza la situación sanitaria de 35 países europeos, indica que el gasto público griego se ha reducido en un 60 por ciento y, a pesar de que los presupuestos para 2015 prevén que la economía por fin se expanda, las partidas destinadas al sector sanitario se reducirán una vez más.
Fuente: Panorama de la Salud 2014 (OCDE)


España es otro de los países que más ha recortado su gasto sanitario durante la crisis. En concreto, un 1,9 por ciento anual de media entre 2009 y 2012, frente al crecimiento del cuatro por ciento anual en el periodo de 2000 a 2009. Además, se está registrando un nuevo aumento de las listas de espera desde 2010.

Si se considera únicamente el gasto farmacéutico, el recorte en España se sitúa en el 5,2 por ciento de media anual desde 2009, cifra sólo superada por Grecia con un 12 por ciento anual, seguido por Luxemburgo, Dinamarca y Portugal.

El estudio concluye que “la mayoría de países de la UE han mantenido una cobertura universal para los servicios sanitarios básicos, con las excepciones de Bulgaria, Grecia y Chipre, donde una parte importante de población no está asegurada”.

Falta personal sanitario
Al desabastecimiento de medicamentos de los hospitales se suma la falta de facultativos. En 2011 se congelaron las contrataciones y el personal jubilado no fue reemplazado. Desde que comenzara la crisis, más de 2.000 facultativos han perdido sus puestos de trabajo, mientras que otros tantos se enfrentan a un futuro incierto. En estos momentos, “para cubrir las necesidades de personal médico harían falta de 2.500 a 3.000 contrataciones, y otras 10.000 de personal sanitario”, sostiene Yorgos Patulis, presidente de la Asociación de Médicos de Atenas.

Sin embargo, algunos de estos sanitarios están emigrando de forma masiva al extranjero. Países como Alemania y Turquía han hecho un llamamiento a los médicos griegos para que se instalen en su territorio. Según medios de comunicación turcos, el ministro de Sanidad de este país señaló que “cerca de 7.000 médicos griegos buscan trabajo en el extranjero y sus puertas están abiertas”.

En definitiva, los recortes en materia sanitaria han provocado un aumento de las enfermedades infecciosas y una falta de prevención, mayor pobreza e, incluso, una bajada de las coberturas vacunales en población infanto-juvenil. La solución a esta debacle pasa, según los especialistas, por la contratación nuevamente de facultativos y sanitarios, la eliminación del copago, el reabastecimiento de medicamentos en hospitales y, sobre todo, por proteger a las personas en situaciones de crisis, que es cuando más lo necesitan.