¿Quiere recibir Revista Médica en su correo de forma gratuita?
15/02/2015 n224
Curtido como nadie en el oficio, el actual presidente del Consejo de Estado corona con este puesto su trayectoria política, que bien puede tildarse de fecunda, coherente y longeva. Su atracción por el órgano que ya encabezó en 2003, entonces por decisión de Aznar, se remonta a sus años universitarios en la década de los 50. José Manuel Romay Beccaría encaja sus funciones con su ideario personal, el que lo ha mantenido en altísimos cargos administrativos y que él mismo define como “un pensamiento liberal reformista repleto de conciencia social y presencia del Estado”.
¿Cuándo y cómo comienza su longeva vocación política?
Es verdad que es muy antigua, y nació en mi propia casa, porque mi padre fue presidente de la Diputación de La Coruña desde que yo tenía cinco años hasta que cumplí los 16, cuando murió. Viví su dedicación a estas funciones que, en aquel momento, revestían una gran hondura social, pues de las diputaciones dependían los hospitales provinciales, que eran centros de beneficencia adonde acudía gente con pocos recursos económicos –los que los tenían iban a sanatorios privados–.

También de las diputaciones dependían las casas-cuna, adonde iban los niños de los hospicios; y estaban muy involucradas en el desarrollo rural: la electrificación de las aldeas gallegas en aquellos años 40.

¿Le viene, pues, de su padre?
Sí. Vi cómo mi padre se desvelaba por mejorar el hospital provincial y atender a los niños de los hospicios. Siempre cuento la siguiente anécdota: un aristócrata gallego dejó en herencia el Pazo de Mariñán, que estaba en muy malas condiciones, a la diputación de La Coruña. Mi padre, sacando el dinero de donde pudo, hizo una primera reconstrucción con la idea de que allí pasaran el verano los niños de los hospicios y se bañaran en la ría de Betanzos. Instaló una granja para mejorar su alimentación y a mí me pareció que ver la satisfacción que le reportaba a mi padre hacerlo revelaba que esta clase de cosas aportaban mucho aunque, desde luego entonces, el desempeño de ese cargo no tuviera relevancia económica –tampoco la tiene ahora, en general–.

Con el Rey Felipe VI en el Consejo de Estado

¿Cómo afrontó la muerte de su progenitor?
Éramos una familia acomodada, pero no rica. Cuando él muere, falta su ingreso en la casa, pero mi madre, mujer muy inteligente y de mucha determinación, puso la educación de sus hijos por encima de todo, de modo que si hubo que vender algo lo hizo antes de que no estudiáramos.
Javier Barbado
Imagen: Miguel Fernández de Vega
¿Qué recuerda de aquella época?
Fueron años de escasez. Estuve interno en el Colegio de los jesuitas en Vigo y vi lo que era la carencia de muchas cosas. No me quejo porque, dentro de lo malo, estaba entre los que mejor se encontraban. España lo pasó mal y hubo que trabajar mucho para sacar adelante el país.

El seguro de enfermedad como origen de la sanidad española Los valores de universalidad y equidad pagados con impuestos de forma íntegra de la sanidad pública española, que además cuenta con los mejores profesionales, constituyen uno de los grandes logros políticos del que Romay Beccaría se siente copartícipe. El exministro del ramo (1996-2000) sitúa el origen de la prestación en el Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE), que fue aprobado durante la etapa franquista en los años 40.
¿Cuándo descubrió el Consejo de Estado?
Estudiando Derecho en Santiago. Y nació ya mi ilusión por llegar a esta casa, pues allí tuvimos a un profesor de Derecho Administrativo muy competente que conocía muy bien lo que estaba haciendo en aquel momento este organismo, que era algo importantísimo, pues había un elenco de letrados de la talla de Eduardo García de Enterría, Jaime Guasp, Luis Díez del Corral, José Antonio García Trevijano, José Luis Villar Palasí… casi todos ellos catedráticos de Universidad que llevaron a cabo la modernización del Derecho Administrativo español.

Gracias a aquel docente me asomé por primera vez al Consejo de Estado y tuve la ilusión de algún día poder llegar aquí. De ahí que preparara las oposiciones y tuviera la suerte de aprobarlas. Este organismo aporta una visión muy completa del quehacer administrativo y de la política, que se traduce a menudo en proyectos de ley, resoluciones administrativas, etc. Después fue fácil para mí saltar desde aquí a la política.

Dentro del abanico de ideas políticas, ¿le viene también de familia su elección?
Sí, tiene que ver también con una tradición familiar: no lo puedo negar. Mi padre era un liberal, había estado en las juventudes mauristas y participó de esa línea de pensamiento. Y a mí esa ideología me pareció muy defendible y muy razonable. Aprendí que me atraían planteamientos liberales, pero de un liberalismo reformista, lo que ahora se conoce como la economía social de mercado, que en realidad inventó Ludwig Erhard Grabstätte, el primer ministro importante de Economía alemán después de la guerra, que era un liberal pero sabía que el Estado también tenía que estar presente en la vida social y económica, y corregir los límites del liberalismo.

El mercado está muy bien pero no satisface todas las necesidades y ha de estar completado con una acción estatal, y esa economía social de mercado es lo que subyace en mi pensamiento político e ideológico complementado con los grandes pilares del orden de libertad que disfrutamos: el orden representativo, la economía de mercado y el Estado de Derecho. En definitiva, lo que defendieron grandes pensadores como Raymond Aron, Karl Popper o el propio Erhard.
Usted formó parte de uno de los gobiernos de Franco.
Presté servicios al Estado y a España en aquellos años, pero no formé parte de ningún gobierno. Fui secretario general de Sanidad. Y, por cierto, tuve la oportunidad de dirigir una campaña de vacunación contra la polio en 1963, la cual nos permitió vacunar a más de ocho millones de niños y erradicar casi por completo la enfermedad en España gracias a la vacuna Sabin (creada por el científico homónimo) que aún se utiliza. He oído decir, de hecho, que fue la mejor campaña de vacunación contra la polio del mundo; en concreto, así lo juzgó de forma pública el doctor Peña, catedrático de Pediatría de Santiago.

Secretario de Estado, consejero en Galicia y ministro de Sanidad La Ley de Bases de 1963, aprobada bajo su mandato como secretario de Estado de Sanidad, supuso el desarrollo articulado de la prestación asistencial en España y condicionó las responsabilidades que Romay Beccaría desempeñó en años sucesivos: “Fraga me relacionaba con la sanidad antes de ser consejero en Galicia”, asegura.
Después, al final de los años de Franco, también tuve ocasión de ocupar cargos de responsabilidad siempre en la línea de buscar una salida pacífica, claramente en la senda democrática, a la situación que teníamos. En ese contexto, cuando Fraga fue vicepresidente del Gobierno y ministro de la Gobernación en el primer gobierno del Rey, yo fui subsecretario con él.

¿Cómo fueron esos primeros meses de la Transición?
Fueron muy duros porque había algunos planteamientos muy rupturistas de formaciones de la extrema izquierda. Se libró una ardua batalla por el predominio de esos planteamientos frente a los de corte reformista que otros defendían. Y Fraga, en ese sentido, trabajó muy duramente y dejó las cosas preparadas para que, después, Adolfo Suárez, con inteligencia y con genialidad desplegase todo el desarrollo de la Transición en los siguientes años.

De su trayectoria profesional, tan prolongada, ¿cuáles han sido los años más felices?
He tenido mucha suerte porque he hecho lo que me gustaba, y he tenido la posibilidad de hacerlo durante muchos años de mi vida. He sido presidente de la Diputación de La Coruña y, antes de serlo de Sanidad, fui consejero de Agricultura en esta autonomía con Fraga, pues entonces aquélla área no estaba transferida y pude elegirla. Esa vez Fraga no me encasilló en Sanidad.

¿Qué destaca de aquel mandato?
Uno de los encargos más importantes que tuve en aquellos años fue organizar el servicio de lucha contra los incendios forestales, un problema histórico, y creo que no lo hicimos mal. De hecho, sigue funcionando –naturalmente, perfeccionado– y hoy es uno de los mejores de España. Tuve la oportunidad también de trabajar en lo mejor de la ganadería gallega y hacer el saneamiento de todo el ganado; pasamos de tener los peores índices de sanidad animal a tener los mejores. Hasta pude hacer un plan de mejora genética del ganado, de forma que la producción media de leche vacuna en Galicia pasó de 3.000 litros al año a 9.000.
Una persona de su altura debe de profesar alguna fe. ¿Es así y, en ese caso, cómo le ha condicionado?
Soy una persona normal, católico como la mayor parte de los españoles, y eso no ha significado para mí ningún problema. Al contrario: siempre pude desempeñar mis obligaciones de acuerdo con mi conciencia.

¿Y su vida sentimental?
Tuve mucha suerte. Encontré a una mujer maravillosa con la que llevo casado casi 60 años y que me ha hecho muy feliz. Tenemos cinco hijos fundamentalmente buenos, que es la virtud más importante que se puede tener en la vida. Trabajadores, se defienden en sus profesiones, que van desde economistas a abogados.

También tengo doce nietos o, mejor dicho, diez nietas y dos nietos. Los nietos son muy riquiños, pero las nietas… nos tienen muy felices.
Por qué Alianza Popular no respaldó el proyecto de ley socialista Alianza Popular se opuso a la excesiva burocracia y rigidezdel Sistema Nacional de Salud que nació con la Ley General de Sanidad, aprobada por los socialistas en 1986 y que está aún vigente. El entrevistado, por su parte, trasladó la sensibilidad de su partido a su gestión en la sanidad y, a partir de la Ley de Nuevas Fórmulas de Gestión de 1997, creó la fundación del Hospital de Alcorcón de Madrid como ministro de Sanidad y, en Galicia, impulsó esta fórmula a varios centros porque, en su opinión, resulta más eficiente que la gestión directa.


¿Cada cuánto tiempo los ve?
Tenemos mucha suerte también en eso, porque estamos muy vinculados a Galicia por razones obvias, ya que nací allí, mis padres murieron allí, viví allí, estudié el Bachillerato y la Universidad, además de mi vinculación política (diputado provincial, consejero de Sanidad, presidente del Partido Popular en La Coruña por quince años…). Y allí tenemos a dos hijos y a seis nietos. Y aquí, en Madrid, tres hijos y otros seis nietos. Estamos muy arropados y vinculados a ambos sitios.