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08/02/2015 n223
Una aproximación básica definiría el concepto de telemedicina como la prestación de atención médica a distancia. La sencillez de la descripción contrasta con la variedad de matices que encierra y la inmensa cantidad de posibilidades que pone sobre la mesa. Quizá la más repetida sea la del ahorro que supondría para el sistema al reducir la frecuentación en las consultas, pero hay más: la coordinación entre profesionales, el acercamiento en la relación médico-paciente o la evolución del autocuidado. El hecho es que las expectativas que genera son muchas, pero no termina de asentarse.
Enrique Pita
Siendo puristas, la telemedicina no es sino la prestación de atención médica a distancia, por lo que una consulta por radio o a través de una línea telefónica entraría dentro de este concepto. La llegada de los satélites y la exploración del espacio también dejaron su huella en el avance de la telemedicina, con la búsqueda de herramientas que permitían la monitorización a distancia, germen de la actual telemonitorización. Por otra parte, ya desde el principio se entendió que estos recursos podrían suponer una mejora de la asistencia sanitaria que se prestaba en lugares remotos, alejados de centros sanitarios de primer nivel.

Este repaso rápido de la historia de la telemedicina llega hasta los años 90, con la irrupción de internet y la era de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Este hito ha revolucionado la socialización del ser humano y muchas de sus actividades diarias, entre otras, la práctica médica y la posibilidad del paciente, o del ciudadano sano, de llevar un control de su estado físico en tiempo real, dando lugar a un nuevo concepto, la e-salud, el paradigma del siglo XXI.

Si la telemedicina supuso un paso adelante, acercando el paciente al profesional sanitario, o permitiendo la interacción de profesionales para buscar un mejor diagnóstico, la e-salud va más allá. En su génesis, además del uso de esas TIC, este modelo recién alumbrado lleva aparejado el concepto de trabajo en red y colaborativo, al tiempo que, desde el punto de vista del paciente, conlleva un cambio radical: le permite mejorar en el autocuidado y, en esencia, avanzar en lo que se ha venido a llamar “empoderamiento del paciente” o, lo que es lo mismo, un paciente mejor informado, que se corresponsabiliza del tratamiento y el seguimiento de la enfermedad.

Siguiendo el razonamiento de los fríos números, un estudio del Club de Excelencia en Sostenibilidad apunta que el uso de las nuevas tecnologías de la información y la

Alvaro García, miembro del Cermi

comunicación en “los servicios de atención a las personas” permitirá dejar de gastar más de 122.000 millones hasta 2020. Aunque dentro de este epígrafe se incluyen aspectos como el e-learning, lo cierto es que el informe apunta que una parte importante de esos ahorros potenciales se producirían en el sistema sanitario, derivados ante todo de la reducción de hospitalizaciones y consultas sin planificar en el entorno de los enfermos crónicos.

La adopción de herramientas de telemedicina lleva aparejada una mejora en los flujos de trabajo, así como una atención más continuada de la que se beneficiará el conjunto de implicados, desde los pacientes hasta los profesionales y, sin duda, los propios sistemas sanitarios. Pero también una reducción en los costes del sistema.

El temor a las razones economicistas
Es precisamente esto, que la telemedicina sea vista como una mera herramienta de ahorro, uno de los temores de los pacientes crónicos, principales beneficiarios en potencia de estas herramientas, tal y como explica a ‘Revista Médica’ Álvaro García, miembro de la Comisión de Autonomía Personal del Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi).

Andoni Lorenzo, presidente de FEDE

“Cuando las administraciones ponen encima de la mesa la telemedicina lo hacen desde una perspectiva económica, pensando más en reducir costes que en los beneficios que puede conllevar para el ciudadano”, lamenta.

Más allá de la perspectiva económica hay otros temores dentro de los colectivos de pacientes. Uno de los cambios esenciales que trae consigo la adopción de la telemedicina se da en la relación médico-paciente, que pasa del contacto físico en el espacio de la consulta a una aplicación móvil o la pantalla de un ordenador. En este sentido, Álvaro García insiste en que “la telemedicina no puede ser una sustitución sino una herramienta complementaria; el contacto directo con el médico no debe ser nunca reemplazado”.

Esta idea es compartida por Andoni Lorenzo, presidente de la Federación de Diabéticos Españoles (FEDE), probablemente uno de los colectivos de pacientes que más uso ha hecho hasta ahora de estas herramientas, antes incluso de que se generalizara la percepción de las posibles ventajas de su adopción. Así, afirma que “no se puede trasladar la atención directa del profesional a la telemedicina y que sea el propio paciente el que se gestione”; en todo caso, el paciente podrá recoger esos datos y trasladárselos a los profesionales, para que estos vean cómo evoluciona y cuáles son las pautas de tratamiento más adecuadas.

La telerrehabilitación, un
ejemplo que funciona

Aunque hay muchas experiencias en el campo de la telemedicina, lo cierto es que son como lágrimas que desaparecen en la lluvia, es decir, pequeños oasis aislados y generalmente inconexos que, si bien pueden servir como base para construir un futuro, no son realidades asentadas. Aun así, hay casos de éxito, ejemplos de que la telemedicina funciona. Uno de ellos es su aplicación en la rehabilitación de pacientes, como pueden ser los programas de estimulación con soporte informático para personas con alzhéimer o las iniciativas de telerrehabilitación, empleando ordenadores o aplicaciones adaptadas a videoconsolas.
Telemedicina+paciente crónico, una ecuación positiva
Podría parecer que el temor es mayor que la sensación de que estas herramientas traen consigo potenciales ventajas asistenciales y para la salud de los pacientes, pero no es exactamente así. Tras la advertencia, llegan las menciones a las expectativas generadas, que son muchas, pero siempre con el matiz de no dar pasos hacia delante que puedan suponer una pérdida de calidad en la atención sanitaria.

Lo que es evidente es que la telemedicina puede suponer una herramienta decisiva para una primera aproximación del paciente al médico, una evaluación preliminar que pueda permitir descartar la necesidad de acudir físicamente a un servicio sanitario, pero también puede ser una toma de contacto que permita una valoración inicial no excluyente que derive en una consulta física. Esto, al mismo tiempo, genera ahorros (de nuevo la visión economicista que siempre sobrevuela la telemedicina). Como explica Jesús Rodrigo, director ejecutivo de la Confederación Española de Asociaciones de Familiares de Personas con Alzheimer (Ceafa), “el hecho de poder trabajar desde casa, sin necesidad de desplazarse a un espacio físico, reduce el mantenimiento, los costes y las cargas que ello conlleva”.

Tablets y smartphones acercan la e-salud a médicos y pacientes

Además, la telemedicina supone un avance evidente para la atención a los enfermos crónicos. Como apunta Lorenzo, puede ser el elemento que logre involucrar más al paciente en su propio tratamiento, potenciar la autogestión y llevar a cabo un seguimiento a través de estas herramientas. “Los resultados de este tipo de sistemas son muy rápidos, los pacientes se involucran y aprenden de su tratamiento día a día; además, permite que el profesional cuente con mucha información para hacer un análisis completo de la evolución del paciente”. A su juicio, hay dos consecuencias indiscutibles: el beneficio para el paciente es inmediato y se evitan complicaciones a largo plazo.

Esta visión, la de la autogestión, enlaza con la tendencia a fomentar el “empoderamiento del paciente”. En este sentido, Gregorio Jiménez, de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), explica que “la telemedicina es una herramienta de control poderosísima” que se convertirá en una pieza muy importante para el manejo del paciente crónico, “no solo por el autocontrol, sino por la conexión con el médico o la enfermera de casos corresponsable”. “Ante cualquier variación, el profesional puede subirle la medicación o recomendarle un tratamiento concreto”, concluye.

No solo esto, sino que también permite acercar a los enfermos recursos a los que antes no tenían acceso. Según recalca Rodrigo, de Ceafa, en su colectivo el uso de las TIC “está ayudando a hacer extensivas las terapias no farmacológicas a aquellas zonas, sobre todo rurales, en las que el acceso a un centro es complicado o prácticamente imposible”.

Por su parte, Jiménez, de la SEGG, explica que “la experiencia todavía es limitada, pero creo que los pacientes se notan mucho más protegidos”. En su opinión, el hecho de que haya seguimientos que no dependan de que el paciente vaya a consulta supone un salto hacia delante que hace que “noten un acompañamiento mucho más directo”.
El papel de la telemedicina en el futuro del sistema sociosanitario
No hay que obviar tampoco que la telemedicina puede jugar un papel importante en el futuro modelo de atención sociosanitaria. Como se ha mencionado, esa evolución de la telemedicina que se ha dado a llamar e-salud ha traído consigo un concepto de trabajo más colaborativo y coordinado, precisamente uno de los matices que se reclaman de ese espacio sociosanitario que, desde hace dos décadas, se intenta poner en marcha.

En un documento elaborado por el Consejo Asesor de Sanidad que está sirviendo como base para la negociación del Pacto de Estado en el ámbito sociosanitario, se apunta que la base de ese espacio debe ser la atención a enfermedades crónicas, convalecencias, recuperación funcional o cuidados paliativos, entre otros. Entre las propuestas que incluye hay algunas que hacen referencia explícita a la adopción de las TIC, como la creación de una historia digital compartida entre ambos sistemas o el desarrollo de la teleasistencia.

En este sentido, los pacientes crónicos no dudan en defender que la telemedicina podría desarrollarse en toda su expresión, mejorando sus prestaciones, si ese espacio sociosanitario llegara a concretarse. “Mientras no cambie el modelo de atención sanitaria, poniendo el foco en el paciente crónico, y mientras no haya enfermeras educadoras, la telemedicina no deja de suponer pequeños avances”, explica Lorenzo, de FEDE.

Jesús Rodrigo, director ejecutivo de Ceafa

Sin embargo, pese a las potenciales ventajas, pacientes y profesionales ven como la adopción de las herramientas de telemedicina se produce de manera lenta. “La telemedicina es un Guadiana que aparece y desaparece, pero que no termina nunca de asentarse”, señala Álvaro García, de Cermi, quien, sin embargo, teme que se asiente solo por motivos económicos, dejando de lado “el derecho del ciudadano a tener una medicina presencial como garantiza la legislación”

Lo cierto es que las nuevas tecnologías han creado muchas expectativas, pero, pese a los beneficios que se ponen de manifiesto allí donde se han adoptado, hasta ahora son pequeños oasis aislados y mayoritariamente inconexos que no han explotado todo su potencial. Así, todavía queda por ver cómo impacta en el sistema sanitario la generalización del uso de las herramientas de telemedicina. Por ahora, la percepción es que servirán de mucho, pero será el tiempo quien ponga en su sitio las expectativas.