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08/02/2015 n223
Eduardo Ortega
Imagen: Miguel Fernández de Vega
Jaume Pey, manresano y formado en marketing, reconoce que en su carrera en la industria farmacéutica ha tenido más que ver la casualidad que la vocación. Pero no se arrepiente: después de pasar por compañías como Sanofi, Novartis o Zambon, ha acabado dirigiendo la Asociación para el Autocuidado de la Salud (Anefp). Si acaso, echa de menos tener más tiempo para dedicarlo a la lectura, al deporte y a la cocina.
¿Cómo prefiere que le llamen, Jaime o Jaume?
Es curioso, porque en mi carné de identidad pone Jaime, mi familia me llama Jaume y en Madrid la gente me llama Jaime. Es un nombre bilingüe, una realidad muy de mi tierra.

Nació en Manresa. ¿Cómo fue su infancia allí?
Feliz. Mi padre era médico, así que viví el mundo de la Medicina desde pequeño. Éramos una familia de clase media en una ciudad de unas dimensiones muy humanas. Eran los 70, años de cambio en un lugar en el que todos nos conocíamos.

Entonces, usted ‘mamó’ el negocio farmacéutico desde que era pequeño.
Mi padre recibía a los visitadores médicos en casa. Por entonces tenía cinco o siete años, y les veía llegar con su literatura, sus gadgets y sus bolígrafos. Era de los niños que iba al colegio con merchandising de laboratorios. Viví el mundo de la industria farmacéutica desde que era muy pequeño, no cabe duda, pero no imaginaba que el futuro me iba a deparar volver a él.

Luego estudió Empresariales y, tras hacer un máster, se acabó decantando por trabajar en laboratorios. ¿Qué le hizo tomar esta decisión?
La casualidad, la verdad. Nunca pensé que me fuera a dedicar a esto. Mi familia, además, es de batas blancas: padre médico, hermano y hermana médicos, primo médico… Tengo una línea de Medicina muy marcada. Sin embargo, yo me especialicé en marketing y la idea de todo profesional de este ámbito en aquellos años era acabar en una empresa de gran consumo. Es verdad que, todavía estudiando, me incorporé a unas prácticas que ofrecía Sanofi para informatizar el fichero de visita médica, pero lo hice para ganar un dinero e invertirlo en mis gastos, mi novia… Para cosas prosaicas. Quién iba a decir que esas prácticas que empezaron en el 82, cuando estudiaba tercero de carrera, iban a durar prácticamente hasta el día de hoy.

Desde este punto de vista, mi carrera ha sido casual. ¿Si Sanofi no hubiera tocado mi puerta yo trabajaría en el sector farmacéutico? Sinceramente, no lo sé. Probablemente no, porque la mayoría de las empresas no son del sector farmacéutico. No se puede decir que mi carrera sea vocacional, sino más bien casual. Luego descubrí el sector por dentro, me gustó y me quedé.



¿Es usted una oveja negra entre médicos en su familia?
La oveja no blanca más bien. Somos una familia que tiene vocación por y para la Medicina. Les admiro mucho, porque el buen médico es aquel al que le gusta su profesión. Es un trabajo tan fantástico y tan noble… pero no me veía en él. Siempre me he visto más en el ámbito de la gestión, en compañías privadas, modificando realidades.

¿Se modifican realidades desde la industria farmacéutica?
Creo que sí. Hacemos muchas cosas. De entrada, en el caso del autocuidado, logramos que las personas estén sanas. Imagina cuánto podemos modificar la realidad cuando logramos que la gente tenga mayor calidad de vida y logramos eliminar la ausencia de salud. Qué bonito es trabajar para una industria que puede salvar vidas.

Se decantó por el autocuidado, habiendo estado anteriormente en el sector innovador. ¿Por qué?
Cuando entré a trabajar en Sanofi tenía la idea, y la sigo teniendo, de trabajar muy cerca del consumidor o paciente final, sin tanta intervención del acto médico o la prescripción. Mi cultura y mi especialización vienen del mundo del consumo y, en el ámbito del medicamento, esto lleva al concepto OTC.

De hecho, me apasiona este sector, entre otras cosas porque, cuando acabé la carrera, estaba todo por hacer. Tras mi trabajo en Sanofi y en una empresa española dedicada a las resinas, tuve la suerte de entrar en Bayer, que en aquellos años era el paradigma del autocuidado en España gracias a Aspirina. Me parecía que en el sector de consumo, a nivel de marketing, podía hacer más cosas.

Ha sido director general de Zambon y ahora tiene el mismo cargo en la patronal del autocuidado, Anefp. ¿Cómo es dirigir organizaciones así?

El Consejo Directivo de Anefp en una de las últimas reuniones de Pey como vicepresidente

Cuando diriges una compañía tienes unas áreas terapéuticas y unos productos muy concretos, y un solo jefe, normalmente. En la patronal tengo 70 jefes, aparte del presidente y el consejo directivo, que marcan las directrices de lo que hacemos. Por tanto, uno tiene que aprender a trabajar de forma multifactorial, con personas distintas y con empresas con intereses deiferentes.

¿Cómo se gestiona todo eso?
Con cosas muy elementales: un buen conocimiento del sector y de las compañías, y un buen nivel de escucha. Además, haber estado en varias de ellas ayuda a conocer sus necesidades colectivas. Con estas capacidades, y con un diálogo fluido, se gestiona. ¿Es fácil? No siempre, porque en ocasiones los intereses de las compañías chocan, así que el equilibrio es muy importante. Pero, en cualquier caso, en Anefp representamos a un sector, no a unas compañías. La comprensión y el respeto a la figura del director general por parte de los asociados son muy satisfactorios, y los resultados del sector están siendo muy positivos.

¿Cómo llegó al cargo?
Es una historia de casualidades también. Rafael García Gutiérrez tomó la decisión de jubilarse y dejar la dirección general, y el consejo directivo me planteó esta posibilidad. Para mí no era una decisión fácil. Significaba cambiar mi ciudad de residencia a Madrid, y tuve que reflexionar un poco, pero no por el proyecto. Es una suerte poder dirigir Anefp con el equipo que tengo y en el contexto actual del autocuidado. El atractivo de llegar al puesto pudo a los inconvenientes, además de que mi situación familiar lo permitía. Lo hablé con mi esposa y me apoyó en mi decisión. Y lo agradezco mucho, porque dos años más tarde estoy muy satisfecho de haber aceptado el reto. Fue un cambio en mi carrera profesional radical del que no me arrepiento, más si cabe viendo los resultados del sector.
Admirador de Kubala

Jaume Pey es culé hasta para los ídolos. Y es que tiene en un altar a un futbolista: Kubala. “Vino de los países del Este y trajo una manera de jugar al fútbol completamente diferente, tocaba la pelota con efecto. Pero también tenía unos valores muy elevados. Conjugar ambas cualidades, ser un gran deportista y ser muy buena persona, le hacía muy relevante”. El timonel de la industria del autocuidado mantiene que España es un país de “atletas y deportistas que han representado ejemplarmente los valores de la competitividad y el esfuerzo”. Destaca a Severiano Ballesteros: “Fue el creador del golf en España y, además, un ejemplo de prudencia y buena persona. También admiro a Laia Sanz, novena en el Rally París-Dakar. Me parece muy destacado que haya logrado un puesto tan relevante en un deporte de esfuerzo y resistencia tan masculino”.

¿El sector del autocuidado habla en catalán?
El 53 por ciento de él sí, puesto que son las empresas que tienen base en Barcelona, aunque no todas son de raíz catalana. Pero el sector OTC habla todo el mismo lenguaje, aunque Jordi Ramentol (presidente de Anefp y director general del Grupo Ferrer) y yo hablemos entre nosotros en catalán (sonríe). Hablamos el lenguaje del autocuidado, un lenguaje único: el de que el sector esté donde le corresponde.

Es usted socio del Fútbol Club Barcelona.
Sí, soy un culé convencido. De club de fútbol es de lo único que uno no se cambia en la vida. Soy un aficionado más al Barça y voy al campo cuando puedo, aunque no tanto como me gustaría. Cuando juegan bien me gusta, cuando no lo hacen tan bien… me gusta menos.

¿Qué opina de la gestión que está haciendo Luis Enrique del equipo?
No sé si volveremos a jugar alguna vez como en la época de Guardiola. Tenemos la desgracia de compararnos con un estándar muy alto. A lo mejor tenemos que hacer el ejercicio de olvidarnos de aquella cúspide de calidad y recordar que estamos vivos en todas las competiciones y que tenemos jugadores magníficos. Tengo la esperanza de que este año el Barça va a ganar títulos.



¿Ficharía a Guardiola para trabajar en la industria farmacéutica?
¡Claro que lo ficharía! Aunque tendría que tener el mismo planteamiento que en el fútbol y saber de industria farmacéutica. Es un hombre que tiene las convicciones claras y esta cualidad es fundamental en el mundo empresarial.

Pero no solo ficharía a Guardiola. Hay un entrenador que no nos gusta nada en el mundo culé, el famoso Mourinho, pero tiene las ideas muy claras, eso no se le puede discutir. Creo mucho en las personas con convicciones fuertes. Estaría bien que hubiera un Guardiola o un Mourinho en el sector con estas convicciones y que el autocuidado ganara copas de Europa.

¿Cree que la Administración practica el fair play con la industria?
Con nosotros sí. Desde que soy director general, la colaboración con las autoridades sanitarias ha sido franca, clara y hemos conseguido avances para el autocuidado muy importantes, como el control previo sanitario. Esto fue producto del diálogo y del fair play. De hecho, las autoridades nos han apoyado en decisiones que han sido claves. Podemos hacer más y estamos en el mismo juego. Me siento cómodo y la Administración ha entendido el autocuidado como importante para el sistema sanitario.

Uno de estos jugadores es nuevo, Alfonso Alonso. ¿Cómo valora su llegada?
El nuevo ministro ha llegado con mucho empuje y muchas ganas, con un gran nivel de actividad y de diálogo. Todos estos valores seguro que ayudan en todo el proceso de continuar con las políticas emprendidas. En cualquier caso, también digo que con el anterior equipo se lograron objetivos para el autocuidado muy importantes. Aunque el empuje renovador de Alonso va a ser bueno para el ministerio, el equipo anterior ya lo fue.
Ávido lector… de Carlos Lens
Si de algo se lamenta el director general de Anefp es de no disponer de más tiempo para la lectura. Afirma que es una de sus pasiones, particularmente la novela histórica. De hecho, reconoce que es seguidor de la obra de Carlos Lens, que, además de subdirector general de Calidad de Medicamentos y Productos Sanitarios del Ministerio de Sanidad, es un consumado escritor. “Particularmente me gustó mucho su obra Las monedas de Judas, que está muy bien documentada respecto a cosas que son muy difíciles de conocer”.

¿Echará de menos a alguien en particular del equipo de Mato?
No es un tema de personalismos, pero, por ejemplo, nuestra sede fue inaugurada por Pilar Farjas, y eso demuestra su sensibilidad hacia el sector. Con la ministra también tuvimos encuentros, y hay otros como Agustín Rivero que siguen en el equipo actual. Tengo la sensación de que podremos continuar con el equipo nuevo cosas que no logramos con el anterior. El autocuidado para los administradores sanitarios es un valor seguro para que el sistema sea sostenible. Nos da la impresión de que el nuevo ministro llega con la idea de darle un empuje mayor y nosotros vamos a responder.

Todos estos acuerdos se preparan a fuego lento. ¿Existe similitud entre un pacto y un buen puchero?
Me gusta la buena cocina y hay que prepararla con tiempo. Las decisiones no son fáciles, ni se pueden tomar de hoy para mañana. A veces, los buenos cocidos hay que dejarlos a fuego lento durante mucho tiempo, para que el sabor sea el adecuado. Si todo el mundo gana –y en el autocuidado es así– y se trata de acuerdos para el largo plazo, los pactos son buenos.

¿Quién es el Chicote del autocuidado?
Bueno, nadie nos viene a inspeccionar ni a reñir (risas). No tenemos una figura similar. Creo que hay una cosa que tanto Chicote como el chef Gordon Ramsay nos enseñan: el inconformismo. Si el autocuidado mantiene una buena dosis de inconformismo, nuestra cocina cada vez va a ser mejor. La idea que nos viene de estos dos personajes es que siempre hay que mejorar, siempre hay que elevar los estándares y ser exigentes, dentro del diálogo, claro. Ojalá vengan muchos Ramsays y Chicotes a mejorar la cocina del autocuidado. Hacemos muy buenos platos, pero no nos tenemos que conformar con ellos.



¿Cuál es su receta favorita?
Siempre digo una que es considerada muy vulgar, pero también muy buena: la paella. Me gusta porque es la mezcla de muchos ingredientes distintos y requiere un punto de elaboración final muy preciso. La buena paella exige conocer hasta el punto exacto en el que hay que servirla. Refleja muy bien nuestro sector: muchísimos agentes que intervienen de la manera precisa para, al final, lograr un plato perfecto.

¿Veremos algún día al director general de Anefp en MasterChef?
Mi cocina no es tan sofisticada (risas). Me gustaría mucho mejorarla y formarme para lograr un estilo más moderno y casar los ingredientes de otra manera para lograr resultados distintos. Soy fan del programa porque me gusta la cocina y las técnicas de manipulación de alimentos, pero estoy a mucha distancia de los concursantes. Ya me gustaría, a veces les envidio.

¿Le gusta un programa sobre cocina en concreto o es de los que llegan a casa y tienen siempre puesto de fondo el Canal Cocina?
Si cuando llego a casa ponen algo sobre cocina, lo acabo viendo. La cocina tiene una cosa que me fascina: aprendizaje. La mezcla de posibilidades es casi infinita, y cada una te cuenta una historia diferente. Sobre todo en este país, en el que cada sitio tiene un plato propio. Me encanta entrar en internet y ver cómo se elabora una receta. Mantengo la curiosidad de aprender cosas y, aparte de que me relaja, en la cocina aprendo mucho de gente que hace cosas fantásticas y distintas, lo que permite un grado de innovación constante. Un ejemplo es Ferran Adrià, que llevó la cocina a su mayor explosión creativa.

Jaume Pey, recorriendo los lagos de Tristaina (Andorra)


¿Qué plato de la gastronomía española recomienda por encima de todos?
En España hay sitios en los que se hacen tantas cosas buenas… Y no solo las hacen cocineros, sino también amas y amos de casa. ¿En qué sitio de este país no encuentras platos que te llamen la atención? Tenemos una riqueza gastronómica tan grande que sería injusto recomendar solo unos cuantos, sería simplificar una de las cocinas más ricas del mundo.

Pero toda esa comida hay que bajarla, y usted es fan de ‘hacer camino al andar’.
Soy caminante porque fui deportista en mi juventud. Creo que caminar tiene una cosa muy buena: viajo mucho en AVE y en avión, y eso me impide ver los matices de la vida, algo que sí puedo hacer cuando ando. Me gusta hacerlo, además, tanto por la montaña como por las ciudades. ¿Que me voy a Nueva York? Pues camino, aunque la distancia sea enorme. Ir a otro ritmo te permite observar las cosas. También me gusta mucho el tenis… el deporte, en general. Da valores que son muy positivos para la vida, para el mundo profesional, potenciando las ganas de competir y de ganar.