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01/02/2015 n222

Desde que hizo allí la residencia, la jefa de
Sección de Neumología del Gregorio Marañón
de Madrid no ha dejado nunca este hospital,
excepto el año que pasó en Montreal con una
beca de investigación. Y es que viajar, ya sea
por ocio o por sus actuales compromisos
como (la primera) presidenta de Separ, es
una de sus pasiones. Dice que no es
feminista, reconoce que es tozuda y se
considera ecléctica en lo político. Un
consejo para estas fechas: leche con miel
y paracetamol contra la gripe.
Sandra Melgarejo / Imagen: Miguel Fernández de Vega

¿Por qué es médico?
Lo he pensado muchas veces, pero es difícil dar una respuesta. En mi familia no hay ningún médico, soy la única. Tenía decidido estudiar Medicina a los 14 años, un poco temprano, pero no sé por qué. Probablemente va con mi carácter: siempre he estado muy decidida a emprender aventuras y a resolver retos, así que me interesaba saber qué les pasaba a las personas y cómo podía ayudarlas. Trabajé duramente durante todo el bachillerato para conseguir hacer la carrera y nunca me desvié de mi primera elección; soy muy tozuda. Nunca me he arrepentido, ni siquiera en los tiempos difíciles que vivimos ahora.
¿Y por qué se hizo neumóloga?
Eso sí lo sé. Quería hacer una especialidad médica y hubo dos factores que me hicieron decidirme por la Neumología: mi padre tenía una EPOC muy evolucionada –murió por su enfermedad, aunque siempre conseguimos que mantuviera una buena calidad de vida–; y me influyó mucho Miguel Pérez Tascón, un gran internista y neumólogo a quien conocí cuando estuve de asistente voluntaria en el Servicio de Medicina Interna del Hospital Gregorio Marañón, que me animó a que eligiese una rama concreta dentro de la Medicina Interna para que pudiera sentirme más realizada y profundizar más.
Después hizo la residencia en ese mismo hospital, donde es ahora jefa de Sección de Neumología.
Tuve la suerte de poder elegir la plaza en el lugar que quería. Mi residencia fue muy satisfactoria, tuve un magnífico jefe de Servicio –mi maestro, José María Monturiol– y cuando acabé el MIR me ofrecieron un contrato como médico interino. Para mí fue muy grato poderme quedar en el hospital donde me había formado. Tres años después se convocó la plaza de médico adjunto, me presenté a la oposición y la gané. Nuestro sistema es muy endogámico y es habitual que hagas la residencia, la adjuntía, la jefatura de Sección y, si tienes suerte, la jefatura de Servicio –aunque ese no haya sido mi caso– en el mismo hospital. He desarrollado toda mi carrera profesional en el Marañón, lo considero mi segunda casa. No lo he dejado nunca, excepto un año que estuve fuera con una beca de investigación.
Estuvo en Montreal (Canadá), ¿qué tal la experiencia?
Buenísima. En primer lugar porque me di cuenta de que el nivel clínico de la Neumología española y del servicio del que yo venía era muy alto, y nada tenía que envidiar al del Royal Victoria Hospital. Sin embargo, aquí no hacíamos investigación al nivel de allí, ni básica ni clínica, y, por lo tanto, realmente aprendí la metodología. Por otra parte, la convivencia con personas de otros entornos, pero con tus mismos intereses, es enriquecedora. Aprendes que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.
¿Allí trabajaba en inglés o en francés?
Montreal tiene una mayoría de población francófona y una minoría anglófona. Mi hospital formaba parte de esa minoría y, por lo tanto, allí se hablaba en inglés. Pero el paciente tiene derecho a elegir en qué idioma quiere hablar, así que tienes que tratarle y suministrarle la información en la lengua que él prefiera.
Rodolfo Álvarez-Sala entrega el Premio Neumólogo del Año 2013 a Pilar de Lucas
Así que usted domina ambos idiomas…
Bueno, yo diría que no domino ninguno (risas). En el colegio estudié francés y empecé con el inglés después de la residencia, e hice un esfuerzo adicional cuando supe que iba a ir a Montreal. Lo horrible es que, cuando llegué al aeropuerto de allí, me di cuenta de que no entendía nada. Pero con la ayuda de la gente y de los cursos intensivos me fui manejando y no tuve mayores problemas. El inglés ha sido siempre mi asignatura pendiente; doy clases de manera intermitente, cuando se avecinan ciertos compromisos que me obligan a hacer un reciclaje.
Regresemos al Marañón, ¿optó alguna vez a la jefatura de Servicio?
Opté en su momento, pero no la obtuve. Me hubiera gustado, pero son cosas que pasan, el juego profesional es así. No me siento mal porque tengo una jefatura de Sección en la que se me permite trabajar con un elevadísimo grado de autonomía. De hecho, he de decir –aunque, probablemente, no sea políticamente correcto– que sin ese nivel de independencia para gestionar los escasos recursos que tenemos no aceptaría el cargo, porque es una sección muy específica dentro de la Neumología (insuficiencia respiratoria y ventilación mecánica no invasiva). Afortunadamente, considero que mi satisfacción profesional no va ligada a una jefatura sino a poder realizar el trabajo como yo creo que debe hacerse.
También ha sido profesora asociada de la Complutense, donde estudió. ¿Cómo es como maestra?
Creo que soy bastante didáctica y soy capaz de adaptar la información para cada nivel: no es lo mismo hablar para un estudiante de Medicina que para un residente. La docencia es muy bonita, pero hay un problema: requiere tiempo. En este momento soy crítica con cómo se hace porque el profesor asociado, en general, no cuenta con un tiempo específico para dedicarlo a la formación práctica de los estudiantes, lo tienes que incrustar en tu horario habitual. Y si los estudiantes llegan en un momento de altísima demanda asistencial –como ahora, por ejemplo, en plena epidemia de gripe– francamente, ¿cómo vas a poder atenderles? Creo que hay que hacer una enorme reforma en la formación médica práctica.
Hablando de gripe, el otro día estuvo en la televisión, en el programa de Mariló Montero. ¿Le gusta este mundillo?
Sí, no era la primera vez que iba.
¿Tanto como para ser médico de la tele?
No, cada uno tiene su trabajo. Creo que los médicos de la tele lo hacen bien: se documentan, dan información muy útil, son muy serios… No hacen diagnósticos ni tratamientos televisivos; lo que sí que hacen es analizar factores de riesgo, conductas saludables, etc. Pero yo elegí otra actividad y me encuentro a gusto con lo que hago.
Sus pasiones “Viajar me gusta mucho, pero debería haber sido más aventurera. He viajado a sitios exóticos y lejanos, pero siempre lo he hecho con un mínimo de comodidad y no he corrido riesgos físicos”. Dice que viajar es una de sus pasiones, aunque ahora viaja más por trabajo que por ocio: “Creo que esto cambiará cuando deje de ser vicepresidenta de Separ”. En cuanto a destinos, señala que le apasionan, por un lado, la creación de la naturaleza y que, en este sentido, se queda con Canadá, Argentina y Chile (por ese orden); y por otro lado, la creación del ser humano, y hay un país que le impacta: Italia. Y es que el arte es otra de sus pasiones y, para ella, el “mejor creador” es Miguel Ángel.
Pilar de Lucas en la Isla de Pascua (Chile) y en Machupichu (Perú)
¿Qué tal es Mariló?
Me pareció una presentadora espontánea y natural. Se prepara su presentación y usa algún papelito, pero no va leyendo todo lo que dice en una pantalla. Tuvo una actitud muy agradable conmigo.
La presentadora tosió y usted le dijo que esa tos era de fumadora…
Debo reconocer que debo de estar muy alejada del mundo de la televisión porque yo no sabía que ella era una fumadora empedernida. No sabía si fumaba o no, pero esa tos… Lo siento, pero era una tos típica de un fumador, se identificaba con mucha claridad. Espero que no le molestara que se lo dijera.
¿Usted ha fumado alguna vez?
Sí, sí he fumado. Soy una persona normal y he hecho todo lo que hace alguien normal. Empecé a fumar, como casi todo el mundo, en la facultad. Cuando era estudiante de Medicina, una mujer que no fumase casi era rara. Fumar era lo que se hacía en la tele y en el cine, y era lo que se esperaba de una persona moderna y actual. Así que fumé, como todo el mundo, y al principio me producía unas náuseas y un mareo… Pero no importaba porque, como soy tozuda, conseguí que me empezara a gustar. Dejé de fumar en 1996, me acuerdo perfectamente. Se puede dejar de fumar.
¿Por qué lo dejó?
Tuve un mínimo problema de salud, que afortunadamente no tuvo ninguna trascendencia, y pensé: “Dios mío, si he de morir a edad temprana, que no sea por mi culpa”. Y dejé de fumar. Es duro dejarlo, y eso que yo no era una gran dependiente, pero me gustaba.
¿Y qué opina ahora de los fumadores?
La sociedad es muy hipócrita en este sentido y siempre me ha parecido muy injusto porque pienso que hay que perseguir al pecado, pero nunca al pecador. Lo que hay que hacer es ayudar al fumador a que deje de fumar, no perseguirle. Lo que hay que restringir realmente es el tabaco. El tabaquismo es una enfermedad –así lo reconoce la Organización Mundial de la Salud (OMS)– y a los enfermos no se les apedrea, se les ayuda.
Eclecticismo político Se considera “torpe” para las redes sociales, pero antes de olvidar sus contraseñas de Twitter –sí que utiliza Facebook un poco más, sobre todo para felicitar los cumpleaños– tuvo tiempo para tuitear: “Qué bien se lo van a pasar los eurodiputados con Pablo Iglesias”. “Me imagino que hizo alguno de sus inflamados discursos y es que, realmente, algunas de las cosas que dice son divertidas. En mi opinión, en Podemos son bastante populistas y poco serios. No soy nada conservadora y me considero bastante ecléctica en política: he votado a muchos partidos”, explica. De Lucas está afiliada a Unión Progreso y Democracia (UPyD), aunque es poco militante: “Nació en un momento en el que yo había decidido que no iba a votar porque no encontraba ninguna razón para hacerlo”.
Según el Monitor de Reputación Sanitaria (MRS), presentado el pasado diciembre, usted es la cuarta especialista en Neumología española con más reputación.
Me sorprendió agradablemente porque en realidad soy el cuarto neumólogo, pero la primera neumóloga, ¡que no es lo mismo! (risas). No soy feminista, pero estoy firmemente convencida de que una mujer tiene que desempeñar un trabajo muchísimo mayor para llegar a las mismas cotas profesionales de un hombre. Tenemos que estar demostrando siempre nuestra disponibilidad y justificándonos. Por eso digo que es importante no tanto ser el cuarto neumólogo, sino ser la primera neumóloga, porque llegar a alcanzar un mínimo de reconocimiento es especialmente complicado para una mujer. Me sentí orgullosa y satisfecha; hay que tener un poquito de vanidad y me dio alegría. Me gustó mucho saber que, para algunas personas, tengo una buena imagen.
También ha sido la única mujer presidenta de la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica (Neumomadrid) hasta la fecha.
Confío en que esa situación cambiará pronto y que no tardará mucho en haber una segunda presidenta. De todas formas, en Neumomadrid no costó demasiado porque me preceden solo dos presidentes; fui la tercera. Lo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) fue mucho peor, porque me precedieron más de 20 hombres.
En Separ costó más, pero su sucesora va a ser una mujer.
Efectivamente, costó más de 40 años llegar a tener una presidenta, pero detrás de la primera ha llegado rápidamente la segunda: Inmaculada Alfageme. La sociedad ha iniciado ya la fase de normalización de la mujer en la presidencia. El 48º Congreso Nacional de Separ, que se celebrará en junio en Maspalomas (Gran Canaria), será mi último congreso en el cargo.
Buen sitio para quedarse a descansar…
Pues sí (risas). Este año, cuando acabe el congreso, me pienso quedar un día en Maspalomas descansando. Después volveré a mi hospital y continuaré trabajando, como siempre. Y seguiré atendiendo a la Comisión Nacional de la Especialidad de Neumología, de la que soy presidenta. Estamos con el tema de la troncalidad y nuestra intención es elaborar un nuevo programa que amplíe la formación un quinto año. Aceptamos la troncalidad con una condición: que no se pierda calidad en la formación de los neumólogos y, si no se amplía, se deteriora, sin duda. Ya ahora, sin troncalidad, cuatro años son insuficientes. Así que queda trabajo por delante.
Vamos, que no se va a aburrir.
No, no me voy a aburrir (risas). Me centraré mucho más en la comisión y voy a seguir trabajando en Separ, por supuesto; hay montones de proyectos en los que continuaré colaborando.