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25/01/2015 n221
Palabra de Francisco

En los últimos días, el papa Francisco ha venido a engrosar la lista de los que hacen que suba el pan cada vez que hablan. Una de las últimas perlas que ha dicho ha sido que “algunos creen que para ser buenos católicos hay que ser como conejos”. Hay quienes se han llevado las manos a la cabeza por lo directa que es la comparación, pero a mí me parece un mensaje claro, sin medias tintas.

Es cierto que a estas alturas de la película sigue siendo llamativo que un miembro de la Iglesia apele a la paternidad responsable, y todavía más si lo hace empleando esos términos. No sé si el mensaje calará y se notará en algo en alguna parte, pero no creo que en mi hospital lleguemos a apreciar un cambio. Aquí, en general, lo de tener o no hijos está más relacionado con el mercado laboral y el nivel adquisitivo que con la religión.
Pero, volviendo a las declaraciones del Papa, hay que ver cómo son los periodistas. Es que no dejan descansar al hombre ni durante los trayectos en avión. Se ponen a preguntarle cosas y a grabarle durante el vuelo y pasa lo que pasa: bastante tiene uno con no mostrar preocupación por estar a miles de metros de altura como para, encima, tener que andar midiendo cada palabra. Eso sí, lo de tenerle de pie contestando preguntas seguro que contribuye a evitar que sufra el síndrome de la clase turista.

Con todo, me gusta que Francisco utilice un lenguaje coloquial, más cercano. A lo mejor en el ámbito sanitario sí que tendríamos que seguir su ejemplo y hacer que la historia, los informes de alta y demás documentación que reciben los pacientes fueran mucho más claros. Y no me refiero solo a la caligrafía de los médicos, que también –aunque los ordenadores han ayudado mucho en este sentido–, sino al mensaje que se transmite, que a veces no lo entiende ni Dios… con perdón.