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25/01/2015 n221
¿Es posible que los médicos del sistema sanitario español presten una buena asistencia a sus pacientes si han de trabajar en hospitales en los que puede desprenderse un trozo de pared en mitad de una consulta? Algunas comunidades autónomas presentan severas deficiencias en las infraestructuras y las tecnologías utilizadas en los centros desde los que se atienden a cientos de personas a diario.

Elsa García

Los presupuestos destinados al ámbito sanitario en toda España han sufrido una importante inyección para este nuevo 2015. En la mayoría de las comunidades autónomas españolas se destina más de un 80 por ciento del total a asegurar la continuidad de los servicios públicos esenciales (educación, sanidad y servicios sociales) y se presume de haber incrementado la partida destinada a infraestructuras sanitarias un 20 por ciento, y hasta un 34 por ciento en Canarias y Cantabria. Sin embargo, y a pesar de este aumento, el montante invertido en mejorar los centros de salud y hospitales más pequeños del territorio español no alcanza más que el 3,3 por ciento del total de los presupuestos sanitarios en los mejores casos, como es el de Castilla y León.

En las comunidades donde los presupuestos para Sanidad alcanzan las cifras más altas, solo se destina un 0,31 por ciento de la partida presupuestaria a mejorar las infraestructuras sanitarias de los madrileños, o un 0,62 por ciento las de los andaluces –a pesar de que la dotación para estas obras ha aumentado en esta comunidad un 65 por ciento con respecto al año anterior–. Parece que desde algunas provincias olvidan que para ofrecer una sanidad de calidad es necesario contar con buenos centros de salud y mejores hospitales.
Lo nuevo no siempre es mejor No hace falta buscar entre los centros más antiguos para encontrar los peores problemas. El Hospital Universitario Central de Asturias, inaugurado en junio de 2014 después de cinco años de espera y una inversión de 300 millones de euros, no pudo soportar una tremenda tromba de agua que cayó en Oviedo el pasado agosto y los techos del edificio cedieron para dar paso a un auténtico aguacero dentro de los pasillos del hospital. Estos problemas llegaron después de un lustro de retrasos en la ‘mudanza’ al nuevo edificio, a pesar de que el anterior centro presentaba graves problemas de mantenimiento, tales como el derrumbe de un techo de una dependencia del Centro Materno Infantil en diciembre de 2013.

Lluvia dentro del Hospital Central de Asturias

Hospitales dejados en el olvido

Desde Málaga, la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) ha denunciado en más de una ocasión el “estado de deterioro” que presenta el Hospital Marítimo de Torremolinos, dependiente del Hospital Clínico Universitario de Málaga. La última de estas advertencias la realizaron el pasado octubre, cuando se desprendió parte de la cornisa del tejado de uno de los edificios que lo componen “a causa del abandono al que lleva sometido este centro desde los últimos años”.

Cornisa desprendida en el Hospital Marítimo
de Torremolinos

El área afectada por dichos desprendimientos fue la entrada de los quirófanos, que quedó “notablemente deteriorada debido a la falta de trabajos de rehabilitación”, según indican fuentes del sindicato, que aseveran que el estado general que presenta el hospital requiere una reforma integral, ya que buena parte de las instalaciones presentan desperfectos y deficiencias que, en algunos casos y aunque no causen un problema estructural, sí llegan a suponer una falta de seguridad para pacientes y trabajadores.

CSIF recuerda también que la rehabilitación del pabellón 2 del centro, que alberga la Unidad de Salud Mental, se produjo después de registrarse reiteradas denuncias por parte del sindicato ante la Inspección de Trabajo y la Delegación Territorial de Salud. Aunque estos trabajos, que finalizaron recientemente, supusieron una notable mejoría –el edificio llegó a estar apuntalado y afectado por goteras–, la central sindical asegura que es necesario acometer una reforma general para solventar las numerosas deficiencias que actualmente muestra el centro.

Y es que Andalucía es una de las comunidades autónomas que más problemas presenta a la hora de mantener una conservación adecuada en sus hospitales. A finales del pasado verano, CSIF denunció la “insostenible” situación sanitaria del Hospital de La Línea de la Concepción (Cádiz) después de detectar cucarachas en la zona de Urgencias Pediátricas y ratas en varios quirófanos, lo que se tradujo en la suspensión de intervenciones programadas, manteniendo solo un quirófano activo para las urgencias que recibiesen.

“Los trabajadores y pacientes de este centro se encuentran en un hospital con condiciones higiénicas deplorables, con un estado calamitoso y ruinoso y altas deficiencias estructurales”, aseguraron entonces desde el sindicato, donde apuntan como “responsable directa” de esta situación a la Gerencia del Área Sanitaria por su “dejadez” y su insistencia en mirar “hacia otro lado” para no ver “el gravísimo estado en el que se encuentra este edificio viejo, obsoleto y enfermo”.

Los últimos años de crisis económica parecen haber afectado a las infraestructuras hospitalarias andaluzas en mayor medida que a las de otras comunidades españolas. El retraso en las obras de edificios sanitarios supera en muchos casos los cuatro años, como en el Hospital Materno-Infantil de Almería, los centros de alta resolución de Palma del Río (Córdoba) y de La Janda (Cádiz), y la Ciudad Sanitaria de Jaén, así como la demora de la apertura de nuevos hospitales en Ronda (Málaga) y Cazorla (Jaén). El paradigma de este abandono parece encontrarse en Sevilla, donde no se inaugura un nuevo hospital desde 1982 y cuyos municipios solo pueden esperar un mejor momento para que las reformas de hospitales como los de Morón, Écija o Lebrija se conviertan en una realidad.
¿Galicia ‘calidade’?

Carencias de las infraestructuras
en el Hospital Teresa Herrera
de A Coruña

Desde el sindicato médico CESM Galicia se ha denunciado en varias ocasiones las múltiples deficiencias de algunos centros sanitarios de varias zonas, asegurando que el retraso en obras que son necesarias en muchos centros gallegos solo consigue que la asistencia sanitaria prestada a los usuarios de estas regiones empeore con el tiempo y ponga en riesgo su salud.

En el área sanitaria Do Salnes hay goteras y humedades en muchos centros de salud, en especial en A Illa y Vilanova de Arousa, donde las filtraciones de agua “son continuas, intensas y extensas”, llegando a provocar “importantes colonizaciones de hongos en techos y paredes”. Una situación parecida a la que viven en el Hospital Mexoeiro y Nuevo Hospital del área sanitaria de Vigo, donde se pueden ver “graves problemas que afectan a la estructura y fachada del centro”, ya que durante los inviernos entra agua en pasillos y habitaciones.

En el área sanitaria de Ourense-O Barco las cosas no se presentan mejor para algunos centros. El Hospital Comarcal de Valedoras convive con un TAC “obsoleto” que presenta frecuentes averías y que obliga a realizar continuos traslados de pacientes al Hospital de Ourense, con la “eterna promesa de que llegará un aparato nuevo”. El Complejo Hospitalario Universitario de Ourense está actualmente en obras y el túnel que comunica el hospital materno con la residencia “está cayéndose”. Desde CESM llegan a denunciar que un informe revelaba que en el Hospital Santa María Nai, un centro “muy viejo”, había aluminosis, “aunque ese informe ya no aparece por ningún sitio”.

Sin embargo, el caso más grave para este sindicato reside en el área sanitaria de A Coruña, donde se encuentra el Hospital Maternoinfantil Teresa Herrera. La sexta planta de este centro, lugar donde se encuentra el comedor y las habitaciones donde duermen los médicos de guardia, entre otras instalaciones, se encuentra en una situación “insalubre y tercermundista” que llega a ser “insostenible” para quienes trabajan allí.
La negación por respuesta Hace unos meses, el techo de la habitación 231 del Hospital Santa Bárbara de Puertollano (Ciudad Real) se vino abajo, desplomándose sobre dos pacientes que en ese momento dormían en sus camas. El incidente no tuvo repercusiones graves ya que ambos pudieron protegerse a tiempo, pero ya en ese momento la alcaldesa de la localidad, Maite Fernández, aseguró que el hospital se caracterizaba por sus “falta de mantenimiento y suciedad”. “Está en un estado de abandono insoportable”, afirmó. El Servicio de Salud de Castilla-La Mancha declaró que se trataba de “un hecho puntual sin ningún tipo de consecuencia grave”. No obstante, dos semanas después de este suceso, un paciente denunció que mientras era operado podía oír “perfectamente” cómo caían las goteras del quirófano adyacente en un cubo. El Servicio de Salud respondió entonces que no han existido problemas con los quirófanos de este centro desde finales de 2012, a pesar de que desde los sindicatos médicos de Castilla-La Mancha aseveraron que los fallos en la infraestructura de este edificio, construido hace más de 40 años, son evidentes.

Desplome del techo en el Hospital
Santa Bárbara de Puertollano

Demasiados frentes para pocos profesionales

Castilla y León es una comunidad en la que el medio rural y los vecinos de los pequeños municipios siempre han sido un referente. Pero esta tradición también encuentra sus repercusiones negativas a la hora de hablar de salud. Con una población muy envejecida y dispersa en pequeños núcleos, la atención sanitaria en algunos pueblos de la provincia se hace cada vez más difícil. Los 62 vecinos de Terradillos de Esgueva, en Burgos, lo han comprobado estas Navidades cuando se han visto sin médico durante casi tres semanas por la baja por enfermedad de dos profesionales sanitarios, debido a la falta de facultativos de la Zona Básica de Salud de Roa.

Los centros de salud de las zonas rurales suelen tener serias carencias tecnológicas y médicas para atender a sus pacientes correctamente. Ejemplo perfecto de ello es el Centro de Salud de Mota del Marqués (Valladolid), una casa solariega antigua sin reformar desde hace muchos años y en la que los pacientes se ven obligados a subir escaleras en muy malas condiciones. Este centro no ha sido reformado jamás desde su inauguración en 1981 y sus salas han de ser multiusos debido al escaso espacio del que disponen, llegando a instalarse en la misma estancia las consultas (que comparten Medicina y Enfermería), así como la sala de extracciones, la fisioterapia y la matrona.

Techo derrumbado en el Hospital Clínico
de Valladolid

El Centro de Salud de Esguevillas, también en Valladolid, no se encuentra en unas condiciones mucho mejores. Hace meses la casa que servía de ambulatorio comenzó a presentar grietas y desperfectos preocupantes, por lo que se desalojó de la misma a los médicos que trabajaban en ella y se les instaló en una estancia prefabricada justo al lado, donde tienen que trabajar con sus propios ordenadores portátiles y atender a cerca de 2.000 pacientes de 13 pueblos diferentes, por lo que en ocasiones pasan más tiempo en la carretera que viendo a sus usuarios, lo que llega a resultar “muy frustrante”, según apuntan los trabajadores.

Aunque en esta comunidad las principales carencias en la asistencia sanitaria se pueden encontrar en el medio rural, los problemas asistenciales no son exclusivos de este ámbito. El sindicato CESM Castilla y León asegura que el Hospital Clínico Universitario de Valladolid posee una zona de ingreso para sus pacientes “que podría calificarse de tercermundista, con habitaciones para tres pacientes, falta de aire acondicionado y deficiencias estructurales importantes que vienen dadas como consecuencia de una clara falta de mantenimiento”. Esto quedó patente el pasado diciembre cuando el falso techo de una de las habitaciones de este edificio se derrumbó, obligando a trasladar a 25 de sus pacientes a otra área. Según el plan director que sigue este centro, prima arreglar las consultas antes de los módulos de hospitalización, lo que, a ojos de este sindicato, “va en contra de la buena asistencia sanitaria”.

Parece lógico pensar que, en un ámbito tan necesario y sensible como el de la salud, la calidad de las infraestructuras hospitalarias se debe cuidar con especial esmero. Sin embargo, la crisis económica no termina de dar un respiro a los cimientos de los edificios y centros de salud más antiguos de España. Las inversiones que se destinan a Sanidad son mayores año tras año, y la construcción de nuevos hospitales y grandes complejos hospitalarios se anuncia como la panacea del Sistema Nacional de Salud, sin tener en cuenta quizá que, antes de comenzar con un nuevo proyecto, se debería intentar dotar de una mayor calidad a los que ya están construidos.