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25/01/2015 n221
Tras más de once años al frente de la Dirección General de Recursos Humanos del Servicio Madrileño de Salud, reconoce que lo mejor de todo son los amigos que ha hecho, “tanto sindicalistas como directivos”, que no le ven como un jefe sino como “alguien con quien resolver problemas”. Armando Resino recuerda algunos momentos críticos, como el 11-M, que se produjo nada más acceder al cargo. También vivió un atentado –el del 12 de octubre de 2001 en el aparcamiento de la Plaza de Colón– cuando era director del Servicio de Policía del Ayuntamiento de Madrid: “un error de los terroristas evitó que ocurriera una masacre”.
Cristina Mouriño
Imagen: Cristina Cebrián
¿Cómo recuerda su infancia? ¿Qué momentos le marcaron?
Creo que lo primero que uno recuerda de la infancia es el primer día que fue al colegio. Eso lo tenemos todos muy marcado, pero hubo otro hecho que me dejó huella: el nacimiento de mi hermana en nuestra casa. En aquella época muchas madres daban a luz en su domicilio. Aun así, tengo más recuerdos de la adolescencia.

Fue boy scout durante su adolescencia.
Lo que más me queda de esa etapa es el sentido de lo que era aquello: el compañerismo, el ayudar a los demás, la lealtad y la amistad.


¿El compañerismo vivido en los boy scouts le hizo decidirse por el ámbito de los recursos humanos?
No… Evidentemente, cada uno tiene un perfil que, a veces, hasta desconoce y que va surgiendo con el tiempo. Lo que sí que tuve muy claro desde joven es que quería dedicarme a la función pública. Esta vocación me llegó a través de un amigo de mi padre que fue un funcionario ejemplar. En alguna medida, este hombre me enseñó lo que era el servicio público y durante años he creído en ello y en lo que significa dedicarse a los demás.

Armando Resino
en el campo de golf

Está casado y tiene dos hijos, ¿alguno ha seguido sus pasos?
Ninguno de ellos se ha dedicado a la Administración. Mi hijo el mayor, que comparte conmigo un cierto humor británico, siendo adolescente me preguntó con muchísimo interés que qué había hecho yo para trabajar dónde trabajaba. Le conté que había hecho dos oposiciones, pensando que me lo preguntaba para seguir mis pasos, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando me comentó que quería saberlo para no hacerlo. Él lo que quería era una vida en la que pudiera tener más tiempo para él, porque no veía a su padre.

El mayor se dedica a la publicidad y la Sociología. El pequeño hizo Derecho y traté de aconsejarle para que opositara a abogado del Estado, porque había tenido un buen currículum. Un día le comenté la posibilidad de hacer oposiciones y me preguntó que si alguien le garantizaba que dedicando diez horas diarias durante tres años iba a aprobar las oposiciones. Le dije que por supuesto que no, que no había garantías y que, evidentemente, cuanto mayor fuera la preparación más posibilidades tenía, pero el optó por ser abogado deportivo y laboral.

¿Su trabajo le ha permitido compaginar la vida laboral y la personal?
Llevo 43 años en la Administración Pública y siempre he pasado por puestos que han implicado una gran dedicación. Recuerdo que vivíamos en las cercanías de Madrid y los niños jugaban en la calle. Un día llegué a las siete de la tarde y mis hijos me preguntaron: “Papá, ¿te pasa algo?” Respondí que no y les dije que por qué me preguntaban eso, y ellos dijeron: “Porque son las siete y ya estás en casa”. No he sido muy capaz de conciliar la vida personal y profesional. En este sentido, agradezco que mi mujer pidiera una excedencia para suplir mi falta.


Lleva muchos años al frente de la Dirección General de Recursos Humanos del Servicio Madrileño de Salud. ¿Qué es lo mejor que se lleva de esta etapa?
Ha habido buenas experiencias y otras más complicadas, sin lugar a dudas. Lo bueno es poder colaborar en la mejora de las condiciones de trabajo de los profesionales de la Comunidad de Madrid. Ha habido momentos muy buenos con la firma de determinados pactos en relación, por ejemplo, a la carrera profesional. Aunque creo que lo mejor son los amigos que me llevaré de esta etapa, tanto sindicalistas como directivos. Muchos de ellos no me tienen como un jefe, sino como alguien con quien resolver los problemas.

Los amigos de la infancia
El director general de Recursos Humanos del Servicio Madrileño de Salud recuerda con especial cariño las amistades de la infancia que, según asegura, ha mantenido hasta ahora. “Incluso después de 50 años seguimos viéndonos”, afirma. “Muchos coincidimos en la época de los boy scouts y alguno también es médico”. Cuando era niño, Armando Resino solía veranear en Las Navas del Marqués, en Ávila, una época de la que destaca “los momentos de pandilla, los guateques y las rondas en agosto”.
¿Y cuáles han sido las peores experiencias?
Ha habido momentos críticos, como el 11-M, que me pilló nada más llegar aquí; la crisis del Severo Ochoa, que también fue un tema enormemente complicado; la incidencia de la crisis en estos últimos años, en los que ha habido que gestionar de otra forma; y, por supuesto, la crisis del ébola. Al final lo que hay que tener en cuenta es que esta es una organización de personas y que cualquier cuestión que se produzca nos afecta. Ha habido puntos muy complicados en el transcurso de estos 11 años y creo que hemos tenido que tomar medidas que en algún caso no han sido bien recibidas, pero eran necesarias y permitirán que la Administración madrileña siga adelante.

También estuvo al frente del Servicio de Policía del Ayuntamiento de Madrid, ¿tiene alguna anécdota?
Creo que en un servicio así no se puede hablar de anécdotas, sino de vivencias. Casi toda mi actividad la he realizado en el campo de los recursos humanos y para poder dirigir personas lo primero que tienes que hacer es conocer la organización porque de ella derivan los problemas de quienes trabajan allí. Si cuando llegas a un puesto así no intentas aprender cómo funciona, mala política vas a hacer.

Todos los días me pasaban las incidencias que habían ocurrido la noche anterior –robos, atracos, precipitaciones, asesinatos, etc.–, en torno a 80 o 90 folios con toda la actividad, con casos que no aparecían ni en la prensa. Esto te permite darte cuenta de una realidad desconocida. A los pocos días de entrar yo en la dirección del cuerpo hubo un atentado en Madrid, el 12 de octubre de 2001. Un error de los terroristas evitó que ocurriera una masacre. La bomba explotó en el aparcamiento de la Plaza de Colón,

Con su mujer, en el Puente de Brooklyn y en la estación central de Nueva York

pero en lugar de hacerlo a las 12 de la mañana, lo hizo a las 12 de la noche, por lo que no había prácticamente gente.

Lo más positivo fue descubrir una organización que creo que es desconocida para los ciudadanos. La Policía Municipal hace muchas más cosas que las que solemos pensar. Se trata de un cuerpo muy disciplinado, con funciones que en parte ya conocía porque en mi etapa en el Ministerio del Interior trabajé con la Policía Nacional y la Guardia Civil. Fue una buena experiencia.


La gestión del personal de una organización tan compleja como el Servicio Madrileño de Salud exige mucha dedicación. ¿Le deja tiempo para algún hobby?
Algunos servicios públicos exigen una implicación las 24 horas, los 365 días, como la Policía, los bomberos y el personal sanitario. El problema no son las horas que echas en el despacho, sino los asuntos que te llevas a casa. Los puestos por los que he pasado me han obligado a tener el teléfono siempre abierto desde hace 25 años. Desde que tuve el primer móvil, nunca lo he apagado. La dedicación no termina cuando te marchas del despacho.

Servir a los ciudadanos
Siempre tuvo claro que quería dedicarse a la función pública, un ámbito en el que lleva inmerso desde hace 43 años. “Los funcionarios públicos estamos para servir a los ciudadanos”, apunta Resino. Aunque en su familia no hubo ningún funcionario público reconoce que heredó de su padre la comunicación, la seriedad y la dedicación al trabajo. “De él aprendí que la palabra vale más que la firma de un documento”, señala.
Pero sí que tengo una afición, aunque creo que más bien es una obsesión: el golf. Llevo bastantes años jugando y es una de las cosas que más me tranquilizan, sobre todo, por el entorno donde juego, en El Escorial (Madrid). Es un pueblo maravilloso y el golf me permite fluctuar mis handicaps en función a los problemas que tengo. Es el oxigeno que necesito para volver el lunes con las pilas cargadas. También tengo una gran afición por el cine; me encanta.

¿Tiene alguna película favorita?
Muchísimas. Hay películas que he visto más de diez veces como Margin Call. Me impresionó mucho. Hace poco vi una francesa que también me gustó: El ejercicio del poder.

Ahora soy muy aficionado a las series. Últimamente he visto Fargo. También he visto la película homónima de los hermanos Cohen, que es una auténtica maravilla. Y sigo Borgen, una serie danesa que narra el entramado político del organismo equivalente a La Moncloa en Dinamarca –si se hubiera hecho es España sería exactamente igual, se podría trasladar perfectamente–. Me interesan el cine y las series de esta naturaleza.


¿Cómo lleva un madridista como usted lo de negociar en la Mesa Sectorial con un colchonero como Julián Ezquerra? ¿Ha vivido algún momento tenso en alguna Mesa Sectorial?
No. Llevo desde el año 1978 negociando con las organizaciones y podría escribir un libro de anécdotas si tuviera tiempo para ello. Algunos pueden pensar que esa es la parte más dura de mi trabajo, pero no creo que sea así. Posiblemente es la parte de mi trabajo en la que me siento más cómodo por mi relación con las personas, la negociación y el compromiso. En los 11 años que llevo aquí hemos podido mantener, fácilmente, más de 300 reuniones de la Mesa Sectorial, y en el 90 por ciento de los casos el final ha sido positivo.
Una universidad conflictiva
Armando Resino vivió la universidad de los años 60 y comienzos de los 70 como una etapa “conflictiva, con movilizaciones, enfrentamientos y asambleas”. “No sé si este era el entorno más adecuado para la actividad académica, pero era lo que tocaba”, asegura. Allí conoció a personas que, posteriormente, acabaron liderando la transición, entre los que destaca a Josep Borrel.
Cualquier problema que haya surgido a lo largo de la negociación se disipa.

Si te dedicas a esto tienes que pasar página todos los días y entender que los representantes sindicales son los representantes de los trabajadores y tienen su papel, y que con lealtad mutua e intentando ponerte en el lugar de los demás consigues muchas cosas. Te tienes que ganar su confianza. ¿Cómo lo haces? Cumpliendo lo que dices, entendiéndoles y sabiendo de sus presiones, pero buscando la lealtad. Lo del fútbol es una anécdota. El fútbol es un espectáculo que me demuestra que la motivación, la lealtad y el compromiso no siempre tienen relación con el dinero.