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18/01/2015 n220
Marcos Domínguez

Las citas científicas atraen a un numeroso contingente de personas interesadas en los últimos avances en tratamientos. Sin embargo, las normas pueden restringir el acceso a  quienes no están autorizados por su capacitación para prescribir medicamentos –como estudiantes, pacientes y periodistas–, pero están legítimamente interesados en el contenido de estos eventos y, como decía la canción de Bob Dylan, llaman a la puerta, en este caso de los congresos médicos.
Parece de Perogrullo decir que a los congresos médicos asisten, claro está, médicos. Sin duda, una gran cantidad de asistentes pertenecen a la profesión, pero no hay que olvidarse de quien no lo es y está ligado a la sanidad: farmacéuticos, enfermeros, gente de la industria, pacientes, estudiantes de Ciencias de la Salud, periodistas especializados, etc. El problema viene cuando las normativas establecen límites a la presencia de estos otros concurrentes, legítimamente interesados en el contenido informativo del evento.

El pasado septiembre surgió la polémica durante la celebración, en Madrid, del último congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO). Ésta emitió un comunicado en el que se quejaba de las condiciones de acceso de los asistentes, señalando que compartían “la decepción de periodistas, defensores de los pacientes y otros no prescriptores por no estar admitidos en áreas donde tiene lugar la promoción de medicamentos de prescripción”. Y es que antes de que se inaugurara ya se entregó una hoja informativa a periodistas indicando que, para cumplir con la normativa nacional y “el código de buenas prácticas de Farmaindustria”, se restringía a pacientes y representantes, así como a estudiantes, enfermeros y periodistas “el acceso al área comercial y simposios satélites”.

Antoni Esteve, presidente
de Farmaindustria
En el comunicado lanzado al público daban a entender la posibilidad de que estas restricciones jugaran un papel negativo a la hora de plantear futuros eventos en nuestro país, lo que puede perjudicar las aspiraciones de las ciudades españolas que buscan hacerse un hueco en la agenda internacional de eventos de este tipo, que mueven a decenas de miles de personas.

Desde Farmaindustria señalan que el artículo 7 del Código de Buenas Prácticas establece que “el material promocional relacionado con medicamentos de prescripción debe distribuirse o remitirse exclusivamente a aquellos profesionales sanitarios habilitados para prescribirlos o dispensarlos”. La patronal farmacéutica explica que la limitación del acceso “no es una cuestión del código”, sino que este “solo refleja lo que la legislación española vigente recoge al respecto”.

Desde los profesionales médicos, sin embargo, la situación se ve de otra manera. “Las restricciones en el acceso en el fondo estarían implicando que la información que se da en la zona comercial no es transparente”, considera José Ramón González-Juanatey, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). Por ello, “Farmaindustria tiene que garantizar que esta información lo es”.

José Ramón González-Juanatey
Si la restricción en España es mayor que la de otros países europeos, considera González-Juanatey, “podría afectar a su atractivo para organizar congresos internacionales”. Los congresos, explica, tienen una vertiente social, y los profesionales deben responsabilizarse de transmitirla. Por ello apuesta por el trabajo conjunto de todos los agentes interesados “para ofrecer lo que aporta valor al sistema de salud”, y mejorar en la transmisión de una información que tiene que ser transparente.

La industria farmacéutica, no obstante, recalca que lo relativo a las restricciones de acceso procede de la trasposición de normativas europeas. Sin embargo, la realidad es que las condiciones para acceder a los congresos médicos por parte de aquellos actores sanitarios que no lo son están lejos de ser homogéneas fuera de España.

Estudiantes: médicos que no lo son Quizá la situación más paradójica es la de los estudiantes de Medicina. Debido a que no son (todavía) profesionales que prescriban medicamentos, entran en la categoría de público general. “Sería interesante acercar el conocimiento científico a los pregraduados, acercar la parte clínica y potenciar la investigación” a través de estos eventos,
Domingo Antonio Sánchez
señala Domingo Antonio Sánchez, vicepresidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM). Sin embargo, la realidad es que “normalmente, no permiten la entrada a los estudiantes en España”.

Esta situación, admite Sánchez, está cambiando poco a poco. “Estamos en contacto con las sociedades científicas para que dejen apartados a los médicos en formación, los MIR, y áreas específicas para estudiantes”. Ya han hablado con las sociedades españolas de Neurología (SEN), de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc), de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) y de Medicina Interna (SEMI), con las que están llegando a acuerdos para garantizar el acceso a sus congresos y promover áreas para estudiantes.

Respecto a otros países, el vicepresidente del CEEM explica que “el panorama europeo es bastante heterogéneo”, con países como Polonia o Portugal que son similares a España, “si bien es cierto que otros como Reino Unido están implementando la participación de más agentes en los congresos”, así como una mayor participación por parte de los estudiantes “como futuros profesionales”.

Pacientes: ¿en el centro de la sanidad o a un lado?
El caso de los pacientes, y más concretamente sus asociaciones, es si acaso más sangrante. Es lógico que sean los más interesados en tener información de primera mano de los descubrimientos más importantes en el tratamiento de la enfermedad que les afecta y, sin embargo, “en principio no tenemos acceso a los congresos médicos”, afirma Antonio Bernal, presidente de la Federación Nacional de Enfermos y Trasplantados Hepáticos (Fneth). “Es algo que no terminamos de entender, en casi todos los países europeos participan los pacientes sin ningún tipo de problemas”. Es más, los pacientes pueden acudir como invitados a un acto enmarcado en el congreso pero al salir de él no puede asistir al resto.

“¿El paciente está en el centro de la sanidad?”, se pregunta Begoña Barragán, presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (Gepac).
Begoña Barragán
Y ella misma responde: “Eso no es cierto”. En España, a las asociaciones de pacientes “las dejan aisladas”, pero no solo es un problema de nuestro país, afirma.

El ‘paraíso’ de las asociaciones de pacientes está al otro lado del charco. “En Estados Unidos, son reconocidas como agentes de la sanidad y te hacen sentir como un interlocutor válido”, puntualiza. Barragán ve lógico que los congresos no estén abiertos a todos los pacientes, pero no lo ve que se haga lo mismo con sus representantes. Y añade: “La normativa europea dice que los pacientes deben de tener toda la información sobre sus tratamientos, por lo que es incongruente que no nos dejen acceder a los congresos”.

Desde la Alianza General de Pacientes, su presidente, Alejandro Toledo, nota el cambio habido de un tiempo a esta parte. “Acudo de forma ininterrumpida desde hace trece años a los congresos de la Sociedad Española de Nefrología”. Se le permitió a la Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha Contra las Enfermedades del Riñón (Alcer, de la que forma parte y fue su presidente) montar un stand informativo, pero “se nos veía como si fuéramos extraterrestres”.

Desde entonces, “mucho y para bien han cambiado las cosas”, según Toledo, que afirma estar recibiendo invitaciones para participar en distintos congresos. En Europa, sostiene, las cosas son algo mejores que en España, pero el camino está marcado y “se están dando pasos importantes en lo que significa la participación activa de los pacientes”.

Periodistas: como en España, en ningún sitioDesde la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) explican que, a pesar de la queja de la ESMO, los periodistas, hasta donde ellos conocen, “jamás han tenido ningún problema para entrar en ningún congreso ni han tenido que mostrar ningún carnet” acreditándolos como prensa. En todo caso, si existe alguna pega, solo necesitan preguntar por alguien del comité organizador para que les facilite su labor informativa.
Alipio Gutiérrez, presidente de ANIS
De cualquier manera, en ANIS también les consta que “algunas sociedades no admiten la entrada a periodistas en los congresos, tanto españolas como internacionales”; en algunos casos, por temas de confidencialidad y, en otros, “porque se cobra una cuota”.

En contraste con el comunicado de los oncólogos europeos y al contrario que para pacientes y estudiantes, parece que las cosas en España son más fáciles que en el resto de países para los periodistas especializados. Así lo afirma Javier Granda, reportero freelance con una larga trayectoria de congresos, nacionales e internacionales, a sus espaldas. “Es mucho más sencillo informar en congresos españoles que en europeos o estadounidenses”, explica. El caso más llamativo es el de Estados Unidos: mientras que para los pacientes es un ‘paraíso’, para los periodistas “cada vez es más complicado registrarse: se exigen publicaciones previas, cartas del editor, se ponen trabas a freelances…”, comenta Granda, que explica que, en España, el acceso en general es absoluto. En algunos casos se restringe el paso a la exposición comercial o al comedor, “pero son raros”, concluye.

El apoyo al informador desde la profesión médica es generalizado, pero hay que discernir entre los periodistas provenientes de publicaciones especializadas y los de medios generalistas, según José Ramón González-Juanatey. “La prensa profesional, sin duda, debería tener acceso libre, porque son un elemento indisoluble de lo profesional en la Medicina”. En cambio, con el reportero generalista se muestra partidario de la intermediación de un profesional a la hora de acceder a la información, “no de forma independiente”.